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Extraños caminos
Andar es siempre sorprendente.
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Si no fuera porque podemos caminar, no habría mundo.
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Algunos que también caminan extrañamente
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Nadie somos; en nadie nos convertiremos

Cuando empecé a escribir, sabía que llegaría al final, porque todos los diarios son temporales.

No pensaba, sin embargo, que hubiera de ser tan pronto.

Lo que me motivó a escribir ya ha cesado.

Punto final.

 
Tristeza

- Te quiero.

Fue lo último que me dijo Agniezska, mi Ania, al otro lado del teléfono. Admiro su entereza. Lo que los dos sabemos se ha verbalizado con claridad. Seremos los amantes que no volverán a tocarse y puede que tampoco vuelvan a verse. A algunos les resultará un precioso argumento de novelón romántico. Pero es trágico.

Es muy triste.

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Inmensidad


La primera vez que vi un cielo estrellado fue en el planetario. Tal fue el impacto de aquella visión que después no he perdido oportunidad de contemplarlo en la realidad, cuando me ha sido posible, aun a costa del sueño.

Anoche fue la luna, saliendo sobre el horizonte, inmensa, tras el pirulí. Sobrecoge su belleza. Sobrecoge su cercanía. Extiendes la mano y...

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Amistad intempestiva

Porque seguramente Elena no lo sabe del todo, pero, ante los cafés humeantes, ver que sus vapores suben, se entremezclan y terminan expandiéndose por todo el local, para alcanzar la calle si alguien abre la puerta, es ver plasmado en un acontecimiento físico la amistad de muchos años.

Y que siga.

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Contra el padre

Eladio vive en el piso de abajo y supera los ochenta años. Su mujer no sale casi de casa, porque tiene dificultades para caminar, pero él sigue dándose sus paseítos diarios; el primero, siempre muy temprano y no es raro que coincidamos en la escalera.

Hoy he tenido que asistir a una escena totalmente incomprensible. Tras oír un escándalo enorme en la escalera, me he asomado y me he encontrado con que Pepe, el hijo de Eladio, tenía agarrado por el cuello a su padre. Después de bajar y, por la fuerza, separar al hijo del padre, me ha tocado oír una amenaza hacia Eladio, antes que Pepe se marchara definitivamente.

Eladio, después, me dio las gracias, con mil excusas, metiéndose en su casa deprisa y cerrando la puerta. Apenas se cerró la puerta, lo oí llorar desconsoladamente. Era como el llanto por alguien querido que ha muerto.

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¿Quién le dio al fango un alma?

Especulábamos el otro día Pablo y yo sobre la posibilidad de que ambos pudiéramos vivir nuestra vida entera en una biblioteca. Aparte de las necesidades físicas insoslayables (la ficción no suele tener en cuenta estas cositas), había dos puntos concretos que nos lo impedirían. Hasta en esto estábamos de acuerdo.

- En el fondo, la nuestra es una vida que le debe más a la ficción que a la realidad. Y también podemos acusar a la ficción de ser culpable de nuestros altibajos -recuerdo que dijo.

Y los dos nos acordamos de ese verso que tanto nos gusta, en un poema que habla de libros: "el humano tormento, la paradoja de estar vivos".

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La verdad por insistencia

España va bien. España va bien. España va bien.

En Irak hay armas de destrucción masiva. En Irak hay armas de destrucción masiva.En Irak hay armas de destrucción masiva.

El 11-M cambió el resultado electoral. El 11-M cambió el resultado electoral. El 11-M cambió el resultado electoral.

España se rompe. España se rompe. España se rompe.

La economía se hunde. La economía se hunde. La economía se hunde.

Si insisto, es verdad. Si insisto, es verdad Si insisto, es verdad.

Creo que lo único que es verdad en todo esto es que insisten, insisten e insisten. Y tanta insistencia provoca problemas de atención, tanto por exceso, como por defecto.

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De nuevo para siempre

De sus ojos azules irradia una cierta ansiedad cuando insiste en delimitar el tiempo futuro. Laura precisa de una seguridad basada en la palabra dicha; la voz, como sedante. Pero lo que esa voz transmita debería inquietarla más, porque afirmaría algo sobre lo que no tiene control. Así que decido decirle aquello sobre lo que sí tengo seguridad.

Laura vivirá en mí para siempre; y este para siempre no supone ningún compromiso hacia el futuro por mi parte, sino que describe lo que ya es una característica de mí mismo y es que ya no me entenderé sin ella en mi memoria.

