Bajo tierra
"¡Te quiero!"
Pero esto lo dijo ya hace tiempo. Ahora es sólo pasado. Los caminos extraños nos llevan a veces a toparnos literalmente con el destino, que encuentras, por ejemplo, a la salida del metro, gracias a un torniquete que no funciona (en esta ocasión, sí que dí las gracias), porque ella quedó parada en seco y yo me la topé, literalmente. Por detrás. Sin alevosía.
Cuando dijo: "¡Te quiero!" lo dijo en un español mucho mejor que el que manejaba la primera vez..
De hecho, que no me respondiera cuando la alcancé por detrás, mirara, primero, un tanto sorprendida y, después, se sonriera (mi cara debió de mostrar la misma sorpresa) y esa sonrisa cálida me quitara la sorpresa y, ¡hala!, sonriera yo también (qué poco sonreímos en el metro) ya fue algo extraordinario. Después entendí que ella no pudiera decir nada (ningún reproche, claro, ninguna palabra exagerada), y es que su español aún era escaso.
Agniezska ya no está, porque tiene claro que quiere triunfar en la vida.
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