No hay marcha atrás
Se cansó de luchar con la voz que, desde dentro, siempre estaba incordiándola, haciéndole preguntas, llevándola a la duda.
Se cansó de los sentidos que, cada día, le hablaban de sabores ausentes, aromas nunca conocidos y tactos imposibles.
Se cansó de los sueños que venían a alegrar sus noches, porque al despertarse, le parecía que se habían burlado de ella.
Se cansó de la ansiedad, de la risa tonta, de la sensación de alegría inmensa, de la tristeza que, otras veces, le oprimía el pecho.
Se cansó del deseo, ese que empezaba en algún punto ignorado de su cerebro y como un río desbordado, inúndaba palmo a palmo, su cuerpo. Y la hacía cerrar los ojos, imaginar imposibles, acariciarse, y lanzarse en picado hacía el orgasmo...sin demora.
Se cansó de la espera, y de la duda que andaba siempre escarbando en su esperanza.
Pero ya, ya estaba harta, ella sabría acabar con el culpable de todo aquello. Sí. Esta vez tomaría una decisión, sin escuchar a nadie, ni escucharse. Extirparía de raíz el problema. Y después, se quedaría tranquila.
Ya está hecho.
Y ¿ahora?, ahora se da cuenta que sin él en la mente... está perdida. Se arrepiente, quiere volver atrás, se desespera. Ya no hay voces que hablan, ni lágrimas que acudan en su auxilio, ni imaginarias caricias encendidas.
Ya no, mujer, esto es la nada. Es... lo que tú querías.

Se cansó de los sentidos que, cada día, le hablaban de sabores ausentes, aromas nunca conocidos y tactos imposibles.
Se cansó de los sueños que venían a alegrar sus noches, porque al despertarse, le parecía que se habían burlado de ella.
Se cansó de la ansiedad, de la risa tonta, de la sensación de alegría inmensa, de la tristeza que, otras veces, le oprimía el pecho.
Se cansó del deseo, ese que empezaba en algún punto ignorado de su cerebro y como un río desbordado, inúndaba palmo a palmo, su cuerpo. Y la hacía cerrar los ojos, imaginar imposibles, acariciarse, y lanzarse en picado hacía el orgasmo...sin demora.
Se cansó de la espera, y de la duda que andaba siempre escarbando en su esperanza.
Pero ya, ya estaba harta, ella sabría acabar con el culpable de todo aquello. Sí. Esta vez tomaría una decisión, sin escuchar a nadie, ni escucharse. Extirparía de raíz el problema. Y después, se quedaría tranquila.
Ya está hecho.
Y ¿ahora?, ahora se da cuenta que sin él en la mente... está perdida. Se arrepiente, quiere volver atrás, se desespera. Ya no hay voces que hablan, ni lágrimas que acudan en su auxilio, ni imaginarias caricias encendidas.
Ya no, mujer, esto es la nada. Es... lo que tú querías.

Comentario:
Sin la imaginación, sin la capacidad de fabular, no somos casi nada. Si no existe el mal, no tenemos con qué comparar el bien, e incluso él nos parece aburrido y sin sustancia.
De todas formas, Desordenada, todo esto me da miedo.
De todas formas, Desordenada, todo esto me da miedo.
