Desvaríos de amor y sexo

“La quiero a morir” es el título de una canción de Toquinyo (creo), una canción de amor versioneada por artistas muy dispares: Manzanita, Marc Anthony, Francisc Cabrel, Junco, Sergio Vargas, Richard Cocciante, Dyango, Sergio Dalma, Camilo Sesto, Ráphael, Nicola Di Bari, Los Calaitos, Jenny Rivera… y seguro que muchos más. Particularmente, de las que he escuchado, prefiero la de Toquinyo, seguramente por ser la más conocida, la de Francis Cabrel por su ligero y encantador acento, y la de Manzanita por su pasión gitana en una voz desgarrada.
Pero no, no pensaba hablar de música, era de amor que yo quería hablar. No sé qué significa “quiero a morir” ¿que muere por ella? ¿que la querrá hasta la muerte?. Y… ¿cómo se puede medir el amor? No tiene volumen, ni peso, ni siquiera longitud. Es imposible saber en qué medida te quiero, por ejemplo. Supongo que algunos lo miden por lo que uno está dispuesto a hacer por el otro, o por lo que puede darle. Amor es entrega, dicen, pero pocos están dispuestos a amar sin recibir nada a cambio.
Otros se empeñan en diferenciar “amar y querer”, y aquí ya me pierdo. No sé si te quiero o te amo, o ninguna de las dos cosas, o ambas a un tiempo. Si lo analizo un poco más en profundidad (poco, porque sé que seguiré igual que estaba), quizá la palabra “querer” tiene alguna connotación de cariz posesivo, mientras que “amar” es el no va más del amor.
Ahora estoy pensando en que a alguien se le ocurriese la feliz idea de “asegurar el amor”, sí, igual que se asegura la vida. La gente se hace seguros de vida, y yo no he podido nunca entender cómo se puede asegurar una vida, cómo se le puede poner precio o valor a algo así. Y claro, de este modo, podemos suponer que es más valiosa la vida de alguien que tenga más posibilidades económicas que las de un pobrecito. Y pienso que si yo me muero, que se jodan un poco los demás también, que yo ya me jodí bastante, y no que se sequen las lágrimas (suponiendo que lloren) con unos cuantos billetes. Pues igual con el amor. Que a uno se le muere el amor, o se lo roban, pues no pasa nada, aquí tiene unos cuantos millones de euros y… se compra otro. Y si no está de humor, pues se va al Caribe y practica sexo en abundancia que seguro que le alegra el ánimo. Un día de estos algún espabilado lo hará… al tiempo, y los tontos a los que le sobre el dinero contratarán “un seguro de amor”.
Un día, hace algún tiempo, me preguntaste si estaba enamorada. No recuerdo a que vino esa pregunta, ni si contesté “sí” o “no” o alguna respuesta coherente. Seguramente no, lo más probable es que desviase la cuestión hacia otro asunto, porque tampoco tengo nada claro qué es eso de enamorarse. Podría decir que es algo así como ilusionarse. Aunque en todo caso, tengo la ligera impresión de que es un estado pasajero y poco perdurable.
Todo esto me ha llevado a pensar en lo que yo siento por ti.
Sé con seguridad que si algo te sucediese o desaparecieses de mi horizonte, me dolería, me dolería mucho. No me iba a morir porque nadie muere por eso, pero mi vida no sería la misma, perdería algo esencial y especial, como si me arrancasen un brazo o una pierna o alguna parte de mí más importante. Te echaría de menos durante largo tiempo y posiblemente no sería capaz de olvidarte para siempre porque ya formarías parte de mi memoria.
Sé también que te pienso cada día, sin que necesite de ningún aliciente que te traiga a mi memoria. Simplemente estás ahí, todo el tiempo, a veces de manera inconsciente, pero noto tu presencia firme y rotunda, capaz de oscurecer otros pensamientos.
