Marginal
Ayer tuve una de esas tardes magníficas con Pablo. No sólo que nos una el amor a las palabras, que compartamos la misma cueva musical, que apreciemos el whiskey -siempre de malta, el que no necesita de hielos, agua u otros aditivos que disimulen su mal sabor-, que entremezclemos las risas como una sola, que disfrutemos aún de las chispas del ingenio antiguo; no sólo es todo eso, sino la vida compartida desde tan chicos, la que no hace falta explicar porque se conoce de primera mano, hace que cada encuentro nuestro recuerde más a una comunión espiritual que a una reunión de amiguetes.
Pablo quizás sea la única persona que conozco que no tiene dudas sobre lo que es, desea y siente. Y quizás porque lo que siente no lo transforma, ni edulcora, ni agría. Él vive para escribir y, por eso, renunció a la idea de escribir para vivir cuando tuvo la oportunidad en la mano. Todavía se ríe cuando recuerda al agente, al representante de la editorial y a la que era su novia por entonces cuando les dijo: "yo no diseño libros; los escribo, pero no los diseño", antes de despedirse amablemente de todos ellos (lo de la novia fue la misma tarde).
- Me pidieron, dejando de lado lo que les había presentado, que escribiera un libro siguiendo unas pautas que la editorial me daba: gramática simple, vocabulario controlado, argumentos cerrados, intriga espaciada, amor, sexo, misterios esotéricos... -Pablo me recuerda de vez en cuando. - Se quedaron de piedra cuando les dije que no buscaba trabajo por cuenta ajena, que de eso ya tenía.
Dejó de presentarse a concursos, que ganaba ocasionalmente, y decidió escribir. Así, intransitivamente. Bromea diciendo que es un marginal, a lo que le replico que, entonces, debería reivindicarse como marginal rompiendo algo, vistiéndose de forma estrafalaria (añadiendo cresta de colores o bastón de puño de marfil, tanto da) o presentándose a algún concurso de fabricación en serie de talentos.
- Bah -me responde con sonrisa sarcástica-, eso es puro mainstream...
Pablo quizás sea la única persona que conozco que no tiene dudas sobre lo que es, desea y siente. Y quizás porque lo que siente no lo transforma, ni edulcora, ni agría. Él vive para escribir y, por eso, renunció a la idea de escribir para vivir cuando tuvo la oportunidad en la mano. Todavía se ríe cuando recuerda al agente, al representante de la editorial y a la que era su novia por entonces cuando les dijo: "yo no diseño libros; los escribo, pero no los diseño", antes de despedirse amablemente de todos ellos (lo de la novia fue la misma tarde).
- Me pidieron, dejando de lado lo que les había presentado, que escribiera un libro siguiendo unas pautas que la editorial me daba: gramática simple, vocabulario controlado, argumentos cerrados, intriga espaciada, amor, sexo, misterios esotéricos... -Pablo me recuerda de vez en cuando. - Se quedaron de piedra cuando les dije que no buscaba trabajo por cuenta ajena, que de eso ya tenía.
Dejó de presentarse a concursos, que ganaba ocasionalmente, y decidió escribir. Así, intransitivamente. Bromea diciendo que es un marginal, a lo que le replico que, entonces, debería reivindicarse como marginal rompiendo algo, vistiéndose de forma estrafalaria (añadiendo cresta de colores o bastón de puño de marfil, tanto da) o presentándose a algún concurso de fabricación en serie de talentos.
- Bah -me responde con sonrisa sarcástica-, eso es puro mainstream...
Comentario:
Me parece una decisión acertada aunque sea "marginal" ;)porque muchos no lo harían. Eso seguro.
Un saludo
Un saludo





