Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Momentos
Image Hosted by ImageShack.us

Imagen: Leopoldo Pomés

Te observo detenidamente. Tu pecho sube y baja con un rítmico y pausado movimiento. Duermes profundamente. Estabas contándome hace sólo un momento una historia que ya no recuerdo. Yo andaba pendiente de tu voz, de como su sonido inundaba mi cerebro. Poco a poco se fue convirtiendo en un suave susurro hasta que me di cuenta que te habías quedado dormido.
Te miro. Mis ojos recorren tu cuerpo lentamente, intentando grabar en sus retinas el más mínimo detalle. Podría dibujarte con los ojos cerrados si no fuese tan torpe con el lápiz. Deseo acariciarte pero no quiero que despiertes. Acerco mis manos a tu rostro, sin tocarte, apenas a un centímetro de ti. Así, sin un roce, voy siguiendo tus formas: la nariz, las mejillas, el cuello, los hombros… recorriendo tus brazos. Esos brazos que son mi mejor refugio, que me envuelven como un dulce manto.
El calor que despides atraviesa ese mínimo espacio y llega hasta las palmas de mis manos. Sigo mi recorrido por el pecho, el vientre, las caderas, el sexo… y hacia abajo. Cuando llego a los pies inicio el camino de vuelta de nuevo hasta tu rostro.
Sigues dormido. Y yo disfruto de este momento en que eres sólo para mí, en que puedo mirarte sin encontrarme con tus ojos que tienen esa extraña facultad de atravesar piel, músculos y huesos y llegar hasta lo más profundo de mi alma. Disfruto sin escuchar tu voz que me trastorna y no me deja pensar. Sin tus caricias que me hacen olvidar todo lo que no sea desearte, me vuelven del revés, me incapacitan.
Te huelo. Aspiro tu olor intensamente. Es pura avaricia. Quiero llevarlo metido en la nariz… olerte siempre. Quiero traerlo a la memoria cada vez que tu ausencia me visita y me enloquece. Quiero poder decirle: “no me dueles ¿te enteras?... no me dueles, porque cierro los ojos y está aquí, aquí, aquí, metido en mi cabeza, tanto que hasta le huelo”. Y verla largarse vencida y humillada.
Me visto lentamente sin dejar de mirarte, en silencio, no quiero despertarte. Cojo el bolso y luego de puntillas me dirijo a la puerta. Debo irme.
¿Debo irme? Me atrevo a preguntarme con un atisbo de esperanza. Y esa estúpida voz que siempre tengo ahí… jodiendo, contesta un simple, cortante, malsonante, irritante, autoritario y burlón: “Sí”.
Un día voy a matarla, pienso mientras te doy una última mirada y cierro la puerta.

Etiquetas:     
 
Comentario:
Amores que destruyen amor
 
Comentario:
No vas a matarla, no. Es ella la que va matando poco a poco, incluso sin saber y sin querer...

Beso.
No