- Ya, pero podrías sufrir Alzheimer -me objetó.

- Laura, yo ya no sería yo si mi memoria ya no fuera mi memoria. Yo ya te recuerdo para siempre.

Y mirando sus ojos azules, puedo apreciar que ella ya se da cuenta de la importancia de lo que digo.

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Auto de fe

Tengo fe en las personas. A pesar de su falta de fe en sí mismas. La fe carece de fundamento: se tiene o no se tiene.

Eulalia, mi vecina, tiene noventa y tres años, vive sola y sus hijos vienen de tarde en tarde a visitarla. Dice que no necesita de nadie y que quiere vivir en su casa.

De vez en cuando, yo también la visito. Le encanta ponerme un café y preguntarme por mis novias, así, en plural. Es de esa generación tan entera de antes de la guerra. Tengo fe en ella, aunque no es de las que carece de fe en sí misma. Tengo fe en ella porque ella ganará la eternidad. No la del paraíso o el infierno, sino la de la vida bien vivida y mejor acabada, la del trabajo bien hecho, la del poema redondo. La de la bonvivant...

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Marginal
Ayer tuve una de esas tardes magníficas con Pablo. No sólo que nos una el amor a las palabras, que compartamos la misma cueva musical, que apreciemos el whiskey -siempre de malta, el que no necesita de hielos, agua u otros aditivos que disimulen su mal sabor-, que entremezclemos las risas como una sola, que disfrutemos aún de las chispas del ingenio antiguo; no sólo es todo eso, sino la vida compartida desde tan chicos, la que no hace falta explicar porque se conoce de primera mano, hace que cada encuentro nuestro recuerde más a una comunión espiritual que a una reunión de amiguetes.

Pablo quizás sea la única persona que conozco que no tiene dudas sobre lo que es, desea y siente. Y quizás porque lo que siente no lo transforma, ni edulcora, ni agría. Él vive para escribir y, por eso, renunció a la idea de escribir para vivir cuando tuvo la oportunidad en la mano. Todavía se ríe cuando recuerda al agente, al representante de la editorial y a la que era su novia por entonces cuando les dijo: "yo no diseño libros; los escribo, pero no los diseño", antes de despedirse amablemente de todos ellos (lo de la novia fue la misma tarde).

- Me pidieron, dejando de lado lo que les había presentado, que escribiera un libro siguiendo unas pautas que la editorial me daba: gramática simple, vocabulario controlado, argumentos cerrados, intriga espaciada, amor, sexo, misterios esotéricos... -Pablo me recuerda de vez en cuando. - Se quedaron de piedra cuando les dije que no buscaba trabajo por cuenta ajena, que de eso ya tenía.

Dejó de presentarse a concursos, que ganaba ocasionalmente, y decidió escribir. Así, intransitivamente. Bromea diciendo que es un marginal, a lo que le replico que, entonces, debería reivindicarse como marginal rompiendo algo, vistiéndose de forma estrafalaria (añadiendo cresta de colores o bastón de puño de marfil, tanto da) o presentándose a algún concurso de fabricación en serie de talentos.

- Bah -me responde con sonrisa sarcástica-, eso es puro mainstream...

 
Casualidad

Por un azar misterioso, me he encontrado con Laura en un lugar que ninguno de los dos frecuenta. Así que ella ha aprovechado el momento para sacar uno de sus temas favoritos.

Que dos personas tan próximas en el tiempo y en el espacio estén destinadas una a otra es una improbabilidad matemática del mayor nivel. Yo siempre bromeo con ella diciéndole que la persona para la que estaba destinado ya vivió en el antiguo Egipto o que vivirá después de la transformación del hombre en batracio tras el cambio climático.

Pero Laura se mantiene impertérrita y me dice: es que el destino es el suceso seguro, no puede ser de otra manera. Y es verdad que Laura es una improbabilidad matemática.

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Intimidad

Mis amigos hablan del sitio donde vivo como de un espacio íntimo, cuando lo cierto es que vivo solo. Yo no siento mi vida de hombre solo como una vida íntima.

En esto me sucede con Laura lo que antes ya me sucedió con Ania. Es su presencia, la de alguna de las dos, la que creaba la intimidad en mi espacio, como si la intimidad no pudiera ser un espacio de menos de dos.

Cuando Laura entra en mi casa, mágicamente toda ella se transforma en un lugar íntimo, todas las cosas adquieren una cercanía, un calor, de los que carecen cuando ella no está. Ni siquiera yo me comporto de la misma forma.

