No llores más, amor

No llores más, amor, ya deja de llorar. Que tus lágrimas abren heridas en mi pecho, son como gotas de ácido que queman y agujerean mi piel. Sé que me quieres, lo sé, no me lo jures. Y yo te quiero a ti. Pero es del todo imposible que tú y yo nos entendamos ¿no te das cuenta, amor?. Empezamos a andar juntos el camino, pero en algún punto, no sé dónde, tu elegiste ir al norte y yo al sur. Y ahora andamos perdidos. Y yo no quiero desandar mis pasos, estoy bien aquí, al sol.
No llores más, amor. Duérmete aquí, tranquilo, recostado en mi pecho, y cuando te despiertes aquí seguiré yo. Estás cansado, sí, lo sé, cansado de luchar para intentar que sea como tú quieres verme. Y yo me canso, amor, de defenderme por seguir siendo así, como soy yo, con todos mis defectos, mis manías. No quiero ser una estúpida copia manipulada a tu antojo. No. Recuerdo un verso de un largo poema que me escribió un amigo: ...”llamarte por tu nombre, sin despedazarlo ni convertirlo en lo que deseo que seas, si no en lo que eres”... Así es como yo quiero que me quieran.
No llores más, amor. Ya sé que tú eres feliz con lo que tienes, tu trabajo, nuestra familia, yo. Y eso es bueno, yo diría que es maravilloso. Pero en mí, eso, a veces, se convierte en cadenas que envuelven mis tobillos, mis manos y mi cuello. Son de oro, sí, de oro macizo, pero aprietan y ahogan como una áspera soga imposible de desatar. Esas pequeñas o grandes diferencias que nos hacen discutir son como una gotera que se forma en el tejado, y un día nos damos cuenta que estamos inundados de agua. Entonces estalla la tormenta, y se nos hunde el techo y nos empapa una lluvia espesa de palabras hirientes y afiladas que, aunque queramos, ya no podremos olvidar. Y serán las armas elegidas para la próxima batalla.
No llores más, amor. Tú pareces saberlo todo siempre, lo que quieres, lo que te gusta y lo que no. Yo, sin embargo, siempre estoy dudosa, no sé dónde me encuentro, lo que busco, me mata esta inquietud. Pero la adoro, porque los años pasan, y se nos va la vida. Si pudieras entender que yo quiero vivirla a mi manera, sin hacer daño a nadie, que me dejen en paz. A veces siento enormes deseos de terminar con todo, de comenzar de nuevo en otro sitio, lejos, muy lejos de aquí. No temas, no, no voy a hacerlo, aún no encontré la llave que abra los candados de las cadenas que me atan aquí.
No llores más, amor. Sé lo que viene ahora. Empezarás besándome despacio, diciéndome “te quiero” una y mil veces. Me pedirás perdón. Quizá sea yo quien deba hacerlo, quizá soy yo la que no te merezco a tí. Me harás luego el amor, con la pasión de siempre. Y gozará mi cuerpo, mientras por dentro las lágrimas inundarán mi alma, por sentirse vendida y engañada. Pero no sé qué puedo hacer, estoy perdida. Esto no es una rendición, es sólo un “alto el fuego”, y nuestra lucha particular empezará de nuevo, mañana, en siete días o en un mes. Y yo no sé si acabará algún día, pero como en todas las guerras, no habrá un vencedor, ni un vencido. Sólo dos tontos seres, un hombre y una mujer, que no supieron encontrar el modo de vivir en paz.
Comentario:
Es tan fácil desear algo, desde puntos de vista tan diferentes, que a veces confundimos el querer y el poder. Muy bello
Comentario:
uf, a veces tus palabras serían las mías. Beso
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Que bello Des, que bello...
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Vale, esta vez sí son para llorar. Pásamelos, anda.
Comentario:
Maravilloso, Des.
Comentario:
"Todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas... "
Vaya, tu tienes un montón y no sé cual de ellas me gusta más.
Debes ser una mujer de cuidado y con las cosas bastante claras.
Todos queremos lo que no tenemos, imaginamos que disponemos de ello y, luego, cuando el cerebro despierta de su sueño, algunos, los débiles, culpan al otro por no ser como lo había soñado.
Vaya, tu tienes un montón y no sé cual de ellas me gusta más.
Debes ser una mujer de cuidado y con las cosas bastante claras.
Todos queremos lo que no tenemos, imaginamos que disponemos de ello y, luego, cuando el cerebro despierta de su sueño, algunos, los débiles, culpan al otro por no ser como lo había soñado.
