¿HASTA CUANDO?

¿Hasta cuando?
¿Hasta cuando seguiremos creyéndonos princesas que esperan ser redimidas?
¿Hasta cuando seguiremos ansiando el rescate?
¿Hasta cuando seguiremos creyendo que el orden la altura y la riqueza son conceptos equivalentes que riman con los de belleza y felicidad?
¿Hasta cuando negaremos las dispersiones del jaos, la interpenetración de los opuestos, el juego sin fin, la dicha de lo híbrido?
Es tiempo de destruir los cuentos de hadas; es tiempo d que hagamos que se desmoronen los castillos que nuestra cultura ha edificado.
Es tiempo de romper las estatuas antes de que alguna nos aplaste al caer. Los sueños no son bellas ilusiones o esperanzas; los sueños son revelaciones, peldaños en los que habitamos, círculos dantescos; los sueños son lugares de la mente y del alma, ámbitos que cobijan las imágines que creamos al ir viviendo.
Es preciso estar atentos, poner cristales transparente a las paredes de lso sueños ir descubriéndonos a través de ellos. Descubrir nuestras propias imagines las que nosotros creamos no las hemos heredado.
Contemos la historia nuevamente, contémosla en superficie, la historia como deslizamiento. Tal vez lleguemos a la princesa. Pero ella no está arriba, está dentro; ella es él siendo ella.
Si el amor es capaz de salvar es porque renuncia a ser otra cosa que él mismo; es porque logra importase más que cualquiera de los objetos amados.
Para conservar el amor a menudo_ o siempre_ es preciso renunciar al objeto, pues el objeto, una vez obtenido, deja de ser la diana o el cebo donde el amor puede proyectarse. Por eso, un objeto imposible _ el místico, por ejemplo, o el ídolo- es el medio más eficaz.
Las princesas, hoy, ha dejado de esperar. Ellas son su propio príncipe. Han despertado mucho antes del día señalado y han montado el caballo que las lleva hacia el centro de sí mismas para mejor.
Ellas son amazonas que, habiéndose cortado un pecho para mejor disparar, tensan el arco y apuntan a su propio corazón matando toda la manada de esperanzas. Ellas no necesitan esperar: devoran su propio fuego. Son el hermafrodita que se engalana para saludar la aurora que sale de su boca.
UN LATIDO
BEN
FRASE DEL DÍA
Es un error no creer y una falta creerlo todo FERNANDO DE TOJAS.