Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Gente
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No le gustó la gente.

Creo que este sería un buen epitafio para mi tumba. Sólo unos pocos individuos gozan de mi aprecio o de mis simpatías. Unos pocos, muy pocos. Con algunos me gusta conversar y procuramos una relación libre, sin ataduras de ningún tipo, viéndonos cuando nos apetece. Incluso mantengo relaciones sexuales con unos pocos. Con otros, follo simplemente, y si puede ser sin que abran la boca para decir paridas, mucho mejor. Sobre todo si son niñatos de esos que son sólo fachada, sin nada dentro. Sí, es una caña follar con alguno de ellos, pero luego quisiera que desapareciesen, que se esfumasen como el humo.

Tengo la suerte de trabajar en casa, por lo que no necesito convivir con las mismas personas cada día. Me dedico a la publicidad y los encargos de mis clientes los preparo en casa, hoy en día con tanto adelanto en las comunicaciones, mi relación personal a nivel laboral queda reducida a una o dos horas al mes. No mucho más. Con mi trabajo aun me he dado más cuenta de lo fácil que resulta manejar a la gente. Un poco de psicología y los haces comprar lo que te salga del coño. Una mierda bien presentada, con un logotipo original y llamativo, bien envasada y con una publicidad impactante… te la quitan de las manos. Y lo más increíble es que no se dan cuenta de que lo que han comprado no es más que eso… una pura mierda.

Vivo en un ático abuhardillado de un pequeño edificio de cuatro alturas. Hay días que no piso la calle ¿para qué? Aquí tengo todo lo que necesito y aborrezco meterme entre el gentío, que se mueve con prisas, de un lado para otro, como hormigas. A estas horas, al atardecer, me gusta asomarme a la ventana y fumarme un cigarro, o dos, o tres, mientras saboreo un café frío con dos piedras de hielo, un poco de limón y unos granos enteros de café. A veces le añado un chorrito de whisky.

En el edificio hay ocho pisos, además del mío. No tengo mucho trato con los vecinos, pero a todos los tengo estudiados y debidamente catalogados.

Por ahí viene la del primero A, es una mujer madura, rubia, con ojos claros, tipo nórdico. Se aburre, se aburre como una ostra. Para mí que su marido ya ni la mira. Se pasa el día en casa sin saber qué hacer, así que se ha buscado un grupo de amigos, que se llaman a sí mismos intelectuales: escritores, poetas, músicos. Ella es su musa. Tiene un culo como un pandero, pero se siente grácil y etérea. Yo creo que está pidiendo a gritos un buen polvo y se olvidaba de todas sus neuras. Pero claro, falta que encuentre quien quiera hacerle ese favor.

Su vecina es aun peor. Esa no vive en un piso, vive en el cielo. En su casa no mean, ni cagan. Es gloria bendita lo que ellos hacen. Tiene un hijo y una hija, la parejita, puros angelitos según su madre que empieza a contar y aburre hasta a las piedras. Habría que decirle que su hija grita como una zorra cuando su novio se la folla en la cama de matrimonio de su madre siempre que se quedan solos en casa. Y que su hijo no tiene novias, porque lo que le gusta es chupar pollas y que cobra por ello. Esta mujer es imbécil y gilipolla.

Los del segundo B son una pareja recién casada. Hace poco que vinieron a vivir aquí. Me los he tropezado alguna vez cuando salgo a por pan o al estanco a por tabaco. Pero no les veo yo mucho futuro porque hay que ver las miradas que me dirige el maromo. Estoy segura que si lo encuentro a solas, me tira los tejos. Pero eso sí, ya se ha dado prisa en preñar a la parienta, así tiene asegurada la madre, la criada y la puta… todo en una.

La viejita del segundo A, es casi invisible, así que poco hay que decir de ella. El marido se murió un buen día, como un pajarito, sin hacer ruido, por no decir ni dijo “pio” siquiera. Y la pobre, está más sola que la una, y eso que parió cinco hijos… cría cuervos y te sacarán los ojos. Ni aparecen a ver si la vieja necesita alguna cosa, el día menos pensado empieza a oler mal y es que estiró la pata. Pero entonces seguro que le salen parientes hasta de debajo de las piedras, aves de rapiña en busca de carroña.

Los del tercero son mi perdición. Los odio. Él está más sordo que una tapia, pero se tira unos pedos, el cabrón, que retumban las paredes. Y qué tufo sale por debajo de su puerta, deben comer mierda o es que la mierda se los come a ellos. Siempre está borracho. La mujer es de las que se pasan el día espiando tras la puerta, a ver quien sube y baja. Y cotilleando con la vecina, lleva siempre la misma bata, en invierno y en verano, llena de rotos y de porquería. Yo creo que cuando se la quita, si es que se la quita alguna vez, se debe quedar tiesa como si ella aun estuviese dentro. Como el desgraciado borracho de su marido está sordo, hablan a gritos, a todas horas. Y la televisión la escucha todo el vecindario. Tengo ganas de que se mueran de una puta vez, los dos a un tiempo.

La otra vecina cotilla es viuda de un militar. Y se da aires de gran señora. Mira por encima del hombro cuando algún día te encuentras con ella. Tiene un abrigo lleno de calvas que dice que es de visón y en Septiembre ya lo lleva puesto, luego resulta que tienen que fiarle en la tienda de la señora Engracia porque no llega a fin de mes. También tiene un hijo militar, que es todo un caballero, según ella. Por eso un día, con la excusa de que alguien le había encargado no sé qué asunto de publicidad subió a mi casa, y si no es por la patada en los huevos que le arreé y le dejó traspuesto, me hubiera violado, el hijo de la gran puta.

En el cuarto hay un piso vacío y en el otro, justo debajo de mí, vive el único vecino que soporto. Es un hombre maduro y vive solo. No sé a qué se dedica porque no tiene un horario fijo de entrar o salir de casa, pero a veces cuando reina el silencio, le escucho tocar el violín. Entonces corro a abrir la ventana porque el sonido me llega a través de la suya entreabierta. Y cierro los ojos mientras las notas se cuelan en mis oídos. Me gusta tanto escucharle que una vez que estuvo ausente diez o quince días… le eché de menos. Alguna vez le he visto, pretende parecer desaliñado pero hay algo en él que hace que aunque se vista con harapos no pueda ocultar su porte, su elegancia innata. Tiene una mirada observadora cuando cree que no es a su vez observado. Y una voz arrogante y cálida. Las vecinas cuchichean a su paso, cuentan una historia extravagante, de un amor traicionado, de que estuvo encerrado en un psiquiátrico… que está loco.

Malditas cotorras, putas desfaenadas, a saber lo que dirán de mí a mis espaldas.

No me gusta la gente. Si fuera dios (suponiendo que exista) y tuviera en mi mano acabar con el mundo, no me lo pensaría un segundo, tan sólo salvaría a unos pocos escogidos a ver si eran capaces de crear otra especie, aunque si soy sincera… hay pocas esperanzas.


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Comentario:
Bien, esto ya salió. Ahora el problema es que no me funciona el contador.
Gracias White por el aviso ni me había enterado de que no se podían dejar comentarios.Eres un sol.
 
Comentario:
No sé si esta vez lo lograré. Cada vez que se hace algún cambio esto se descoloca por completo... que la suerte me acompañe.
No