Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Dedicado...
... a mi primer amor, y al que quizá sea el último.

Image Hosted by ImageShack.us

CADA VEZ QUE NOS VEMOS

Esta mañana temprano, cuando salía del Banco, adiviné tu silueta subiendo calle arriba, tu especial manera de andar que siempre reconozco. Mi corazón empezó a latir un poco más rápido, tú ya me habías visto porque en la distancia notaba tus ojos clavados en mí. Remoloneé un rato mientras me encaminaba hacia el coche, haciendo tiempo para que pasases por mi lado. Cuando te sentí cerca, te miré y como siempre, tú, bajaste los ojos. Lo hago a propósito, lo de mirarte e inevitablemente no logro interceptar tu mirada ¿por qué? ¿qué temes?. Hace más de treinta años que nos conocemos, tú fuiste mi primer amor y nunca te olvidé ¿por qué no podemos saludarnos? saber uno del otro, ser amigos. Siempre fuiste cobarde, lo fuiste entonces y sigues siéndolo ahora ¿recuerdas?.

Yo tenía catorce años y tu dieciséis y ya desde hacía un tiempo me gustabas mucho, lo sabían mis amigas y claro, te llegó el rumor. Los domingos coincidíamos en los futbolines, yo con mi pandilla y tú con la tuya, siempre intentando estar cerca uno del otro. Otras veces íbamos al paseo del pueblo, si yo me sentaba en un banco, tú lo hacías en el de enfrente, sólo para poder mirarnos. Y por la tarde a veces íbamos al cine, siempre en filas muy cercanas, en ocasiones sentía tu aliento en mi nuca, pues te tenía detrás de mí.

¡Qué fuertes son las emociones en esa edad! Si tú me sonreías, yo era feliz toda una semana, recordaba una y otra vez tu sonrisa. Otras veces podía llorar días enteros si no me mirabas.

Aquella mañana de Navidad ¿recuerdas? había venido una pequeña feria y una de las atracciones eran los “coches de choque”. Nos pasábamos allí el día entero, era una novedad. Subíamos mientras teníamos algo de dinero, luego nos sentábamos en aquellas barandillas que hacían las veces de bancos y mirábamos a los demás, mientras escuchábamos la música que sonaba en los altavoces.

Yo subía con mi mejor amiga y tú con alguno de tu pandilla, y cada vez que, jugando, venías a chocar con mi coche era como si tus labios tocasen los míos. Luego nos habíamos sentado en aquellas largas barras, y estábamos cada uno a un extremo de ellas. Primero fue mi amiga la que se levantó a saludar a sus padres que pasaban por allí y cuando volvió hizo que le dejase sitio al final del asiento, por lo que me acerqué un poco más a ti. Después fueron tus amigos los que, con cualquier disculpa se fueron levantando y haciendo que te movieras de sitio, hasta que inevitablemente, acabamos sentados uno al lado del otro. No nos tocábamos, pero yo notaba el calor que irradiaba tu cuerpo a sólo un centímetro del mío. Había como una corriente eléctrica entre los dos. Se acercaba la hora de la comida, teníamos que irnos, y nos resistíamos a acabar con aquel momento mágico pero tuvimos que hacerlo. Nunca lo olvidaré.

Luego llegó aquel cura joven, cargado siempre con su guitarra, le gustaba tanto la música que acabó dejando los hábitos por ella, todavía guardo alguno de sus discos en vinilo. Venía cargado de nuevas ideas y pronto formó aquella especie de club de juventud donde hacíamos charlas y hablábamos de cosas como el sexo, impensable en aquella época. Cuando mis amigas y yo decidimos asistir a la primera reunión de presentación que hicimos en aquella sala del Hogar Parroquial no pensaba encontrarte. Pero sí, allí estabais toda la pandilla. Desde entonces teníamos otro lugar para encontrarnos.

Un domingo hicimos una excursión, nos fuimos a pasar el día ¿recuerdas? para mí fue inolvidable. Eramos veinticinco o treinta jóvenes y fuimos andando hasta el Monasterio, charlando unos con otros, cantando. Como recuerdo nos hicimos una foto todos juntos. En ella estabas muy cerca de mí, en la fila de atrás. Al poco tiempo tu hermana me dijo que yo te gustaba, porque en esa foto habías unido nuestras cabezas por un corazón.

Saber con certeza que tu sentías lo mismo que yo fue maravilloso y mi imaginación volaba y volaba ... ilusiones. En aquella época todavía existían muchos prejuicios en nuestro pequeño pueblo. Tu descendías de una de las familias más antiguas, teníais un negocio propio, tierras, tus padres eran de misa diaria, conservadores. Por el contrario mi familia había llegado de otras tierras, sin nada propio. Mi padre un honrado obrero metalúrgico, de talante liberal, creyente pero no practicante. Existía mucha distancia entre nosotros, pero no me importaba.

Llegaba Pascua, y todos estábamos excitados. Era la única época del año en que las pandillas de chicos y chicas se juntaban para pasar el día, se hacían excursiones a la montaña para comer allí. Ahora nuestros hijos alquilan apartamentos en la costa. Y llegó tu primo. Nunca le había visto pues él estudiaba fuera, pero enseguida me di cuenta que tenía madera de líder y pronto se haría con el control de la pandilla. Y no me equivoqué. Al principio parecía que nos caíamos bien, incluso llegó a nuestros oídos que queríais que nos juntásemos para pasar las Pascuas. Pero, de improviso, su actitud hacía mí empezó a cambiar. Si estabais en cualquier sitio y llegaba yo, él hacía que os marchaseis de allí.

