Posteando, que es Gerundio
Hoy me he escapado un poco antes del trabajo y, camino a casa, había un espectáculo patrocinado por el ayuntamiento en una de las calles más populares, peatonal y llena de tiendas, no muy distinta, por cierto, de cualquier calle céntrica de cualquier ciudad.
Sobre un estrado, dos chicas hacían volteretas y ejercicios de equilibro, y animado por su escasa indumentaria, me he acercado a ver el show.
Por suerte para mí (y ahora entenderéis el porqué), han terminado justo cuando encontraba un sitio en el cual no molestase la visión de los caracoles. A las mozas les han seguido dos mozos, también haciendo ejercicios de equilibrismo y fuerza, y a los mozos un payaso de los de peluca y mofletes coloraos haciendo jugar y disfrutar al público con la imaginación. Una moto imaginaria, una cuerda imaginaria sobre la que saltaba un montón de gente.... esas cosas.
Pero lo mejor, para mí, estaba por llegar. El presentador subió para anunciar el final del espectáculo y, cumpliendo con su oficio, presentar a los artistas, hecho lo cual ha sonado una canción que me ha vuelto a hacer asomar lágrimas a los ojos (van dos veces en muy poco tiempo, debo revisar mis autodefensas y rebajar mi nivel de autocompasión)
Antes de que sonara la canción, el viejo quejicoso que hay en mí pensaba: "más de lo mismo, socio, chicas semidesnudas haciendo piruetas, un mago, malabares con el torso al descubierto, y un payaso..." En cuanto ha sonado la canción, el niño que todavía queda en mí, como digo, casi se poner a llorar a moco tendido y ha hecho acallar la gruñona voz de su abuelo.
La canción era "Había una vez", de los payasos de la tele.
Dedicado a los niños de entre cuasitreinta y treintaytantos, que volverían a vivir su vida sin dudarlo..
A esos padres que nos dieron una educación (hace tiempo que lo entendí, pero nunca lo agradecí lo suficiente, Gracias Papá, Gracias Mamá), más que digna y respetuosa para con el prójimo.
A aquellos personajes que salían en la tele y que nos hicieron tener unos ídolos a los que aún hoy en día da gusto imitar.



Dedicado especialmente a tí, Miliki, porque eres el último que me queda, y tiene que ser duro sobrevivir tanto tiempo y ver cómo los niños que tanto querías son ahora unos salvajes apuñaladores, maleducados, irresponsables e irrespetuosos. Siempre he dicho, y lo
sigo diciendo, que cuando subas al vagón para no volver (que te tocará, compañero, al igual que a mí y a todos los que leen esto, sólo deseo que tu tren salga con retraso, y que no sufras, y que te demos una despedida como te mereces), el niño que todavía hay en mí también morirá, y me convertiré en adulto y seré gilipollas porque no habrá otro como tú y tu grupo que me haga reir y me enseñe que, con mi bocata de nocilla, "había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de ilusión, de magia y de color, lleno de alegría y de ilusión",
Sobre un estrado, dos chicas hacían volteretas y ejercicios de equilibro, y animado por su escasa indumentaria, me he acercado a ver el show.
Por suerte para mí (y ahora entenderéis el porqué), han terminado justo cuando encontraba un sitio en el cual no molestase la visión de los caracoles. A las mozas les han seguido dos mozos, también haciendo ejercicios de equilibrismo y fuerza, y a los mozos un payaso de los de peluca y mofletes coloraos haciendo jugar y disfrutar al público con la imaginación. Una moto imaginaria, una cuerda imaginaria sobre la que saltaba un montón de gente.... esas cosas.Pero lo mejor, para mí, estaba por llegar. El presentador subió para anunciar el final del espectáculo y, cumpliendo con su oficio, presentar a los artistas, hecho lo cual ha sonado una canción que me ha vuelto a hacer asomar lágrimas a los ojos (van dos veces en muy poco tiempo, debo revisar mis autodefensas y rebajar mi nivel de autocompasión)
Antes de que sonara la canción, el viejo quejicoso que hay en mí pensaba: "más de lo mismo, socio, chicas semidesnudas haciendo piruetas, un mago, malabares con el torso al descubierto, y un payaso..." En cuanto ha sonado la canción, el niño que todavía queda en mí, como digo, casi se poner a llorar a moco tendido y ha hecho acallar la gruñona voz de su abuelo.
Dedicado a los niños de entre cuasitreinta y treintaytantos, que volverían a vivir su vida sin dudarlo..
A esos padres que nos dieron una educación (hace tiempo que lo entendí, pero nunca lo agradecí lo suficiente, Gracias Papá, Gracias Mamá), más que digna y respetuosa para con el prójimo.
A aquellos personajes que salían en la tele y que nos hicieron tener unos ídolos a los que aún hoy en día da gusto imitar.



Dedicado especialmente a tí, Miliki, porque eres el último que me queda, y tiene que ser duro sobrevivir tanto tiempo y ver cómo los niños que tanto querías son ahora unos salvajes apuñaladores, maleducados, irresponsables e irrespetuosos. Siempre he dicho, y lo
sigo diciendo, que cuando subas al vagón para no volver (que te tocará, compañero, al igual que a mí y a todos los que leen esto, sólo deseo que tu tren salga con retraso, y que no sufras, y que te demos una despedida como te mereces), el niño que todavía hay en mí también morirá, y me convertiré en adulto y seré gilipollas porque no habrá otro como tú y tu grupo que me haga reir y me enseñe que, con mi bocata de nocilla, "había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de ilusión, de magia y de color, lleno de alegría y de ilusión",El Triunfo del Capitán
Había acudido a la taberna, con Takker y Martín el Bavaro, a beber y olvidarse del trabajo diario y de los problemas de su barco.
Ahora, estaba sentado fuera, fumando y bebiendo un extraño brebaje que, aparte de que le causaba un terrible ardor de estómago, le gustaba sobremanera, no siendo así con el resto de la gente que conocía.
Estaba apoyado en un farol recién instalados por la administración, en la puerta de la taberna, viendo pasar a los que entraban y salían, sin ninguna intención de entablar cháchara con nadie. Ni siquiera esperaba a Takker o a el Bavaro, dado que, cuando salían por ahí de francachela, cosa que no era harto frecuente, cada uno terminaba llegando a una hora distinta al barco.
Girando la cabeza vio a una joven pareja que hablaban sentados en el bajo de un portón, y enfrente a otra que, colmados de alcohol y otras sustancias, empezaban a increparles. Miró incrédulo a la primera pareja, que daban la callada por respuesta. Miró incrédulo a la segunda, que se acercaban cada vez más con intenciones aviesas. Miró a los primeros que seguían ninguneando a los segundos. Miró como, ya con la pareja ebria ya encima de ellos, el joven novio sí se encaraba, diciéndo que les dejasen en paz, que no querían jaleo, que se fueran.
Debió ser que unos insistían en buscar bronca y otros no. Debió ser que amenazaron a la joven que no estaba bebida. Debió ser la situación tan humillante que tenía que estar pasando el chico provocado (mucho más jóven, alto y fuerte que cualquiera de los otros dos), al aguantar y aguantar para no empuñar hierro y cortar de oreja a oreja el gollete de aquellos dos miserables. Lo cierto es que el Capitán se acercó, cuando ya la honra hacía que tuviesen que cruzarse puños y acero, que más de 10 minutos aguantando insultos, empujones y gritos es mucho aguante, sobre todo si te tocan a la novia de uno.
Llegó justo en el momento en que los dos se enzarzaban a empujones y la buscona se iba derechita hacia la otra chica para establecer un diálogo de puños. Cogió por el brazo a uno e, intentando hacer lo mismo con el otro, un manotazo le incrustó un cigarro sobre el labio superior. No fue un golpe, sólo un cigarro volando que ni siquiera llegó a quemarle.
A empujones, apartó a provocadores y se llevó a provocados hacia una parada de carruajes cercana. Los tranquilizó y escuchó cómo los habían humillado, vilpendiado, empujado y tratado. Razonó que no merecían la pena y el joven, sabiendo que le había salvado la honra en aquel trance (al llegar, sólo podrían solucionarse las cosas de una forma), le estrechó la mano y le dio las gracias, momento en que su novia aprovechó para recriminarle no haber podido parar esa situación.
-"No le regañes y cómetelo a besos, que es lo que ambos necesitais", dijo con voz monocorde el Capitán.Y tomó el camino de retorno para su barco.
Ya en la vasta soledad de su camarote, y mientras se desvestía, sintió unas terribles ganas de echarse a llorar, por cuán fáciles podían ser las cosas y cuán difíciles las hacíamos; por el pequeño triunfo que suponía haberse impuesto a las estúpidas reglas de la jungla que en tierra había y, ya de paso, a las del destino, que se oponía a todos sus designios; por su capacidad de decisión, reacción y resolución, que no siempre sacaba; por todos los fantasmas que aquella noche había conjurado y que la noche siguiente saldrían a tirarle de los faldones de la camisa; por todas las veces que no había llorado cuando joven.....
Las reprimió, una vez más, y se acostó sin que, desde que finalizara el incidente, nadie le hubiera dirigido una mirada ni una palabra, siquiera para desearle buenas noches.
Ahora, estaba sentado fuera, fumando y bebiendo un extraño brebaje que, aparte de que le causaba un terrible ardor de estómago, le gustaba sobremanera, no siendo así con el resto de la gente que conocía.
Estaba apoyado en un farol recién instalados por la administración, en la puerta de la taberna, viendo pasar a los que entraban y salían, sin ninguna intención de entablar cháchara con nadie. Ni siquiera esperaba a Takker o a el Bavaro, dado que, cuando salían por ahí de francachela, cosa que no era harto frecuente, cada uno terminaba llegando a una hora distinta al barco.
