Los seres imaginarios
Cada vez que me presentan a alguien acompañan la presentación las consabidas preguntas de qué haces, qué te gusta, dónde vas de vacaciones, sales (o vives) con alguien, qué fuiste y cómo te ves en adelante.
Todo lo que se nos cuenta jamás estará a nuestro alcance y permanecerá para siempre como lo que imaginamos detrás del "trabajo en esto", "me encanta esto otro", "las vacaciones, en el mar", "ahora no estoy con nadie", "soy así y asá", "seré feliz".
Ayer conocí a Adrián y a Sara, dos seres fabulosos cuya actividad en el mundo es la de viajeros. Qué sea eso, no lo sé bien, pero me dieron muchas explicaciones a las que asistí encantado y que alimentaron mi imaginación siempre curiosa.
De alguna forma, de nosotros depende, o, mejor, de nuestra propia imaginación depende cómo son las personas que conocemos. Y esas personas son, mayoritariamente, seres imaginarios.
Pero más imaginarios somos nosotros cuando hablamos de nosotros mismos a esos otros seres imaginarios.
Y, sin embargo, no es prudente callar.