Yo no entendía lo que estaba ocurriendo. Luego vino aquella discusión que tuvimos él y yo en el Paseo. Cada vez que nos cruzábamos con vosotros, él decía algo despectivo hacia nosotras, hasta que yo no pude más – ya sabes que hay cosas que no soporto – y le increpé pidiéndole una explicación. Así que nos enzarzamos en una discusión. Fíjate como es la vida, al cabo de los años coincidimos en la misma empresa, fuimos compañeros de trabajo y se convirtió en uno de mis mejores amigos.

Tu callabas y yo no podía entender porque no luchabas por mí, por qué no hablabas claro con él. Así que esas Pascuas fueron las peores de mi vida, os juntasteis con otra pandilla de chicas, la que eligió tu primo y yo sufría cada vez que os veía con ellas.

Acabaron las fiestas y volvimos a nuestros estudios. Los lunes y los viernes coincidíamos en el autobús que tomábamos para ir a la capital a estudiar. Tú estabas interno toda la semana en un colegio religioso. Yo cursaba mis estudios en un instituto y me quedaba toda la semana en casa de mi tía. Entonces ya empezaste a esquivar mi mirada. Yo notaba tus ojos clavados en mí pero cuando volvía los míos hacía ti, se apartaban ¿qué sentías? ¿por qué no me mirabas? ya nada podía ser como antes.

Luego nos fuimos distanciando y yo conocí a otro chico, al principio empecé a salir con él por ver si tú reaccionabas, pero sólo notaba que cada día estabas más triste, así que, poco a poco, él consiguió enamorarme y nuestros caminos se separaron definitivamente. Tú te casaste y yo también. Vivimos en el mismo pueblo, pero casi no nos vemos y cuando por casualidad nos cruzamos agachas la cabeza. Y si alguna vez tengo que hablar contigo por asuntos laborales, como la última vez, sé que estás nervioso, no sabes como actuar. Sólo me miras cuando estamos a cierta distancia o rodeados de gente.
Me ocurre que, cuando estamos tres o cuatro meses sin vernos y pienso que te he borrado por completo de mi vida y no te recuerdo ya, como si alguien quisiera hacerme saber que estoy equivocada, apareces en el sitio más imprevisible e irremediablemente vuelven a mi memoria aquellos años.

Quizá todo esto sólo sean ilusiones mías, y yo la única que sentí todo esto. Quizá es mi imaginación la que hace que piense que esquivas mi mirada. Quizá tú nunca sentiste nada por mí. Quiza...

Quisiera sentarme contigo, en una tarde tranquila saboreando un café y hablar, sacar todos esos sentimientos escondidos en el rincón más secreto de nuestras almas y quedarme por fin tranquila.

“ Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan sólo el primero, y es que empiezo a sospechar que los otros son sólo para olvidar”.


 
Comentario:
acabo de leer esto y espero q sea ficcion pq es triste de pelotas
 
Comentario:
Esos amores que nunca se olvidan... ¿Seguiré yo recordándolos dentro de tantos años? Espero que al coincidir con mis primeros amores me bajen la mirada en el futuro, porque sea como sea sabre que mi huella no se borró de sus mentes...
 
Comentario:
Hola desordenada,
Te he buscado hasta dar contigo.
Precioso de verdad.Como escribes tan bien?.
Un beso de Susy
 
Comentario:
Hola desordenada,
Te he buscado hasta dar contigo.
Precioso de verdad.Como escribes tan bien?.
Un beso de Susy
 
Comentario:
Hola desordenada,
Te he buscado hasta dar contigo.
Precioso de verdad.Como escribes tan bien?.
Un beso de Susy
 
Comentario:
Estoy de acuerdo con esa última frase de esa canción.

Bello post, tantos recuerdos...
 
Comentario:
Y como duele saber el amor correspondido y que al final los caminos se separen. El primer amor, no por más intenso, siempre es el más recordado.
Un beso.
 
Comentario:
Pienso que no tiene porqué.El primer amor es más de instinto, luego viene la racionalidad.
 
Comentario:
NO PIENSO QUE EL AMOR PRIMERO ES EL MAS RECORDADO O EL UNICO, PARA NADA SI ALGUIEN ENTRA EN TI D NUEVO Y TE ROBA TU CORAZON TE ASEGURO QUE SENTIRAS COMO SU VIDA ENTRA EN TI CADA DIA, EL CALOR D ALGUIEN QUE ESTA CERCA ESO SE VE Y SE SIENTE TANTO QUE YA VERAS COMO VERAS ESO CUANDO DE VERDAD APAREZCA , YO LUCHO POR ELLO Y AUNQ ESPERE SE Q LLEGARA Y SIEMPRE MEJOR Q EL PRIMERO, UN FUERTE BESO, SIEMPRE C3RCA
 
Comentario:
Vivo encadenado a un recuerdo, al del primer amor.
Siempre saludamos al colega con que nos liábamos los primeros porros, pero evitamos mirar a los ojos a nuestro primer amor.
¿Será porque tememos que ese nudo en la garganta nos impida saludar?
No