Girando la cabeza vio a una joven pareja que hablaban sentados en el bajo de un portón, y enfrente a otra que, colmados de alcohol y otras sustancias, empezaban a increparles. Miró incrédulo a la primera pareja, que daban la callada por respuesta. Miró incrédulo a la segunda, que se acercaban cada vez más con intenciones aviesas. Miró a los primeros que seguían ninguneando a los segundos. Miró como, ya con la pareja ebria ya encima de ellos, el joven novio sí se encaraba, diciéndo que les dejasen en paz, que no querían jaleo, que se fueran.
Debió ser que unos insistían en buscar bronca y otros no. Debió ser que amenazaron a la joven que no estaba bebida. Debió ser la situación tan humillante que tenía que estar pasando el chico provocado (mucho más jóven, alto y fuerte que cualquiera de los otros dos), al aguantar y aguantar para no empuñar hierro y cortar de oreja a oreja el gollete de aquellos dos miserables. Lo cierto es que el Capitán se acercó, cuando ya la honra hacía que tuviesen que cruzarse puños y acero, que más de 10 minutos aguantando insultos, empujones y gritos es mucho aguante, sobre todo si te tocan a la novia de uno.
Llegó justo en el momento en que los dos se enzarzaban a empujones y la buscona se iba derechita hacia la otra chica para establecer un diálogo de puños. Cogió por el brazo a uno e, intentando hacer lo mismo con el otro, un manotazo le incrustó un cigarro sobre el labio superior. No fue un golpe, sólo un cigarro volando que ni siquiera llegó a quemarle.
A empujones, apartó a provocadores y se llevó a provocados hacia una parada de carruajes cercana. Los tranquilizó y escuchó cómo los habían humillado, vilpendiado, empujado y tratado. Razonó que no merecían la pena y el joven, sabiendo que le había salvado la honra en aquel trance (al llegar, sólo podrían solucionarse las cosas de una forma), le estrechó la mano y le dio las gracias, momento en que su novia aprovechó para recriminarle no haber podido parar esa situación.
-"No le regañes y cómetelo a besos, que es lo que ambos necesitais", dijo con voz monocorde el Capitán.Y tomó el camino de retorno para su barco.
Ya en la vasta soledad de su camarote, y mientras se desvestía, sintió unas terribles ganas de echarse a llorar, por cuán fáciles podían ser las cosas y cuán difíciles las hacíamos; por el pequeño triunfo que suponía haberse impuesto a las estúpidas reglas de la jungla que en tierra había y, ya de paso, a las del destino, que se oponía a todos sus designios; por su capacidad de decisión, reacción y resolución, que no siempre sacaba; por todos los fantasmas que aquella noche había conjurado y que la noche siguiente saldrían a tirarle de los faldones de la camisa; por todas las veces que no había llorado cuando joven.....
Las reprimió, una vez más, y se acostó sin que, desde que finalizara el incidente, nadie le hubiera dirigido una mirada ni una palabra, siquiera para desearle buenas noches.
Posteando, que es Gerundio
O sea, que me compro la maqueta del "San Felipe" creyendo que es único y ahora se puede comprar, trocito a trocito, por fascículos para que cualquiera con un poco de habilidad y pegamento pueda tener la misma reproducción que yo.....No es justo.
P.D.: Menos mal que he invertido mis horitas en barnizarlo de proa a popa y le he comprado unos detalles para personalizarlo.... ¡¡¡Seré el único que tenga el auténtico Lobo Soitario!!!
Edición 27/08/2005 10:22
Ahora sí que estoy cabreado... resulta que los de la tele le están poniendo las mismas mejoras (barnizado oscuro, fanales, escudo, amplia toldilla, acabados.....) que yo. ¡¡¡Maldita sea!!! Menos mal que todavía me quedan un par de ases en la manga...
Amnistía
Dado el buen comportamiento del Galeote durante la pelea y posterior abordaje, le fue concedida una amnistía que la mayoría de pasajeros no consideraron apropiada, por ser éste gente de leva y ex-presidiario.
Hay que decir, en favor de sus detractores, que dicho Galeote no hizo lo que hizo por ayudar a Takker, y ya puestos a ningún otro, sino a título personal, para conseguir mayor gloria y poder, de ser posible, agenciarse con algún premio, cosa que consiguió.
Por ello, estaba disfrutando del viaje como un tripulante más, sin el agravio de las cadenas ni las galeras. A él correspondía el turno de vigía y allí estaba, en lo alto del palo mayor, con un catalejo prestado, tratando de divisar tierra u otros barcos, cuando a unos 30 palmos, en cubierta, apareció una mujer.
Comido por la curiosidad y un morboso deseo, ya que la cara de dicha mujer estaba tapado por la alta arboladura, pero sus piernas y torso no, el Galeote se regocijó en la contemplación de los muslos, al descubierto hasta la nalga por un minivestido que, de tener la certeza de que era observada, jamás se hubiera puesto.
La mujer andaba preparando una mesa para cenar. Ponía platos y cubiertos con esmerado orden, así que, viendo que el grumetillo estaba por ahí zascandileando en un barril de manzanas sin enterarse de nada, arrojóle a éste el catalejo y le hizo el gesto de que le subiera algo para beber.
Así lo hizo, y los dos, para tratar de observar el rostro de la dama (y si se podía algo más, mejor), y para rondarla en futuras ocasiones, observaron hasta que la mujer, viendo que su cuerpo era analizado minuciosamente, llamó a su otra acompañante, una señora mayor que debía de ser su madre, colocaron la cangreja de forma que las tapase a ambas y se dispusieron a cenar.
Desde que la viera por primera vez de casualidad, hasta que cerrase su cuerpo a través de aquella improvisada ventana, no se le vió la cara en ningún momento.
Reflexión: ....Estaba cocinando, y fui a abrir la ventana para que no hubiese olores.....y es que mi vecina está bien buenorra.....mirar es gratis....y bueno, incluso yo también tengo derecho a ser algo malo....¿no? ;-)
Hay que decir, en favor de sus detractores, que dicho Galeote no hizo lo que hizo por ayudar a Takker, y ya puestos a ningún otro, sino a título personal, para conseguir mayor gloria y poder, de ser posible, agenciarse con algún premio, cosa que consiguió.
Por ello, estaba disfrutando del viaje como un tripulante más, sin el agravio de las cadenas ni las galeras. A él correspondía el turno de vigía y allí estaba, en lo alto del palo mayor, con un catalejo prestado, tratando de divisar tierra u otros barcos, cuando a unos 30 palmos, en cubierta, apareció una mujer.
Comido por la curiosidad y un morboso deseo, ya que la cara de dicha mujer estaba tapado por la alta arboladura, pero sus piernas y torso no, el Galeote se regocijó en la contemplación de los muslos, al descubierto hasta la nalga por un minivestido que, de tener la certeza de que era observada, jamás se hubiera puesto.
La mujer andaba preparando una mesa para cenar. Ponía platos y cubiertos con esmerado orden, así que, viendo que el grumetillo estaba por ahí zascandileando en un barril de manzanas sin enterarse de nada, arrojóle a éste el catalejo y le hizo el gesto de que le subiera algo para beber.
Así lo hizo, y los dos, para tratar de observar el rostro de la dama (y si se podía algo más, mejor), y para rondarla en futuras ocasiones, observaron hasta que la mujer, viendo que su cuerpo era analizado minuciosamente, llamó a su otra acompañante, una señora mayor que debía de ser su madre, colocaron la cangreja de forma que las tapase a ambas y se dispusieron a cenar.
Desde que la viera por primera vez de casualidad, hasta que cerrase su cuerpo a través de aquella improvisada ventana, no se le vió la cara en ningún momento.
Reflexión: ....Estaba cocinando, y fui a abrir la ventana para que no hubiese olores.....y es que mi vecina está bien buenorra.....mirar es gratis....y bueno, incluso yo también tengo derecho a ser algo malo....¿no? ;-)
Los Hermanos Grumón
Eran dos iguales muy distintos. El Ying y el Yang. Cuando subieron por la pasarela del barco, podrían pasar por gemelos, aunque vistos más de cerca, las diferencias eran palpables.
Dedicado al rudo trabajo físico, el menor de los hermanos era fuerte, musculoso, activo y agresivo. Por contra, el mayor, cuyas diligencias eran más propias de escribanos, era más tranquilo, regordete, paciente y pacífico. Se podría decir que uno era la masa y otro la materia, la fuerza y el espíritu, la mecánica y la naturaleza.... Las caras opuestas de una misma moneda.
Llegaron como posibles tripulantes, cada uno vestido a su manera, arreglados los dos. El uno cuidando mucho el aspecto de sus vestimentas, nuevas e impulotas, marcando cada uno de sus músculos; el otro más informal, con la ropa amplia y suelta. Ulizando varios potingues para pelo y rostro el menor, sin afeitar y con el pelo enredado el otro. Correctamente duchados e higienizados ambos.
Pese a todo formaban un gran equipo. Lo que le faltaba a uno le sobraba al otro, se complementaban, ayudaban y compensaban en todas las facetas y cada uno tenía asumido un rol en función de su personalidad. Malo y bueno, duro y comprensivo, blanco y negro.
- "Con tu belleza y mi inteligencia podemos llegar a hacer grandes cosas" Solia bromear el mayor de los Grumones.
- "Formamos un equipo.... que pa qué", le contestaba el menor.
El caso es que trabajaron, y bien, durante su corta estancia en la reparación del galeón. Y aunque a veces reñían por tonterías, se notaba que se apreciaban y respetaban como sólo dos hermanos pueden hacerlo.
Un día tuvieron una buena trifulca. Cosas del alcohol, las mujeres, y el excesivo tiempo tratando de no molestarse mutuamente. A uno se le fue la sin hueso, el otro contestó rápido y metieron mano el uno al hierro vizcaíno y el otro al acero toledano. En todo el barco se oyó la herreruza saliendo de las vainas con siniestro chirrido.
