Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Condena
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Imagen: Vientos de la vida (Adevor)

Hace unos meses le vi por primera vez. Era una mañana más y como todas, yo desayunaba en una pequeña cafetería mientras leía el periódico. Cuanto entró nos miramos un instante y al momento me enfrasqué nuevamente en mi lectura. Levantaba los ojos de cuando en cuando, y me encontraba con los suyos. Volvió al cabo de dos o tres semanas. Luego sólo pasaron unos días. Poco a poco los encuentros se sucedieron de forma más asidua hasta convertirse en algo cotidiano. Creo que viene allí a tomar su café sólo por verme.
Es un tipo corriente, bien parecido, alto, de complexión fuerte y manos grandes. Tiene una agradable sonrisa y una profunda mirada. Azul. Casi siempre viene acompañado de su hija, una niña de unos seis o siete años. Creo que es argentino, pero con una buena posición pues la niña lleva el uniforme de un colegio privado de la zona. Estos últimos días me he dado cuenta que le prodiga muchas carantoñas: caricias, besos… Y siempre lo hace mientras me mira fijamente. Alguna vez le acompaña su mujer. Es tan alta como él, mal formada, tiene unas piernas largas y un cuerpo recto, sin atisbo ninguno de alguna curva femenina. Es fea.
Los días en que ella le acompaña son los que más me divierten y me excitan. Le miro continuamente y él rehuye mi mirada, pero no siempre puede hacerlo. Cuando se encuentra con mis ojos se queda allí enganchado hasta el punto que, en varias ocasiones, su mujer se ha dado cuenta de que él estaba distraído y no la escuchaba. Entonces ella sigue la dirección de su mirada pero me encuentra siempre embebida en la lectura del periódico abierto ante mí, sobre la mesa.
Me he dado cuenta que me visto para él, eligiendo con cuidado la ropa más sexy, la que mejor me sienta.
Hoy era uno de esos días en que ella le acompañaba. Cuando me di cuenta que se dirigía al mostrador para pagar la cuenta, me he levantado al mismo tiempo y muy discretamente he deslizado en su mano una nota que escribí a toda prisa en una servilleta de papel. Se ha puesto tan nervioso que tartamudeaba sin poder contestar a la pregunta que en ese momento le dirigía la dueña del local.
La nota era escueta: “Si quieres condenarte, te espero en las puertas del infierno. Ésta es la dirección. Mañana a las diez de la noche. En punto.” La dirección del infierno es la de un pequeño hotel a las afueras de la ciudad.
He pasado el día pensando en él sin poder concentrarme en el trabajo. Camino deprisa hacia mi casa. Se que ella me estará esperando, ya se ha dado cuenta, lo lee en mis ojos antes de que ocurra. Estoy ansiosa por llegar, quiero ver la rabia en su rostro crispado, que se de cuenta que una vez más ha perdido la batalla contra el diablo, que volveré a hacerlo, volveré a pecar, a follar con un desconocido, que sepa que su ángel, su niñita, es una zorra, una perra caliente en busca de un macho que la cubra.
Me jodió la vida.
Y todo porque un pobre desgraciado la preñó de mí y se largó por pies. Y no me extraña. Concentró todo su odio hacia los hombres en hacer de mí “su niña”, santa, pura e inmaculada. Por las noches, en la cama, me tapaba la cabeza con las mantas para no ver los horribles cuadros colgados en las paredes de mi habitación. Toda la casa está inundada de pinturas de dioses vengativos, de infiernos repletos de almas pecadoras ardiendo eternamente, de mártires que preferían morir antes que caer en el pecado. Cuando crecí, deseaba que un demonio viniese a por mí, que poseyera mi cuerpo, mi alma, que quemase mi piel con su aliento abrasador. Yo gemía en sueños. Y era entonces cuando ella me hacía levantar y arrodillarme. Rezar, rezar, rezar, mientras el cuero de su cinturón mordía con furia mi carne. Fue mi carcelera y mi guardiana. Apartó de mi lado a todo aquel que me mostrase afecto: Laura, una niña dulce y tímida que quiso ser mi amiga, Josefina, la vieja maestra que intentó ayudarme. De todos me alejó. Yo era su niña y ella lo daba todo por mí. Yo era toda su vida y ella debía vigilar que no cayese en el pecado.
Y llegó él.
El hombre de mirada dulce y sonrisa tierna. El hombre al que entregué mi amor sin condiciones. No pude esconderme de ella mucho tiempo. Lo supo. Y fue saberlo y entregarse en cuerpo y alma a la tarea de alejarle de mí. Ese hombre me amaba. Luchó, luchó por nuestro amor desesperadamente. Y yo pensé que esta vez ganaría la batalla. No se cómo lo hizo, no se que artimañas utilizó, no se si le mató. Pero un buen día desapareció de mi vida, así, sin más. Se lo tragó la tierra.
Quise morir, quise morir mil veces. Y lo intenté unas cuantas. Pero ella estaba siempre ahí, vigilante, ella no iba a consentir que yo la abandonase. Luego pensé en huir. Hasta que un día supe lo que tenía que hacer.
Llego a casa y se que ella está esperándome. En la habitación medio en penumbra su sombra se alarga a la luz de las velas. Un dios furioso soltando llamaradas por la boca me mira colgado de un clavo en la pared. Mis ojos son de fuego. Está de pie, el rostro crispado, con su mano derecha aferra el látigo que pende lánguido hasta el suelo. Me desnudo despacio, gozando con cada prenda que dejo caer al suelo. Muestro desafiante mis pechos con los duros pezones apuntándola. Ella aprieta los dientes.
Me arrodillo y le ofrezco mi espalda.
El látigo restalla y me quema la piel. Un hondo gemido se me escapa y llena la habitación. Más fuerte, mamá, más fuerte, mátame, mátame a latigazos… los golpes se suceden… mañana, un demonio lamerá mis heridas y mi sexo, abrirá mis entrañas para inundarlas con su semen diabólico, gritaré de placer, seré su esclava, beberé de su leche caliente, seré su puta, su furcia, su ramera… mátame, mamá, mátame a golpes.
Empieza a desfallecer mientras jadea. Con voz ronca implora al dios de la pared: yo no quiero pecar, dios mío, no quiero, tengo que castigarla, es mi niña, díos mío.
Siento la sangre resbalar por mi espalda: mañana follaré con el demonio, mamá, y luego vendrá otro y otro y otro más. Río, cuando el látigo vuelve a caer sobre mi espalda, río cuando la veo en el suelo gozando los espasmos de su orgasmo.
Me levanto despacio. Mis ojos son de fuego.
Arderás eternamente en el infierno, mamá, te has corrido como una mala puta, y eso, eso es pecado, tu dios te está mirando, está enfadado… seguro. Ella se encoge en el suelo como un feto. No, mamá, no sirve arrepentirse, ni hacer penitencia, porque yo sé que volverás a hacerlo, lo harás siempre que a mí me plazca… esa es tu condena.
Mañana, no me esperes despierta, seguramente vendré tarde.
 
Comentario:
De este "desorden" de cabeza que tengo, corazón.
Un beso, querido Pau.
Des.
 
Comentario:
Umm
Me gusta el saxo, me gusta el piano, pero me gustas más tú cuando escribes estas historias.
¿De dónde sacas las ideas?
 
Comentario:
No. Soy saxofonista... tampoco hay tanta diferencia ¿no?...Gracias por tu visita.
Des.
 
Comentario:
Eres pianista?
;)
No