Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Hablando al silencio (INTERIORISMO)
Image Hosted by ImageShack.us

INTERIORISMO I

Quizá algún día te cuente de mis sueños, de mis secretos más oscuros. De esos deseos que hasta de mí se esconden muchas veces, por miedo a que alguien los descubra.

Quizá algún día te cuente lo que siento cuando estoy sin ti o contigo, cuando la soledad me abraza o la nostalgia se me cuela dentro hasta los tuétanos. O de cuando me río, lloro o canto. De cuando los pies me pesan y me arrastro sin poder despegarlos del asfalto. O de cuando me procuro unas alas de ilusión, bien amasadas con algo de esperanza. Y salgo disparada hacia las nubes... y me alejo... y me pierdo.

Tú eres quien más sabe de mí, por lo que digo y por lo que callo. Pero aun así hay cosas que no cuento. Algunas, ni yo misma sé que las conozco, hasta que un buen día salen de su escondite y me doy cuenta que habían estado siempre ahí conmigo sin que yo las viera. Supongo que es pura precaución... supervivencia. No sea que en una de esas ocasiones en que me emborracho de palabras y no controlo, lleguen a oídos que no merecen escucharlas.

Hay días que no quiero hablar con nadie. Ni que me hablen. Días que quisiera que el más absoluto silencio reinase en todo el mundo, en el planeta. Un mundo de silencio ¿te imaginas? Entonces, hasta los pensamientos más ocultos saldrían de su escondite, fluirían de forma natural, sin molestas interrupciones que los corten a medias. Como odio cuando quiero pensar y no me dejan. Maldigo las voces que me obligan a escucharlas, esos sonidos estridentes que no dicen más que tonterías.

Quizá te escriba antes de morir, abriéndote de par en par las puertas de mi mente. Una carta larguísima en la que cuente mis miedos, mis deseos, mis odios, mis amores, mis debilidades, mis bajezas, mis pecados y mis heroicidades, que también tengo alguna, no te creas. Me imagino la cara de sorpresa: la tuya y la de los demás que nada saben de ti. Me importa un bledo. Os jodéis... yo ya estoy muerta.

Suena un poco cruel, lo sé, pero es que algo de crueldad me pone a veces.

Miro mi vida e intento ser realista y objetiva. No, no está nada mal, muchos la envidiarían, lo sé. Pero... ¿y aquellos sueños que soñé de niña?. Sí, eran sueños ridículos, supongo, infantiles y tontos, pero eran míos. Yo no soñaba con un príncipe azul, ni una casita, ni niños, ni oficina. Yo quería ser enfermera allá en el África, o misionera, periodista, enviada especial en grandes guerras, fotógrafa afamada, investigadora del espacio, inventora, escritora, actriz de Hollyvood, o la puta más cara. Yo lo quería ser todo, y no soy nada, un individuo más entre millones.

Vale, ya estoy imaginando algunas voces de protesta: que todos somos importantes para otras personas, que todos los trabajos son útiles y necesarios, bla, bla, bla. A la mierda. Todo eso ya lo sé ¿y qué? Es frustrante y estúpido saber que somos una mota de polvo flotando a la deriva y que moriremos infinitas veces, cada vez que alguien que aun nos recuerde deje de existir. Y así hasta que ya nadie, nunca jamás, vuelva a evocarnos. Que no me jodan los de la “vie en rose” con tonterías y gilipolleces varías. Que todo lo que puedan decirme ya lo sé, que no estoy deprimida, ni pienso en suicidarme.

Y resulta que no era de esto que yo quería hablar, no, no era de esto. Pero siempre me pasa, acabo haciendo lo que no quería hacer y dejando olvidado mi auténtico objetivo.

Quizá algún día vuelva a mi memoria. Quizá algún día... te cuente.
No