Y si te pienso en la intimidad o evoco tus manos o tu boca, aparece el deseo y eso me excita, por lo que acabo irremediablemente masturbándome. Sí, no me avergüenzo por decírtelo así tan claramente, no te puedes imaginar cuántos orgasmos me has procurado sin tú saberlo. Así que de esto estoy segura: me gustas, me pones, me excitas, te deseo… Y eso ocurre pensándote tan solo. Claro que tú ya sabes lo que pasa cuando te tengo cerca, ni puñetera la falta que hace que te lo cuente yo ahora, pero como estoy aburrida y me apetece perder un poco el tiempo… te lo explico.
Cuando se acerca el momento de encontrarme contigo me convierto en un flan tembloroso y sonriente. Suena raro que un flan sonría, pero es así como yo me veo, no hay nadie capaz en ese momento de borrarme la sonrisa de la cara o de entristecer mis ojos que brillan como dos bichos de esos que lucen por la noche. Y me da por mear, sí, aunque suene así algo hortera, es como si me vaciase de líquido por dentro. En el momento en que siento en mí tu mirada me invade un ligero temblor que no puedo controlar y noto como mi sexo crece, se expande, se humedece, tiembla. Creo que tiene vida propia y me manda señales de lo que siente con tu cercanía. O es tu olor que aun no percibe mi nariz, pero por alguna extraña razón ya llegó hasta ahí abajo, entre mis piernas.
Luego hablas y yo te escucho ensimismada, mirándote la boca. Y la mía se hace agua esperando el momento de saborear tus labios, pero queriendo al mismo tiempo, alargar esa espera, esa creciente excitación que hace que se acelere el corazón y las manos se humedezcan. Cuando por fin te decides a tocarme, a perderte en caricias por mi cuerpo, a explorar los rincones más recónditos, a besar, a lamer… a hacer, en fin, todas esas cosas que me hacen tocar el cielo con los dedos (o el infierno) y que tú haces tan bien (o eso me parece a mí), entonces yo, ahora sí… moriría por ti, haría cualquier cosa para que ese tiempo no acabase jamás, para que fuese eterno.
Aquí, los entendidos podrán decir que no es amor lo que yo siento. Que es sexo, sólo sexo. Y quizá tengan razón. Me gusta el sexo. Me gusta y me es imprescindible. Podría vivir sin amor, sí, creo que sí, pero mi vida se tornaría vacía sin actividad sexual, ya fuese conmigo misma o en compañía.
Después de tanta perorata sigo igual que antes. No sé si te quiero, te amo, o estoy enamorada. Y para ser sincera… maldita la falta que me hace saber cómo puñetas llamar a lo que siento.
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Comentario:
Supongo que el amor es como el tiempo, intentamos medirlo pero es relativo en cada persona. Yo suelo decir que "te quiero hasta la luna y volver". Pero solo es una frase mas para intentar poner cara a lo que siento. "Si me etiquetas me limitas", y yo no quiero poner limites a lo que siento por nadie. Me siento muy identificada con lo que has escrito, tambien creo que querer es mas posesivo, pero suena muy bien cuando te lo susurran al oido. Y eso tendria que bastar.
Y el amor a mi misma es inevitable, que podria hacer sino cuando deseo sus caricias y no esta?
Petons
Y el amor a mi misma es inevitable, que podria hacer sino cuando deseo sus caricias y no esta?
Petons
Comentario:
¿que nadie muere de amor? no estoy tan seguro... depende de en qué momento del amor te agarre la muerte, o lo agarre al otro
Comentario:
Enamorada de ti misma?
Seguro que sí.
Enamorada de ese del que hablas?
También.
Afortunado que es él, que además de amarlo, te lo comes.
Ayer sentí ese amor del que hablas y no crees. Nadie muere de amor y yo soy alguien, pero sí moriría por amor.
Un abrazo.
Seguro que sí.
Enamorada de ese del que hablas?
También.
Afortunado que es él, que además de amarlo, te lo comes.
Ayer sentí ese amor del que hablas y no crees. Nadie muere de amor y yo soy alguien, pero sí moriría por amor.
Un abrazo.
