No Sé PoR Qué Te eCHo De MeNoS Hoy
¿Qué será de ti?
¿Qué harás?
¿Quién serás?
¿Y en los brazos de quién?
Me pregunto si al cruzarnos algún día del futuro inmenso que nos queda, conseguiría de nuevo hacer tambalear tu mundo. Hacerte vibrar, emocionarte o reír ansiosamente.
Ser algo.
Ser alguien.
Me pregunto si a veces sigues pensando en mí, si a veces me echas de menos tú también, de una manera extraña y ambigua como la mía, sin querer verte ni encontrarte realmente, pero intrigado porque tú y yo creímos querernos hasta morir y sin embargo...
Sin embargo, hoy sin ti... vivo...
¿Qué harás?
¿Quién serás?
¿Y en los brazos de quién?
Me pregunto si al cruzarnos algún día del futuro inmenso que nos queda, conseguiría de nuevo hacer tambalear tu mundo. Hacerte vibrar, emocionarte o reír ansiosamente.
Ser algo.
Ser alguien.
Me pregunto si a veces sigues pensando en mí, si a veces me echas de menos tú también, de una manera extraña y ambigua como la mía, sin querer verte ni encontrarte realmente, pero intrigado porque tú y yo creímos querernos hasta morir y sin embargo...
Sin embargo, hoy sin ti... vivo...
MieDoS
Tengo 3 clases de miedos, que me afectan de 3 maneras distintas y que trato de afrontar de diferentes formas.
El primero es la muerte, o más que la muerte en sí es el proceso de morirse uno, con todos esos fantasmas y espectros y sombras y sensaciones extrañas. Viene a ser un miedo bastante cómodo, porque aunque es muy intenso se calma también con rapidez, basta con encender la luz, hablar con alguien o centrar mi atención en otra cosa, algo así como el que tiene fobia a las arañas, o a las alturas, irracional e infantil.
La segunda clase corresponde con todo aquello para lo que no me siento capacitada a priori como saltar por un barranco de 12 metros haciendo descenso de cañones, meterme a saco con el coche en la glorieta de la m30 en plena hora punta o aquellos estados de nervios tales como los del primer beso, la primera vez, el primer adiós... Estos miedos son más difícil de controlarlos y yo los vivo de manera tan tan intensa que me vuelvo lo que alguien denominó como antifóbica, es decir, me da tanto miedo esa sensación de miedo que me vuelvo tremendamente valiente. Así conseguí saltar el precipicio, apretar el acelerador del intimidado seat ibiza amarillo, y vivir esos escarceos amorosos como la más apasionada historia de amor. Sin dejarme pensar, sin darme lugar a retroceder, al arrepentimiento... Lanzarme como una autómata hasta que no hay más remedio.
Y pensando esta mañana en esa clase de miedos, riéndome de mí misma por creerme muchas veces incapaz de hacer algo que en mi cabeza resulta casi como una hazaña quijotesca para resultar después algo inocente, simple y que domino con habilidad y destreza prácticamente a la primera, me he quedado dormida y curiosamente he soñado con esos miedos que pertenecen a la tercera clase.
Estos miedos son sutiles, y hablan con los pequeños detalles de mi personalidad, quedan en el inconsciente y se manifiestan en las decisiones cotidianas con las que sin darme cuenta forjo mi destino. Son los miedos a hacer lo que de verdad me apetece sin tener que discutir con nadie sobre cómo yo quiero vivir mi vida, son los miedos que hacen que me olvide de mis sueños, o que me convencen para creer como míos los sueños de otros. Son los miedos que me roban la ilusión y convierten mis días en rutina a la que no encuentro sentido, ¿cómo encontrarlo si no es el camino que yo debería andar?. Son los miedos peligrosos, los que de verdad hacen que te juegues la vida, los que deberían llevar montones de alarmas y señales luminosas y sin embargo pasan desapercibidos disfrazándose de sentido común, de lógica, de madurez bien asentada.
No sé combatirlos, pero igual que hoy muchas veces el corazón se me rebela, se queja porque no entiende que no le deje enfrentarse a esos gigantes, a esos molinos que tal vez le destrocen pero a los que no teme y ansía.
La vida está preparada para la renuncia, para la resignación, está montada de acuerdo con el principio básico de que todos sigamos unos patrones y muchos lo aceptan. A mí me parece bien que lo acepten, ¿pero por qué debo aceptarlo yo?, ¿por qué intentar convencerme a mí de que debo vivir como ellos si yo no soy como ellos?. Es una faena, pero mi corazón es un valiente y no dejará de quejarse hasta que le deje demostrarlo...
El primero es la muerte, o más que la muerte en sí es el proceso de morirse uno, con todos esos fantasmas y espectros y sombras y sensaciones extrañas. Viene a ser un miedo bastante cómodo, porque aunque es muy intenso se calma también con rapidez, basta con encender la luz, hablar con alguien o centrar mi atención en otra cosa, algo así como el que tiene fobia a las arañas, o a las alturas, irracional e infantil.
