Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
La Juani
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Tenía un problema la Juani… no sabía decir NO.

Era sólo una niña cuando la sorprendió su madre con aquel vecinito de ojos almendrados y cabello rizado a lo David Bisbal. Jugaban a los médicos. El niño, angelito, quería ver la rajita de la Juani y ella, claro, no supo decir no. Le daba tanta pena con la carita triste y los ojos bajos y la voz cariñosa diciendo “por favor” que se bajó las bragas de flores amarillas y le dejó mirar. Aquello le costó una bronca tremenda, dos semanas sin tele y la firme promesa de no volver jamás a jugar a los médicos.
Algo más crecidita no supo decir no al padre del vecino, el de ojos almendrados, que llamó un día a su puerta para pedir prestada una taza de arroz. Fue una casualidad que ella estuviese sola y que saliera a abrir muy ligera de ropa… hacía tanto calor. Tan pronto la vio el hombre empezó a babear y algo se le movía bajo su pantalón. ¡Ay! Juani que me muero- balbuceaba el señor- no me dejes así, me mata este dolor. La Juani suspiró. Y con mano paciente ayudó a aquel bendito a quitarse ese peso que llevaba en los huevos, mientras él le metía el dedo en la rajita. Se fue el hombre contento y se olvidó el arroz.
Luego vino aquel chico que le pidió salir con ojos de carnero, tan tímido, tan bueno… y aunque a la pobre Juani no le gustaba mucho pues andaba loquita tras de otro jovenzuelo, no supo decir no… le daba tanta pena. Y al pasar de los días, las semanas, los meses, ya le tenía cariño, así que cuando un día le dijo de ser novios, ella dijo que sí.
Mientras tanto la Juani seguía con su problema, sin saber decir no.
Cuando un hombre cualquiera se acercaba hasta ella pidiéndole un favor, se sentía incapaz de dejarle sufriendo. Fue eso lo que pasó con aquel compañero que un día la pilló en un pequeño cuarto donde la Juani fue a por unos papeles que el jefe le pidió. Era un tipo asqueroso de manos sudorosas y allí entre estanterías le arrimaba el paquete mientras manoseaba a la pobre infeliz. Me vuelves loco, Juani, le decía sofocado, pasándole la lengua por la oreja y la nuca, mientras con una mano le sujetaba el culo y con la otra intentaba estrujarle un pezón. La Juani, resignada, se arrodilló ante él y cerrando los ojos dejó que le llenara la boca con aquello que al menos no sudaba. Juani odiaba el sudor.
Otro día fue el jefe el que pidió a la Juani que se quedase un rato pues tenía que ayudarle con un trabajo extra. Y la enculó allí mismo, encima de la mesa. ¡Ay! Juani qué trasero que tienes, vida mía, me lo comía a “bocaos”. Y aquellos trabajitos se fueron repitiendo, a veces por delante, a veces por detrás.
No, la Juani no era golfa, lo suyo era un problema, no saber decir no.
Se dejaba llevar. Y eso es lo que pasó cuando al cabo del tiempo su novio le propuso llevarla ante el altar. A punto, a punto estuvo ella de decirle que no. Pero pensó que entonces le iba a hacer sufrir… tenía tanta ilusión. Y con él se casó.
Aún de vez en cuando no podía evitar el dar felicidad a algún pobre varón que apelaba llorando a su gran corazón. Y aunque sabía la Juani que no era su corazón lo que les atraía, que su único deseo era echar un buen polvo, no podía soportar el verles arrastrarse patéticos, llorosos, con ojos de carnero… se dejaba llevar.
Pero he aquí que un buen día Juani se enamoró. De verdad, de la buena. Su corazón brincaba, los ojos chispeantes despedían más luz que una calle adornada en día de navidad. Y lo mejor de todo era que el tipo aquel por quien bebía los vientos, no buscaba meterle su cosa entre las piernas, ni siquiera que ella le hiciese algún favor. Aquello era increíble. Ese hombre no rogaba, no intentaba engañarla con frases rimbombantes, ni promesas de amores que acababan tan pronto se vaciaban en ella. No le pedía nada. Le abría, sin embargo, un mundo de ilusiones, de esperanza, de risas. La escuchaba paciente, la entendía, la animaba.
La Juani se plantó ante el espejo una mañana, pintó sus labios del color del fuego, y tomó aire. No- dijo con voz suave- y luego repitió de nuevo, no. Más fuerte pensó, y volvió a decir: no, no y no.
Pensó entonces la Juani cuánta vida perdida por no haber encontrado hace un montón de años un hombre como aquel del que se enamoró, pero por otro lado aún podía agradecer al destino quizá, el haberle traído hasta su corazón. Pensó también la Juani que tal vez su problema de que no decir que no se debía quizá a ese afán que sentía por encontrar a alguien que llenase su vida, que la hiciese feliz.
Hace un tiempo que Juani aprendió a decir no, lo hace sonriendo, de forma cariñosa, pero es un no rotundo que no admite más réplica, duda o discusión.

 
Comentario:
Esa imágen con la protagonista de "Hard Candy"... ¡qué miedo!
 
Comentario:
pues dile a Juani que en esta vida de vez en cuando hay que saber decir NO.

por cierto te debo una disculpa... y una explicacion. voy a emailearte! jeje.

No