El amante más fiel (Final)

Busca un cd de una música que le gusta escuchar y que le regalaron en la oficina, en ese estúpido juego del “amigo invisible”. Es de un intérprete desconocido y la música parece tener raíces africanas o algo así, el caso es que empieza de forma tan lenta y sinuosa que puede resultar irritante y va aumentando lentamente el ritmo hasta convertirse en una orgía de tambores y timbales. Es perfecta.
Activa la cámara y la enfoca hacía el suelo, a sus pies, donde va cayendo de forma descuidada la ropa de la que se despoja poco a poco, quedándose solo con los zapatos puestos. Mientras lo hace, habla muy quedamente con esa voz provocadora y sensual, que aun resulta más excitante si cabe, arropada por la suave música de fondo.
Acerca sus tetas al objetivo mientras las acaricia y las estruja haciendo que los pezones se tornen duros y empinados. Luego, con un ligero movimiento enfoca su sexo que abre lentamente con los dedos. Sobre la música se eleva su voz: “mira el coño de tu puta, cabrón de mierda, se muere por una buena polla, gorda y turgente… ¿quieres ver que tengo que meterme, nenaza?”. Otras veces le habla con dulzura como a un niño: “mi amor, soy tuya, te deseo, te deseo tanto, imagínate aquí conmigo… fóllame, mi vida”. No deja de hablar mientras sus manos acarician una y otra vez su sexo mojado. Hace una pequeña pausa y coge uno de los enormes calabacines. Lo enseña a la cámara y con destreza (ha estado ensayando) le coloca un preservativo. Lo desliza suavemente por el pubis, lo mete entre los labios, acariciando el clítoris hinchado mientras lo dirige hacia la entrada de la vagina totalmente lubricada.
Socorro no puede apartar los ojos de su coño que va engullendo ese sucedáneo de polla inmensa hasta hacerla sentir llena por completo. Luego empieza a realizar movimientos sacándolo y metiéndolo, al mismo tiempo que mueve sus caderas adelante y atrás. Se sincroniza perfectamente con la música que ha ido aumentando de ritmo paulatinamente. Su coño totalmente dilatado se asemeja a una enorme boca hambrienta. Ha ido elevando el tono de su voz y sus gritos de placer se escuchan por toda la casa cuando termina entre jadeos.
Para la cámara para darse un respiro, aun no ha terminado, pero lo que se propone hacer a continuación teme que le resultará más difícil. Socorro no es virgen, ha tenido algunas experiencias sexuales, pocas sí, pero alguna ha habido. Y si es realista además de escasas han sido poco satisfactorias. Pero nunca le han metido nada por el culo así que no puede evitar sentir cierta lógica aprensión.
Vuelve a colocarse y a conectar la cámara situándola de frente a su trasero. Se ha procurado un tarro de vaselina que empieza a untar generosamente alrededor del ano en movimientos circulares no exentos de cierto placer. La música comienza a sonar nuevamente mientras ella no deja de masajear el oscuro agujero. Va introduciendo lentamente el dedo índice, metiéndolo un poco más cada vez. Nota ya como crece la excitación y su coño vuelve a humedecerse. Al cabo de un rato, prueba con dos dedos y aunque siente cierto dolor, le gusta. Los movimientos que realiza con ellos dentro del ano van relajando los músculos lentamente y Socorro se siente cada vez más a gusto. Mientras, no deja de hablar, sabe que su voz puede excitar tanto como la imagen que proyecta. Saca los dedos y coge una de las velas untada ya de vaselina, que penetra fácilmente entre sus nalgas. La descarta y coge otra más gruesa. Esa duele un poco, pero va introduciéndola centímetro a centímetro todo lo que puede. Cuando la tiene bien adentro realiza el movimiento que haría un hombre follándola por el culo. Luego, con la vela insertada en el trasero, se coloca otra vez el calabacín entre las piernas hasta correrse.
Cuando termina escribe una pequeña frase en un correo para Berto: “Mañana, a las 10 de la noche lo haré para ti… en directo” y adjunta el vídeo.
Son las diez de la noche, pero Socorro quiere hacerse esperar, así que se entretiene un rato jugando con Otto, le tiene muy abandonado últimamente y el pobre animal anda como alma en pena por la casa detrás de ella. A las diez y media Soco, como le gusta que le llamen) conecta el Messenger. Berto está esperándola impaciente, ha recibido el video que ella le mandó y lo ha visionado varias veces. Al cabo de un corto rato de charla, ella pone en marcha la cámara que ha conectado al pc y se dispone a repetir las escenas grabadas el día anterior, siempre con cuidado de no mostrar su rostro. Mientras en la pantalla Berto aparece totalmente desnudo y visiblemente excitado. Esta vez resulta más interesante para Socorro pues Berto la estimula tanto de forma verbal como visual.