La segunda clase corresponde con todo aquello para lo que no me siento capacitada a priori como saltar por un barranco de 12 metros haciendo descenso de cañones, meterme a saco con el coche en la glorieta de la m30 en plena hora punta o aquellos estados de nervios tales como los del primer beso, la primera vez, el primer adiós... Estos miedos son más difícil de controlarlos y yo los vivo de manera tan tan intensa que me vuelvo lo que alguien denominó como antifóbica, es decir, me da tanto miedo esa sensación de miedo que me vuelvo tremendamente valiente. Así conseguí saltar el precipicio, apretar el acelerador del intimidado seat ibiza amarillo, y vivir esos escarceos amorosos como la más apasionada historia de amor. Sin dejarme pensar, sin darme lugar a retroceder, al arrepentimiento... Lanzarme como una autómata hasta que no hay más remedio.
Y pensando esta mañana en esa clase de miedos, riéndome de mí misma por creerme muchas veces incapaz de hacer algo que en mi cabeza resulta casi como una hazaña quijotesca para resultar después algo inocente, simple y que domino con habilidad y destreza prácticamente a la primera, me he quedado dormida y curiosamente he soñado con esos miedos que pertenecen a la tercera clase.
Estos miedos son sutiles, y hablan con los pequeños detalles de mi personalidad, quedan en el inconsciente y se manifiestan en las decisiones cotidianas con las que sin darme cuenta forjo mi destino. Son los miedos a hacer lo que de verdad me apetece sin tener que discutir con nadie sobre cómo yo quiero vivir mi vida, son los miedos que hacen que me olvide de mis sueños, o que me convencen para creer como míos los sueños de otros. Son los miedos que me roban la ilusión y convierten mis días en rutina a la que no encuentro sentido, ¿cómo encontrarlo si no es el camino que yo debería andar?. Son los miedos peligrosos, los que de verdad hacen que te juegues la vida, los que deberían llevar montones de alarmas y señales luminosas y sin embargo pasan desapercibidos disfrazándose de sentido común, de lógica, de madurez bien asentada.
No sé combatirlos, pero igual que hoy muchas veces el corazón se me rebela, se queja porque no entiende que no le deje enfrentarse a esos gigantes, a esos molinos que tal vez le destrocen pero a los que no teme y ansía.
La vida está preparada para la renuncia, para la resignación, está montada de acuerdo con el principio básico de que todos sigamos unos patrones y muchos lo aceptan. A mí me parece bien que lo acepten, ¿pero por qué debo aceptarlo yo?, ¿por qué intentar convencerme a mí de que debo vivir como ellos si yo no soy como ellos?. Es una faena, pero mi corazón es un valiente y no dejará de quejarse hasta que le deje demostrarlo...
auNQue Tú aúN No Lo SePaS...
Tú todavía no lo sabes, pero llegará un día en que sin saber por qué me eches de menos.
Te levantarás, la mirarás a los ojos y sin embargo recordarás los míos.
Tratarás de besarla para romper mi imagen, pero una ola de deseo súbita te erizará la piel cuando el sabor de mi boca te golpee desprevenido.
Seré la anécdota que contarás a algún compañero de confidencias y borracheras:
"La rubia aquella sí, la que me volvía loco, me la tiré en los vestuarios el día que me fui porque no encontré otra manera de decirla adiós..."
Y entonces te darás cuenta de por qué he sonreido cuando te ibas a pesar de que el llanto se me suicidaba desde lo alto del corazón que son los ojos.
Porque tu cuerpo y el mío se entienden, se buscan, se atraen y acabarán por volver a encontrarse.
Y mientras la vida se las ingenia para devolverte a mi camino, y tú te vas dando cuenta poco a poco de que contra las leyes de la física, de la química y del destino no se pude luchar, yo seguiré buscando tus ojos azules tan claros como el cielo de verano en todas partes, porque ya no puedo vivir sin ellos...
Te levantarás, la mirarás a los ojos y sin embargo recordarás los míos.
Tratarás de besarla para romper mi imagen, pero una ola de deseo súbita te erizará la piel cuando el sabor de mi boca te golpee desprevenido.
Seré la anécdota que contarás a algún compañero de confidencias y borracheras:
"La rubia aquella sí, la que me volvía loco, me la tiré en los vestuarios el día que me fui porque no encontré otra manera de decirla adiós..."
Y entonces te darás cuenta de por qué he sonreido cuando te ibas a pesar de que el llanto se me suicidaba desde lo alto del corazón que son los ojos.
Porque tu cuerpo y el mío se entienden, se buscan, se atraen y acabarán por volver a encontrarse.
Y mientras la vida se las ingenia para devolverte a mi camino, y tú te vas dando cuenta poco a poco de que contra las leyes de la física, de la química y del destino no se pude luchar, yo seguiré buscando tus ojos azules tan claros como el cielo de verano en todas partes, porque ya no puedo vivir sin ellos...