Amenazas
Anoche hubo una cena de antiguos compañeros del colegio. Yo me senté al lado de Cristina, que venía de la concentración por la familia organizada en la Plaza de Colón. Venía eufórica.
Me dijo que había sido un acto muy bonito en favor de la familia y yo le comenté que las declaraciones que había estado oyendo toda la semana al respecto habían sido declaraciones contra el divorcio, el matrimonio homosexual y el aborto. También contra el gobierno. Pero nada sobre la familia.
- Es que la familia está amenazada -me dijo.
- ¿Amenazada? ¿Amenazada por quién?
Ella me trató de explicar, sin conseguir explicarse, que las leyes que permiten el divorcio o el matrimonio homosexual son leyes que atacan directamente a la familia.
- ¿A qué familia atacan, Cristina?
- A la familia cristiana, claro. A la Familia.
- Pero, Cristina, supongo que la familia musulmana tendrá derecho a existir; o la budista. Y supongo que también tiene derecho a existir la familia que no cree en nada.
- Es que eso no son familias.
- ¿No les reconoces su derecho?
- En su país, no aquí.
- Bien, pues yo soy de aquí y no creo que me case. Y en el caso de que lo hiciera, quiero tener la posibilidad de disolver el matrimonio si las cosas van mal. Además, ya he convivido con un par de mujeres sin haber pensado en casarme. ¿Es que yo te amenazo por haberlo hecho?
- Es que los niños van a pervertirse con vuestros malos ejemplos.
- ¿Y quién dice que el mío es un mal ejemplo? Vaya, Cristina, vuestra manifestación no ha sido por la familia, sino contra mí, contra gente como yo. Me niegas el derecho a vivir a mi manera y, además, dices que el mío es un mal ejemplo.
Cristina se quedó callada un momento.
- Verás, Cristina, tal como planteas las cosas, el que está amenazado soy yo. Las leyes, ahora mismo, permiten que haya personas que vivan vidas distintas de las que tú planteas, pero no obligan a nadie a hacer nada en concreto. Si tú consideras que está amenazada la familia porque no se obliga a todos a hacer lo que piensa la Iglesia Católica, ¿no te parece que eso es lo mismo que pretender una dictadura?
- Es la ley de Dios.
- Yo no creo en Dios. Cristina, nadie obliga hoy a nadie a hacer nada. La única amenaza proviene del que quiere obligar a los demás a hacer lo que él dice.
Por supuesto, tuvimos que cambiar de tema y acabamos cambiando los asientos. Por desgracia, la libertad no parece ser todavía uno de los derechos humanos para muchas personas. Es lástima, porque no estoy seguro de que el propio Jesucristo hubiera acudido a esa manifestación. Pero, claro, yo no soy nadie para decir esto.





