Pensamientos en espiral (Caligrama)

Cada día me resulta más frustrante y deprimente enfrentarme a la fría realidad del espejo. Cada día descubro una arruga que antes no existía, un colgajo de piel, un contorno que pierde su tersura. ¡Díos! Que triste es envejecer. Díos… si de verdad existe un creador, el tipo se lució de lo lindo, hay que ver que mente más retorcida, no le bastaba con el nacimiento y la muerte, que dicho sea de paso a mí no me preocupa demasiado, pero… también podíamos palmarla cuando nos toque aunque manteniéndonos con treinta y tantos, año arriba, año abajo. La treintena dicen que es la mejor época de la vida, yo creo que debe ser porque intentamos disfrutarla al máximo pensando que pronto llegan los cuarenta, y una vez metidos ahí, ya no hay quien le eche el freno a la decadencia. Sí, uno puede alargar esa “madurez” al máximo, con la cirugía, una buena alimentación, deporte, pero los años están ahí y tarde o temprano se echan encima.
Odio envejecer, y encima parece que a la gente le gusta recordártelo. Así que te encuentras con algunas que preguntan por los niños y después de los parabienes por lo bien que les va en el trabajo o los estudios o en el plano sentimental, sueltan aquello de: “¡ay! Hija, la vida ahora es para ellos, a nosotras ya no nos queda nada que hacer. Son ellos los que tienen las ilusiones, los proyectos…” y a mí se me queda cara de aterrada imbécil al visualizar mi negro y aburrido futuro. A veces sucede, como ayer por ejemplo, que tropecé en la piscina con una antigua conocida, una mujer que fue guapa y muy atractiva y que al despedirnos después de una breve conversación me dijo: “¡Qué triste es hacerse mayor ¿verdad?... qué triste! Pero claro, eso no lo puedes decir en voz alta porque te tachan de loca, como esas viejas actrices “jolivudenses” que se traumatizaban con el paso de los años. Y ahora ni eso les queda a las pobres, porque se ha puesto de moda que la vejez es hermosa, que puedes hacer infinidad de cosas, que puedes estar estupenda a los sesenta. Pues claro ¡no te jode! Yo estoy estupenda a los casi cincuenta (sobre todo si echo una miradita a mi alrededor) pero estaba mucho más estupenda a los treinta y cinco, ya lo creo que lo estaba.

Y no pasa nada si a uno le envejece el espíritu al mismo tiempo que el cuerpo, pero cuando no es así, te sientes un bicho raro y a veces un tanto ridícula, porque siempre hay almas caritativas que te recuerdan que esos pantalones no son para tu edad, o ese corte de pelo, o ese jersey extravagante, o ese par de botas que a ti te fascinan. Y cuando se te ocurre hablar en voz alta de una nueva ilusión, un proyecto que has ido dejando siempre olvidado y ahora quieres llevarlo a cabo, entonces muy ladinamente dejan caer que quizá ya no tenga sentido porque ¿de qué te sirve? Como si todo lo que hacemos en la vida tuviese que tener un propósito determinado, como si no se pudiera una embarcar rumbo a un sueño sólo por disfrutar, por ser dichosa.
Y ya no digo nada si osas enamorarte, ilusionarte como en los mejores tiempos. Porque ésa es otra: el corazón, o donde quiera que se fragüen los sentimientos, no sabe de años o lustros, le importa un bledo que tengas veinte años o sesenta, él late con la misma intensidad, incluso me atrevería a decir que a los sesenta lo hace con más fuerza porque sabe que quizá sea ésta la última oportunidad de volver a sentir de esa manera. Ni se te ocurra contárselo a alguien y menos aún a familiares, amigos y conocidos, porque ésos te lapidarán sin miramiento. Así que cuando te preguntan ¿cómo estás?, tú contestas: “muy bien, estoy muy bien” y en tu fuero interno piensas: “salvo que amo con locura a un hombre que no me corresponde, que pienso en él a todas horas, que me muero por mirar sus ojos, porque me acaricie, por besar su boca, que me echo a temblar cuando me habla y me derrito como un trozo de hielo en pleno mes de agosto… salvo por esas nimiedades y que tengo un horrible dolor de muelas… estoy bien, estoy perfectamente”. “Linda, vos estás todita enamorada” sentenció un argentino con el que coincidí en el tren y al que le solté toda esa retahíla precisamente porque no le conocía de nada. “Che… vos sós adivino o tenés una bola mágica”… nos reímos los dos a carcajadas.
Cada día me resulta más penoso el paso imparable del tiempo que ya no suma… resta. Y yo, siempre girando en espiral sobre mi misma, no acabo de encontrarme.
Comentario:
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amor como el mio en el mundo no hallaras encontraras quien te quiera pero como yo jamas
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estan muy chidos pero saquen mas chido osea mas caligramas que hablen de la amistad. ok bye
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Tú estás guapa hasta vestía de buzo!
(piropo)
Sé más, pero son rollo albañil en primavera, del estilo: a ti te comía hasta la gomilla del tanga. Te la metía hasta en un bolsillo. O te metía de todo menos prisa. Pero como este es un blog de pro:
Guapa!
(piropo)
Sé más, pero son rollo albañil en primavera, del estilo: a ti te comía hasta la gomilla del tanga. Te la metía hasta en un bolsillo. O te metía de todo menos prisa. Pero como este es un blog de pro:
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