Un mal rato, que por fortuna, pasó
¡¡¡¡Uffff, no se puede aguantar este calor!!!!
Bueno, a los que me han echado de menos este tiempo, sólo puedo darle las gracias por estar pendientes de mi blog y decirles que escribiré siempre que pueda puesto que es uno de mis mayores desahogos y me relaja, a la vez que me ayuda a superar este trago.
La verdad es que en este tiempo no he podido escribir porque ni tenía horas ni ganas. Mi madre ha estado fatal, muy mal y yo me desmoronaba cada vez que veía su situación, es por eso que preferí escribir más calmada a hacerlo de esa manera y no saber ni qué decir.
La terapia ha echo su efecto, como cada vez que le ponían los sueros, sólo que esta vez, los días malos no han sido dos, sino más de una semana. Mi madre suplicando morirse sin importarle su marido, y lo que es más grave, sus hijas. Tan mal ha estado que lo pedía a gritos, con una desesperación como la que tienen los bebés cuando sus madres no le dan el pecho,... horrible, verdaderamente inexplicable la sensación de verla así.
Como ya he dicho en alguna ocoasión, mi madre es muy débil anímicamente y si algo temía yo de su enfermedad era eso, y a decir verdad, no me equivocaba. No ha sido tanto el dolor físico de los efectos secundarios (que tiene tela), sino, el verse postrada en una cama sin fuerzas ni para pestañear por la unión de dicho tratamiento y su depresión (ambos, suficientes para matar a cualquiera). Pero mi madre saca las fuerzas de yo no sé donde y ya ha salido de otras depresiones más fuertes e "injustificadas", así que de ésta no iba a ser menos. Y justo fueron esas palabras las que la sacaron de su mal estar.
Pongo injustificadas entre comillas porque esta vez mi madre sí tenía motivos para estar mal, pero muchos más para sonreir y eso es lo que ha hecho. Después de tres noches en vela, hablando con ella, animándola y dándole fuerzas de donde ni yo mismo tenía, acabó por vencer a esa mala enfermedad que es la depresión. Y es que por muy fuerte que uno sea, es muy difícil llevarlo bien y en algún momento caes.
Ahora está a la espera de la radioterapia. Esta vez los médicos han hablado con ella claramente y aunque el tratamiento es pesado, los efectos secundarios son mucho menores y parece que se soportan mejor. El viernes empieza y espero que no pase por lo mismo que ha pasado esta semana y la cosa salga mejor.
Os contaré cómo lo lleva después de las vacaciones, pues yo también necesito un respiro para venir con las pilas nuevas y ayudarla como mejor pueda.
Saludos a todos los bloggers y en epecial a tí, José, que aunque yo no escriba en el mío, el tuyo lo leo a diario.
Bueno, a los que me han echado de menos este tiempo, sólo puedo darle las gracias por estar pendientes de mi blog y decirles que escribiré siempre que pueda puesto que es uno de mis mayores desahogos y me relaja, a la vez que me ayuda a superar este trago.
La verdad es que en este tiempo no he podido escribir porque ni tenía horas ni ganas. Mi madre ha estado fatal, muy mal y yo me desmoronaba cada vez que veía su situación, es por eso que preferí escribir más calmada a hacerlo de esa manera y no saber ni qué decir.
La terapia ha echo su efecto, como cada vez que le ponían los sueros, sólo que esta vez, los días malos no han sido dos, sino más de una semana. Mi madre suplicando morirse sin importarle su marido, y lo que es más grave, sus hijas. Tan mal ha estado que lo pedía a gritos, con una desesperación como la que tienen los bebés cuando sus madres no le dan el pecho,... horrible, verdaderamente inexplicable la sensación de verla así.
Como ya he dicho en alguna ocoasión, mi madre es muy débil anímicamente y si algo temía yo de su enfermedad era eso, y a decir verdad, no me equivocaba. No ha sido tanto el dolor físico de los efectos secundarios (que tiene tela), sino, el verse postrada en una cama sin fuerzas ni para pestañear por la unión de dicho tratamiento y su depresión (ambos, suficientes para matar a cualquiera). Pero mi madre saca las fuerzas de yo no sé donde y ya ha salido de otras depresiones más fuertes e "injustificadas", así que de ésta no iba a ser menos. Y justo fueron esas palabras las que la sacaron de su mal estar.
Pongo injustificadas entre comillas porque esta vez mi madre sí tenía motivos para estar mal, pero muchos más para sonreir y eso es lo que ha hecho. Después de tres noches en vela, hablando con ella, animándola y dándole fuerzas de donde ni yo mismo tenía, acabó por vencer a esa mala enfermedad que es la depresión. Y es que por muy fuerte que uno sea, es muy difícil llevarlo bien y en algún momento caes.
Ahora está a la espera de la radioterapia. Esta vez los médicos han hablado con ella claramente y aunque el tratamiento es pesado, los efectos secundarios son mucho menores y parece que se soportan mejor. El viernes empieza y espero que no pase por lo mismo que ha pasado esta semana y la cosa salga mejor.
Os contaré cómo lo lleva después de las vacaciones, pues yo también necesito un respiro para venir con las pilas nuevas y ayudarla como mejor pueda.
Saludos a todos los bloggers y en epecial a tí, José, que aunque yo no escriba en el mío, el tuyo lo leo a diario.





