Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Papá Noel (Un cuento de Navidad)
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El estridente ulular de una ambulancia rompió la empalagosa placidez de Nochebuena.

- Pero… ¿cómo ha podido pasar?
- No, lo sé, hija mía, parecía una muchacha tan agradable.
- Es verdad, María, yo que vivo en la casa de al lado jamás oí una voz más alta que otra, ni con los niños, oye, y mira que dos criaturas tan pequeñas siempre te hacen andar gritando. Mira yo, con lo que quiero a mis nietos, pero más de una vez me sacan de quicio.
- ¡Qué tragedia, mujer, qué tragedia!... el marido, pobre, dicen que no se lo creía, que se quedó paralizado y no había forma humana de hacerlo reaccionar.
- No somos nadie, mira que lo tengo dicho, no somos nadie, cuando menos lo esperas… zas, se te pone la vida patas arriba.
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- Dígame ¿notó usted algo extraño en los últimos días?
- No, no, ella estaba como siempre. Nunca le gustaron estas fiestas, pero desde que tuvimos a los niños, siempre las celebramos, por ellos ¿sabe usted? a los peques ya les iba haciendo ilusión, por los regalos y eso.
- ¿Y antes? Antes de tener hijos, quiero decir.
- No, antes no. Pero debía ser así desde siempre, porque al principio, cuando empezamos de novios, yo le preguntaba si cenábamos con sus padres o con los míos. Me dijo que ella siempre aprovechaba esos días para viajar, que en su casa no había costumbre. La verdad es que a mí me daba igual, así que casi siempre salíamos de vacaciones y volvíamos a principios de año.
- ¿Ella sabía lo de la sorpresa?
- Tenía que habérselo dicho, ya lo sé, ya lo sé… ¡díos mío! Tenía que habérselo dicho.
- Vamos, vamos, tranquilícese… usted no podía imaginar…
- No se, fue una tontería, una estupidez. En la tienda donde compré los regalos me ofrecieron ese servicio y… pensé… pensé que a los niños les haría mucha ilusión. A mi mujer le dije que tenía los paquetes en el coche y que cuando terminásemos de cenar, bajaría al garaje a por ellos.
- Ya… comprendo.
- ¿Usted conocía a ese hombre?
- No, no, no le había visto nunca. Era un servicio de la tienda.
- ¿Y su mujer? ¿puede ser que ella le conociese?
- Ahora, ahora, ya no se qué pensar, pero yo diría que no… además… hubiese sido muy difícil reconocerle con esas pintas.
- Cuénteme… ¿cómo reaccionó ella al verle?
- Bien, yo creo que bien, no se, no me di cuenta de nada, estaba tan ilusionado al ver la cara de los críos, que… la verdad… no me fijé demasiado. Se sorprendió, eso sí, se quedó quieta mirándole, pero supongo que luego hizo lo mismo que yo, estar pendiente de los niños, de su reacción.
- Entonces… ¿qué pasó? ¿por qué ocurrió?
- No se, no lo se, se lo juro, se lo juro por Díos.
- Lo siento, esto es muy doloroso, créame que lo siento, pero es mi obligación hacerle todas estas preguntas, tenemos que aclarar qué fue lo que la hizo reaccionar de ese modo.
- Perdóneme, intento colaborar, pero… cuando lo recuerdo…
- Tómese un respiro ¿quiere un poco de agua?
- Gracias, muchas gracias. Verá… los niños estaban saltando y gritando locos de contentos, impacientes por abrir sus regalos, entonces el hombre se acercó a Julián…
- ¿Julián es el mayor? ¿cuántos años tiene?
- Sí, es el mayor, cumplirá seis el mes que viene… él se acercó y le acarició la cabeza, le dijo al oído, muy bajito, que fuese con él, que tenía algo muy especial para darle…
- ¿Cómo?
- Es que yo le había comprado a Julián un coche enorme de esos de pedales, estaba en el garaje. Era muy grande y yo había dicho en la tienda que lo dejaríamos abajo y así el niño podría dar una vuelta con él por el patio.
- ¿Se fue con él?
- Sí.
- ¿Qué hicieron ustedes?
- Yo me puse a abrir los otros regalos con el pequeño Mario y no me di cuenta de lo que hacía mi mujer… seguramente no tardó mucho en bajar, no se, no se cuánto tiempo pasó hasta que escuché los gritos de mi hijo… ¿por qué lo hizo? Dígame ¿por qué lo hizo?

