Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Sobran las repuestas
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Está sentada en el viejo sillón de cuero heredado de su padre, sin poder apartar la mirada del cuerpo que yace desnudo en la cama. La luz del amanecer se filtra por las rendijas de la persiana e ilumina la oscura piel dibujando en ella pequeñas líneas paralelas de luz. Le gusta el contraste de ese cuerpo negro con la blancura de las sábanas. Un escalofrío la estremece y busca un viejo jersey de lana, tan largo que le sirve de vestido. Hace frío.
Todos los días, después de hacer el amor, se sienta a mirarle. Hace una semana que le trajo a casa. Le encontró una noche, cuando volvía de tomar unas copas con amigos, enroscado en un rincón del portal. Había empezado a nevar y ella entró a toda prisa deseando llegar a casa y meterse en la cama al calor de las mantas. Pensó que estaba muerto y le dio un suave puntapié para cerciorarse. Ante esa situación, lo lógico es que hubiese salido corriendo a avisar a la policía, pero el alcohol ingerido la dotó de la dosis de valor necesaria. El hombre abrió los ojos, y a ella le parecieron demasiados blancos, parecían dos grandes canicas incrustadas en la negrura de su piel.
Aún no sabe porqué lo hizo, pero le ayudó a levantarse y le condujo hasta su casa. Él estaba agotado, a punto del desmayo, y le supuso un gran esfuerzo caminar hasta allí. A duras penas pudo llegar hasta la cama y se desplomó como un muñeco roto. Le dejó descansar un rato y luego le hizo tomar una sopa caliente que acababa de preparar. El hombre la tomó a pequeños sorbos y volvió a caer vencido por el sueño. La mujer se sentó en el sillón y velo su sueño durante toda la noche.
A la mañana siguiente llamó al trabajo disculpándose por su ausencia. Argumentó que había pillado una fuerte gripe y necesitaría unos días para recuperarse, de momento pasaría el día en la cama.
Luego él despertó.
Intentó, entonces, entablar conversación, preguntarle quien era y qué hacía allí, pero él no la entendía y se expresaba en un idioma que ella jamás había escuchado. Sólo pudo entender, a base de señas que le recordaron a la película de Tarzán cuando conoce a Jane, que se llamaba Malek. Le preparó un buen desayuno y le llevó al aseo, explicándole como pudo que podía ducharse y ella le lavaría la ropa. Malek asintió y al poco rato se escuchaba el ruido del agua cayendo en la bañera.
Se quedó pensativa.
Debía haberse vuelto loca ¿cómo podía meter a un desconocido en casa? Nadie sabía que estaba allí, así que fácilmente podía robarle y largarse, no sin antes asesinarla o hacerle cualquier barbaridad inimaginable. Pero, inexplicablemente, no sentía miedo.
El chasquido de la puerta del baño al abrirse la sacó de sus pensamientos.
El hombre dio unos pasos hacia ella y se quedó quieto mirándola. Iba apenas tapado con la toalla y su piel brillaba allí donde se le posaba la luz. Los gruesos labios parecían llamarla silenciosamente. Por un momento se vio acercándose a él y despojándole de aquel jirón de tela que le cubría. Y lo hizo.
No sabe de dónde sacó el valor para ello, quizá se veía como su benefactora y eso le proporcionaba un cierto poder sobre él.
Le llevó hacia la cama y se dedicó a acariciar aquel cuerpo perfecto. Malek, que en un primer momento permanecía inmóvil sin atreverse a tocarla, empezó a reaccionar. Tenía hambre de sexo y muy pronto se hizo visible su excitación. Rodaron abrazos por la cama, buscándose las bocas, lamiéndose la piel y dejándose llevar por el deseo mutuo. A ella le gustó el efecto visual de las manos del hombre sobre sus pechos, como manchas oscuras en su piel blanca. No esperaba ternura y lo sintió tierno. Bebió de su sexo abierto hasta hacerla desfallecer de placer. La penetró despacio sin dejar de mirarse en sus ojos. Cuando sintió los espasmos de su orgasmo, la abrazó con fuerza contra él. Después, colocó el miembro hinchado entre sus pechos y se dejó vaciar entre gemidos.
Recuerda que la sorprendió el blanco semen y sonríe. Por alguna extraña razón casi esperaba ver brotar una especie de chocolate o café con leche de aquel oscuro pene, como la pregunta con trampa que le hacía su padre cuando era niña: “si una oveja da leche blanca… ¿de qué color es la leche de una oveja negra?”.
Ya se ha hecho de día y Malek se remueve en la cama.
Ella le mira pensativa. Se pregunta cómo fue que llegó allí. Cuando le encontró no llevaba ningún documento, nada que pudiese probar que ese hombre existía. Sí, supone que será un inmigrante, y sabe que llegan cientos cada día. Pero es pleno invierno y no están en la costa, ni en una gran urbe, aquello sólo es una ciudad de provincias, en una zona donde aun resulta extraño encontrarse con extranjeros. Sí, algunos hay, pero ya están instalados hace años y nadie repara en ellos. Ahora, no sabe qué va a hacer con él. Tiene que volver al trabajo, ya ha pasado toda una semana sin aparecer por allí. También tuvo que darle una excusa a su madre para no ir a visitarla el domingo. No tiene ni idea de por donde empezar, ni lo que quiere hacer él. A menudo, cuando yacen abrazados en la cama o en el suelo, él empieza a hablar quedamente. Ella imagina que le cuenta cosas de su vida, de su país…pero no puede entenderle. Aun así, le gusta la cadencia de su voz, y a veces se queda dormida escuchándole.
Malek ha vuelto a acomodarse y su cuerpo sobre la cama evoca un gran signo de interrogación. Es el interrogante de su pasado. Se levanta despacio y se acuesta frente a él tomando la postura contraria a la del hombre… cerrando la pregunta, esperando quizá encontrar la respuesta.
 
Comentario:
Un relato precioso de verdad.
Te felicito, Des.
No