Todos los que había en derredor trataron de evitar el duelo, pero había algo más en juego que el honor, o la disputa, que por cierto versaba sobre si se había tratado o no de forma correcta a una chica. Uno decía que había que ser duro con ellas. El otro que amables.
Cuando cruzaron el acero una, dos, mil veces, se vio que la cosa iba en serio, a muerte. Por fortuna no ocurrió nada de eso. En un momento dado, tras una serie de estocadas y fintas, se entrelazaron los gavilanes de ambos estoques, con lo que las espadas salieron volando y pasaron a primer plano los puños.
Después de tres días de convalecencia, en el cual un Grumón no hablaba al otro, coincidieron en el pañol de comida, momento en el cual el uno ofreció un bizcocho al otro, y el otro un pedazo de tarta al uno. Se miraron las heridas y moratones y se echaron a reir.
Momentos después abandonaban el barco, bromeando el uno con el otro sobre aquél certezo puñetazo o aquella traidora patada. Habíanse pasado la prueba que todo hombre pasa, relativa al respeto mutuo, a las fuerzas del otro, al defenderé mis ideas incluso ante tí.
Lo último que se supo de ellos es que, fletado su propio barco, fueron el Azote de los mares durante mucho tiempo por su unión en la batalla.
Aunque nunca hemos llegado a las ostias, ni mucho menos a los navajazos. Estoy seguro de que si tuviéremos una pelea, sería así. No obstante, mi hermano, pese a ser el lado oscuro de mi fuerza, es el mejor.
Dedicado al rudo trabajo físico, el menor de los hermanos era fuerte, musculoso, activo y agresivo. Por contra, el mayor, cuyas diligencias eran más propias de escribanos, era más tranquilo, regordete, paciente y pacífico. Se podría decir que uno era la masa y otro la materia, la fuerza y el espíritu, la mecánica y la naturaleza.... Las caras opuestas de una misma moneda.
Llegaron como posibles tripulantes, cada uno vestido a su manera, arreglados los dos. El uno cuidando mucho el aspecto de sus vestimentas, nuevas e impulotas, marcando cada uno de sus músculos; el otro más informal, con la ropa amplia y suelta. Ulizando varios potingues para pelo y rostro el menor, sin afeitar y con el pelo enredado el otro. Correctamente duchados e higienizados ambos.
Pese a todo formaban un gran equipo. Lo que le faltaba a uno le sobraba al otro, se complementaban, ayudaban y compensaban en todas las facetas y cada uno tenía asumido un rol en función de su personalidad. Malo y bueno, duro y comprensivo, blanco y negro.
- "Con tu belleza y mi inteligencia podemos llegar a hacer grandes cosas" Solia bromear el mayor de los Grumones.
- "Formamos un equipo.... que pa qué", le contestaba el menor.
El caso es que trabajaron, y bien, durante su corta estancia en la reparación del galeón. Y aunque a veces reñían por tonterías, se notaba que se apreciaban y respetaban como sólo dos hermanos pueden hacerlo. Un día tuvieron una buena trifulca. Cosas del alcohol, las mujeres, y el excesivo tiempo tratando de no molestarse mutuamente. A uno se le fue la sin hueso, el otro contestó rápido y metieron mano el uno al hierro vizcaíno y el otro al acero toledano. En todo el barco se oyó la herreruza saliendo de las vainas con siniestro chirrido.
Todos los que había en derredor trataron de evitar el duelo, pero había algo más en juego que el honor, o la disputa, que por cierto versaba sobre si se había tratado o no de forma correcta a una chica. Uno decía que había que ser duro con ellas. El otro que amables.
Cuando cruzaron el acero una, dos, mil veces, se vio que la cosa iba en serio, a muerte. Por fortuna no ocurrió nada de eso. En un momento dado, tras una serie de estocadas y fintas, se entrelazaron los gavilanes de ambos estoques, con lo que las espadas salieron volando y pasaron a primer plano los puños.
Después de tres días de convalecencia, en el cual un Grumón no hablaba al otro, coincidieron en el pañol de comida, momento en el cual el uno ofreció un bizcocho al otro, y el otro un pedazo de tarta al uno. Se miraron las heridas y moratones y se echaron a reir.
Momentos después abandonaban el barco, bromeando el uno con el otro sobre aquél certezo puñetazo o aquella traidora patada. Habíanse pasado la prueba que todo hombre pasa, relativa al respeto mutuo, a las fuerzas del otro, al defenderé mis ideas incluso ante tí.
Lo último que se supo de ellos es que, fletado su propio barco, fueron el Azote de los mares durante mucho tiempo por su unión en la batalla.
Aunque nunca hemos llegado a las ostias, ni mucho menos a los navajazos. Estoy seguro de que si tuviéremos una pelea, sería así. No obstante, mi hermano, pese a ser el lado oscuro de mi fuerza, es el mejor.
Dia de Feria del Libro

Terrible día para mis aspiraciones. Primero, el Grumetillo que ejerce su función más laposa y se pega a mí como carroña al zapato, me sigue a todas partes y no ceja de preguntar y preguntar y volver a preguntar.
No entiendo cómo no se cura nunca esa curiosidad insaciable. El caso es que me vino hasta bien cuando aparecí en la feria del Libro, si no, hubieran volado machetazos en todas direcciones, pero en ocasiones es realmente molesto.
Cansado ya de la rutina de tierra y ansiando ver el mar, aunque fuera de lejos, me acerqué hasta la Feria del Libro, sactasantorum del conocimiento, como digo con una rémora incansable por compañero.
Quería yo conocer de cerca los libreros venidos de todas partes del reino, los libros que allí se reunían, y los precios y volúmenes más asequibles.
Sea como fuere, allí me personé, mas mi decepción fue harto grandiosa, dado que no era el único. Trantando de ver unos grabados antiguos de guerras y batallas y de la ciudad en general, unos ancianos me empujaron para poder situarse ellos en posición ventajosa.
Las personas (mejor decir borregos) allí reunidas iban ora a un lado, ora al otro, en función de dónde se concentraba más gente, pero curioso fenómeno: En cuanto encontraba un hueco en el que aposentar mi espíritu y las inquietas y curiosas alas del Colibrí, alguien se acercaba, me empujaba y cogía los volúmenes que yo manejaba, por si se le había escapado algo y yo se lo "iba a quitar"
El único momento en que fui feliz fue cuando, preguntando por temas de heráldica (apasionantes), un librero extranjero, encantador y despreocupado me dejó pasar dentro de la pequeña tienducha para examinar toda una estantería de volúmenes relacionados con el tema. La gente cuchicheaba, seguros de que yo tendría el mejor volumen y no sería para ellos, y el colibrí revoloteaba por el minúsculo apartamento, preguntanto sin cesar una cosa y otra.Cuando salí y me reintegré en la marea humana, tras ceder el paso a cientos, permitir que se me colaran miles, recibir millones de codazos y miradas de "apártate", teniendo medio cuchillo ya desenfundado, el Grumete me cogió y me indicó un sitio en el cual no había nadie ni visos de haberlo en tiempo. Estaban todos arremolinados en otro lugar.
Así pues, pude observar tranquilo y comprar una joya literaria que leo con sumo deleite, antes de que, nuevamente, la gente, impulsada de Dios sabe qué capricho, se arremolinaran en torno a mí, volando brazos, codos y ojos en todas direcciones. Momento en el cual cogí de las orejas a mi inquieto acompañante y salí furioso de la Feria, renegando de tanto imbécil que nunca compraba nada ni dejaba elegir ni comprar libremente a los demás.
Impresión del Grumetillo: Halaaaaaaaaaaaaa, cuanta gente. No entiendo por qué están todos aquí..... Libros, grabados... hay miles, pero no compra nadie nada. Se limitan a manosear y a toquetear y a descolocar todo. ¿por qué ese interés en colarse unos a otros?.......... Esa señora es realmente molesta... se ha metido en medio y toquetea los libros del pasajero raro este, parece que no le hace mucha gracia... ¡huy un codazo! ¡Anda, se lo ha devuelto!.... Mira, ahí viene otro ¿Pero que haceeeeeeeee? si eso está lleno de gente......pues se ha metido.... madre mía que jaleo.....ahora a otra tienda, ¿más gente?...............¿pero no estaban todos en el puesto anterior?........... No entiendo nada.
En Tierra firme...
Decididos a no navegar hasta que no se solucionasen los problemas del barco, hicimos de las nuestras en tierra.
Cada uno de nosotros, en función de sus deseos y necesidades, fue yendo y viniendo de los lugares comunes (taberna, biliboteca, parque, embarcadero y -¿adivinais quien? de un lado para otro), viviendo sus propias aventuras.
Pasemos a conocer, de forma sucinta, qué le ocurrió a cada cual
Capitán: Amarrado como su barco, se pasaba los días y noches pensando en cómo podría salir de este nuevo atolladero. Esperando noticias de los mejores carpinteros de los cuales conocimiento tenía y del armador. Rumiaba su nuevo fracaso, y pensaba nostálgico en los días en los que, con unos simples maderos blancos y pintura, se había hecho a la mar en solitario. Mantenía contactos periódicos con la chica que conoció. Mas estos no llegaban a satisfacer del todo sus espectativas, dado que cada uno veían la vida de una forma diferente y, al fin y al cabo "tanta charla no lleva a ningún lado"
Pasajero 122: Alternaba los días en la biblioteca y las noches en el parque, charlando con la pasajera 54 en aquéllas y enseñando al grumetillo los secretos de los libros en éstos. Gracias a él, nuestro pequeño amigo tuvo conocimientos de los saberes y conocimientos antiguos y más modernos.
