MI REGALO
Agasajar supone aprecio personal o sentimiento filantrópico; halagar indica, muchas veces, interés, Obsequiar denota siempre distinción.
Se agasaja al huésped, se halaga al enemigo para que no haga un mal mayor al poderoso para que ejercite el bien; obsequiar supone fineza, caballerosidad, hidalguía, generosidad, nobleza.
El halago puede ser interesado, comercial, lisonjero; intenta hacer amo de un señor. El agasajo es cariño, protección, cuidado.
A veces surge la necesidad de conseguir un buen regalo para un ser querido; otras se trata simplemente de asistir a un compromiso social, a un aniversario o una fiesta ocasional, o de retribuir una atención con otra cortesía, con un cumplido.
En los casos más importantes, solemos tropezar con una dificultad recurrente, las limitaciones económicas. Las ganas de obsequiar con gusto nos llegan, a veces, en las peores circunstancias financieras precisamente cuando existen muchísimas ofertas en el mercado, nuestros bolsillos, con pésimos recursos de adquisición, abundan en nada.
El regalo de un cuento.
ALAS PARA VOLAR
Cuando se hizo mayor, su padre le dijo: “Hijo mío: no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limites a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”.
-Pero yo no se volar-contestó el hijo.
-Es verdad...-dijo el padre. Y, caminando, lo llevo hasta el borde del abismo de la montaña.
-¿Ves, hijo? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento- contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.
Los más estrechos de mente le dijeron: “¿Estás loco? ¿Para qué?
Tu padre está medio loco...¿para qué necesitas volar? ¿Por qué no te dejas de tonterías?¿Quién necesita volar?”.
Los mejores amigos le contestaron: “¿Y si fuera cierto? ¿No será peligrosos? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero... ¿desde la cima?”.
El joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje. Saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente, se precipitó a tierra.
Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.
-¡Me mentiste! No puedo volar. Lo he probado y ¡mira el golpe que me he dado! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.
-Hijo mío- dijo el padre-. Para volar, hay que crear el espacio d aire libre necesario ara que las alas se desplieguen. Es como tirase en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.
Para volar hay que empezar asumiendo riesgos. Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.
Ben
Se agasaja al huésped, se halaga al enemigo para que no haga un mal mayor al poderoso para que ejercite el bien; obsequiar supone fineza, caballerosidad, hidalguía, generosidad, nobleza.
El halago puede ser interesado, comercial, lisonjero; intenta hacer amo de un señor. El agasajo es cariño, protección, cuidado.
A veces surge la necesidad de conseguir un buen regalo para un ser querido; otras se trata simplemente de asistir a un compromiso social, a un aniversario o una fiesta ocasional, o de retribuir una atención con otra cortesía, con un cumplido.
En los casos más importantes, solemos tropezar con una dificultad recurrente, las limitaciones económicas. Las ganas de obsequiar con gusto nos llegan, a veces, en las peores circunstancias financieras precisamente cuando existen muchísimas ofertas en el mercado, nuestros bolsillos, con pésimos recursos de adquisición, abundan en nada.
El regalo de un cuento.
ALAS PARA VOLAR
Cuando se hizo mayor, su padre le dijo: “Hijo mío: no todos nacemos con alas. Si bien es cierto que no tienes obligación de volar, creo que sería una pena que te limites a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado”.
-Pero yo no se volar-contestó el hijo.
-Es verdad...-dijo el padre. Y, caminando, lo llevo hasta el borde del abismo de la montaña.
-¿Ves, hijo? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a venir aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas, no morirás. Sólo te harás algunos rasguños que te harán más fuerte para el siguiente intento- contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo a ver a sus amigos, a sus compañeros, aquellos con los que había caminado toda su vida.
Los más estrechos de mente le dijeron: “¿Estás loco? ¿Para qué?
Tu padre está medio loco...¿para qué necesitas volar? ¿Por qué no te dejas de tonterías?¿Quién necesita volar?”.
Los mejores amigos le contestaron: “¿Y si fuera cierto? ¿No será peligrosos? ¿Por qué no empiezas despacio? Prueba a tirarte desde una escalera o desde la copa de un árbol. Pero... ¿desde la cima?”.
El joven escuchó el consejo de quienes le querían. Subió a la copa de un árbol y, llenándose de coraje. Saltó. Desplegó las alas, las agitó en el aire con todas sus fuerzas pero, desgraciadamente, se precipitó a tierra.
Con un gran chichón en la frente, se cruzó con su padre.
-¡Me mentiste! No puedo volar. Lo he probado y ¡mira el golpe que me he dado! No soy como tú. Mis alas sólo son de adorno.
-Hijo mío- dijo el padre-. Para volar, hay que crear el espacio d aire libre necesario ara que las alas se desplieguen. Es como tirase en paracaídas: necesitas cierta altura antes de saltar.
Para volar hay que empezar asumiendo riesgos. Si no quieres, lo mejor quizá sea resignarse y seguir caminando para siempre.
Ben
Comentario:
Bonito cuento, bonito regalo!
Alas, por lo que suspiramos todos al menos una vez al día.
Un beso
Alas, por lo que suspiramos todos al menos una vez al día.
Un beso
Comentario:
"Ahora vuelvo a volar.
Tengo unas alas blancas
con que abrazar el aire, rasgar el horizonte.
Llegar hasta ciudades lejanas como sueños y enseñarles a todos
que es posible la vida"
Hilario Camacho.
Un abrazo, Ben.
Tengo unas alas blancas
con que abrazar el aire, rasgar el horizonte.
Llegar hasta ciudades lejanas como sueños y enseñarles a todos
que es posible la vida"
Hilario Camacho.
Un abrazo, Ben.
Comentario:
Precioso el cuento y muy cierto. Y es que a algunos, desgraciadamente, nos dan miedo las alturas ;)
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
Me ha recordado a un sueño que tenía de pequeña, en el que siempre volaba. Aunque no tenía alas, no sé porque no las necesitaba. Podía planear estendiendo mis brazos, sin embargo no era capaz de aterrizar, me quedaba volando hasta que cuando intentaba parar me caía y antes de estrellarme contra el suelo me despertaba. hace años que dejé de tenerlo. Pero no puedo olvidar las sensaciones que me producía.
Comentario:
Muy bonito el regalo para tu amigo y el cuento... ¿Es de Jorge Bucai no? Es un escritor excelente y un cuento suyo es uno de los mejores regalos que te pueden hacer...
P.D.: Me estoy haciendo dependiente de este blog... aqui estamos esperando la siguiente actualización
P.D.: Me estoy haciendo dependiente de este blog... aqui estamos esperando la siguiente actualización





