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Caminodequinto
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(Reportaje en profundidad realizado por mi, acortado por su extensión para web) TODO Y TODOS DEPENDEMOS DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO
El día 6 de noviembre entró en vigor la nueva normativa de seguridad que afecta al equipaje de mano. El 14 de noviembre se añadían otras más. Nosotros hemos hablado y preguntado a vendedores, policías, guardias civiles, empleados, y pasajeros nacionales y extranjeros del Aeropuerto de Madrid, para resolver todas las dudas posibles al respeto.
Y además, las hemos cotejado con las propias del metro, trenes, autobuses y autocares de la capital.


Dámaso Gonzálvez lleva a su prometida, Marta, al aeropuerto de Barajas de Madrid. Son las ocho y media de la mañana de un día 30 de diciembre de 2006. Aparcan su coche en la planta 4 letra D de la Terminal 4. Ella vuelve a su país, Colombia, para traer a su hijo a una vida mejor aquí en España. El reloj marca las ocho y cincuenta minutos. Marta se aleja tras una efusiva y cálida despedida. Dámaso paga en el cajero su billete de parking. Baja en ascensor después de atravesar la casi interminable pasarela que le conduciría ese treinta de diciembre a un susto casi mortal.

No localiza su vehículo, un Renault Megán azul del 98. Pregunta a dos miembros del Cuerpo Nacional de Policía que le indican dónde se encuentra. Las ocho y cincuenta y cinco. Ya montado en su coche, se dirige a la barrera de salida. Tiene problemas. Algo ocurre. Cuatro marcas distintas de automóvil le preceden, y otras se unen a su parachques trasero. Nada funciona. El dispositivo de apertura está inactivo. Varias dotaciones de Seguridad del Estado acorralan las inmediaciones de la T-4. De repente, las 9:00 Horas. Se alza la esperanza aún de sobrevivir a lo que solamente dos minutos después acontece. ¡Boom! El desastre está hecho.

Televisiones y emisoras de radio de todo el mundo comienzan a dar la noticia de que las cinco plantas del aparcamiento de la Terminal Cuatro de Barajas, en Madrid, España, acaba de ser víctima de un atentado de la Banda Terrorista ETA.



Zona preembarque Terminal 4 y galería comerial, esquina superior Varios bomberos trabajan en la zona de aparcamientos de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, tras el atentado de la banda terrorista ETA con una furgoneta-bomba que ha causado heridas leves a 19 personas, además de que dos personas, que se encontraban en el lugar de la explosión, permanecen desaparecidas.


A las 10:00 Horas de la mañana, el teléfono móvil de Dámaso Gonzálvez suena tres veces. Tras un momento de incertidumbre angustiosa, es descolgado. Marta llora y grita al otro lado con nerviosismo crítico, y pronuncia varias el nombre de su amado. Al fin, él contesta que está bien.

En este caso hubo mucha suerte, pero compatriotas suyos de otros países de Sudamérica, no lograron salir de esa cárcel de escombros y hierros llamada Terminal 4.
Algunos españoles, tampoco lo pudieron evitar.


La furgoneta roja Renault Traffic aún no ha sido localizada ni tampoco a los supuesta y lógicamente fallecidos por tal acción. El director general de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Ministerio del Interior, José Manuel Rodríguez Uribes será el encargado de contactar con los familiares de las víctimas para avisar de cualquier encuentro y novedad.

Pasajeros de la T-1, la otra terminal internacional, sienten que no hay seguridad en el aeropuerto pese a las nuevas medidas vigentes desde el día 6 de noviembre de 2006. Lo mismo aseguran algunos empleados. "La seguridad no vale para nada". "Si quieren cometer un atentado lo cometen".



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(Reportaje y entrevista) ROSA MONTERO: BLANDOS Y SABIOS
>Semblanza biográfica:
La vida de Rosa Montero la divide ella misma en los siguientes años que se pueden ver a continuación. Primero lo ubica de 1951 a 1979.
Rosa Montero, periodista y escritora, nació en Madrid el 3 de Enero de 1951, en el seno de una familia de clase media-baja, en el barrio de Cuatro Caminos. Su padre era banderillero y abandonó los toros cuando Rosa cumplió los cinco años y abrió una fábrica de ladrillos.
Debido a la tuberculosis y a la anemia tuvo que permanecer en cama durante cuatro años, sin poder ir al colegio, por lo que no tenía amigas, leía mucho y ahí comienza su afición a escribir. Era como un juego para ella.

