Acceso a las mazmorras
Fue en una estancia mía en Río de Janeiro, en un curso, cuando conocí a Raúl. Por él pude tener acceso a un mundo oscuro y cerrado, un mundo del cuál sus habitantes no pueden salir.
Tal vez no sea la droga, ni la violencia, ni el abandono familiar, sino la mera inmediatez lo que los mantenga a todos postrados de esa manera: por ejemplo, aquel chaval de 9 años que llevaba tres prostituido por su madre, de 22, podrida en su adicción y que vivía con otras tres como ella, que servían a un chulillo de 16 años cuyo único mérito era un pistolón tremendo y una indiferencia mortal hacia todos los seres y cosas que lo rodeaban.
La inmediatez quiere decir que sólo piensan en el momento actual, incapaces de imaginar otra cosa, entrando en el otro mundo sólo para sacar algunos cruceiros, aunque sea a costa de la vida de otros... y de la suya propia.
He vuelto luego en varias ocasiones a este mundo. Me hierve la sangre.