En un momento de la conexión Otto se acerca a Socorro y aunque ella le aparta de su lado, aparece un instante en la pantalla. Cuando terminan, Berto se muestra sorprendido, pues ella no le había hablado nunca de su perro. Ella le explica la historia de cómo le encontró un buen día, vagando por los alrededores, sucio y abandonado. Y de la compañía que le hace desde entonces.
Las palabras que pronuncia él a continuación, le producen nauseas a Socorro: “Me gustaría ver como te folla… ¿no lo has pensado nunca?”. Ella se enfada y le insulta llamándole loco y depravado. Berto intenta calmarla inútilmente: “Si no quieres que te folle, deja al menos que te lama el coño, verás como disfrutas, hazme caso”. Soco desconecta el pc sin despedirse.
Pasa dos días sin responder a los mensajes y las llamadas de Berto, pero no puede quitarse de la cabeza esa idea que poco a poco ha ido haciéndose un pequeño hueco en su cerebro. Cuando mira a Otto, tumbado en el suelo, con la lengua asomando entre los colmillos, le imagina lamiéndola y no puede evitar sentir un ligero cosquilleo entre las piernas. Por fin, al tercer día se decide a probar.
Se desprende de las bragas y se sienta en el sofá con las piernas abiertas. Llama a Otto que se acerca moviendo la cola y Socorro empieza a hablarle cariñosamente: “Ven, mi chico, ven con tu ama, mira lo que tengo para ti”. Mientras, le ha cogido la cabeza entre las manos atrayéndola hacia ella. Pero el perro la mira desconcertado sin saber qué hacer. Lo tiene allí delante, entre sus piernas, pero él no saca la lengua, sólo siente un ligero roce del húmedo hocico que le eriza la piel. Desiste, no quiere obligarle, y le acaricia suavemente la cabeza.
De pronto, tiene una idea. Se levanta y se dirige a la nevera de donde coge un tarro de mermelada de ciruelas verdes. Otto se muere por la mermelada de ciruela, ella le acostumbró dándole pequeños trozos de tostadas untadas mientras desayuna. Mete los dedos en el tarro y se unta bien el coño. Luego vuelve a sentarse y llama al perro que ha seguido todos sus movimientos con la mirada. Él se acerca y ella vuelve a repetir la operación. Esta vez Otto olisquea y da una tímida lamida a la mermelada. Socorro siente algo parecido a una descarga eléctrica. Le habla otra vez cariñosamente, animándole: “Vamos perrito, mi niño, cómete la mermelada que te da tu perrita, saca la lengua, Otto, sigue, sigue lamiendo, así, así…” El perro instado por su ama, empieza a lamer con su larga y húmeda lengua el jugoso coño de la mujer que gime y se retuerce de placer. Cuando se termina la mermelada, Socorro vuelve a untarse bien con ella. Pero esta vez se acuesta desnuda en el suelo y alza las piernas bien abiertas para dejar todo su coño expuesto a la boca del can. Se mete una buena cantidad en la entrada vaginal y sobre el clítoris. A continuación llama a Otto que acude obediente sabiendo ya lo que le espera. Socorro atrae la cabeza del perro que empieza lamiendo el dulce agujero insertando la lengua todo lo que puede para extraer la mermelada allí alojada, y una vez terminada sigue hacia arriba entre los pliegues de carne caliente para acabar en el clítoris que lame una y otra vez hasta provocarle a la mujer el mejor orgasmo de su vida.
Termina extasiada y satisfecha, pero aun se pone una pequeña cantidad en los pezones que Otto lame con sumo cuidado.
Esta operación la repite Socorro durante unos días, hasta que Otto aprende la rutina, es un perro inteligente, y ya sólo necesita ver a su ama con el tarro de mermelada para saber lo que tiene que hacer. Entonces ella graba una de esas sesiones y se la envía a Berto.
El hombre está desesperado pensando que la había perdido para siempre. Socorro le llama esta vez por teléfono, Berto está exultante, desde que ha recibido el nuevo video lo ha estado mirando una y otra vez casi sin dar crédito a lo que veía, pajeándose sin cesar. No se atreve a preguntarle si va a follar con el perro por miedo a que vuelva a enfadarse, pero esta vez es la mujer quien saca el tema a colación. Le apetece hacerlo pero no sabe cómo. Él respira aliviado, le dice que es mejor que intente que se la meta por el culo poniéndose ella en la posición de perra, pero que le conseguirá información por Internet y que ella misma puede mirar en páginas de zoofilia, seguro que allí encontrará lo que necesita. Berto se excita al imaginarla montada por su peludo perro y sigue animándola a intentarlo.