Con nueve años volvió al colegio, ingresó en el “Instituto Beatriz Galindo” de Madrid, una institución que según sus declaraciones ha marcado su vida. Era un ambiente que ella califica de “salvaje”, y que cambia su forma de pensar.

Con diecisiete años se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras e hizo teatro con grupos vanguardistas del momento, como “Tábano”.
Al año siguiente, 1969, comenzó en la “Escuela de Periodismo”. En el verano de 1970, durante las vacaciones, hizo prácticas en el diario “Informaciones” de Alicante, y a su vuelta, colaboró en la revista “Tele Radio”, donde creó una nueva sección, de estilo desenfadado, llamada “Tele-boom”.

Más tarde, abandonó la revista y empezó su etapa de colaboradora pluriempleada. Escribía en el “Boletín de Butano” y hacía entrevistas en la revista “Bocaccio” junto a Francisco Umbral.

Después de pasar por la redacción de “Pueblo”, entonces dirigido por Emilio Romero, llegó al diario “Arriba”, donde por primera vez tuvo un sueldo fijo (veinte mil pesetas), y trabajó de enviada especial, a las órdenes de Pedro Rodríguez.

En estos años colaboró en revistas como “Garbo”, “Contrastes”, “Tele siete”, “Hermano Lobo”, “Jacaranda”, “El indiscreto semanal” o “Fotogramas”, entrevistando a folklóricas, actores y demás personajes populares.

A continuación se trasladó a “El País”, donde empezó como colaboradora para pasar a formar parte de la plantilla del periódico, tres años más tarde.

En 1977 empezó a publicar entrevistas en el suplemento dominical de este diario. El éxito llegó pronto y, al año siguiente conseguía el premio “Manuel del Arco”, de entrevistas que se concedía por primera vez a una mujer.

Dos años más tarde, en 1979, presentó en una librería madrileña su primera novela “Crónica del desamor”.

De 1980 a 2000 llegarían nuevos puestos profesionales. Fue nombrada directora de “El País Semanal” y, ese mismo año recibió el “Premio Nacional de Periodismo”, en la modalidad de “Artículos y reportajes literarios”. Pidió una excedencia y se fue a Londres en donde terminó “La función delta” (1981). Sitúa la acción en el año 2000, es una novela futurista que “sugiere, más que explica”, según sus palabras.

En “Cinco años de El País”, se recogen veinte entrevistas publicadas por ella en el famoso periódico, desde 1977 a 1981.

En 1983 volvió a la literatura con “Te trataré como una reina”, una obra calificada por los críticos de “hiperrealista” y en la que “se nos presenta una Rosa Montero de escritura visceral y apasionada narrando una historia de soledad e incomunicación”.
El éxito de ésta novela, la coloca entre los tres escritores más vendidos de 1984, junto a Vizcaíno Casas y Camilo José Cela.

En 1987 recibió el “Premio Mundo” de entrevistas y, en marzo de 1988, editó la novela “Amado amo”, que fue la más vendida en la Feria del Libro de Madrid ese año.

Otras de sus obras son: “Temblor” (1990), un cuento juvenil “El nido de los sueños” (1992), “Bella y oscura” (1993), “La vida Desnuda” (1994) y los libros infantiles de “Bárbara”.

El 26 de febrero de 1994, fue galardonada con el “Premio de Periodismo” 1993 “El Correo Español-El Pueblo Vasco” por su entrevista con el consejero Interior del Gobierno Vasco, Juan María Atutxa, y publicada en “El País Semanal” bajo el título “Los vascos se rebelan. Un hombre contra ETA”.

Junto a la compositora Marisa Manchado, escribió “El libreto de una ópera”, basada en su novela “Temblor” y que se estrenó en Madrid el 12 de abril de 1994, como “El cristal de agua fría”.

En 1995, a lo largo de varias semanas publicó en “El País Semanal” una serie de relatos biográficos, que más tarde, en diciembre de ése mismo año, recopilo y amplió en el libro “Historia de mujeres”. Son quince historias que reflejan el esfuerzo de algunas mujeres para liberarse de la norma social, y con los que la autora ha querido demostrar que la observación de ciertas vidas ajenas ayuda a vivir la propia. El 16 de enero de 1996, inauguró una exposición fotográfica en Santander sobre esta obra.

El 22 de abril de 1997 ganó el Primer “Premio Primavera de Narrativa” con la obra “La hija del caníbal” que presentó bajo el lema “Yo nunca pienso que me tengo que morir” y con el seudónimo de Compay Segundo.