Pasajera 54: Si bien pasaba casi todo el día en el parque, algunas noches se acercaba con Takker a la taberna, donde el comportamiento de éste, además de sublime, le sirvió para conocer mejor los porqués de la actitud que demostraba dentro y fuera del barco, las dos caras de su trabajo y fuera de él, prefieriendo, sin duda, la segunda, donde el timonel se quitaba las máscaras y resultaba un compañero gracioso, amable y tolerante.
Takker: En su elemento era el mejor. Ni que decir tiene que la taberna era el lugar donde comía, dormía, bebía y en definitiva vivía. Recibiendo las visitas de sus compañeros de lo que para él era una afortunada situación, se mostraba relajado y feliz, descubriendose a sí mismo que lo que le gustaba, "¡Vive Dios!" era ese tipo de vida, aunque cansara en exceso su cuerpo y mente.
Grumetillo: Mandado por todos a hacer recados de aquí para allá, estuvo en la Fiesta de Takker, en la cual, instigados por su curiosidad sin limites, se descubrieron los secretos amorosos del Capitán, el Pasajero 122, la Pasajera 54 y el mismo Takker; en la despedida de Martín el Bavaro; en la Disputa de los Hermanos Grumón; en las Ferias del Libro y Artesanal...
De todos estos acontecimientos daremos cumplida cuenta, en su momento, pues es hora de cerrar los ojos y soñar.....
Joder: Lo que me faltaba.... ahora posteo en folletín novelesco.
Cada uno de nosotros, en función de sus deseos y necesidades, fue yendo y viniendo de los lugares comunes (taberna, biliboteca, parque, embarcadero y -¿adivinais quien? de un lado para otro), viviendo sus propias aventuras.
Pasemos a conocer, de forma sucinta, qué le ocurrió a cada cual
Capitán: Amarrado como su barco, se pasaba los días y noches pensando en cómo podría salir de este nuevo atolladero. Esperando noticias de los mejores carpinteros de los cuales conocimiento tenía y del armador. Rumiaba su nuevo fracaso, y pensaba nostálgico en los días en los que, con unos simples maderos blancos y pintura, se había hecho a la mar en solitario. Mantenía contactos periódicos con la chica que conoció. Mas estos no llegaban a satisfacer del todo sus espectativas, dado que cada uno veían la vida de una forma diferente y, al fin y al cabo "tanta charla no lleva a ningún lado"
Pasajero 122: Alternaba los días en la biblioteca y las noches en el parque, charlando con la pasajera 54 en aquéllas y enseñando al grumetillo los secretos de los libros en éstos. Gracias a él, nuestro pequeño amigo tuvo conocimientos de los saberes y conocimientos antiguos y más modernos.
Pasajera 54: Si bien pasaba casi todo el día en el parque, algunas noches se acercaba con Takker a la taberna, donde el comportamiento de éste, además de sublime, le sirvió para conocer mejor los porqués de la actitud que demostraba dentro y fuera del barco, las dos caras de su trabajo y fuera de él, prefieriendo, sin duda, la segunda, donde el timonel se quitaba las máscaras y resultaba un compañero gracioso, amable y tolerante.
Takker: En su elemento era el mejor. Ni que decir tiene que la taberna era el lugar donde comía, dormía, bebía y en definitiva vivía. Recibiendo las visitas de sus compañeros de lo que para él era una afortunada situación, se mostraba relajado y feliz, descubriendose a sí mismo que lo que le gustaba, "¡Vive Dios!" era ese tipo de vida, aunque cansara en exceso su cuerpo y mente.
Grumetillo: Mandado por todos a hacer recados de aquí para allá, estuvo en la Fiesta de Takker, en la cual, instigados por su curiosidad sin limites, se descubrieron los secretos amorosos del Capitán, el Pasajero 122, la Pasajera 54 y el mismo Takker; en la despedida de Martín el Bavaro; en la Disputa de los Hermanos Grumón; en las Ferias del Libro y Artesanal...
De todos estos acontecimientos daremos cumplida cuenta, en su momento, pues es hora de cerrar los ojos y soñar.....
Palabras vacías que se llevó el viento...
Nuestro Capitán estaba, en contra de su costumbre, apoyado en el árbol de Trinquete, a la sobra del velamen. También, cosa harto extraña, no fumaba. Se limitaba a pensar en Dios sabe qué asuntos.
Cuandó sonó la explosión, desenfundó su espada con un sobresalto, blasfemando y ordenando, a voz en grito, el zafarrancho de combate.
Al poco, se fijó en una mancha blanca y verde que empañaba la cubierta. Grande y maloliente. Miró hacia arriba, a la gaviota que se carcajeaba del susto provocado al eclosionar su "huevo" contra el suelo desde tanta altura
-Maldito pollo de mar. Seguro que te lamentas de no haberme dado con tu cagada, y te alegras de haberme asustado.
Mentando a Dios, a la Virgen y a todos los santos, arrojó sus más mordaces juramentos y amenazas al ave que, impasible, se alejó volando sin dejar de reir...
"Lo que me faltaba. No consigo el respeto ni de un plumífero"
Cuandó sonó la explosión, desenfundó su espada con un sobresalto, blasfemando y ordenando, a voz en grito, el zafarrancho de combate.
Al poco, se fijó en una mancha blanca y verde que empañaba la cubierta. Grande y maloliente. Miró hacia arriba, a la gaviota que se carcajeaba del susto provocado al eclosionar su "huevo" contra el suelo desde tanta altura
-Maldito pollo de mar. Seguro que te lamentas de no haberme dado con tu cagada, y te alegras de haberme asustado.
Mentando a Dios, a la Virgen y a todos los santos, arrojó sus más mordaces juramentos y amenazas al ave que, impasible, se alejó volando sin dejar de reir...
"Lo que me faltaba. No consigo el respeto ni de un plumífero"
"Zapatones" Takker
Andaba muy ufano y sonriente por cubierta. Aunque de normal poco amistoso, menos sonriente y nada conversador cuando estaba al timón, Takker, que cambiaba radicalmente fuera del mismo, en las tabernas, bares, o simplemente en el sollado con una botella de ron, apareció esa mañana paseando de un álcazar a otro, rodeando martinetes, esquivando rollos de cabo, poleas y puntales, saludando a babor y a estribor mientras iba al Castillo, al Alcázar, a la toldilla, combés arriba y combés abajo.
Todos, pues, se extrañaron de la actitud del personaje, máxime cuando no estaba prevista la arribada a tierra y las aguas en las que navegaban eran un tanto difíciles, por lo que el trabajo del timonel no le daría tregua alguna ni momento de sosiego para hacer lo que estaba haciendo. Intrigados, desde el grumetillo al capitán le miraban ir y venir, hasta que éste último, viendo que resbalaba un par de veces en cubierta, le mandó llamar.
-Espero que no estés borracho.
No señor, el hombre encargado del timón no bebe, aunque bien sabéis que el mismo, cuando no tiene que trabajar, sí. -respondió Takker con una gran sonrisa
-Bien, pues ya me dirás qué es lo que te ocurre... te necesito en tu puesto, no por ahí paseando el palmito.
¡Capitán, Señor!, creo que yo puedo ayudarle en eso -la voz chillona y excitada del Grumetillo, que en todo quería meterse y enterarse, cortó la conversación de raíz- ¡Fíjese, fíjense todos....! Takker se ha hecho con unos zapatos que más que zapatos son zapatones, y que además resbalan con el agua... ¡¡jua, jua, jua juajuajuaaaaaaaa!!
Y mirando todos, efectivamente vieron como los habituales zapatos de Takker, de gruesa suela y material, viejos y agujereados, habían sido sustituidos por unos nuevos de una puntera excesivamente larga, finos y brillantes, con un tacón bastante más alto a lo que estaba acostumbrado a usar, y cuya suela nueva le hacía resbalar con el agua de la cubierta... El pobre se paseaba como un niño con zapatos nuevos, y ante la carcajada y broma del Grumete, secundada por el resto de la tripulación, volvío a su trabajo y no dijo nada en lo que quedaba de mañana.
Reflexión: Eran los más baratos que encontré.... ¿vale?
Todos, pues, se extrañaron de la actitud del personaje, máxime cuando no estaba prevista la arribada a tierra y las aguas en las que navegaban eran un tanto difíciles, por lo que el trabajo del timonel no le daría tregua alguna ni momento de sosiego para hacer lo que estaba haciendo. Intrigados, desde el grumetillo al capitán le miraban ir y venir, hasta que éste último, viendo que resbalaba un par de veces en cubierta, le mandó llamar.
-Espero que no estés borracho.No señor, el hombre encargado del timón no bebe, aunque bien sabéis que el mismo, cuando no tiene que trabajar, sí. -respondió Takker con una gran sonrisa
-Bien, pues ya me dirás qué es lo que te ocurre... te necesito en tu puesto, no por ahí paseando el palmito.
¡Capitán, Señor!, creo que yo puedo ayudarle en eso -la voz chillona y excitada del Grumetillo, que en todo quería meterse y enterarse, cortó la conversación de raíz- ¡Fíjese, fíjense todos....! Takker se ha hecho con unos zapatos que más que zapatos son zapatones, y que además resbalan con el agua... ¡¡jua, jua, jua juajuajuaaaaaaaa!!
Y mirando todos, efectivamente vieron como los habituales zapatos de Takker, de gruesa suela y material, viejos y agujereados, habían sido sustituidos por unos nuevos de una puntera excesivamente larga, finos y brillantes, con un tacón bastante más alto a lo que estaba acostumbrado a usar, y cuya suela nueva le hacía resbalar con el agua de la cubierta... El pobre se paseaba como un niño con zapatos nuevos, y ante la carcajada y broma del Grumete, secundada por el resto de la tripulación, volvío a su trabajo y no dijo nada en lo que quedaba de mañana.
