Desesperada (I)

No puedo más, estoy desesperada, necesito ayuda pero no se a quien puedo acudir. Después de mucho cavilar, he decidido contar mi historia y colgarla en la red, por si suena la flauta.
Empezaré por el principio.
Soy fea, sí, no voy a engañarme a mi misma ni a vosotros. Me miro en el espejo y me veo fea. No una de esas feas horrorosas a quien no se las puede ni mirar, no, digamos que no soy bonita. Puede que de mi rostro se salven los ojos y los labios que resultan bastante atractivos. Digo esto porque a pesar de ello, siempre he gozado de admiradores del sexo masculino. Femenino, no sé, porque la verdad es que no me lo he planteado siquiera. Sí, ya me pasaba cuando era jovencita. Iba con mis amigas a la disco y siempre acababa ligando yo. Las muy brujas siempre salían con eso de: “yo no sé qué tienes para que se fijen en ti” (con voz atiplada) … ¡qué mala leche! Pero el caso es que era yo la que me los llevaba al huerto. Y se morían de envidia. De cuerpo no estoy mal, esa es la verdad, a veces algo más rellenita y otras, más delgada, pero siempre he estado proporcionada. Una talla más de tetas no me hubiera venido mal. Pero pasa que si engordo un poco tengo unos pechos preciosos, pero ¡coño! cuando adelgazo lo primero que me mengua son las tetas… hay que joderse.
Bueno, el caso es que una se da cuenta si gusta a los tíos. Y yo me doy cuenta. La de empresarios, peces gordos, que hubiera podido ligarme. Se les nota la cara de corderos que ponen cuando pasan por el despacho, o lo melosos que se vuelven al teléfono, y más de uno me ha hecho alguna proposición más bien deshonesta. Pero, la verdad, no me gusta mezclar el trabajo y el placer, que los hombres suelen ser muy bocazas y esas cosas sólo traen complicaciones.
Me pregunto si despediré un olor especial o es que miro de forma un tanto descarada. El caso es que la mayoría de las veces miro sin ver. A ver si me explico, puedo estar mirando a alguien fijamente y en realidad no le estoy viendo, porque mi cabeza anda perdida por otros caminos. Pero claro, el que tiene mis ojos clavados no puede saber por donde paran mis pensamientos. Ese es un problema que tendré que resolver un día de estos. Aunque una ya está mayor para ir cambiando.
Sin ir más lejos, hace unas dos semanas que empezaron una obra en la carretera por donde tengo que pasar cada día para ir al despacho. Por cierto, han terminado y no sé qué coño han hecho, porque la han dejado como estaba o peor. Bueno, el caso es que había dos tíos dirigiendo el tráfico. Sí, con las consabidas señales para cerrar el paso a los que venían y dárselo a los que iban y viceversa. El primer día, qué justo que saca la señal de stop cuando iba a pasar yo. Allí me tuve que quedar aguantando la miradita del fulano que me observaba con descaro. A la vuelta me tocaba el otro fulano, y otra vez la misma operación.
Tengo la mala suerte de llevar un coche demasiado “evidente” y llamativo, que se distingue a un kilómetro, así que los días siguientes volvía a pasar lo mismo. Ya no sólo me miraban, me lanzaban besos y sonrisas babeantes que me sacaban de quicio. Al principio, yo me hacía la despistada e intentaba no mirarles, hasta que un día especialmente horroroso en el que todo me había salido al revés, cuando el fulano me sacó la señal de stop, paré, me bajé del coche y me planté delante de sus narices… ¡qué aliento tenía, el cabrón!. “Oye, tú, gilipollas – le dije – aprovecha ahora y mírame bien de cuerpo entero, porque la próxima vez que me saques la plaquita te la meto por el culo ¿estamos? Y dale el recadito al mierda del otro lado”.
A la vuelta, una vez divisaron mi coche, se apresuraron a enseñarme la plaquita azul y agachaban la cabeza a mi paso. Lo sé, porque no les quité la vista de encima.
Y esto lo contaba para que no penséis que soy una tía buena, guapísima y divina de la muerte. Pero el problema no es ese, porque para nadie, supongo, es un problema tener facilidad para ligar. Todo lo contrario. Gracias a eso no me ha faltado un buen polvo cuando las ganas se juntan, como dice la canción.
Pero ahora, hay un… no sé cómo llamarle (porque aunque me haya dicho lo que es, yo no le creo) que está haciendo que todas mis citas sexuales se vayan al carajo. Y es que no sé si contarlo, porque vais a pensar que se me ha ido la olla. No me lo creía ni yo que le vi con mis propios ojos. Veréis lo que me pasó la semana pasada…
(continúa mañana)
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Comentario:
quiero saber lo que pasá despues!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! y tus amigas que te la chupen.. ellas son feas y te tienen envidia vos podes ellas no, siempre por mas que sean amigas verdaderas van a querer tener más que vos.. a mi me pasa
Comentario:
me muero de ganas por leer la segunda parte.. porque no entiendo nada, de tu exito, empezando de ésa manera el post!:
saludos guapa (no existe la palabra fea para una mujer)
saludos guapa (no existe la palabra fea para una mujer)