“La hija del caníbal” fue el libro más vendido en España durante 1997. Se lanzó en Latinoamérica en la Primavera de 1998 en países como Argentina, Colombia, Chile, México. En 1999 obtuvo el “Premio del Círculo de Críticos de Chile”.

En 1998 publicó “Amantes y enemigos”, una recopilación de relatos publicados en el transcurso de los últimos quince años en diferentes revistas o libros colectivos, además de cinco relatos totalmente inéditos.

En 1999 apareció “Pasiones”, colección de ensayos biográficos publicados por “El País Aguilar”.

En su etapa de 2000 a 2005, “El corazón del Tártaro” surgía, siendo su octava novela y esta vez publicada por “Espasa Calpe” en Febrero de 2001.

“Estampas Bostonianas” es un libro de viajes editado por “Península” en el 2002.

“La loca de la casa” es su ultima obra, una mezcla de novela, biografía y ensayo publicada por “Alfaguara” en Marzo de 2003.

En 2004 obtiene el Premio “Qué leer” a la mejor novela del año por “la loca de la casa”.

En 2005 la “Asociación de la Prensa de Madrid” le concede el Premio “Rodríguez Santamaría” a toda una trayectoria profesional.
En 2005 gana el Premio “Grinzane Cavour” a la mejor novela extranjera en Italia por “La loca de la casa” .

Rosa Montero está considerada como una de las representantes del “nuevo periodismo”, empleando un estilo que está entre la información y la literatura.

A una pregunta que le hicieron una vez en una entrevista contestó: “¿Qué opinión le merecen los premios literarios? ¿De qué sirven?”
«Durante muchos años mantuve que el presentarse a los premios comerciales no me parecía bien cuando eres conocido: esos premios deben ser para autores noveles. Pero en general nunca es así, es decir, no suelen ganarlos los noveles. Cuando me presenté en 1997 al “Premio Primavera”, pues, claudiqué en alguna manera de un principio que por otra parte tampoco era básico en mi vida. La presión comercial cada vez es mayor, y cuando escribí “La hija del caníbal”, lo más maduro que había hecho hasta ese momento, quise apoyar la novela: me dio miedo el que cayera inadvertida dentro del ruido comercial que hay. Así que me dije: me presento a este premio, espoleada por Carmen Balcells, que es mi hada madrina, e hice lo que hace todo el mundo: presentarse a un premio comercial. Y me vino muy bien, pero no creo que me vuelva a presentar a otro premio comercial en la vida. Digo que me vino muy bien, porque a raíz de “La hija del caníbal” se me conoce en bastantes países en los que hasta entonces no había entrado, lo que me alegra mucho. Todos los escritores queremos que nos lean, el que diga que no, miente; el que nos lean es un bálsamo para la herida narcisista que tiene todo escritor, que necesita que le mimen y le miren la obra, porque es un pedazo de su vida, de su corazón. Quiere que le digan “pues, mira, no está mal”. Te consuela y te da seguridad en un trabajo que es tremendamente inseguro y muy vertiginoso, lleno de vértigos: escribir es encerrarse en una esquina de tu casa, es un trabajo muy solitario. Y escribir novela es muy duro, una carrera de larga distancia. Tardas años en hacer una novela, y durante todo ese tiempo, estás escribiendo mentiras y pensando, “pero esto, ¿puede interesarle a alguien”. Todo el rato estás en el borde de un pozo, preguntándote “¿estaré haciendo el imbécil? ¿Le puede interesar a alguien?” y al mismo tiempo es muy importante para ti lo que estás haciendo, así que es una contradicción. Es un trabajo absurdo, escribir. Y le pasa a todos los escritores. El escritor sólo es escritor en tanto en cuanto escribe. Si no, no eres nada: da igual lo que hayas hecho antes. Escribir es un trabajo muy neurótico, estás siempre rodeando una especie de agujero, que es la nada, el sin sentido absoluto de lo que haces, y nunca llegas a tener la confirmación plena de que lo que haces sirve para algo. Eso es muy inquietante».

