De vez en cuando... la vida

Imagen Simón Fernández.
Esta tarde retomé la vieja costumbre de salir con la bicicleta después de comer. Hacía meses que no disponía del tiempo suficiente, en realidad, no disponía de tiempo para casi nada. Hasta este pequeño cajón del desastre lo he tenido algo abandonado. Ni siquiera me apetecía escribir aqui el motivo de esta ausencia. Quizá hoy es el momento.
A mediados de Octubre, un viernes por la noche, recibí la mala noticia de que la madre de mi marido (en adelante, mi suegra) acababa de sufrir una caída. Salí corriendo hacia su casa, a dos manzanas escasas de la mía, y efectivamente me encontré con ella sentada en el suelo. Tenía la cadera rota. A partir de ese momento, mi vida sufrió un giro radical.
Ella, con ochenta años, en el hospital. Y mi suegro, ochenta y tres, y con un derrame cerebral ya a sus espaldas, en casa. Fueron tres o cuatro semanas de auténtica locura. Días en los que se me olvidaba comer o dormir en mi afán por estar en todas partes, como Dios. ¿Cómo se hace para cuidar a dos ancianos con gran dependencia, sin dejar desatentidos a mi propia familia, mi casa y mi trabajo? Sí, tenía a mi marido y a mis hijos ayudando en lo posible, pero para mi desgracia soy de esas personas que prefiere hacer las cosas antes que mandarlas, y que siente que no puede desfallecer porque el bienestar de los suyos depende de ella.
Tuve que recurrir al fin a buscar la ayuda de una persona contratada para atenderles, una vez que mi suegra volvió a casa. Y encontrar a la adecuada tampoco fue cosa fácil. No es agradable, lo sé, ocuparse de un par de ancianos con todos los problemas que su edad conlleva: incontinencia, sordera, costumbres anticuadas, poca higiene, racanería.
De repente me encontré con dos niños grandes que casi no comían por no gastar, que escatimaban agua y calefacción, que pasaban la semana sin cambiarse de ropa por no utilizar la lavadora. Unas costumbres, en fin, que más bien parecían del tiempo de la posguerra. Eso sí que casi acaba con mis fuerzas: pasarme el día intentando convencerles de cómo tenían que hacer las cosas, organizando su casa, tirando cosas viejas, comprando otras nuevas que a ellos les parecían supérfluas, obligándoles a ducharse diariamente... discutiendo, discutiendo, discutiendo.
Después de casi tres meses he conseguido que se acostumbren a esta nueva situación, que estén bien alimentados, limpios, y con todos los cuidados que necesitan. Tienen a diario una mujer que les cuida, limpia y cocina. Y todas las noches, mi marido y yo vamos a acostarles. También tenemos los fines de semana ocupados en su cuidado, pero al menos ya empiezo a estar tranquila.
No dispongo del tiempo libre del que antes disfrutaba pero, poco a poco, voy buscando algún hueco para hacer aquello que me gusta.
Entre todo este desbarajuste, se murió mi perro, un husky siberiano blanco que llevaba ya doce años con nosotros (un abrazo, Spook, allá donde te encuentres), pero pronto mis hijos, que no pueden vivir sin perro, encontraron un sustituto. En uno de los albergues para perros abandonados encontramos una preciosa perrita que responde al nombre de Chica y es así de guapa:

Así que este año no pedí nada a Papá Noel, ni a los Reyes Magos. No por favor, no se vayan a equivocar y me aguarde alguna que otra sorpresita.
La vida, a veces, nos espera al doblar la esquina y nos atraca. Y no nos queda otra que darle cualquier cosa que nos pida.
Comentario:
bicicleta=libertad
goza!
goza!
Comentario:
Muchas gracias, Pau, pero no, no creo que haya nada de magnífico en lo que hago. A veces me sorprendo de lo que las personas hacemos por nuestras mascotas y sin embargo no somos capaces de hacer por nuestros mayores.
Gracias Alafia por tu visita.
Sí, creo que tienes razón, somos una generación que creció y se educó entre dos "mundos" totalmente distinto: el de nuestros padres y el de nuestros hijos. Y tenemos que entenderlos a los dos, así andamos la mayoría. A nuestros padres les debemos los grandes sacrificios que hicieron para criarnos, era una mála época. Y a nuestros hijos... ese es un tema que bien se merece una larga conversación.
Gracias otra vez.
Hola Dádileb, bienvenido.
Si diste una vuelta por aqui ya te habrás dado cuenta que hay de todo, como en bótica, de ahí su nombre. Me parece que te leí por Sala de Escritores, llévales un saludo de mi parte, ultimamente no tengo demasiado tiempo para pasar por allí. Ya escuché el "Traje desastre" de Los Tres, no conocía ese grupo, gracias de nuevo.
Besos.
Des.
Gracias Alafia por tu visita.
Sí, creo que tienes razón, somos una generación que creció y se educó entre dos "mundos" totalmente distinto: el de nuestros padres y el de nuestros hijos. Y tenemos que entenderlos a los dos, así andamos la mayoría. A nuestros padres les debemos los grandes sacrificios que hicieron para criarnos, era una mála época. Y a nuestros hijos... ese es un tema que bien se merece una larga conversación.
Gracias otra vez.
Hola Dádileb, bienvenido.
Si diste una vuelta por aqui ya te habrás dado cuenta que hay de todo, como en bótica, de ahí su nombre. Me parece que te leí por Sala de Escritores, llévales un saludo de mi parte, ultimamente no tengo demasiado tiempo para pasar por allí. Ya escuché el "Traje desastre" de Los Tres, no conocía ese grupo, gracias de nuevo.
Besos.
Des.
Comentario:
Ya que preguntaste; ¿Que hay en un cajon de sastre? Necesariamente un traje. Un traje desastre. (los tres, grupo musical chileno)
Comentario:
Cómo te entiendo,
cuando llegas a una determinada edad
y puedes tener libertad para disfrutar
pues tus hijos ya son mayores,
AHORA te encuentras atada por los padres y suegros.
Demasiado bien lo entiendo,çsomo la generación bisagra
¿cuándo nos tocará a nosotras disfrutar?
cuando llegas a una determinada edad
y puedes tener libertad para disfrutar
pues tus hijos ya son mayores,
AHORA te encuentras atada por los padres y suegros.
Demasiado bien lo entiendo,çsomo la generación bisagra
¿cuándo nos tocará a nosotras disfrutar?
Comentario:
Eres una magnífica mujer.
Tu familia tiene suerte, supongo que tu también la has tenido con ella.
La vida, como bien dices, a veces nos atraca. No podemos quejarnos, siempre podría ser peor; incluso nos podría atracar sin recibir amor a cambio.
Un abrazo.
Tu familia tiene suerte, supongo que tu también la has tenido con ella.
La vida, como bien dices, a veces nos atraca. No podemos quejarnos, siempre podría ser peor; incluso nos podría atracar sin recibir amor a cambio.
Un abrazo.
