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Extraños caminos
Andar es siempre sorprendente.
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Si no fuera porque podemos caminar, no habría mundo.
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Algunos que también caminan extrañamente
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Virginidad


Sobre la barra, dos vasos largos que tienen whiskey, el mío; ron con cola, el de ella. Nos sirve de apoyo la barra para acercanos y la música estentórea nos obliga a gritarnos al oído, casi un susurro de sordos.

-Yo sé cuál es tu deseo.

Sus ojos azules se abren con curiosidad morbosa, la mano larga y cuidada reposa sobre mi rodilla y sus labios carnosos me dicen:

- Mi deseo no conoce límites.

- Pero sé que tienes miedo.

- Sí, tengo miedo.

- Tendrás que confiar en mí.

Y en el cuarto donde leo ella gozó, después, de su dolor y apenas la vergüenza le dejaba decir:

- Jamás pensé que este deseo mío fuera tan humillante; pero, sigue.

Las mejillas encarnadas, el pelo revuelto y sudado, la comisura de los labios goteando baba, a toda la sensualidad oscura iniciada.

Más allá de sus pechos, su vulva o su boca; más allá de su otra entrada virgen o sus axilas o las yemas de sus dedos; más allá de su propio dolor o de su estremecimiento humillado o de su locura palmar de nalgas, halló el placer secreto, exquisito, aristocrático. Bebió sus propias lágrimas de gozo.

Se llama Laura y sé que volveremos a vernos.

 
Comentario:
Mucha suerte con Laura...

Respecto a mi balance, no creo que saliera perdiendo para nada...

Besos
No