¿Jugamos?

(Imagen cedida amablemente por Cari)
- Hola Martín
- Hola Marina, cariño ¿cómo tú por aquí?
- Bueno, he venido a ver a mamá y ya sabes que me gusta pasar a haceros una visita ¿estáis bien?
- No nos podemos quejar de momento, tu tía está un poco delicada estos días pero confío en que no sea nada.
- ¿Dónde está?
- Por la cocina, seguro, ella nunca puede parar quieta.
La veo empujar la puerta de la cocina y desaparecer tras ella. Sigue igual de bonita que cuando era niña. Su cuerpo delgado y frágil, el cabello en preciosos rizos de un rubio dorado enmarcando la dulzura de su rostro, dotado, además, de una belleza inquietante. Los ojos, dos pozos de un azul tan claro que casi parecían blancos, los labios rojos y unos pequeños dientes perfectos, blanquísimos. No ha cambiado. A veces intento leer en sus gestos, adentrarme en sus pensamientos ¿qué siente cuando me mira? ¿recordará nuestros juegos?.
- Hola tío Martín ¿qué haces?
- Pero chiquilla ¿se puede saber dónde vas tan temprano? Estás de vacaciones, deberías dormir un poco más.
- Mamá se empeña en que me acueste pronto por la noche y ahora… ya no tengo sueño.
- Anda, anda, travesuras.
- ¿Y el bebé?
- Creo que la tía lo está cambiando.
- Voy corriendo a ayudarla, enseguida vuelvo.
Es preciosa, quisiera estrecharla entre mis brazos. Su vestido ligero transparenta las braguitas estampadas en diminutas flores, las piernas bronceadas de tantos juegos en la playa… ¡dios!
- Tío, tío ¿dónde estás?
- Estoy aquí, Marina, en el garaje.
- ¡Ah! Ya está, la tía está durmiendo al bebé ¿qué haces?
- Voy a lavar el coche, está muy sucio y la tía Lola quiere ir de compras esta tarde con tu madre.
- ¿Jugamos un ratito a viajar? Anda, tío, yo conduzco, me gusta tanto.
Me siento frente al volante y su pequeño cuerpo se acopla sobre mis piernas.
- ¿Dónde quieres que vayamos hoy?
- A la playa, quiero que vayamos a la playa.
Se coge al volante y deja volar su imaginación. Yo acaricio sus piernas y aspiro el perfume de su pelo que cosquillea en mi nariz.
- Voy a adelantar a ese coche rojo, tío, no me gusta ese niño ¿ves? Me está sacando la lengua. Allá voyyyyyyyyyyyyy.
Mis manos suben lentamente por los delgados muslos. Tiene un tacto sedoso, acariciante. Rozo suavemente su coñito apretado por encima de sus bragas. Me muero de deseo. Le abro un poco las piernas y deslizo un dedo bajo el tejido rozando la ingle. Acaricio su rajita, arriba y abajo, arriba y abajo.
- Martín ¿dónde estáis?
Es la voz de Lola que se acerca, Marina se queda quieta y yo abro rápido la puerta y en volandas la dejo de pie en el suelo. El corazón parece querer salir del pecho. Marina me sonríe y yo poniendo el dedo índice sobre mis labios le hago señas para que guarde silencio, al tiempo que le guiño un ojo. Ella mueve su cabecita afirmando.
Estoy en el sofá viendo televisión, medio dormido. El bebé descansa en su cuna. Marina aparece en la puerta del salón.
- Tío ¿estabas dormido?
- Un poco, sí.
- Yo he dormido un poco de siesta, pero ahora estaba aburrida y vengo a jugar contigo.
- Bueno, y ¿a qué quieres que juguemos?
- No tenemos coche y sabes que me gusta conducir – frunce el ceño y los labios rojos.
- A ver, déjame que piense… podemos imaginar que el sofá es el asiento del conductor ¿quieres?
- Sí, sí, vale – da saltitos y palmotea.
Me siento en el sofá con las piernas cerradas, y cogiéndola por la cintura la pongo encima de mi, su culito bien acoplado a mi bragueta. Le subo un poco el vestido para que no se lo pise al sentarse, y siento su calor sobre mi polla. Ella coge un volante imaginario y se pone a imitar el ruido del motor. Mientras, mis manos, han empezado a acariciarla. Tengo prisa por sentir en mis dedos la suave piel de su coñito. Paseo el dedo por su pequeña raja, la abro un poco. Ella da un ligero respingo. Tiene sonrosadas las mejillas y la respiración se le acelera. Sigo acariciándola despacio, no quiero que se asuste. Mi polla se endurece.
