Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Mi pluma
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Esta noche me encontré con una sorpresa, mi vieja pluma se me ha rebelado, que está harta –dice- de escribir las tonterías que a mí se me ocurren, que hoy es ella la que va a inventar palabras. Me entró la risa y le dije que de eso nada. Luego pensé que no debe haber nadie más tonta que yo… mira que hablar con una pluma. Como única respuesta, me soltó un goterón de tinta que vino a dar justo a mi ojo derecho. Te jodes –me dijo- a ver ahora como te las arreglas para escribir. Estoy hasta la mismísima “pluma” de que tú me manipules – continuó. Vale, vale –contesté- llorando como una magdalena… hay que ver como escuece la tinta. Le apetece escribir no se qué, a no se quien, será a un bolígrafo o a un tintero… que sé yo. Esto es de locos. Aun se mosqueó más y me retó. Dice que ella puede ponerse en la piel de una mujer, o de un hombre, que incluso quizá escriba cosas que yo no me atrevo, o que ni siquiera sé que siento. ¿Habrá manicomios para plumas? Porque está para que la encierren.
En fin, después de mucho rogarle, y con un parche en el ojo que me da cierto aire de pirata, me ha dejado escribir este pequeño prólogo. Ella no sabe lo que acabo de contar porque las plumas escriben pero no saben leer. Y menos mal porque con la mala tinta que tiene es capaz de dejarme el ojo izquierdo igual que el derecho. Así que si lo que leéis a continuación está lleno de incoherencias, tonterías y demás, no lo tengáis en cuenta. Cuando acabe con esta locura, le pongo el capuchón y no se lo quito hasta semana santa.
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Con mil cosas que hacer y sin tiempo casi para nada… y sin embargo, mis días son una continua espera. A ratos se hacen duros, pesados, lentos. Me los paso pensando. ¿Cómo hará esa gente que deja la mente en blanco? O cuando preguntas ¿en qué piensas? Y te contestan: en nada. Jamás pensé en nada. ¿Qué es pensar en nada? Mi cabeza es tan activa que es capaz de tararear mentalmente una canción que escucho en la radio, y al mismo tiempo, otra parte (no sé cual, si la derecha o la izquierda) pensar en otras cosas. Y no explota, eso es lo extraño. Esto de pensar venía a cuento de algo. Días enteros ando dándole vueltas en la cabeza a lo que quiero decirle cuando hablemos. Y luego… luego se me van los minutos y las horas en hablar de todo, menos de mis pensamientos. Y cuando el tiempo se acaba, me arrepiento. Y estoy a punto de darle otra vez a la dichosa tecla, pero ya es demasiado tarde. Ya no puedo. Y otra vez a esperar. La espera de la desesperanza, porque nada puede cambiar, las cosas son como son. Y que no vayan a peor, porque podría pasar que un día cualquiera, él desaparezca. O yo. Voluntaria o involuntariamente. Si uno desaparece porque quiere, al otro siempre le queda aquello de pensar “si es feliz, yo también”. Y una mierda, eso es lo que se dice para quedar bien, pero el que se queda jodido lo que quisiera es decirle cuatro cosas y hasta echarle la maldición de la gitana. Si es involuntariamente, que puede pasar, ya lo creo, y más a estas edades, pues imagina… si soy yo, como ya no me entero, sólo espero que su posible sufrimiento sea breve. Y si es él… se acabó la espera. O a seguir esperando eternamente. Las gentes somos tan, tan distintas, en nuestra forma de relacionarnos. A mí me gusta desmenuzar los sentimientos, las sensaciones. Pensarlas, repensarlas, buscarles un sentido (aunque sepa que no lo tienen), ponerles palabras. Sí, también miradas y gestos y caricias, pero no sólo eso. A él le gusta modular silencios, no hacer preguntas ni buscar respuestas, saber sin necesidad de explicaciones. Siempre me viene a la memoria esa canción que dice: “tu guardas en el alma bajo llave lo que sientes, yo rompo con palabras que desgarran como dientes”. Las canciones hablan de la vida, por eso a mí siempre me ganan por sus letras. A veces es una simple frase que se me graba a fuego en la memoria. Y debe ser algo que me sucede desde niña, porque a veces, escucho alguna canción muy, muy antigua. Pero no de esas que escuché siendo adolescente, no, de esas de “antes de la guerra” que supongo cantaría mi madre, o mi abuela, y me doy cuenta que conozco la letra y la canto toda entera. Sin embargo, para la mayoría de las cosas soy una desmemoriada. Y realmente creo que él obra con más sentido común de lo que lo hago yo, porque al fin y al cabo, de lo que se trata es de vivir lo que se siente y no de analizarlo, porque la vida es un sinsentido. No quiero decir que no tenga sentido vivir, todo lo contrario… yo me entiendo. Lo que quiero decir es que nos trae y nos lleva a su antojo, a su aire. Y que no sabes nunca lo que puede ocurrir dentro de un minuto. Quizá eso es lo que hace que amemos la vida.
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Y no sé a qué viene todo esto, aunque no lo hace mal del todo esta dichosa pluma… vaya post raro que ha salido, mejor voy a dormir a ver si mañana está de buen humor y me deja contar la historia que yo quiero. Y si se pone muy tonta la cambio por un teclado ergonómico, automático y sicodélico… que se joda.
 
Comentario:
Anda, a la cama, nanit.
No