CURIOSIDADES
Rosa Montero dice de sí misma lo siguiente: «Soy una escritora orgánica, muchos escritores somos así, es decir, escribimos como respiramos, como sudamos, es algo sin lo cual no sabes vivir. Forma parte de los procesos orgánicos.... yo de pequeña tuve tuberculosis, de los 5 a los 9 años. Esos años no fui al colegio y me quedaba, estaba, sola en casa. Convaleciente: bien en la cama, o sin moverme de una silla. Escribir y leer eran las dos únicas actividades que hacía. Conservo todavía algunos cuentos que escribí por aquella época. Escribir para mí era un juego y una manera de vivir, y siempre he escrito, siempre he tenido esa sensación de soledad, de ser una niña muy sola, así que la habitación propia no la he tenido que buscar, estaba ahí. Pero luego la pagas, eso sí. Porque desde muy pequeña recuerdo que me preguntaban “y de mayor, ¿te vas a casar?” y yo respondía “nunca me casaré”, y lo pagas, lo pagas con un tipo de vida más solitario. Yo vivo en pareja desde hace doce años, pero es una pareja poco convencional, y no tengo hijos; vas haciéndote tu vida: lo haces con un montón de decisiones, pero no quiere decir que te sientes un día y digas “yo no voy a tener hijos”... no, no, lo que tú eres se va decidiendo con cien pequeñas cosas cada día, y eso termina convirtiéndose en un modo de vida que valora mucho la soledad. Yo necesito la soledad, así que si vivo con alguien tiene con ser alguien que respete mi soledad».

«Cuando yo cogí la tuberculosis era la tuberculosis de finales de la postguerra muy tardía, (yo soy una niña de la post-postguerra). De hecho, en mi generación ya no hay más tuberculosis, yo fui de las últimas en cogerla. Luego hubo un lapso en el que ya no hay, hasta que aparece el SIDA. Fue algo muy cutre y casposo. De manera que nada de enfermedad con clase o enfermedad literaria. ¡Era muy cutre!».

«No teníamos dinero para pagar un colegio privado. Pero, comparado con lo normal entonces para las niñas, que eran los colegios de monjas, muy reaccionarios en la mayoría, era un lugar estupendo. Los primeros años, hasta los catorce, el instituto era “supercutre”. No iba nadie con pasta, era todo muy cutre. Había noventa niñas por clase, y estábamos en un palacio que se caía (de hecho, en una ocasión tuvieron que cerrarlo dos meses para apuntalarlo). Estabas sentada y se te caían pedazos de yeso en la cabeza. Era un poco como el Bronx. El primer día que fui me tiraron por la escalera; te tenías que sentar encima de los abrigos porque te los robaban; sólo teníamos una estufita al fondo, y había una chica que se arrastraba y metía papeles mojados para que humeara y suspendieran la clase... era algo delirante pero aprendías muy rápidamente. Fue una experiencia dura pero muy vital, estuvo muy bien.

«Mi padre fue matador, pero luego le pilló la guerra y al acabar vio que su carrera estaba rota. Se quería casar, así que decidió pasarse a banderillero porque pensó que podría hacer un trabajo más profesional. Y fue un banderillero muy importante, fijo de Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Fue el peón de confianza dentro de la cuadrilla de Antonio Ordóñez, él tenía 18 años y mi padre treintaitantos cuando tomó la alternativa y su peón den confianza era mi padre... Tengo una tarjeta enmarcada en casa que por la parte de atrás trae la cabeza de un toro en tinta y una dedicatoria: “a Pascual Montero, de Picasso” estaba toreando en Francia mi padre...».
Le encanta la ciencia ficción y cree que la literatura de Kafka es fantástica.

Creo que los escritores somos muy esquizoides, gente muy dividida, como los actores y los espías, el novelista es así, de alguna manera lo que consigues con la escritura es una armonía, unir todas esas voces interiores por medio de tus novelas. En ese sentido, escribir es una manera de estructurar tu personalidad. Yo tengo dos partes -bueno, tendré mil, nos habitan muchedumbres- muy diferenciadas. Una de ellas es una parte totalmente lógica y realista, tengo una capacidad lógica muy grande y además la desarrollo. Pero por otro lado, tengo otra parte que es la más íntima mía en donde me he sentido siempre más representada que es una parte fantástica tremenda, muy imaginativa. Y siempre me ha gustado la fantasía, desde que era pequeñita, desde los cuentos de Grimm a toda la tradición de la fantasía nórdica. Y esa parte la he reprimido toda la vida, la escritura me ha permitido liberar esa parte, porque siendo una mujer sobre todo -al menos en mi época-, la parte fantástica tenías que reprimirla mucho porque si no, no te tomaban en serio, lo que tenías que desarrollar era la parte lógica que era la parte supuestamente varonil, es decir, la moneda de cambio en el mundo de los hombres.