- Tío, eso me hace daño en el culito.
- ¿El qué, cariño?
La vuelvo a coger por la cintura y la pongo en el suelo, de pie.
- Es la pilila ¿no se la has visto a papá?
- Sí, claro, cuando se ducha, pero…
- ¿Sabes lo que pasa? Que se pone así porque le gusta que juguemos juntos ¿quieres que te la enseñe?
- ¿Puedo verla?
- Sí, pero esto sí que es secreto, no podemos contárselo a nadie, a nadie ¿lo prometes?
- Lo prometo, tío, no se lo diré a nadie.
Bajo la cintura de los pantalones cortos que llevo puestos y la saco despacio. Sus ojos se abren sorprendidos.
- ¿No te duele? Está muy roja. Papá no la tiene tan gorda.
- No, cielo, no me duele ¿te duele a ti que te toque la rajita? ¿a que no?
Dice que no con la cabeza.
- ¿Quieres tocarla?
Estira su pequeña mano, la cojo con la mía y la acerco a mi sexo. Rodeo su mano y empiezo a masturbarme. Ella no aparta los ojos de la cabeza hinchada de mi polla. Tengo que parar o voy a correrme.
- Ven –le digo- ¿quieres que hagamos una cosa que te va a gustar mucho?
- Vale.
- Túmbate aquí en el sofá.
- Te voy a subir el vestido y te hagocosquillitas despacio.
Le subo el vestido hasta los hombros y le acaricio suavemente los pezoncitos pequeños como dos botones apenas, paso las manos por las axilas y ella se ríe, retorciéndose un poco.
- Shhhhhhhhhh, no vale reírse, hay que aguantar la risa. ¿Y si te doy besitos?
- Vale.
Y se queda muy seria, los labios apretados para que no se le escape la sonrisa. Deposito pequeños besos por su pecho y con la punta de la lengua le rodeo los pequeños pezones, luego jugueteo con su ombligo. Ella, de vez en cuando, se remueve, haciendo esfuerzos para aguantar las cosquillas. La suave piel del vientre, terso, chiquito. Siento los latidos de mi polla excitada, con ninguna mujer se me pone así. Le bajo despacio las braguitas y las saco sólo de una pierna para que no me molesten. Ella se queda muy quieta. Le beso el pequeño monte de venus muy, muy despacio, ahora no quiero que se asuste. Voy bajando lentamente a su coñito ¡qué bien huele! Paso un buen rato sólo dándole besitos. Poco a poco, me decido a abrirle los labios con la punta de la lengua. Escucho su respiración acelerada cuando le rozo el diminuto clítoris. Me la comería entera. Pienso en lo apretada que entraría mi polla en ese estrecho agujerito o en su culito. Empiezo a lamer un poco más deprisa y más profundo, hurgo en la entrada de la vagina, chiquitita. Estoy a punto de correrme. Y lo hago con la mano.
Ella permanece en silencio. La miro. Parece sofocada.
- No te he hecho daño ¿verdad?
Niega con la cabeza.
- Esto sí es que muy, muy secreto. Si alguien se entera no podremos jugar nunca más y todos se enfadarían mucho con nosotros. Yo te quiero muchísimo pequeña ¿tú me quieres?
- Sí, tío, yo te quiero. No se lo diré a nadie. Lo prometo.
Y besa sus deditos cruzados en señal de juramento.
- Martín, ya me voy.
- ¿Ya?... qué visita más corta.
- Es que tengo un poco de prisa, mamá me espera para que la lleve a hacer unas compras.
- Bueno, hija, cuídate mucho.
- Tú también, tío.
Se queda un momento parada ante mí, mirándome. Sus ojos se posan en mi bragueta abultada que delata mi excitación. Yo bajo la mirada. Quisiera saber que es lo que piensa. Nunca me hizo un solo reproche, nunca, nada. Pero no pierde jamás de vista a su pequeña hija cuando algún hombre anda cerca.
Mi pequeña Marina… la quiero tanto.
Comentario:
Coincido plenamente en lo que dice mi compañero. Muy extraño a la vez que extrañamente erotico y preocupante. Me parece que tienes una forma de escribir muy personal y muy poco común. Solo he podido echar un ojo por encima a tu blog pero tanto este relato como el de "personal PC" me han llamado mucho la antención. Mucha suerte.
El duende a rayas.
El duende a rayas.
Comentario:
Vaya, es la primera vez que entro en este blog y me he quedado muy sorprendido. La expresión de mi cara ha ido cambiando conforme leía el texto. Realmente bueno...y realmente cruel a la vez. Enhorabuena.