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- Lucía… Lucía… ¿se encuentra bien? ¿puede hablar?
- Creo que hoy no va a conseguir nada de ella, está en estado de shock ¿por qué no la deja descansar?
- Porque tengo que hacer mi trabajo.
- Y yo tengo que hacer el mío. Esta mujer no se halla en condiciones de someterse a un interrogatorio, no puede declarar… ¿no se da usted cuenta?
- Está bien, doctor, ¿Cuándo cree que podré hablar con ella?
- Sinceramente… no lo sé, quizá mañana, o dentro de una semana… en cuanto se produzca algún cambio, sea de día o de noche, le avisaré.
- De acuerdo, está bien, buenas noches, y… feliz navidad.
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La mujer se queda a solas en la habitación. Le han inyectado un tranquilizante y parece profundamente dormida. Está llorando. Sueña con aquella navidad, cuando apenas tenía cinco años.

- Mamá, mamá ¿dónde están mis regalos? ¿dónde? ¿dónde?
- Vamos, Lucía, tranquilízate… tienes una sorpresa, una sorpresa ¡enorme!
- ¿De verdad, mami? ¿qué es? ¿qué es?
- ¿Están tocando a la puerta? ¿No has oído el timbre Lucía? Anda, ve a abrir.
- Mami, mami… mira, es… es Papá Noel ¡Oh! Y trae muchos regalos.
- ¡Jo,jo,jo! Vengo cargado de juguetes para mi niña preferida ¿dónde está?
- Aquí, aquí Papá Noel, estoy aquí.

Está abriendo los regalos mientras mamá anda trasteando en la cocina. Papá Noel tiene una preciosa muñeca en la mano, su muñeca, la que tantas veces ha mirado en el escaparate de la tienda. Ella la quiere coger y él se señala la mejilla con el dedo. Quiere que le de un beso. Lucia se coge a la barba para dárselo y… ¡oh! es tío Alfredo.

- Tito ¿eres tú, tito?
- ¡Chussssssss! Calla, calle, que mamá no se entere que me has descubierto o se enfadará mucho y nos castigará. A ti sin juguetes y a mi… sin cenar ¡jo,jo,jo! Si me guardas el secreto, yo… hummmmm, te daré una cosa que tengo guardada para ti ¿quieres?
- Sí, si tito, por favor ¿dónde la tienes?
- Ve a tu habitación y espérame, ahora mismo te la llevo.

Espera nerviosa en su habitación… ¡ufffff! cómo le gusta la navidad, y ésta aún más. Tiene un secreto con su tito Alfredo y además le va a dar un regalo especial. Él abre la puerta despacio y entra con una caja enorme. Se sienta en la cama y se quita el cojín que llevaba bajo la chaqueta simulando una gran barriga.

- Dame un besito, vamos, vamos, dame un besito si quieres que te de tu regalo.
- Mua, mua, mua… anda tito, ábrela ya.
- ¡Ale hop!... aquí está: la más hermosa casa de muñecas que jamás se ha visto.

Ella abre unos ojos enormes, no puede creer que sea para ella, pero su tío le está diciendo que sí con la cabeza. Se acerca a abrazarle, le quiere tanto.

- ¿Estás contenta?
- Pues claro, tito, es… ¡preciosa!
- ¿No le dirás a mamá que sabes quien soy?
- No…
- ¿Me quieres mucho?
- Mucho, mucho, mucho.
- Yo también te quiero, mi niña… déjame que te haga cosquillitas, anda ¿quieres? Y luego jugamos un poquito con tu nueva casa de muñecas.

Las manos de su tío empiezan acariciándole los brazos y a ella se le pone la carne de gallina, luego las piernas, el pecho, las nalgas… luego… ahí. Lágrimas, dolor, miedo… mucho miedo. Y la voz ronca de su tío, de Papá Noel, tapándole la boca con la mano, no grites, no grites, has dicho que me querías, quieres a tu tito, si se lo cuentas a alguien te castigarán sin regalos, eres una niña mala y no tendrás juguetes nunca más, me llevaré tu casita, quieta pequeña, quieta… quieta… quieta.
Y las siguientes navidades se le entrecruzan en la cabeza, todas iguales, el sonriente Papá Noel con un regalo distinto cada año. Con el mismo secreto, el mismo miedo.
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Se mueve inquieta en la cama. Su niño de la mano de otro Papá Noel… se lo lleva. Pero su niño no está solo, no, está ella allí para salvarlo. Ella no dejará que ningún Papá Noel le haga regalos, ninguno. La sangre no se notaba en su chaqueta roja, sólo alguna gota salpicó la larga y blanca barba mientras la miraba sorprendido sin comprender por qué aquella mujer desconocida le estaba apuñalando.


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Comentario:
¡Qué cosas me dices!Casi siempre la realidad supera a la fantasia, sólo tenemos que leer cualquier periódico o ver las noticias de las tres... este mundo está que arde.
Feliz Navidad.
Y un abrazo.
Des.
 
Comentario:
La leche!
Mira que eres retorcida...
No