Con Ania la intimidad la teníamos en su azotea, a veces poblada de otros seres íntimos, o en su minipiso.

Y ahora escribo como si fuera un descubrimiento: la soledad no es íntima, sino un espacio desangelado.

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La atención debida


Amaya, una de mis compañeras del trabajo, siempre se muestra desconfiada ante las promesas o los compromisos. Si le dices: "esto estará antes de que acabe la mañana", ella vendrá a informarse unas cuantas veces.

Siempre está atenta al incumplimiento. Da por descontado que se producirá y, de no ser así, no lo tendrá en cuenta. El suyo es un mundo de decepciones, un triste mundo de decepciones. Y a mí me cuesta mucho prestar atención a ese mundo tan inhóspito.


 
Perspectiva menor

Laura está ahí, mirándome, hablándome con el cuidado y modulación que acostumbra, enfrente. Está en la posición del espejo, como cuando nos miramos penetrando por nuestros propios ojos en un intento vano de conocernos mejor.

Pero, no, por favor, no. No me hagas esa pregunta. "Parasiempre" es sólo una cuestión de perspectiva. El mundo "parasiempre" no merece la pena ser caminado.

 
La fatiga hueca


Al caminar, si uno está cansado, puede que termine arrastrando los pies. Al arrastrar los pies inevitablemente se levanta polvo. El polvo enturbia el aire y lo hace irrespirable; además, irrita los ojos. Y los zapatos se ensucian más.

Supongo que, por eso, siempre levanto los pies al andar.

Pero he visto que muchos de entre nosotros arrastran los pies como forma de andar y, por añadidura, creen que tienen estilo.

Como estoy seguro de que, de tanto arrastrar los pies, acabarán con un agujero en la suela del zapato, me dan ganas de meter el dedito por ahí y hacerles cosquillas: la risa es la mejor prevención para los estilos polvorientos.

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Deriva

Me ha alegrado profundamente escuchar la voz entusiasmada de Agniezska ante la nueva perspectiva que se le abre. Toda la conversación ha sido un "¡Por fin!" prolongado por la alegría.

Ella ha estado hablando en plural todo el tiempo. Pero hoy no era el momento de recordar que los continentes en deriva provocan fracturas, fallas y, en ocasiones, terremotos.

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Lo que ya no es

Hacía seis meses que no veía a Laia. Entretanto, se ha operado en ella un gran cambio; o, mejor dicho, para cambiar, se ha operado.

Labios, pechos, y no sé qué más...

- Esa sonrisa ya no es la tuya, Laia.

Pero ella dice que se siente así más a gusto consigo misma o que se gusta más.

- Yo no saldría contigo ahora -le dije.

- Es que ya no sales conmigo -me replicó secamente.

Durante casi un año mantuvimos una relación apasionada, hasta que tuvo que volverse a Barcelona.

- Laia, lo que has hecho no tiene vuelta atrás -lo dije tratando de superponerle su antigua imagen, pensando en lo bonita que fue su sonrisa antes que alguien se la operara.

Y reconozco que tenía razón cuando me contestó que la vida no tiene vuelta atrás. Y los bisturíes no son medios de transporte.

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Los seres imaginarios


Cada vez que me presentan a alguien acompañan la presentación las consabidas preguntas de qué haces, qué te gusta, dónde vas de vacaciones, sales (o vives) con alguien, qué fuiste y cómo te ves en adelante.

Todo lo que se nos cuenta jamás estará a nuestro alcance y permanecerá para siempre como lo que imaginamos detrás del "trabajo en esto", "me encanta esto otro", "las vacaciones, en el mar", "ahora no estoy con nadie", "soy así y asá", "seré feliz".

Ayer conocí a Adrián y a Sara, dos seres fabulosos cuya actividad en el mundo es la de viajeros. Qué sea eso, no lo sé bien, pero me dieron muchas explicaciones a las que asistí encantado y que alimentaron mi imaginación siempre curiosa.

De alguna forma, de nosotros depende, o, mejor, de nuestra propia imaginación depende cómo son las personas que conocemos. Y esas personas son, mayoritariamente, seres imaginarios.

Pero más imaginarios somos nosotros cuando hablamos de nosotros mismos a esos otros seres imaginarios.

Y, sin embargo, no es prudente callar.

