Vientos del norte

Hace unas horas que llegué de viaje. Este año me apetecía volver con mi familia al lugar donde nací y del que provienen todos mis antepasados: Asturias.
Aun guardan mis sentidos colores, aromas o sabores de aquellas tierras. Sus praderas inmensas huelen a verde, a musgo, a frescor… es un olor que empiezas a notar en cuanto pasas el puerto Pajares.
Ya no recordaba la ingente cantidad de árboles que pueblan sus montañas, altos, grandes, apretados unos contra otros, disputándose un trozo de cielo que se atisba apenas entre las grandes copas. Hay tantos senderos ocultos a los ojos, siempre húmedos, oliendo a manantial, teniendo por techo toda una enredadera de hojas que se abrazan.
Creo que es el lugar en el que más pequeña me siento, como un diminuto duende de los que cuentan las leyendas que pueblan sus bosques. La enormidad de sus montañas me hace notar la insignificancia humana. Me abruma la inmensidad del entorno en el que se encuentran los Lagos de Covadonga, tan altos que a veces ves las nubes por debajo como copos de algodón que alguna mano gigante dejó caer por descuido. Me pierdo en la maravilla de sus puertos de montaña donde pacen las vacas lejos de los calores del verano y donde aun se pueden ver ejemplares de preciosos Asturcones, libres y salvajes, con sus crines largas y rubias.
Y el mar. El Cantábrico también huele distinto. Huele a sal, a pesca, a bravura. Y está frío, muy frío comparado con el Mediterráneo que es el que baña el lugar donde vivo.
No puedo pasar por alto la hospitalidad y amabilidad de la gente de Asturias y para ello sólo tres pequeños ejemplos:
Íbamos a una casa alquilada de una aldea cercana a Grado, y el día que llegamos todas las tiendas estaban cerradas, pero cual sería nuestra sorpresa al ver llegar a los dueños que fueron a recibirnos para darnos la bienvenida, cargados con dos tortillas, una empanada, un bizcocho, café, bebida y todo lo necesario para que tuviésemos provisiones hasta el día siguiente.
Otro día, entramos en una óptica a hacer unas compras y aproveché para preguntarle al chico que nos atendió por donde se iba a un pequeño pueblo que queríamos visitar. Como no estaba muy seguro, cogió el teléfono y él mismo llamó a la oficina de Turismo para podernos informar.
O el día que nos liamos en Oviedo y un chaval nos acompañó en su moto todo el trayecto hasta situarnos en la salida que buscábamos…
Me voy a permitir dejar aquí algunas recomendaciones por si alguien va por aquellas tierras:
- Los kilómetros en Asturias no tienen 1.000 metros, os lo aseguro. Yo creo que es para que no nos asustemos. Te encuentras con una señal que pone: “Pueblo X 6 Kms”… ¡ja! Empiezas a subir aquella carretera con unas cuestas y curvas endemoniadas… y venga, y venga… y aquello no se termina nunca. Tú piensas que detrás de cada curva te vas a encontrar con el pueblo que buscas, pero… ¡qué va! Aun queda otro, y otro, y otro… Eso sí, cuando por fin llegas, el viaje ha merecido la pena.
- Tampoco preguntes a un asturiano si el Pueblo X queda muy lejos, porque invariablemente su respuesta será “¡que va, fia! ta ahí mismo… a tiru piedra” y tu empiezas a andar, y andar, y andar… y piensas en cómo ¡coño! tira esta gente las piedras tan lejos.
- Mira bien las raciones que pides en los bares, sobre todo en los pueblos, porque con una, seguro que coméis dos o tres personas… qué brutos son. Y encima se enfadan si no te lo acabas todo: “¡Ay! madre ¿nun taba buenu? come, fia, come un poco más que tas toa escurría”… y tú te sientes a punto de reventar.
- No te preocupes si circulas por una carretera por la que sólo cabe un coche, no pienses qué ocurrirá si a otro se le ocurre bajar mientras tú estás subiendo (por una así íbamos todos los días a casa) porque yo creo que tienen algún modo de saber a qué horas la utiliza cada uno de los vecinos… seguro, o es que ellos conocen los lugares estratégicos para apartarse en el caso de que se encuentren dos vehículos cara a cara.
No hace falta que os diga todo lo que podéis visitar, pero en este viaje fui a un sitio que aun no conocía: “El Museo de la Minería” en El Entrego… me encantó. Se trata como su nombre indica de un museo en el que se pueden ver desde fotografías hasta los más extraños y antiguos artilugios y aparatos utilizados en la minería y en otras industrias de explosivos. Había una gran noria que se impulsaba con una persona andando en su interior, y como no, yo tuve que probarla… fue muy divertido, parecía un hamster girando en su rueda.

Pero lo que más me gustó del museo fue la visita guiada, de una media hora de duración, a la galería de una mina. Empiezas bajando en un ascensor como hace cualquier minero cada día, en el que se simula la velocidad, el ruido y el tiempo que ellos tardan en bajar aproximadamente a 800 metros de profundidad. Cuando se abren las puertas, te encuentras en la entrada de una galería. Andando por ella te vas encontrando con diferentes “tajos” donde hay muñecos colocados como si fuesen picadores y el guía va explicando en cada uno de ellos como se extrae el carbón dependiendo de la posición de la veta: de forma vertical, en rampa, horizontal… Me llamó la atención sobre todo la forma de trabajar en rampa. Era una pendiente de unos setenta metros con una inclinación de 40 ó 45 grados, y una altura hasta el techo de unos 50 centímetros, toda ella entibada con troncos redondos como estaría en la realidad. Había una escalera para que los visitantes pudiésemos subir de forma cómoda hasta lo alto de la rampa. Y el descenso podía hacerse por la escalera o por la pendiente que es en realidad como lo hacen los mineros… en la mina no hay escaleras. Quise saber lo duro que era. Tenías que bajar agachada, medio en cuclillas, cogiéndote a las maderas y apoyando los pies en las bases para no resbalar. Lo hice… y las agujetas en las piernas me duraron dos días. Pero me sentí maravillosamente bien, sólo lo hicimos tres o cuatro personas y yo fui la única mujer que se atrevió. La pena es que allí dentro estaban prohibidas las fotos y las cámaras. Os lo recomiendo.
Bueno, y por hoy creo que ya está bien, aún me quedan vacaciones pero las disfrutaré por aquí.
Me alegra estar de vuelta.
Comentario:
Has estado cerca de mi familia en Asturias, querida Des. Viven en el Rodaco, a 1 km. de Grado-Grao-Grau.
Ya ves, todos tenemos un trozo de nuestra alma en Asturies, muller ;-)))).
Un besazo y hasta pronto, que dentro de 4 ó 5 días empieza a bajar mi ritmo laboral y podré comenzar a visitaros con más tranquilidad, corazón. ¡¡Smuaaaaacs!!
Ya ves, todos tenemos un trozo de nuestra alma en Asturies, muller ;-)))).
Un besazo y hasta pronto, que dentro de 4 ó 5 días empieza a bajar mi ritmo laboral y podré comenzar a visitaros con más tranquilidad, corazón. ¡¡Smuaaaaacs!!
Comentario:
esto... yo dejé un comment y no ha salido :(
Comentario:
yo creo que he ido 4 veces, y repetiria mil mas. Me encanta.
Enhorabuena. que envidiaaaa! jeje.
Enhorabuena. que envidiaaaa! jeje.
Comentario:
Unos que vuelven, otros que nos falta poco para irnos... ;)
Asturias es el sitio de España que más me ha gustado, sí. :D
Asturias es el sitio de España que más me ha gustado, sí. :D