La Cola del Colibrí
Las estrecheces del barco hacían que unos (los que estábamos dentro), y otros, los que recibían noticias nuestras de fuera, nos sintiéramos terriblemente incómodos y molestos. por lo que el Capitán, en reunión con los oficiales y una nutrida representación de tripulantes, decidió hacer escala unos días, hasta que estuviera resuelto el problema de las cuadernas, ya que los básicos de alineación de masteleros, enlaces entre las vergas y jarcias y demás, habían sido solucionados gracias a los sabios consejos de Tashintashán, a la que el Capitán envió tenso mensaje de socorro que recibió inmediata respuesta.Así pues, desembarcamos en tierra Takker, con más ganas de fiesta y jolgorio que nunca, el pequeño grumetilo, ese pasajero tan agradable que me cortejaba y yo, con idea de deambular por la zona y tal vez comprar algún recuerdo.
Takker se dirigió de inmediato a la taberna-prostíbulo, seguido del jovencísimo Colibrí, que quería ver qué era eso. Mientras tanto, mi acompañante y yo paseamos y charlamos tranquilamente hasta que cayó la noche.
A punto de retirarnos a dormir al barco (nos apetecía dormir en lo que considerábamos nuestro hogar), apareció Takker, completamente borracho, alegre, simpático y gracioso, estado en el que nunca se encontraba a bordo del Lobo Solitario. Preguntado sobre el grumete, contestó que hacía tiempo que no sabía nada de ningún grumete.
Pasadas unas horas, y ya en el barco, apareció el mismo: tenía los faldones de la camisa sueltos, el cuello de la misma arrugado y el suyo propio lleno de moratones. Los pantalones taban medio rotos y manchas rojas, color sangre, se extendían por sus mejillas, labios, cuello y pecho, allí donde los desgarrones de la camisa lo mostraban.
Iba derechito sin decir nada a su camastro en el combés, cuando, al pasar debajo de un farol, me percaté de que tenía un arañazo feísimo en cada hombro, compuesto por cuatro líneas verticales. Le llamé, y a
regañadientes vino tras insistir.-Bueno, jovencito.... has venido de una buena pelea ¿no?
-Yo.....Bueno....es que.....
-Una mujer sabe de ciertas cosas, no tienes que mentirme ¿no llegas a los 15 años, verdad?
-No señora
-No me llames así, ¿Qué edad tenía ella?
-Señora, digo... madam, digo... 13 cumplirá el próximo noviembre.
-Dios mío... tan jóvenes.... Por un lado te diría que disfrutes todo lo que puedas, que luego tal vez sea tarde. Por otro, que ahora los niños queréis aprender todo muy deprisa, y cuando llegais a una edad de mayor raciocinio, estais de vuelta de todo. Como consejo, te diría que te tomes ciertas cosas a tu tiempo, y que se lo digas a tu tierna amante.
Reflexión: Bajo mi punto de vista, los niños ahora quieren aprender demasiado rápido . Cuando llegan a 23, están de vuelta de todo y actúan en consecuencia... no sé si es bueno o no, sólo es una reflexión sobre algo que me preocupa
Posteando, que es Gerundio
En llegando al trabajo, más dormido aún que la otra vez
Esperando dos personas al ascensor.
Subiendo ocupante uno, pulsa planta 2
Subiendo ocupante dos, pulsa planta3
Subiendo yo, pulso planta 5
Hola buenos días...
Hola...
Buenos días...
...
...
Bajando ocupante uno "Hasta luego"
...
Bajando ocupante dos "Hasta luego"
...
(¡¡ Snif, Snif !!)
...
Algún hijoputa de ocupante se ha tirado un pedo en el ascensor antes de irse.
...
Me lo como enterito.
...
Me vuelven a apagar el aire acondicionado.
Maldito día de mierda (literalmente)
Esperando dos personas al ascensor.
Subiendo ocupante uno, pulsa planta 2
Subiendo ocupante dos, pulsa planta3
Subiendo yo, pulso planta 5
Hola buenos días...
Hola...
Buenos días...
...
...
Bajando ocupante uno "Hasta luego"
...
Bajando ocupante dos "Hasta luego"
...
(¡¡ Snif, Snif !!)
...
Algún hijoputa de ocupante se ha tirado un pedo en el ascensor antes de irse.
...
Me lo como enterito.
...
Me vuelven a apagar el aire acondicionado.
Maldito día de mierda (literalmente)
El Viaje del Pasajero 122
Cuando embarqué en el Lobo Solitario, tenía ya varias millas de mar a mis espaldas. Unos viajes por placer y otros por motivos de trabajo me habían (creía), curtido en las lides marineras. Pensaba que este viaje traería emoción e incertidumbre, amén de que me permitiría escribir algo mejor de lo que hasta entonces había hecho.
En el momento de subir, sabía que quería estar sólo, disfrutar con el momento en que se largan amarras y el barco parte, lento al principio, raudo después, a hacia un mar abierto en el que, a pesar de tu destreza, de tu pericia y de tu agilidad, puede irse a pique por un capricho de las olas.
La mar estaba alborotada, revuelta, el resto de pasajeros y se habían instalado abajo, cerca de la bodega, en un habitáculo expresamente .
creado para ellos en el que se servían, por un módico precio, vino y algunas viandas. Miraban a través de las escotillas, hacia el puerto, hacia el mar... bien seguros en sus bancos.
La intención del Capitán, cuando hizo esta vuelta de reconocimiento, era probar a la tripulación y a los pasajeros, para ver a quién admitía y a quién no. Este Capitán es un hombre un tanto extraño, ya hablaré más detenidamente de él
Me acomodé en popa, por la amura de estribor, lejos de un Timonel con pinta de estar borracho, mirando hacia el puerto, tal vez esperando ver una mano amiga que me despidiese, aunque sabía que allí no habría mano amiga posible. Allí vi como el barco se despegaba lentamente del muelle, hasta que llegó una pareja, con un bebé en brazos de ella, y ocupó una posición que me impedía toda visión de lo que yo quería y que, además, rompía con la soletad que pretendía tener.
Así pues, tras preguntar a un marinero de origen Bávaro llamado Martín si podía ir, me acodé en proa, donde el mar revuelto hacía que nadie, salvo los tripulantes, estuviese allí.
Lo que pasó después puedo describirlo medianamente con palabras. El Galeón cabeceaba, luchando contra unas olas que a mí me parecieron gigantes, saltando sobre ellas y cayendo de proa al mar, mandando rociones de espuma sobre todo lo que allí se encontraba, incluido yo. Hubo un momento en que se inclinó hacia el lado de estribor (el lado donde me encontraba, bien alejado de la costa) de forma peligrosa mientras viraba, lo cual me mandó sentado hacia unas cajas que a tal efecto allí había. El viento alborotaba mis cabellos y sólo se escuchaba el sonido de las olas, las gaviotas buscando alimento y, más lejano, el crujido de las velas. De vez en cuando, cuando una ola rompía contra proa, se escuchaba un fragor, un susurro que decía "te observo.... ten cuidado... vigila tus pasos"
Cuando apareció el grumete, se echó a reir a carcajadas. El muy pillo me había estado viendo todo el rato, y acudió, curioso, a preguntar sobre mí.
-Buenos días- educado sí que es- ¿se encuentra usted bien?
-Si, gracias.
-¿Qué hace usted aquí, a la interperie, sufriendo los rigores de estas olas, cuando todo el mundo está a cubierto?
-Me gusta esta sensación.... subir a un barco sin pretender mojarte es como andar sin pretender pisar el suelo... puede ocurrir, pero es dificil, y más con este oleaje.
-Mar adentro será peor.... me gusta su forma de hablar ¿usted a que se dedica?
-Por favor, trátame de tú.... soy escritor, me dedico a escribir vivencias, a disfrutar de la vida, a valorar esos pequeños detalles, como el vuelo de un pájaro, una puesta de sol o el crecimiento de unas plantas
-Desde luego.... si es que hay gente para todo (1). ¿Y qué escribe?
-Artículos
-¡¡Andá!! esa es una palabrota que dice mucho el capitán, y Takker, el timonel, cuando se enfadan conmigo ¿se ha enfadado conmigo? ¿es porque le trato de usted?¿no he dicho nada que le moleste, verdad?¿o acaso....
En ese momento, un vozarrón resonó por toda la cubierta.... "¡¡¡GRUMETE!!!, ¡SUBE AQUÍ A RECIBIR LAS ÓRDENES O TE PATEO EL CULO!"
-¿ve lo que le digo....? ya se han enfadado. Enseguida vuelvo.
Riendo "artículo....., Dios, qué niño ese", me dí cuenta de una cosa. Al tiempo que el barco se mecía a estribor o a babor, mis piernas se recogían, ora una, ora la otra, para compesar el balanceo. Ensimismado con la conversación, no me di cuenta. Me gustó la sensación. No me estaba mareando y parecía que no había transcurrido tanto tiempo desde la última vez que pisé la cubierta de un barco. Parecía hecho para la mar.
Así, contento, feliz, sólos la mar por proa, que de vez en cuando me decía que estaba allí en forma de rociones de espuma, y yo, fuimos recorriendo la costa, desde la que se veía la residencia de verano de la familia real, las caballerizas y el embarcadero; el cabo menor, el cabo mayor, varias islas, como la de mouro con su faro.... hasta que viramos. El Capitán ya había visto lo que quería ver sobre nosotros y ya de paso, había recaudado un dinero.
En estas apareció de nuevo el pícaro y curioso grumetillo, que me señaló hacia la tablazón del suelo: "mire... caracoles". Siguiendo su mirada, ví que efectivamente, y no sabía cómo, a medida que nos acercábamos al puerto habían aparecido caracoles por todos los lados. Teníamos que movernos con cuidado, para no pisarlos, y no estábamos atentos a nada más hasta que el grumetillo, llevado por un exceso de ímpetu, casi se arroja por la borda.
-¡¡¡Oro!!! ¡¡Veo ORO!! soy rico, muy rico.... ¡Suélteme, Pardiez! -Lo había agarrado por el pescuezo, de forma instintiva -¡que me suelte digo!.