Socorro empieza haciendo que Otto le lama el culo. Experimenta con los alimentos que sabe que le gustan al perro: yogur, natillas, crema de chocolate… no quiere cansarle con la mermelada, aunque hasta el momento es lo que mejor resulta. Se unta bien las nalgas y llena la raja del culo de la sustancia elegida. Luego se coloca a cuatro patas y le llama. El perro acude inmediatamente y empieza a lamerla goloso. También aprende a masturbarle. Empieza acariciándole el bajo vientre, acercándose poco a poco a los genitales, palpando hasta notar el sexo que permanece escondido bajo la piel y el pelo, haciendo movimientos como si de la polla de un hombre se tratase, hasta que ese trozo de carne rosado aparece puntiagudo. El primer día que logró sacársela sintió un poco de aprensión y al mismo tiempo un intenso deseo de chupársela. Le masturba hasta que el perro eyacula, también se merece un poco de placer el bicho, es como un premio por la labor bien hecha. A veces se tumba bajo el perro mientras agita su polla con una mano, y con la otra se masajea el clítoris, hasta que siente el semen del animal sobre su vientre, y ella se corre entre gemidos.
Todas estas sesiones son meticulosamente grabadas y enviadas a Berto, sin importarle ya que vea su rostro. Le tiene completamente enganchado. Sabe que jamás follará con él porque lo que a él realmente le gusta es ver como se la follan a ella, sin importarle que quien lo haga sea una mujer, hombre, o cualquier animal de cuatro patas.
Decide intentar al fin que Otto la penetre. Se desnuda y empieza a acariciarle mientras le habla con dulzura y firmeza a un tiempo. Le acaricia una y otra vez hasta que el sexo excitado del animal asoma entre el pelaje. Entonces se pone a cuatro patas instándole a que suba las patas sobre ella, pero el perro no se decide, debe tener miedo a hacerle daño. Lo intenta una y otra vez hasta que consigue que apoye las patas delanteras en sus caderas, pero en esa posición no puede dirigir el pene erecto hacía su ano… es imposible, necesita alguien que le ayude.
Tiene que ser alguien en quien pueda confiar por completo o se puede convertir en la comidilla del barrio. Pero ¿quién? Entonces se acuerda de Nicki… eso es, Nicki es perfecto. Su verdadero nombre es Nicolás, pero todos utilizan ese diminuto para dirigirse a él, aunque se trata de un hombre de veinticuatro años, grande como un armario ropero. Es el hijo de los vecinos y padece cierto retraso mental que le convierte en un niño grande. Socorro le conoció cuando hacía poco tiempo que se había trasladado allí, al descubrirle espiándola a través del seto que separa las dos viviendas mientras ella tomaba el sol en el jardín. Por la expresión de su rostro y el ligero movimiento que percibía en la mano escondida supo que se estaba masturbando, pero lejos de molestarse, le resultó alentador saber que todavía podía excitar a un hombre, aun cuando se tratase de un tarado. Desde entonces, ella le encarga al muchacho algunos de los trabajos más pesados de la casa, lo que le sirve para estar entretenido y ganar algún dinerillo. Es un “manitas” que igual te arregla un enchufe, limpia el jardín, o desmonta un pequeño electrodoméstico. Sus padres están encantados del cariño con que Socorro le trata. Además Otto le quiere y confía en él, el invierno anterior tuvo que dejar al perro a su cargo cuando ella, aquejada de una fuerte gripe, se vio obligada a guardar cama durante una semana.
Se acerca a casa de sus vecinos y le dice a la madre de Nicki que necesita que le eche una mano en la casa, está haciendo limpieza y quiere sacar los tratos viejos para limpiar en la pequeña buhardilla. Nicki la sigue como un perrito sin apartar la vista del trasero de Socorro enfundado en unos ligeros pantalones cortos.
Cuando le tiene sentado en el sofá, sus instrucciones son claras: “Necesito que me ayudes a hacer algo, será un secreto entre nosotros. Si lo haces… te la chupo. Y si sale bien dejo que me folles. Si por el contrario te vas de la lengua, te corto los huevos y se los tiro al perro… ¿me has entendido?” Nicki abre unos ojos como platos desde el momento en que las palabras “te la chupo” y “dejo que me folles” llegan a su cerebro. Y casi ha empezado a babear mientras asiente rápidamente con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna.
Antes de comenzar, Socorro conecta la cámara. Piensa grabarlo todo, incluida la chupada de polla al pobre tonto que permanece inmóvil sentado en el sofá. Se excita al pensar en enviar el video a Berto.
