Sombras (III)

Las manchas de la pared se han convertido en un teatro de sombras chinescas, donde ella es actriz y espectadora. Acaricia el tatuaje que hace años grabó en su muñeca, y recuerda como volvió él a dibujarlo con la punta de la lengua. Le parece sentirla como un estilete húmedo, recorriendo cada una de sus formas.
Se ha colocado delante de ella, y recorre lentamente su cuerpo, siempre siguiendo el mismo orden: empieza con la mirada, dejándola resbalar como agua tibia por su piel, luego vienen las manos, con leves roces de largos dedos que erizan su vello, y por fin, la boca, en un juego interminable de labios y lengua que la abrasan. De vez en cuando, los dientes dejan pequeñas marcas en su cuerpo, en el punto exacto entre el placer y el dolor.
Su cuerpo se ha tornado puro deseo y su mente se ha cerrado a cualquier pensamiento que no sea el placer que siente. Los pezones duelen, de tan henchidos y duros como los siente y su sexo está empapado por el flujo que mana sin descanso.
Él la acuesta en la cama y se divierte jugueteando con la lengua en el hueco de su ombligo. Desciende hasta el pubis y vuelve a subir, una y otra vez. Esa ansiedad porque ponga la boca donde ella desea, la está volviendo loca. Mientras sigue con su juego, las manos aprietan y pellizcan sus pechos. Ella, clava las uñas en su espalda, dejando grabados cuatro surcos rojizos como un arado.
Por fin, la boca se hace dueña de su sexo. La lengua se retuerce como serpiente ardiente que explora todos los rincones, entrando, saliendo, lamiendo. Los labios se apoderan de su clítoris, rodeándolo, apretándolo. Grita. Un grito brutal y salvaje, mientras coge su cabeza con las manos y se aprieta contra ella, restregando. Desea que toda su cabeza penetre en su interior. Abre más las piernas, sin parar de gritar. Hasta que por fin, un orgasmo la sacude de arriba abajo como una descarga eléctrica capaz de paralizarle el corazón. Luego, atrae su cabeza hacia ella, y, como una perra con su cachorro, lame milímetro a milímetro su cara, saboreándolo y saboreándose.
(En el próximo el desenlace)