Con los ojos como platos, miraba al mar, en el que efectivamente, se veía entre los rizos de las olas un reflejo dorado, que seguía una línea perfectamente definida, como un tiro de cañón.
De pronto, noté calor en la frente, levanté la vista y allí estaba la razón. El sol se estaba ocultando. Había dudado si salir o no durante todo el viaje pero, valiente, asomó entre las nubes que lo cercaban y los edificios que un minuto después lo iban a ocultar, un tímido rayo hacia el mar, en la derrota exacta en que estábamos nosotros.
El grumete y yo nos miramos, reconociéndonos para posteriores travesías. Habíamos sido elegidos. Seguro.
En el momento de subir, sabía que quería estar sólo, disfrutar con el momento en que se largan amarras y el barco parte, lento al principio, raudo después, a hacia un mar abierto en el que, a pesar de tu destreza, de tu pericia y de tu agilidad, puede irse a pique por un capricho de las olas.
La mar estaba alborotada, revuelta, el resto de pasajeros y se habían instalado abajo, cerca de la bodega, en un habitáculo expresamente .

creado para ellos en el que se servían, por un módico precio, vino y algunas viandas. Miraban a través de las escotillas, hacia el puerto, hacia el mar... bien seguros en sus bancos.
La intención del Capitán, cuando hizo esta vuelta de reconocimiento, era probar a la tripulación y a los pasajeros, para ver a quién admitía y a quién no. Este Capitán es un hombre un tanto extraño, ya hablaré más detenidamente de él
Me acomodé en popa, por la amura de estribor, lejos de un Timonel con pinta de estar borracho, mirando hacia el puerto, tal vez esperando ver una mano amiga que me despidiese, aunque sabía que allí no habría mano amiga posible. Allí vi como el barco se despegaba lentamente del muelle, hasta que llegó una pareja, con un bebé en brazos de ella, y ocupó una posición que me impedía toda visión de lo que yo quería y que, además, rompía con la soletad que pretendía tener.
Así pues, tras preguntar a un marinero de origen Bávaro llamado Martín si podía ir, me acodé en proa, donde el mar revuelto hacía que nadie, salvo los tripulantes, estuviese allí.
Lo que pasó después puedo describirlo medianamente con palabras. El Galeón cabeceaba, luchando contra unas olas que a mí me parecieron gigantes, saltando sobre ellas y cayendo de proa al mar, mandando rociones de espuma sobre todo lo que allí se encontraba, incluido yo. Hubo un momento en que se inclinó hacia el lado de estribor (el lado donde me encontraba, bien alejado de la costa) de forma peligrosa mientras viraba, lo cual me mandó sentado hacia unas cajas que a tal efecto allí había. El viento alborotaba mis cabellos y sólo se escuchaba el sonido de las olas, las gaviotas buscando alimento y, más lejano, el crujido de las velas. De vez en cuando, cuando una ola rompía contra proa, se escuchaba un fragor, un susurro que decía "te observo.... ten cuidado... vigila tus pasos"
Cuando apareció el grumete, se echó a reir a carcajadas. El muy pillo me había estado viendo todo el rato, y acudió, curioso, a preguntar sobre mí.
-Buenos días- educado sí que es- ¿se encuentra usted bien?
-Si, gracias.
-¿Qué hace usted aquí, a la interperie, sufriendo los rigores de estas olas, cuando todo el mundo está a cubierto?
-Me gusta esta sensación.... subir a un barco sin pretender mojarte es como andar sin pretender pisar el suelo... puede ocurrir, pero es dificil, y más con este oleaje.
-Mar adentro será peor.... me gusta su forma de hablar ¿usted a que se dedica?
-Por favor, trátame de tú.... soy escritor, me dedico a escribir vivencias, a disfrutar de la vida, a valorar esos pequeños detalles, como el vuelo de un pájaro, una puesta de sol o el crecimiento de unas plantas
-Desde luego.... si es que hay gente para todo (1). ¿Y qué escribe?
-Artículos
-¡¡Andá!! esa es una palabrota que dice mucho el capitán, y Takker, el timonel, cuando se enfadan conmigo ¿se ha enfadado conmigo? ¿es porque le trato de usted?¿no he dicho nada que le moleste, verdad?¿o acaso....
En ese momento, un vozarrón resonó por toda la cubierta.... "¡¡¡GRUMETE!!!, ¡SUBE AQUÍ A RECIBIR LAS ÓRDENES O TE PATEO EL CULO!"
-¿ve lo que le digo....? ya se han enfadado. Enseguida vuelvo.
Riendo "artículo....., Dios, qué niño ese", me dí cuenta de una cosa. Al tiempo que el barco se mecía a estribor o a babor, mis piernas se recogían, ora una, ora la otra, para compesar el balanceo. Ensimismado con la conversación, no me di cuenta. Me gustó la sensación. No me estaba mareando y parecía que no había transcurrido tanto tiempo desde la última vez que pisé la cubierta de un barco. Parecía hecho para la mar.
Así, contento, feliz, sólos la mar por proa, que de vez en cuando me decía que estaba allí en forma de rociones de espuma, y yo, fuimos recorriendo la costa, desde la que se veía la residencia de verano de la familia real, las caballerizas y el embarcadero; el cabo menor, el cabo mayor, varias islas, como la de mouro con su faro.... hasta que viramos. El Capitán ya había visto lo que quería ver sobre nosotros y ya de paso, había recaudado un dinero.
En estas apareció de nuevo el pícaro y curioso grumetillo, que me señaló hacia la tablazón del suelo: "mire... caracoles". Siguiendo su mirada, ví que efectivamente, y no sabía cómo, a medida que nos acercábamos al puerto habían aparecido caracoles por todos los lados. Teníamos que movernos con cuidado, para no pisarlos, y no estábamos atentos a nada más hasta que el grumetillo, llevado por un exceso de ímpetu, casi se arroja por la borda.-¡¡¡Oro!!! ¡¡Veo ORO!! soy rico, muy rico.... ¡Suélteme, Pardiez! -Lo había agarrado por el pescuezo, de forma instintiva -¡que me suelte digo!.
Con los ojos como platos, miraba al mar, en el que efectivamente, se veía entre los rizos de las olas un reflejo dorado, que seguía una línea perfectamente definida, como un tiro de cañón.
De pronto, noté calor en la frente, levanté la vista y allí estaba la razón. El sol se estaba ocultando. Había dudado si salir o no durante todo el viaje pero, valiente, asomó entre las nubes que lo cercaban y los edificios que un minuto después lo iban a ocultar, un tímido rayo hacia el mar, en la derrota exacta en que estábamos nosotros.
El grumete y yo nos miramos, reconociéndonos para posteriores travesías. Habíamos sido elegidos. Seguro.
Posteando, que es Gerundio
Esto merece un Gerundio con G mayuscula...
A modo de explicación: Normalmente, cuando posteo, me gusta hacer metáforas, es un ejercicio que para mí cuesta mucho, pero me encanta trasladar las vivencias de este siglo a otra època y uno o varios personajes. Vivir una vida que no he vivido más que a través de mis lecturas y mi imaginación. Imagino que a veces no lo consigo, pero como es mi blog posteo como me da la gana, aún a riesgo de perder lectores.
Pero hay momentos en que, o bien no me acompaña mi musa, o bien tengo un cabreo impresionante, o bien es imposible aparentar que estamos en pleno S. XVII, como fue el caso del aire acondicionado. Por ello, en esos momentos, posteo siendo yo, aparcando mis otras personalidades y dejando un poco de lado la facilidad con la que vuela mi mente. Posteo en Gerundio. Es decir, posteo yo, no el capitán o el grumete, o cualquiera de los otros yos que viven dentro de mi alocada cabeza.
Este caso, como decía antes, merece un Gerundio con G mayúscula. Y ahì va. Esto es un poco largo, así que paciencia o cambiad de blog.. Si alguien lee esto, que lo disfrute.y ya de paso, que lo comente, así me entero de que ha sido leído
Llevado por una indescriptible tristeza y melancolía (mujeres, cómo os quiero; cómo os odio), me decidí a dar un paseo. Normalmente no hago esto en una ciudad turística y costera en pleno Agosto, porque me da mucho (perdón si alguien se ofende) porculo el andar paseando y esquivando gente, intentar visitar sitios o tomár un café y tener que aguardar cola, o esperar a que un capullo se aparte del lugar en el que quiero estar. De todo esto, y de los pormenores del viaje que os voy a contar, dará cumplida cuenta nuestro pasajero 122 más adelante.
Pero hoy es un día diferente. Estaba lloviendo a cántaros. Así que he cogido mi mochila, he puesto una toalla para secarme, mi cámara de fotos, mi pen-drive por si se me ocurría grabar algo y un libro de recomentada y obligada lectura, del cual dejo una perlita.... los episodios nacidonales I, de Don Benito Pérez Galdós. Equipado con tan escaso bagaje, he salido echando ostias cuando mi casera llegaba para cobrarme el alquiler. Vuelva usted mañana, le he dicho.
Por desgracia, cuando he llegado donde quería (unos acantilados tranquilos con el mar debajo, olas rompiendo contra los mismos con una fuerza apabullante) había salido el buen tiempo, y con él, los caracoles, que me han jodido la tranquilidad de que disfrutaba con Trafalgar
Así pues, un poco más triste, más melancólico y más cabreado, después de hacer las fotos de rigor (sic), me he dirigido al embarcadero, donde hacen viajes en barco de hora, u hora y pico, rodeando la bahía. Me he encaminado allí porque la mar estaba gruesa y picada, y pensaba que no habría tanto valiente o tanto cenutrio como yo... ingenuo de mí.