Tenías que demostrar que pensabas como un hombre para que te respetaran. Entonces, la parte fantástica la he mantenido siempre encerrada. Mis primeras novelas han sido muy realistas, porque esa parte fantástica era lo más íntimo mío. Luego, como la escritura es un camino de conocimiento, de liberación, pues he ido pudiendo sacar esa parte incluso en mi narrativa. La ciencia ficción no es más que un subgénero -sin ningún tipo de devaluación- de la rama de lo fantástico. Y me ha gustado muchísimo porque me gustan esas otras maneras de pensar la realidad. La realidad es algo mucho más amplio y mucho más complejo que la simpleza que solemos entender por “realidad”.

Por ejemplo: esta mesa es de mármol, pero yo podré recordarla de madera. Para mí muchas veces lo que imagino tiene tanta fuerza como lo real. Cuando pasa mucho tiempo de algo, a partir de los quince o veinte años, a veces no sé si lo que recuerdo lo he vivido, lo he imaginado o lo escrito. Ya no lo sé, y todo tiene la misma categoría, la misma importancia».

¿Qué sensaciones le produce el periodismo, después de tantos años? Parafraseando a Hemingway, ¿diría adiós al periodismo?«No, estoy trabajando como periodista, y no quiero dejarlo porque no quiero vivir de la novela. Quiero tener la novela lo más lejos posible de influencias externas, es decir, no quiero tener que vivir económicamente de la novela, por ejemplo. La verdad es que el periodismo me aburre bastante, porque llevo muchísimos años. Pero es un trabajo muy bonito, y además te obliga a salirte de ti misma, te pone en contacto con otras realidades, algo que está muy bien. Llevo muchísimos años haciéndolo y es muy absorbente, y la verdad es que te cansas, pero aún así la actividad periodística te sigue sorprendiendo. No todos los personajes que entrevistas te sorprenden, pero afortunadamente algunos sí... Aunque en general estoy harta de entrevistas, habré hecho dos mil y pico entrevistas en mi vida».

La preocupa el peso comercial sobre la escritura, sobre todo la novela, le parece que puede terminar siendo arrasador.
¿Y en cuanto a la calidad literaria de los nuevos escritores?

«Hay mejores y peores. En general, está muy bien. Tenemos un momento narrativo muy rico, somos una de las literaturas más vitales que hay ahora mismo en Europa. No lo digo yo, lo dicen los críticos de todo el mundo. Es una literatura en la que hay seis generaciones de escritores funcionando, escribiendo, haciendo una obra con continuidad y teniendo lectores: desde Ayala, que tiene noventa años, pasando por Ana María Matute, o Carmen Martín Gaite, luego, la otra generación: Mendoza, Juan Marsé, Montalbán... luego, mi generación: Muñoz Molina, Marías,,, ahí estamos muchos más porque la gente parió más en España... luego Prado, Loriga, luego otra... Espido Freire, Prada... No hay literaturas con esa riqueza y esa vitalidad, y mucha variedad en los nuevos, mucha gente interesante y que se verá qué hace, porque una de las cosas que aprendes con la edad es que el talento no es suficiente.

Hay muchísima gente con talento que no les sirve para nada más que para hacerse un pozo y hundirse. Se necesita talento, se necesita constancia y se necesita rigor, cierta confianza en uno mismo, y al mismo tiempo suficiente autocrítica. Es decir, un montón de dones para poder hacer algo en tu vida con una carrera de este tipo, para la novela sobre todo. La novela es un arte, entre comillas o en minúsculas, para el que el talento sólo no es suficiente en absoluto porque es muy largo, muy lento, es como el proceso de formación de la estalactita. Hace falta disciplina».

¿Cómo ve la irrupción de Internet en nuestras vidas cotidianas? ¿No es algo incontrolable para un autor? «Es algo estupendo. Soy una forofa absoluta de las nuevas tecnologías. En cuanto al tema de los derechos de autores, va a ser difícil legislar eso como es difícil legislar Gutemberg: sigue habiendo libros piratas después de cinco siglos de la imprenta. Internet es algo tan potente y tan enorme».