“Desnúdate y vuelve a sentarte” le ordena a Nicki. Y él empieza de inmediato a desprenderse de la ropa con gestos patosos. Ella espera de pie, cruzada de brazos. El hombre es enorme y su polla en estado semi-erecto ya tiene un tamaño considerable. Cuando termina de desnudarse se sienta de nuevo esperando las órdenes de Socorro. Ella se coloca ante él y empieza a desprenderse de la ropa al tiempo que no quita la vista de la polla de Nicki que va aumentando de tamaño y consistencia con cada una de las prendas que ella va depositando en el suelo. Cuando termina, el hombre luce entre las piernas un miembro hinchado y duro como una roca. Socorro se arrodilla ante la verga y la acaricia. Tiene unos huevos grandes y peludos que la mujer apretuja entre sus manos. El hombre echa hacia atrás la cabeza y un fino hilo de saliva se le escapa por la comisura de los labios. Y Socorro comienza su tarea que jamás pensó pudiera ser tan agradable. Lame la jugosa punta jugueteando con la lengua, y el contorno de la inmensa polla como si de un gran helado se tratase y luego poco a poco la hace desaparecer dentro de su boca. En un principio pensó en hacerle sólo una mamada, pero está tan excitada que necesita sentir dentro ese trozo de carne ardiente que la está volviendo loca.
“Te lo has ganado, mi niño, voy a dejar que me folles antes de hacer lo que quiero que hagas ¿Quieres follarme? Quiero que me metas esa polla grande, que me rompas con ella, mi pequeño retrasado. Y luego me la meterás por el culo” Nicki deja escapar un gruñido de satisfacción al escucharla mientras asiente de forma insistente con la cabeza. Socorro abre las piernas y se sienta a horcajadas sobre el hombretón, insertándose en la polla erecta que a pesar de su grosor se desliza fácilmente dentro de su coño empapado. Cuando la siente dentro empieza a saltar sobre él haciendo que la polla entra y salga a un ritmo endemoniado. Nicki la agarra entonces por las caderas y la clava una y otra vez con fuerza hasta que ella nota el semen caliente inundando su coño al tiempo que las contracciones de su orgasmo la elevan durante unos segundos hasta el mismísimo cielo.
Reposan durante un rato. La expresión que aparece en el rostro de Nicki es la de un niño feliz después de haberse comido su postre preferido. Su polla reposa lánguida entre las piernas. Socorro, sentada a su lado, le explica de forma sencilla lo que quiere que haga y él parece entender sus instrucciones.
La mujer se coloca a cuatro patas y es Nicki quien le unta el culo con la mermelada de ciruelas. Con sus grandes dedos intenta rellenar el negro agujero con la dulce mermelada. Cuando le parece que tiene suficiente, llama a Otto que se acerca babeando y moviendo la cola alegremente. El perro empieza a lamer el culo de la mujer mientras Nicki le separa las nalgas para facilitar la tarea. De vez en cuando, hombre y perro, parecen disputarse el placer de lamer el orificio y lo comparten como bueno amigos. Socorro ya se siente suficientemente excitada. “Nicki, acaricia a Otto hasta que veas que está punto y colócalo sobre mí”. El hombre obedece y en un momento el perro está preparado para la monta. Suavemente lo sitúa sobre Socorro mientras coloca el rojo miembro del animal frente al orificio anal. Con un pequeño empujón lo mete dentro y Socorro siente las embestidas del perro golpeándole las nalgas con su vientre. Nicki no se ha quedado quieto y le ha insertado tres dedos en el coño mientras con el pulgar le masajea al clítoris. La mujer grita y grita sin parar: “Quiero que me folléis, perros, fuerte, más fuerte” Nicki ha empezado a lamerle la cara como si de otro perro se tratase, metiéndole la lengua en la boca, en la nariz, en las orejas… y ella está a punto de volverse loca de placer.
Cuando el animal termina, Nicki lo aparta de Socorro, lo acaricia y ocupa su lugar. Coloca la punta de su polla en el ano, mojado por el semen del perro, y empuja. Socorro grita de dolor, el cambio de tamaño es considerable, pero desea que el hombre continúe. Y antes de que se de cuenta, una nueva embestida hace que un buen trozo de verga se inserte en su culo: “Sigue, estúpido, sigue, no te pares. Métemela entera, la quiero toda dentro. Fóllame mi niño tonto, fóllame…” Y Nicki embiste y embiste sujetándola fuerte por las caderas hasta que se derrama en su interior entre bufidos.
Socorro se despierta con los lengüetazos de Otto en la cara. Es tarde y el perro tiene ganas de salir a hacer sus necesidades. Está cansada y aun siente punzadas de dolor en el ano. Se levanta y tropieza con la cámara que ayer se olvidó de guardar. Piensa en que quería enviarle el video grabado a Berto, pero… que se joda, que se quede con las ganas. Ahora tiene todo lo que puede desear: un dulce y maravilloso retrasado que la adora y un perro que jamás le será infiel. Ya se encargará ella de atarlo corto para que no se le ocurra follar con otra perra… para eso se inventaron las correas.
