Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Extraña pareja
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Pintura: Janto Garrucho

David (Deivid como a él le gustaba llamarse) siempre pensó que a las mujeres se las manejaba a hostias. Ahora vive como un animal enjaulado a las órdenes de su diosa y lo más extraño es que jamás se sintió tan feliz.

Elena ha salido muy tarde del despacho, la dichosa reunión con los diseñadores se alargó demasiado. Cada vez está más harta de esos locos malcriados que se disputan el protagonismo en cada nueva colección, creyéndose únicos, como si inventasen algo nuevo y excepcional. Se sienten poco menos que indispensables y hay que mimarlos aguantando sus caprichos más ridículos. Por fin, el próximo desfile ha quedado más o menos encauzado dejándoles a todos satisfechos, aunque ella tiene la última palabra y en el momento decisivo hará lo que se le antoje.

Hoy pasará la noche en el apartamento, a fin de cuentas nadie la espera en casa. No tiene hijos a los que atender y su marido está de visita para inspeccionar una de las fábricas que tienen repartidas por medio mundo. Este mes tocaba la de la India, y seguro que aprovecha para follarse a alguna niña de las muchas que trabajan a sus órdenes, como si lo viera. La primera vez que visitó una de esas fábricas se sintió francamente mal al ver a todas esas criaturas encerradas en aquellas horribles naves cosiendo sin descanso. Luego se dio cuenta que en realidad las que allí trabajaban se sentían afortunadas si se comparaban con las que se prostituían por doquier. Y ella tampoco se iba a convertir de pronto en una madre Teresa, así que seguía en el negocio sin pensar en las manos que cosían aquellas prendas por las que pagaban una miseria y se vendían luego a precios desorbitados.

Abrió la puerta del apartamento y se dirigió al dormitorio donde se desnudó para darse una ducha que hiciese desaparecer el cansancio acumulado durante todos esos días de trabajo frenético. Cuando terminó se vistió con un suave albornoz y se calzó unas mullidas zapatillas a juego. Sacó unas llaves de su bolso y salió al pasillo. Justo enfrente de la habitación había una enorme puerta de metal acorazado. Metió la llave en la cerradura y la hizo girar varias veces mientras se escuchaba el ruido que hacían los cerrojos al descorrerse.

Un tufo a excrementos y orines le inundó la nariz al abrir la puerta, al mismo tiempo que escuchaba un sonido acompasado y metálico que cesó en el mismo instante en que ella penetró completamente en la estancia. Era una habitación grande y cuadrada, partida en dos por una reja de gruesos barrotes que iban desde el techo hasta el suelo. En su interior y en la esquina delantera izquierda se encontraba una especie de colchón cubierto de paja. Justo detrás, pegados a la pared, dos grandes dispensadores automáticos, uno con agua, y otro con una mezcla de frutos secos. En la parte derecha, también junto a la pared, un agujero sucio y amarillento salpicado de mierda y orines. En el centro de la jaula una enorme rueda giratoria para hamsters. Inmóvil, en medio de ella, a cuatro patas, un hombre desnudo, con barba y larga melena esperaba expectante.

- Vaya, estás hecho un asco – dijo Elena. Ven, acércate ¿no piensas saludar a tu ama?

A David se le iluminó el rostro. Salió de la rueda y se dirigió a cuatro patas hacia los barrotes a los que ella se había acercado. Elena alargó la mano entre ellos y él alzó la cabeza mientras se sentaba sobre los talones. Le lamía los dedos suavemente y restregaba su cara mientras ella le rascaba la barba.

- Basta, basta… ahora quédate quieto sobre el colchón mientras limpio toda esta porquería.

Se alejó de la jaula y descolgó una manguera de un gancho prendido en la pared. Apunto hacia el rincón donde el hombre hacía sus necesidades y un chorro de agua a presión empujó hacia el agujero toda la suciedad que salpicaba el suelo y la pared, dejándolo limpio en un momento. Después subió un poco la temperatura de la habitación con el mando a distancia del aire acondicionado y con un ligero movimiento de cabeza le indicó al hombre que se colocase bajo el chorro de agua. David, así lo hizo. Primero se colocó de espaldas, siempre a cuatro patas o levantando sólo las manos con los brazos flexionados. Luego se colocó en el suelo, boca arriba, con las manos y las piernas encogidas mientras ella iba enfocando el chorro de agua por las distintas partes de su cuerpo. El suelo de la habitación presentaba un pequeño declive hacia la esquina donde estaba el agujero, que estaba conectado a una gruesa tubería por donde se colaba el agua.

Cuando le pareció que estaba suficientemente limpio, Elena cerró el grifo del agua y conecto un pequeño aparato giratorio colgado del techo que despedía aire caliente para que todo se secase con rapidez. David se colocó debajo al tiempo que sacudía todo el cuerpo y cientos de diminutas gotas de agua salían despedidas hacía todas partes. Elena se tapaba la cara gritando y riéndose y a David escuchar su risa le alegraba el corazón… (continuará)
 
Comentario:
¿Rencor a los hombres, Pau?... si me encantan los hombres, no les entiendo la mayoría de las veces... pero me encantan.
No, tú espera a seguir leyendo y luego me dices...
Un beso.
Des.
 
Comentario:
Ufff
¿Quien va a fiarse de una mujer así?
¡Que peligro!
Imaginación no te falta.
Rencor a los hombres... ¿tampoco?
No