El reflejo (II)
Me encontré perdida en aquella casa desconocida. Di un vistazo a mi alrededor hasta que me fijé en una puerta entornada, y decidí ver que había tras ella. Me acerqué y empujé despacio: encima de la cama, acostado boca abajo y desnudo, estaba el hombre al que había seguido hasta allí. Parecía dormido, aunque yo supuse que no era así, porque hace un momento estaba a mi lado. Permanecí un rato, no sé cuánto exactamente, observando su cuerpo. Estaba bien formado: piernas largas y delgadas, pero no en exceso, que acababan en un bonito culo de prietas nalgas. A continuación su espalda se iba ensanchando a partir de la cintura hasta llegar a unos hombros no demasiado grandes. El pelo casi le tapaba la cara que se apoyaba de costado en la almohada con un brazo a cada lado.
Sin pararme a pensar en nada que no fuese aquel cuerpo que yacía relajado en la cama, y sin dejar de mirarlo, me desnudé despacio. Luego, me acosté sobre él, como si quisiera tapar su desnudez con la mía. Mis pechos se aplastaban contra su espalda y mi pubis se apretaba contra la franja, en forma de valle, en la que ésta termina y empieza el pequeño promontorio del culo. Me quemaba su calor, y enterraba mi nariz entre su pelo para aspirar su aroma. Él permanecía inmóvil, a excepción del pausado ritmo que le imprimía su respiración.
La proximidad de nuestras pieles empezó a hacer su efecto en mí que sentía como mi sexo comenzaba a humedecerse. Sin saber lo que hacía, incorporé un poco la parte de arriba de mi cuerpo y abrí las piernas, acoplándome a él. Deposité pequeños besos por su cuello, mordisqué sus orejas, lamí sus hombros y llené de caricias su espalda, mientras mi sexo se apretaba contra él en movimientos que iban ganando en intensidad. Mi respiración se volvía entrecortada y los gemidos se escapaban de la garganta, cuando metí la mano por debajo de su cuerpo buscando su pene, que encontré completamente excitado...
(Luego sigo, o mañana... que estamos de fiestas)
Sin pararme a pensar en nada que no fuese aquel cuerpo que yacía relajado en la cama, y sin dejar de mirarlo, me desnudé despacio. Luego, me acosté sobre él, como si quisiera tapar su desnudez con la mía. Mis pechos se aplastaban contra su espalda y mi pubis se apretaba contra la franja, en forma de valle, en la que ésta termina y empieza el pequeño promontorio del culo. Me quemaba su calor, y enterraba mi nariz entre su pelo para aspirar su aroma. Él permanecía inmóvil, a excepción del pausado ritmo que le imprimía su respiración.
La proximidad de nuestras pieles empezó a hacer su efecto en mí que sentía como mi sexo comenzaba a humedecerse. Sin saber lo que hacía, incorporé un poco la parte de arriba de mi cuerpo y abrí las piernas, acoplándome a él. Deposité pequeños besos por su cuello, mordisqué sus orejas, lamí sus hombros y llené de caricias su espalda, mientras mi sexo se apretaba contra él en movimientos que iban ganando en intensidad. Mi respiración se volvía entrecortada y los gemidos se escapaban de la garganta, cuando metí la mano por debajo de su cuerpo buscando su pene, que encontré completamente excitado...
(Luego sigo, o mañana... que estamos de fiestas)
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