¿Sabéis? a veces me gusta poner mar por medio. Tengo la sensación de que vivimos en un mundo adulterado, donde la televisión, la radio y la prensa, los padres, las escuelas y universidades, y la sociedad en general, nos venden que todo es muy bonito y muy seguro, que si estudiamos tendremos un trabajo maravilloso, que si nos portamos bien encontraremos la paz interior y a nuestra pareja ideal... y luego claro, cuando nos dan las dos primeras ostias nos descolocan, y nos volvemos cínicos, desconfiados o melancólicos.... Por eso me gusta el mar, pero no en plan playa, vuelta y vuelta, todo el día.
Viajar en un barco, ¿verdad nausicaa?, implica tener fuerza, tener coraje, tener agilidad, destreza. Por más que el capitán del mismo, o cualquier tripulante te diga "tranquilo, la mar está en calma chicha y no vamos a tener ningún problema porque somos la releche", si asomas la cabeza por la borda de estribor mientras la proa corta una ola de dos metros y pico y el barco se escora hasta que tu nariz roza el nivel del mar, ya puede bajar San Dios a tocarte con el dedo y decirte, "tranqui, lobo solitario, que estoy contigo" que tú, no te sueltas de tu agarradero ni para santiguarte.
Eso es lo que ha pasado. He subido el último para encontrar el mejor sitio, primero en popa, solo hasta que han arrancado los motores (sí, no era un velero, pero era lo que había más a mano) y han aparecido la legión de caracoles paparazzi a hacerse la foto con la estela del barco, jodiendo la marrana, gritando y poniéndose en medio de mi campo de visión.

Tras eso he ido a proa... Ni Dios, más vacío que la nevera de un soltero. ..claro que era normal. Como digo, la mar estaba picajosa, revuelta, con ganas de amargarle el pasaje a los caracoles y, ya de paso, alegrármelo a mí. El Barco se balanceaba, escorándose ora a babor, ora a estribor, rompiendo olas de dos metros y medio que me han dejado para usar la toalla, escurrirla y volvera a usar.
Y allí estaba, empapado como el puto capitán Pescanova, aguantando el temporal con una sonrisa de oreja a oreja, tenso, agarrado con una mano a la barandilla y con la otra a un banco que allí había (tengo una terrible alergia a las caídas por la borda, no me sientan nada bien), preparado y esperando y compensando con mi cuerpo los cabeceos, los pantocazos, los saltos, los balanceos.... maravilloso.
Casi al finalizar la travesía, y tras las pertinentes explicaciones del guía (¡¡sorpresa!! hemos estado cerca de los acantilados de donde tuve que huir!!), acercándonos al embarcadero, ha llegado un papá con su hijito...
"Hola.... ¿aquí salpica mucho el agua?" -me pregunta el notas.
He hecho un movimiento circular con la mano, hacia la cubierta barrida de agua, las barandillas empapadas, los bancos movidos de sitio, la marca del agua en la cabina del piloto, más de un metro por encima de mí, y me he señalado a mí mismo con la cabeza de arriba a abajo (si, si, se puede hacer eso con la cabeza). Y me parece que no debo haber puesto muy buena cara, porque papito y su hijito chiquitín se han ido corriendo.
Me han dao duro, con lo bien que estaba yo sólo, disfrutando de los placeres del viaje. "ir en un barco y pretender no mojarse es como andar sin querer pisar el suelo, gilipollas" me he dicho, pero soy educado, y había un niño delante, entiendánlo, no le podía saltar con eso.
Al rato, y ya muy cerca del embarcadero, los caracoles han salido de donde estaban protegidos (el bar), tomando sus copillas, fumando sus cigarillos, y han vuelto a ponerse delante de mí, quitándome la visión de uno de los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida, y como estaba ya dejado atrás el temporal y el oleaje, han sacado sus cámaras y se han puesto a hacerse fotos, para vacilar con sus primos, que me los imagino "jo, estuve en un barco, este verano, y no veas como se movía, mira, me hice una foto en proa y todo, ya ves, desde allí como rompían las olas".
Por supuesto, las fotos con cámara digital... "ayyyyyyyyyy Mari, que no se te ve bien la cara, esta la borro y te hago otra, pero ponte más para allá" "joer, que chula ha quedado, teníamos que haberla hecho cuando estábamos mar adentro, con las olas, esa si que hubiera quedado bien...." Papito caracol y su hijito caracolín también se han hecho la foto de rigor en proa, para enseñársela a mamá caracolilla, me imagino.
Y así se han bajado del barco (un hotel andante, que dice D. Arturo Pérez-Reverte), contoneándose como gallitos, caracoleando en el embarcadero, molestando a un tipo (yo) que de repente se le había puesto otra vez cara de mala ostia y de tristeza, al verlos a ellos, y a los coches, y las prisas.... Maldita sea, porqué no tendré mi propio velero y una tripulación de confianza que piense como yo....
"Mar adentro.... con las olas esas....." Ahí me hubiera gustado verlos. a Todos.
Estaba la cosa como para sacar fotos.
A modo de explicación: Normalmente, cuando posteo, me gusta hacer metáforas, es un ejercicio que para mí cuesta mucho, pero me encanta trasladar las vivencias de este siglo a otra època y uno o varios personajes. Vivir una vida que no he vivido más que a través de mis lecturas y mi imaginación. Imagino que a veces no lo consigo, pero como es mi blog posteo como me da la gana, aún a riesgo de perder lectores.
Pero hay momentos en que, o bien no me acompaña mi musa, o bien tengo un cabreo impresionante, o bien es imposible aparentar que estamos en pleno S. XVII, como fue el caso del aire acondicionado. Por ello, en esos momentos, posteo siendo yo, aparcando mis otras personalidades y dejando un poco de lado la facilidad con la que vuela mi mente. Posteo en Gerundio. Es decir, posteo yo, no el capitán o el grumete, o cualquiera de los otros yos que viven dentro de mi alocada cabeza.
Este caso, como decía antes, merece un Gerundio con G mayúscula. Y ahì va. Esto es un poco largo, así que paciencia o cambiad de blog.. Si alguien lee esto, que lo disfrute.y ya de paso, que lo comente, así me entero de que ha sido leído
Llevado por una indescriptible tristeza y melancolía (mujeres, cómo os quiero; cómo os odio), me decidí a dar un paseo. Normalmente no hago esto en una ciudad turística y costera en pleno Agosto, porque me da mucho (perdón si alguien se ofende) porculo el andar paseando y esquivando gente, intentar visitar sitios o tomár un café y tener que aguardar cola, o esperar a que un capullo se aparte del lugar en el que quiero estar. De todo esto, y de los pormenores del viaje que os voy a contar, dará cumplida cuenta nuestro pasajero 122 más adelante.
Pero hoy es un día diferente. Estaba lloviendo a cántaros. Así que he cogido mi mochila, he puesto una toalla para secarme, mi cámara de fotos, mi pen-drive por si se me ocurría grabar algo y un libro de recomentada y obligada lectura, del cual dejo una perlita.... los episodios nacidonales I, de Don Benito Pérez Galdós. Equipado con tan escaso bagaje, he salido echando ostias cuando mi casera llegaba para cobrarme el alquiler. Vuelva usted mañana, le he dicho.
Por desgracia, cuando he llegado donde quería (unos acantilados tranquilos con el mar debajo, olas rompiendo contra los mismos con una fuerza apabullante) había salido el buen tiempo, y con él, los caracoles, que me han jodido la tranquilidad de que disfrutaba con Trafalgar
Así pues, un poco más triste, más melancólico y más cabreado, después de hacer las fotos de rigor (sic), me he dirigido al embarcadero, donde hacen viajes en barco de hora, u hora y pico, rodeando la bahía. Me he encaminado allí porque la mar estaba gruesa y picada, y pensaba que no habría tanto valiente o tanto cenutrio como yo... ingenuo de mí.
¿Sabéis? a veces me gusta poner mar por medio. Tengo la sensación de que vivimos en un mundo adulterado, donde la televisión, la radio y la prensa, los padres, las escuelas y universidades, y la sociedad en general, nos venden que todo es muy bonito y muy seguro, que si estudiamos tendremos un trabajo maravilloso, que si nos portamos bien encontraremos la paz interior y a nuestra pareja ideal... y luego claro, cuando nos dan las dos primeras ostias nos descolocan, y nos volvemos cínicos, desconfiados o melancólicos.... Por eso me gusta el mar, pero no en plan playa, vuelta y vuelta, todo el día.
Viajar en un barco, ¿verdad nausicaa?, implica tener fuerza, tener coraje, tener agilidad, destreza. Por más que el capitán del mismo, o cualquier tripulante te diga "tranquilo, la mar está en calma chicha y no vamos a tener ningún problema porque somos la releche", si asomas la cabeza por la borda de estribor mientras la proa corta una ola de dos metros y pico y el barco se escora hasta que tu nariz roza el nivel del mar, ya puede bajar San Dios a tocarte con el dedo y decirte, "tranqui, lobo solitario, que estoy contigo" que tú, no te sueltas de tu agarradero ni para santiguarte.
Eso es lo que ha pasado. He subido el último para encontrar el mejor sitio, primero en popa, solo hasta que han arrancado los motores (sí, no era un velero, pero era lo que había más a mano) y han aparecido la legión de caracoles paparazzi a hacerse la foto con la estela del barco, jodiendo la marrana, gritando y poniéndose en medio de mi campo de visión.

Tras eso he ido a proa... Ni Dios, más vacío que la nevera de un soltero. ..claro que era normal. Como digo, la mar estaba picajosa, revuelta, con ganas de amargarle el pasaje a los caracoles y, ya de paso, alegrármelo a mí. El Barco se balanceaba, escorándose ora a babor, ora a estribor, rompiendo olas de dos metros y medio que me han dejado para usar la toalla, escurrirla y volvera a usar.
