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Historias de la Calle del Pez
Visiones y observaciones de una transeúnte
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La pescadora de historias
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Menos libros
Hoy he visto con tristeza cómo cierran Tierra de Fuego, una tienda de libros de viajes, guías de países, mapas de ciudades... He pasado por delante del escaparate y la visión ha sido trágica: tan sólo había dos pares de "chirucas" usadas que venden a 5 euros el par.

Este cierre se une al de la librería-papelería contigua, donde ya han vendido hasta los mostradores... Dicen que van a construir unos pisos, o algo por el estilo (ya lo contaré), pero el resultado es triste. Menos libros en la Calle del Pez.
 
Pintada
Una pintada de la Calle del Pez: 8 = 80
 
La acera de enfrente
Hoy he recorrido la Calle del Pez por la acera de enfrente. He realizado el mismo camino y a la misma hora, pero al otro lado de la calle.

Qué diferentes se ven las cosas desde el lado opuesto... De vez en cuando no estaría mal que nos pusiéramos en el punto de vista del otro, sobre todo porque eso nos da una visión más completa de la calle, de las cosas, de la vida...
 
El perro perdido
Lo que no ocurra en la Calle del Pez no pasa en ningún lado... Esta mañana, junto al kiosko, como si estuviera esperando para cruzar el semáforo, había un perro perdido.

Estaba sentadito, con su correa tirada en el suelo, como si su dueño, de repente, por arte de magia, hubiera desaparecido.

El perrillo estaba solo, con los ojos como platos. Parecía asustado. Unos cuantos transeúntes nos hemos quedado mirando al perro y una chica le ha cogido de la correa para ver si podía encontrar a su dueño... Yo, que llegaba tarde a trabajar, me he tenido que ir, dejando a todos mis lectores y a mí misma sin saber el final de la historia.
 
El árbol
Un mal día del año pasado los vecinos de la Calle del Pez se levantaron con una mala noticia: un viejo árbol (casi centenario, diría yo...) había sido cortado.

¿Por qué? No lo sé. Lo único que puedo decir es que durante muchos días, después de aquella triste mañana, aparecieron pintadas en las que alguien se quejaba amargamente de la pérdida.

Y, por fin, estas quejas han sido escuchadas y el otro día vi que unos operarios plantaban en el triste hueco que había dejado el viejo árbol un joven y esbelto arbolillo al que le deseo, desde estas páginas, una larguísima, sana y feliz existencia.

Una buena noticia para empezar el año ¿verdad?