Con-viviendo

Las siete de la mañana y menudo bochorno está haciendo ya. Bueno, Ximet, ya sabes: tienes por delante ocho horas, como poco, de aguantar los calores del “lorenzo”. ¡Maldita sea mi suerte! Ni un puto año puedo tener vacaciones. Habrá que conformarse, no soy yo el único “pringao”, el metro va hasta la bandera, como las playas de Benidorm. Ya me contentaba yo, ya, con estar allí tirado en la playa, aunque haya aglomeraciones ¡no te fot!. A ver si encuentras un sitio libre Ximo, y por lo menos iré sentado. La mitad de la gente que vamos aquí son extranjeros, o más. No se dónde vamos a llegar. Si ya lo decía mi madre: “de fuera vendrán que de casa nos echarán”. No, si no es que me molesten, pero esto ya se está pasando de castaño oscuro. Los políticos dicen que hace falta mano de obra, que ellos hacen los trabajos que los españoles no queremos ¡cabrons! ¿por qué no los ponen a hacer política y ellos que se vayan al paro? No, no nos quitan el curro, que se lo pregunten a la parienta. Cinco casas tenía para ir a limpiar, y dos ya cogieron a unas colombianas, o cubanas, o la madre que las parió. Claro, les quitan la mierda a las señoronas a mitad de precio, y las otras, como tontas, da igual que mi mujer sea limpia como los chorros del oro y trabajadora, y que lleve limpiándoles la porquería un porrón de años, eso da igual, el caso es ahorrarse unos cuantos euros. Y luego están las subvenciones, vienen aquí y tienen de todo: que si comedor gratuito, que si autobús para ir a la escuela, que si libros por el morro. Y mientras Ximo a romperse el lomo en la puta obra para pagar los estudios de los chiquillos, y da igual pedir beca que no pedirla, hay que presentar más papeles que un notario y total “pa na”. Pero a ellos, sí, es que son emigrantes y hay que ayudarlos y hacer que se integren. ¡Me cague en déu! Y luego todos los derechos que tienen o que exigen, que si mezquitas pa rezar ¡qué recen en su casa, coño! Digo yo que si todo lo que saben pedir aquí y luchar por sus derechos lo hicieran en su país, no tendrían que emigrar. Allí parecen corderitos, no dicen ni pio, y luego vienen aquí y parecen “diputaos”. Mira los moros que trabajan en la obra, su tiempo pa rezar cara a le meca, o como se diga. Y luego cuando llega el ramadán, no dan un palo al agua, ¡collons! si están en ayunas, sin comer, ¿cómo van a trabajar?, y nos toca a los demás hacer el trabajo que ellos no pueden. Y luego a los locos esos que les da por explotarse y llevar por delante a los desgraciados que les tocó la china. El moro ese que va ahí sentado, míralo, se le cae la baba, con el culo de la morena esa enfrente los morros. Sus mujeres sí que van tapadas, sí, pero a ellos se les van los ojos detrás de las nuestras. La verdad es que la “titi” está pa mojar pan. Se me remueve la cosa y todo de ver ese culo tan prieto. Con gusto le daría un buen mordisco o un restregón. Se me está poniendo dura y se me notará el bulto por el pantalón. Deja a la morena, Ximo, que luego no te puedes levantar del asiento. ¡Hostia! pensando, pensando, casi me paso la parada. Voy a ver si me pego un poco a la chavala, con esa falda tan corta, casi la follaba sin quitarle la ropa ¡me cago en mis muertos! Voy a tener que cascármela en el water del bar. No aguanto.
