Extraña pareja (II)

Pintura: Marian Angulo
- Ven, anda, ven aquí – dice Elena aún con la sonrisa pintada en los labios – voy a ver si puedo deshacer esa maraña salvaje de pelo, ven, siéntate ahí.
Y le señala un lugar a los pies de un sillón de grandes flores que ocupa otra esquina de la habitación junto con una lámpara de pie y una pequeña mesa. David se coloca en su sitio mientras que ella sale de la habitación. Vuelve al momento llevando en la mano dos cepillos: uno de grandes púas para desenredar y otro de cerdas suaves. Se sienta en el sillón y David se coloca arrodillado entre sus piernas, dándole la espalda. Ella empieza a cepillar los largos cabellos muy despacio, abriendo los mechones apelmazados con sumo cuidado para no hacerle daño. Él permanece muy quieto profiriendo suaves sonidos guturales.
- Te he tenido medio abandonado estos días, ratoncito, no sabes cuánto lo siento y las ganas que tenía de venir. Te he echado tanto de menos, entre toda esa gente que no paraba de hablar y hablar, diciendo una tontería tras otra. Añoraba tu silencio. Mientras todos discutían y fumaban, gritando y hablando a la vez, gesticulando como locos, yo me evadía pensando en ti, en el sonido acompasado de tu rueda girando sin parar. Sabía que tenías agua y comida suficiente, no me preocupaba por ti, era puro egoísmo lo que sentía.
Cuando la mujer terminó con la tarea de arreglar la espesa melena, cogió el otro cepillo.
- Date la vuelta – le dijo – y comenzó a cepillarle la barba, mientras sentía los ojos de David clavados en ella.
Continuó por el pecho, le alzó los brazos para cepillar las axilas y luego empujó al hombre suavemente para que se tumbase en el suelo boca arriba. Entonces comenzó a peinar los rizos del pubis, jugueteando y enredándolos en sus dedos. El pene de David se irguió con las caricias, y ella le dio un suave golpe con el cepillo sonriendo con picardía. Él dejó escapar un corto y agudo chillido.
- Ya he terminado, ahora estás mucho mejor, ven conmigo, voy a preparar algo para la cena.
Salió de la habitación y se dirigió a la cocina seguida de cerca por David que daba pequeños saltitos alrededor de sus piernas. Sacó varias piezas de fruta de la nevera y empezó a cortarlas en dados y a echarlas en un bol de cristal. De vez en cuando dejaba caer algún trocito que él atrapaba al vuelo y engullía con ansia.
Cuando tuvo el bol lleno de frutas variadas volvieron a la habitación. David se metió en la jaula y Elena empezó a depositar trozos en el suelo delante de ella mientras retrocedía de espaldas hacia el sillón, como formando un camino por el que el hombre debía seguirla. Y así lo hizo él, iba tomando con la boca los pedacitos de fruta mientras seguía el sendero señalado por su ama hasta llegar al sillón en donde ella había tomado asiento. David levantó la cabeza olisqueando en busca del siguiente bocado hasta que lo vio posado en un pie de la mujer. Agachó la cabeza y empezó a lamer y a mordisquear los dedos antes de atrapar la jugosa fruta con la boca, luego continuó con el otro pie. Los trozos siguientes estaban esparcidos por los tersos muslos que temblaron visiblemente al sentir los labios y la lengua de David rozándolos suavemente.
Elena echó la cabeza hacia atrás hasta apoyarla en el respaldo del mullido sillón mientras dejaba que las sensaciones que David le provocaba con la lengua lamiendo sus piernas la envolviesen por completo. Pensó en el día en que se conocieron.
Había sido al final de un día agotador como hoy mismo, ella había salido muy tarde del despacho y no tenía ganas de ir a casa, una casa vacía y fría donde no la esperaba nadie. Dio vueltas y vueltas con el coche alejándose del centro de la ciudad hasta que se dio cuenta que no sabía muy bien donde estaba. Las calles por las que circulaba tenían toda la pinta de formar parte de uno de esos barrios de la periferia que ella nunca pisaba. De la puerta entreabierta de un garito situado en una estrecha calle, salía una nube espesa de humo de tabaco que envolvía y engullía la luz del rótulo luminoso dándole un aspecto extraño. Se apeó del coche y entró en el local. Era un pequeño bar atestado de gente, pero encontró una mesa vacía el fondo, en un rincón. Se sentó y pidió un vodka con naranja. Estaba observando la fauna diversa que pululaba a su alrededor, cuando una voz ronca y algo chulesca la sacó de sus pensamientos, al tiempo que sentía un aliento de olor dulzón y pegajoso muy cerca de su oreja:
- ¿Tienes fuego, nena?
Nunca nadie la había llamado nena, y no sabia por qué, la inundó una rabia tremenda contra aquel tipejo que había se había atrevido a hacerlo.
- Si se te ocurre volver a llamarme nena, te corto los huevos – le dijo apretando los dientes y mirándole directamente a los ojos.
El hombre, que no esperaba esa reacción por parte de lo que a él le había parecido una mujer buscando pasar un buen rato, retrocedió unos pasos sin dar crédito a lo que había escuchado. La mano en la que sostenía un vaso medio vacío, tembló ligeramente. Fue a decir algo, pero Elena le hizo callar con autoridad.
- Siéntate ahí y cállate.
A continuación llamó al camarero y le ordenó servir otra ronda de lo mismo que tomaba cada uno. Ambos se miraron en silencio. Elena observó al hombre con descaro como valorando lo que tenía al lado. No podía mostrar peor gusto en el vestir, parecía un chulo de barrio venido a menos, a mucho menos. Vaqueros ajustados marcando paquete, camisa brillante dejando al descubierto el pecho hasta casi la cintura, botines de bailaor de flamenco, pelo engominado peinado hacia atrás con largas patillas… Ella, después de observarlo un buen rato, no pudo reprimir la risa y estalló en carcajadas, se reía tanto y tan fuerte que pronto las lágrimas inundaron sus ojos. No podía parar. David no sabía cómo reaccionar, se daba cuenta que la mujer se estaba burlando de él en su cara, pero se sentía incapaz de hacer nada para parar aquella risa. Al rato se dio cuenta que también él había empezado a sonreír, y que su sonrisa se iba convirtiendo poco a poco en risa, contagiado por la hilaridad de su extraña acompañante.
(continuará)
Comentario:
Vergonzoso, me alegra encontrarte de nuevo y que te guste lo que escribo, esta noche intentaré colgar el desenlace.
Hola CibeRaid, bienvenido, sí, supongo que una historia así puede dejar boquiabierto... el final está a punto de llegar.
Des.
Hola CibeRaid, bienvenido, sí, supongo que una historia así puede dejar boquiabierto... el final está a punto de llegar.
Des.
Comentario:
Hola.. no sé como he venido a parar aqui, pero ya me he quedado a leer este relato. Confieso que al principio me ha dejado boquiabierto. Veremos como acaba.
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
este relato me esta gustando mucho :)
saludos!
saludos!
