Suplicatorio

Señor:
Me he tomado la libertad de enviarle esta misiva para hacerle saber, si es que aún lo ignora, de la extrema añoranza que me envuelve. Desde hace un tiempo habito en el centro mismo de la soledad.
Para que se haga usted una idea: imagine un castillo medieval, de ésos que se yerguen en la cima de una montaña solitaria, bajo un cielo desapacible y gris. Todo él rodeado por un foso tan profundo y oscuro, tan tenebroso, que ni las alimañas más infames se atreven a habitarlo. Sola, en una habitación lúgubre y fría, malvivo día y noche, con el pobre consuelo de su eterno recuerdo.
No se excuse diciendo que tengo amigos, familia, gentes que me quieren. Lo se, no soy tan tonta. Pero sepa, señor, que hasta el momento, ningún afecto es comparable a ése que usted me otorga, a veces, si le viene en gana.
Cuando amanece y las primeras luces de la aurora comienzan a iluminar mi habitación, me traen el recuerdo de sus manos. Las espera impaciente mi piel estremecida y mi cuerpo que tiembla sin recato. Sin concederme un momento de respiro, me llega la imagen de sus ojos, provocando los míos, retándome en silencio a aguantar su mirada. Y yo me ruborizo. Después, su boca sonriente, con esa mezcolanza de inocencia y picardía, se acerca lentamente hasta la mía. Y se demora.
¡Ay! No, su boca no, que se instala el deseo y me convierte en un ser descarado y lujurioso. Pero usted no me escucha y se dedica a recorrer el camino de mi cuerpo, descubriendo senderos que se pierden por rutas escondidas, tibias, húmedas.
Señor, no me abandone tanto tiempo, que el recuerdo se va desdibujando y tengo miedo. Miedo de que un día se lo lleve el viento. Por eso cierro puertas y ventanas. Regáleme un poco de su amor, se lo suplico ¿no cree que lo merezco? A cambio yo seré su esclava, o su diosa, lo que usted prefiera. Tenga piedad de mí, yo se lo ruego.
Y si no puede hacerlo, si para usted resulta un imposible, al menos… apruébeme el examen, que no sabe lo que me está costando hacer este ejercicio. Que la Literatura, señor, no es mi asignatura preferida, qué le voy a contar que usted no sepa.
No dudando de su benevolencia, queda siempre a sus pies, ésta, su más aplicada alumna.
Comentario:
Muy bueno el tono de este relato y divertido.Un besito.
Comentario:
Es una alegría para mí encontrarte, querido Pau. Siempre fui una alumna aplicada, y lo sigo siendo cuando encuentro al maestro adecuado, no abundan, pero haberlos... haylos.
Un abrazo.
Des.
Un abrazo.
Des.
Comentario:
Ja ja
Lo último es lo más descarado: su más aplicada alumna.
Vaya con el profe. Si que lo llevaba escondido el muy puñetero.
Pero no te preocupes, la imaginación, la inspiración no escaparán fácilmente de tus manos.
¿Manos?
¡Ay!
¡Que iluso soy!
Lo último es lo más descarado: su más aplicada alumna.
Vaya con el profe. Si que lo llevaba escondido el muy puñetero.
Pero no te preocupes, la imaginación, la inspiración no escaparán fácilmente de tus manos.
¿Manos?
¡Ay!
¡Que iluso soy!
Comentario:
¡Vaya, Salva! yo me alegro de que te alegres, siempre es bueno saber que se nos echa de menos. A veces nos surgen inconvenientes que cuesta un poco solucionar, pero espero poder volver a estar por aqui a menudo. Al fin y al cabo, ésta es mi casa.
Des.
Des.
Comentario:
¡¡¡Qué alegría volverte a ver!!!