No hay sitio para un escritor comprometido. ¿Cómo ve esa figura, tan mediatizada?
«Esa es una palabra espantosa, no sé lo que es... estoy harta de “escritores comprometidos”, absolutamente todo el mundo tiene que estar comprometido con su tiempo y su realidad, no es algo específico de los escritores, cualquier vecino tiene que estar comprometido con el mendigo que tiene a la puerta, por ejemplo. Odio al “escritor comprometido” porque me parece una especie de collar, un adorno que se pone la gente. Un amigo mío, Julio Llamazares, hablaba de un escritor español y decía “ése es el intelectual de guardia”: cuando pasa algo, llaman al intelectual de guardia, quien dice la palabras indignadas que hay que decir, y a mí eso me da asco. Hay que volver al compromiso, sí, pero con uno mismo primero, y con autocrítica, lo peor es la autocomplacencia, porque con ella desaparecen la inteligencia y la decencia. Por eso, estoy harta de los escritores supuestamente comprometidos que son un saco de placer de sí mismos: “digo siempre lo que hay que decir, soy la moral personificada”, me da horror. El primer compromiso que tienes que hacer es con una vida decente y digna, la tuya propia. Reconocer, ante todo, las miserias que tenemos, ése es el primer compromiso. A partir de ahí, pues ya veremos. No creo que el escritor tenga que tener más compromiso que el portero de la finca».




Novela:

“Crónica del desamor” (Debate, 1979)
“La función Delta” (Debate, 1981)
“Te trataré como a una reina (Seix Barral, 1983)
“Amado amo (Debate, 1988)
“Temblor (Seix Barral, 1990)
“Bella y oscura (Seix Barral, 1993)
“La hija del caníbal (Espasa, 1997)
“El corazón del tártaro (Espasa, 2001)
“La loca de la casa (Alfaguara, 2003)
“Historia del Rey Transparente (Alfaguara, 2005)

Novela Juvenil:

“El nido de los sueños” (Siruela, 1991, 2004)

Cuentos Infantiles:

“Las barbaridades de Bárbara” (Alfaguara, 1996)
“El viaje fantástico de Bárbara” (Alfaguara, 1997)
“Bárbara contra el Doctor Colmillos” (Alfaguara, 1998)

Relatos:

“Doce relatos de mujer” (con once autores)(Alianza, 1982)
“El puñal en la garganta” (Alfaguara, 1994) (en el volumen
Colectivo "Relatos urbanos")
“Amantes y enemigos. Cuentos de parejas” (Alfaguara, 1998)
“Las madres no lloran en Disneylandia” (Relato, 1999)
“Cuentos del mar” (con ocho autores) (Ediciones B, 2001)
 
Una crónica de Sebastien Loeb y Dani Sordo, desde que compitieran una vez, en Finlandia
Loeb quiere sentenciar el título y batir el récord de Sainz en territorio de Gronholm y Sordo busca lucirse también en el mítico "1.000 Lagos"

El francés Sebastien Loeb (de Citröen) buscará en el territorio de su gran y único rival, el finlandés Marcus Gronholm (de Ford), el Rally de Finlandia, décima prueba de la temporada, Quiere así ver si supera a Carlos Sainz y conseguir su tercer mundial de la temporada. Loeb, en Alemania, con su quinta victoria allí obtuvo el récord de 26 triunfos en pruebas del Campeonato del Mundo que poseía el español Carlos Sainz, ahora a ver si gana en Finlandia.

Sainz, en 1990, y después Didier Auriol (1992)

Fueron los primeros no nórdicos que supieron manejarse como nadie en los saltos finlandeses. También en Finlandia estará Dani Sordo, que afrontará por primera vez esta prueba tan particular al máximo nivel a los mandos de un WRC, después de saber que se le dio muy bien el asfalto.
Sordo, de 23 años, se plantea defender la tercera plaza que ocupa en el Mundial y dar al Kronos la mayor cantidad de puntos posible, como segundo piloto que fue en Alemania, para el título de constructores.



Pero luego, Dani Sordo logra 5 scratch, consigue 8 puntos para Kronos Total-Citroën y se afianza en el tercer lugar del mundial de pilotos. Y lo ha conseguido por segunda vez esta temporada. Terminar segundo en una carrera de un mundial y detrás del Campeón por costumbre Sebastien Loeb, pero esta vez con una diferencia, ha dado 8 puntos para su escuadra Kronos Total-Citroën. Después de 19 etapas acumula en su palmarés dos puestos segundos y dos puestos terceros, con un total de cuatro, ocupa la tercera plaza de la general del mundial de pilotos a sus 23 años.

Las palabras del español

"Agradezco mucho a todos los de mi equipo la ayuda prestada y les prometo que volveremos a trabajar duro la semana que viene" confiesa.