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Extraños caminos
Andar es siempre sorprendente.
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Si no fuera porque podemos caminar, no habría mundo.
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Algunos que también caminan extrañamente
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Aquella nochevieja la viví el día 30 de diciembre, un día antes de la fecha real. Porque las familias españolas tiran mucho y era muy difícil hacerles entender con quién quería pasar realmente esa noche.

Pero hubo dos copas de vino, una cena polaca que preparó Ania con esmero, cava para terminar; y doce uvas, mientras sonaba el primer movimiento de la sinfonía 3ª de Gorecki, compositor y obra que le gustaba a Ania.

Ella se vistió con un vestido negro largo satinado, los hombros al descubierto, dos pendientes que le hacían brillar los lóbulos, zapatos de tacón altísimo y guantes negros hasta el codo. Estaba tan bonita...

El carácter de las personas está en los detalles. Ania me besó al acabar las doce uvas y dijo que rezaría por mí. Volvió a iniciar el primer movimiento de esa sinfonía y se rió con ganas. "Es una alegría loca", me dijo.

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