Y me vestí

Tengo un baúl repleto de tesoros robados. Una noche que estaba asomada en la ventana, levanté la mirada y allí, redonda y plateada, me observaba la luna. Tenía una sonrisa algo condescendiente, yo creo que pensaba que era la más hermosa. ¡Si será vanidosa! rechiné yo, entre dientes, y sin pensarlo un segundo, le robé de un tirón su vestido de plata. Le dió tanta vergüenza encontrarse desnuda que se escondió corriendo detrás de la primera nube que pasó por allí. Fue mi primer tesoro.
Y me entró el gusanillo, así que otra noche, plagadita de estrellas, me llevé seis o siete y también las guardé.
El problema fue el sol, tenía la sabiduría de un diablo viejo, y me resultaba dificil poderlo engañar. Pero le pudo la vanidad, él sabe que lo adoro y tanto le supliqué, que acabó regalándome uno de sus dorados rayos. Y fue a parar a mi baúl.
Después pensé en el mar, en la cantidad de tesoros que guarda celosamente. Él es generoso y me los regaló: un puñadito de algas, tres trozos de coral, espuma de las olas, dos pedruscos de sal. También pude llevarme una vieja botella con un mensaje dentro, cansada de viajar; una gran caracola y una preciosa perla que Neptuno tenía reservada para regalarsela a una hermosa sirena. El mar, que es un celoso, armó un tremendo oleaje y la llevó hasta la playa.
Y yo, seguí mi colección: algún hielo del polo que casi me congela, una pequeña duna perdida en el desierto, piedrecillas de un río, lianas de la selva. Un poquito de viento, unas gotas de lluvia que tenía en un joyero. Un hermoso poema que alguien me escribió, las notas musicales de una canción de amor, un cuento de mágicas palabras y con final feliz. Una carta ya ajada de tanto que leí.
Y no quise olvidarme de una página en blanco, un lápiz de colores, una bolsa con letras y la imaginación.
Aun no tenía bastante, faltaban tantas cosas hermosas que añoraba. Y guardé una sonrisa, dos lágrimas saladas, un suspiro, un sollozo, un grito de placer. Un poquito de miedo y algo de tristeza, una pizca de rabia y un montón de deseo.
Por fin, metí un abrazo muy largo y apretado, un beso que quedó esperando en mis labios y una hermosa palabra que no pude decir.
Hoy saqué los tesoros, uno a uno, despacio. Y mi cuerpo desnudo, con ellos lo vestí. Sin prisas, fuí arreglándolos en minucioso orden. Y ahora, espero paciente, que me desnudes tú.
Comentario:
Pepe, es un gusto encontrarte. Tengo otro, aún más importante: los amigos y es el que mejor guardo.
Dockof, preciosa historia, una tienda así debemos tener todos para no cansarnos de la vida.
Bienvenida al desorden, Susana, es un placer encontrarte. Pasé por tu casa y me gustó lo que ví. Te dejé mi tarjeta de visita.
Besos para los tres, juntos pero no revueltos. O sí.
Dockof, preciosa historia, una tienda así debemos tener todos para no cansarnos de la vida.
Bienvenida al desorden, Susana, es un placer encontrarte. Pasé por tu casa y me gustó lo que ví. Te dejé mi tarjeta de visita.
Besos para los tres, juntos pero no revueltos. O sí.
Comentario:
bueno, yo también soy desordenada y, como tu, poética.
Te leo. Saludos de Susy
Te leo. Saludos de Susy
Comentario:
Te contaré una historia:
Una mente, agobiada, cansada de la diaria lucha, modeló con suaves arpegios un cuento de juventud (casi de infancia).
Después, lo desplegó y se hizo una tienda de seda con él, y vió que era confortable y calentita, y que dentro de ella se sentía cómoda y protegida.
Tras eso, se acurrucó y esperó que la tormenta se apaciguase lentamente.
Por último, poco a poco, se durmió.
Buenas noches ...
Una mente, agobiada, cansada de la diaria lucha, modeló con suaves arpegios un cuento de juventud (casi de infancia).
Después, lo desplegó y se hizo una tienda de seda con él, y vió que era confortable y calentita, y que dentro de ella se sentía cómoda y protegida.
Tras eso, se acurrucó y esperó que la tormenta se apaciguase lentamente.
Por último, poco a poco, se durmió.
Buenas noches ...
Comentario:
guarda esos tesoros para saborearlos poco a poco, sin atracones y deleitandote con ellos.
Que bonito leerte.
Que bonito leerte.