Menos mal que encontré un asiento libre. Me miran pensando: “este moro bien podría ir de pie”, pero da igual, yo pago el billete como todo el mundo y tengo el mismo derecho a sentarme que ellos. Cinco años llevo ya aquí y no me acostumbro a sus miradas recelosas. No, no son todos iguales, pero me doy cuenta que de un tiempo a esta parte la desconfianza se acentúa. Tampoco es que me extrañe después de los últimos sucesos, sobre todo con todos los que les parecemos árabes, ellos no distinguen de naciones, ni de religión, ven a un moro y ya somos todos iguales. ¡Cuánto echo de menos mi país! Y que haya venido aquí a ganarme la vida no quiere decir que tenga que olvidar mis costumbres o mi religión. Soy lo que soy, viva dónde viva. Piensan que les quitamos el trabajo, pero es que tenemos que comer, y a veces, nos dejamos explotar por empresarios ambiciosos, sin conciencia ni escrúpulos. No podemos hacer otra cosa, tenemos familia, la que traemos y la que dejamos allá, que espera ansiosa por lo poco que podemos mandar. Y a veces, tenemos que tragarnos el orgullo, agachar la cabeza, porque estamos en su tierra, no en la nuestra. Esta mujer acabará metiéndome el culo en la cara. Nunca entenderé como las dejan ir así por la calle. Van provocando y luego se quejan de que las mires. Lleva una falda tan corta que si se agacha deja el culo al aire, y seguro que debajo lleva esos tangas diminutos, si es que lleva algo debajo. Ese tío de ahí enfrente está a punto de echársele encima. Me está mirando, estará pensando que vaya suerte la mía. Si hasta me está llegando su olor de hembra. Levántate, Ahmed, será mejor. Total, la siguiente parada ya me toca bajar. Veremos hoy cómo se da el día... con este calor. Ocho horas de aguantar las malas miradas de los compañeros, las mofas a escondidas cuando practico mis oraciones. No estás en tu país, Ahmed, no estás en tu país, recuérdalo.
¡Qué calor! Menos mal que en la tienda tengo aire acondicionado, pero sólo de pensar que tengo que aguantar todo el día allí para vender una mierda. Porque ahora en verano, la mitad de la “peña” va a pasearse por el centro comercial y estar fresquita, pero de comprar “nanay”. Sólo vienen a dar por el culo, mirar y remirar, desdoblar prendas, que luego “la menda” tiene que volver a doblar y colocar en su sitio. Esto te pasa por no haber querido seguir estudiando, Silvia, me diría ahora mi madre si me oyese. Y en el fondo tiene razón, pero es que eso de los estudios era un coñazo que no aguantaba. Claro, ahora me tengo que conformar, y no me quejo demasiado, que otras están peor. Por lo menos yo puedo ir bien vestida, arreglada, y estoy fresca en verano y calentita en invierno, que la mitad de mis amigas están trabajando en almacenes con unos encargados que parece que tengan esclavos en vez de trabajadores. ¡Cuánta gente! Aquí huele que apesta de buena mañana ¿no se duchará esta gente?. El morito no me quita ojo al trasero. Estará pensando que soy una puta o algo por el estilo, porque son tan raros. Ahora mismo aguantaba yo a un tío así como marido. Como le pasó a la Merche, la del barrio, se casa con un moro, que sí estaba buenísimo, y mientras que vivieron aquí se comportaba bastante bien, pero fue ir a su tierra a conocer a su familia y vino asustadita la pobre. Yo diría que hasta se llevó alguna zurra y todo porque fue llegar y mandarlo a la mierda. ¿Será verdad eso que dicen que la tienen tan grande? ¿o son los negros? Vaya pensamientos, Silvia, tan temprano. Pues anda, que el paleta que tiene cara de mala leche. Porque seguro que es un paleta, con el clásico bronceado de la obra. Se le está cayendo la baba y no para de removerse en el asiento. Pero a éste al menos se le ve venir, en la cara se le nota que está pensando cuánto le gustaría echarme un buen polvo. No está del todo mal, estos que trabajan en las obras se mantienen fuertes, con buenos músculos, y no es mayor. Ya se levanta, voy a apartarme un poco porque si no el refregón no hay quien me lo quite. ¡Ostras! Si aquí me bajo yo también. No sé si esperar que pase, no sea que me la clave por la retaguardia. O lo dejo que se me arrime un poco y que se haga luego una paja a mi salud. Si es que me mira con esos ojos de cordero...
Comentario:
Eres tan auténtica como tus relatos... O me lo parece?
Eres una maravilla, Des.
Eres una maravilla, Des.