 
El sueño velado

Velar el sueño de otro es fascinante. Entonces está el otro ajeno de ti, no tienes sobre él ningún poder, no pueden hechizarle tus ojos, ni tus palabras obrar encantamiento.

Su cuerpo es libre. Las mejillas se despreocupan del beso, el pecho no se estremece con tu mano, la cadera no se deja moldear.

Querría despertar a Laura, pero, tan pronto sus párpados abriesen, se desharía para mí todo el encanto. Su magia blanca sucumbiría a mi magia negra.

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El centro del mundo

Hay una canción terrible que habla de un hombre no nacido de madre (a la que llama y por la que clama) y, por tanto, sin ombligo, ya que ningún cordón umbilical lo había unido nunca a otra persona. Tal vez sea esta la única vez en que se ha descrito con exactitud lo que sería un individuo, de existir tal cosa.

En los momentos en que nos sentimos más poderosos, más seguros de nosotros mismos, más independientes, notamos, repentinamente, que el ombligo está lleno de restos, que hay que rascar. La pelotilla que sale siempre tiene mal aspecto.

El ombligo limpio me recuerda a mi madre. Siempre me lo miraba para ver si estaba en orden. No sé qué tenemos en común, ella y yo. A ella le hace gracia que le diga que me enseñe su ombligo. Pero, cuando lo hace, veo que ella también dependió de otra persona. Y a ella no le avergüenza nada reconocerlo.

Cuando miro su ombligo, veo el centro del mundo.

 
Virginidad


Sobre la barra, dos vasos largos que tienen whiskey, el mío; ron con cola, el de ella. Nos sirve de apoyo la barra para acercanos y la música estentórea nos obliga a gritarnos al oído, casi un susurro de sordos.

-Yo sé cuál es tu deseo.

Sus ojos azules se abren con curiosidad morbosa, la mano larga y cuidada reposa sobre mi rodilla y sus labios carnosos me dicen:

- Mi deseo no conoce límites.

- Pero sé que tienes miedo.

- Sí, tengo miedo.

- Tendrás que confiar en mí.

Y en el cuarto donde leo ella gozó, después, de su dolor y apenas la vergüenza le dejaba decir:

- Jamás pensé que este deseo mío fuera tan humillante; pero, sigue.

Las mejillas encarnadas, el pelo revuelto y sudado, la comisura de los labios goteando baba, a toda la sensualidad oscura iniciada.

Más allá de sus pechos, su vulva o su boca; más allá de su otra entrada virgen o sus axilas o las yemas de sus dedos; más allá de su propio dolor o de su estremecimiento humillado o de su locura palmar de nalgas, halló el placer secreto, exquisito, aristocrático. Bebió sus propias lágrimas de gozo.

Se llama Laura y sé que volveremos a vernos.

 
Contabilidad de la inercia

No entiendo por qué le damos tanta importancia al tiempo. Un, dos, tres, cuatro... Creo que es una forma de contabilizar nuestro aburrimiento.

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El lado oscuro


La lluvia libra de contaminación la atmósfera. Da gusto respirar. La humedad del ambiente es una rareza en el mundo seco de la Meseta, cada vez más seco.

Los ríos van desapareciendo; ya nadie dice "arroyo", porque nadie sabe dónde hay uno. Uno cree falsamente que la lluvia ayudará a devolverles la vida. Sólo arrastra la contaminación atmosférica, la deposita sobre el suelo.

Pienso que me gusta la lluvia; pero lo hago sin reconocerme cuál es su lado oscuro. La lluvia es ácida.

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De camino


La dificultad para orientarse depende de varios factores. La mala señalización o la señalización confusa puede contribuir a dificultar nuestra capacidad para llegar al destino buscado o, incluso, a ocultarnos la existencia de un determinado destino.

Los caminos por los que circulamos a diario están profusamente mal señalizados. Sea la publicidad comercial, sea la propaganda política, sea la información tendenciosa, sea la enseñanza degradada, nos flanquean y enfrentan signos desconcertantes. Puede resultar que nos quedemos paralizados, sin saber hacia donde dirigir nuestros pasos, o cabe, también, que, al final, echemos a andar por cualquier senda, especialmente por la que carece de señalización, a causa de un cierto afán de aventura.

Me da la impresión de que la felicidad no es uno de esos lugares a los que se llega, sino una de las vituallas que se llevan en la mochila.

 
Borrachera

No puedo evitarlo. Estoy borracho y trato de escribir algo. Como si fuera un tributo. ¿A Ania?

Estoy borracho, desde luego.

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