Y allí estaba, empapado como el puto capitán Pescanova, aguantando el temporal con una sonrisa de oreja a oreja, tenso, agarrado con una mano a la barandilla y con la otra a un banco que allí había (tengo una terrible alergia a las caídas por la borda, no me sientan nada bien), preparado y esperando y compensando con mi cuerpo los cabeceos, los pantocazos, los saltos, los balanceos.... maravilloso.
Casi al finalizar la travesía, y tras las pertinentes explicaciones del guía (¡¡sorpresa!! hemos estado cerca de los acantilados de donde tuve que huir!!), acercándonos al embarcadero, ha llegado un papá con su hijito...
"Hola.... ¿aquí salpica mucho el agua?" -me pregunta el notas.
He hecho un movimiento circular con la mano, hacia la cubierta barrida de agua, las barandillas empapadas, los bancos movidos de sitio, la marca del agua en la cabina del piloto, más de un metro por encima de mí, y me he señalado a mí mismo con la cabeza de arriba a abajo (si, si, se puede hacer eso con la cabeza). Y me parece que no debo haber puesto muy buena cara, porque papito y su hijito chiquitín se han ido corriendo.
Me han dao duro, con lo bien que estaba yo sólo, disfrutando de los placeres del viaje. "ir en un barco y pretender no mojarse es como andar sin querer pisar el suelo, gilipollas" me he dicho, pero soy educado, y había un niño delante, entiendánlo, no le podía saltar con eso.
Al rato, y ya muy cerca del embarcadero, los caracoles han salido de donde estaban protegidos (el bar), tomando sus copillas, fumando sus cigarillos, y han vuelto a ponerse delante de mí, quitándome la visión de uno de los atardeceres más bonitos que he visto en mi vida, y como estaba ya dejado atrás el temporal y el oleaje, han sacado sus cámaras y se han puesto a hacerse fotos, para vacilar con sus primos, que me los imagino "jo, estuve en un barco, este verano, y no veas como se movía, mira, me hice una foto en proa y todo, ya ves, desde allí como rompían las olas".
Por supuesto, las fotos con cámara digital... "ayyyyyyyyyy Mari, que no se te ve bien la cara, esta la borro y te hago otra, pero ponte más para allá" "joer, que chula ha quedado, teníamos que haberla hecho cuando estábamos mar adentro, con las olas, esa si que hubiera quedado bien...." Papito caracol y su hijito caracolín también se han hecho la foto de rigor en proa, para enseñársela a mamá caracolilla, me imagino.
Y así se han bajado del barco (un hotel andante, que dice D. Arturo Pérez-Reverte), contoneándose como gallitos, caracoleando en el embarcadero, molestando a un tipo (yo) que de repente se le había puesto otra vez cara de mala ostia y de tristeza, al verlos a ellos, y a los coches, y las prisas.... Maldita sea, porqué no tendré mi propio velero y una tripulación de confianza que piense como yo....
"Mar adentro.... con las olas esas....." Ahí me hubiera gustado verlos. a Todos.
Estaba la cosa como para sacar fotos.
La Sonrisa del Capitán
Después de todo, no nos habíamos portado tan mal.... Al perdonar la vida (como buenos españoles, la única nación que lo hacía y encima socorría a los heridos de batallas), a los supervivientes del bergantín, devolverles su barco y dejarles alimentos y agua suficiente para llegar, aunque con penurias (al fin y al cabo eran el enemigo) a tierra, conseguimos que no nos buscasen por salvajes, sino sólamente por atacar propiedades de los enemigos de la corona.
Por ello, cuando apareció la lancha, nadie intentó apuñalarnos.
Esa lancha llevaba unas 15 personas de diferente raza, edad y sexo, y procedían de otro naufragio. Tal vez del naufragio de sus propias vidas. Los subimos en el barco y, tras ofrecerles una cena, empezamos a hablar y a beber (aquellos que no estábamos de guardia), con unos y con otros.
El Capitán estaba, como siempre, sólo en el Alcázar de popa, aunque seguía con la mirada a una muchacha joven, bajita y con un pendiente bajo el labio inferior. Al cabo, ésta se dio cuenta y se acercó a hablar. Creí que se volvería con el rabo entre las piernas, pero no fue así. Hablaron largo y tendido, se reían, se daban palmaditas en el hombro y se cogían de la cintura.... algo increíble. El Capitán mostrándose amistoso.
Me acerqué para coger mis papeles y plumas y escribir (por cierto, que Colibrí me ha estado incordiando con unas preguntas que... ¡voto a tal!, casi me ponen en compromiso), algo interesante, para variar.
Como quiera que no produzco sonidos al andar, vaya usted a saber la razón, llegué a la última parte de la conversación entre los (creía) futuros amantes. Se abrazaban, y se daban las gracias mutuamente el uno al otro por haber compartido un momento especial, de cariño, bajo ese sol que ahora se ponía y al cual nos dirigíamos. Ella, en particular, miraba fíjamente al Capitán con una mirada que jamás podré describir y le daba las gracias, apretándole la mano.
Poco importa que en el futuro ella le contase cualquier mentira para sacarse de encima las ganas de compañía que tenía nuestro viejo lobo de mar. Poco importa que le dijera que estaba casada y con hijos, que era monja o incluso que le gustaban otras mujeres. Lo importante es que la mirada dura, el rencor acumulado durante años y viajes, el fracaso que cargaba sus hombros como si fuese el peso del mundo, la búsqueda de un éxito, aunque fuese sólo acertar con la predicción de si iba a soplar levante o poniente, todas esas arrugas que la vida y las amarguras y las traiciones y las mentiras le habían tatuado en la cara, habían desaparecido. Y allí estaba el que fue joven estibador, el que estuvo en una trinchera de guerra, el desterrado y el proscrito ganadero, más jóven, más alegre, mas despreocupado... más vivo.
Me acerqué con intención de decírselo, cuando ya su acompañante se había ido a su camarote, pero cuando llegué al Alcázar, donde estaba con su eterno cigarrillo mirando cómo nuestro barco perseguía al sol, me detuve, asustado y me dí la vuelta sin decir esta boca es mía.
El Capitán estaba sonriendo.
Recogido de un libro titulado "Los artículos del pasajero 122"
Por ello, cuando apareció la lancha, nadie intentó apuñalarnos.
Esa lancha llevaba unas 15 personas de diferente raza, edad y sexo, y procedían de otro naufragio. Tal vez del naufragio de sus propias vidas. Los subimos en el barco y, tras ofrecerles una cena, empezamos a hablar y a beber (aquellos que no estábamos de guardia), con unos y con otros.
El Capitán estaba, como siempre, sólo en el Alcázar de popa, aunque seguía con la mirada a una muchacha joven, bajita y con un pendiente bajo el labio inferior. Al cabo, ésta se dio cuenta y se acercó a hablar. Creí que se volvería con el rabo entre las piernas, pero no fue así. Hablaron largo y tendido, se reían, se daban palmaditas en el hombro y se cogían de la cintura.... algo increíble. El Capitán mostrándose amistoso.
Me acerqué para coger mis papeles y plumas y escribir (por cierto, que Colibrí me ha estado incordiando con unas preguntas que... ¡voto a tal!, casi me ponen en compromiso), algo interesante, para variar.
Como quiera que no produzco sonidos al andar, vaya usted a saber la razón, llegué a la última parte de la conversación entre los (creía) futuros amantes. Se abrazaban, y se daban las gracias mutuamente el uno al otro por haber compartido un momento especial, de cariño, bajo ese sol que ahora se ponía y al cual nos dirigíamos. Ella, en particular, miraba fíjamente al Capitán con una mirada que jamás podré describir y le daba las gracias, apretándole la mano.
Poco importa que en el futuro ella le contase cualquier mentira para sacarse de encima las ganas de compañía que tenía nuestro viejo lobo de mar. Poco importa que le dijera que estaba casada y con hijos, que era monja o incluso que le gustaban otras mujeres. Lo importante es que la mirada dura, el rencor acumulado durante años y viajes, el fracaso que cargaba sus hombros como si fuese el peso del mundo, la búsqueda de un éxito, aunque fuese sólo acertar con la predicción de si iba a soplar levante o poniente, todas esas arrugas que la vida y las amarguras y las traiciones y las mentiras le habían tatuado en la cara, habían desaparecido. Y allí estaba el que fue joven estibador, el que estuvo en una trinchera de guerra, el desterrado y el proscrito ganadero, más jóven, más alegre, mas despreocupado... más vivo.
Me acerqué con intención de decírselo, cuando ya su acompañante se había ido a su camarote, pero cuando llegué al Alcázar, donde estaba con su eterno cigarrillo mirando cómo nuestro barco perseguía al sol, me detuve, asustado y me dí la vuelta sin decir esta boca es mía.
El Capitán estaba sonriendo.
Recogido de un libro titulado "Los artículos del pasajero 122"
Posteando, que es Gerundio
En llegando al currelo, dormido.
Encendiendo los 6 ordenadores, importantes para realizar el trabajo
Encendiendo este ordenador, importante para postear en gerundio
Encendiendo las luces, uno es miope y no es cuestión de ponerse trampas.
Encendiendo el aire acondicionado, fundamental en este verano infernal
Entrando mi compañera de curro.
Apaga el aire acondicionado alegando que tiene frío y contonea su metro sesenta, como si encima estuviese buena, hasta su mesa. Ni me mira, ni dice una palabra. Se sienta y se pone a trabajar
Diooooooooooooooos, Qué gran inquisidor perdió la Iglesia por unos pocos siglos.....
Encendiendo los 6 ordenadores, importantes para realizar el trabajo
Encendiendo este ordenador, importante para postear en gerundio
Encendiendo las luces, uno es miope y no es cuestión de ponerse trampas.
Encendiendo el aire acondicionado, fundamental en este verano infernal
Entrando mi compañera de curro.
Apaga el aire acondicionado alegando que tiene frío y contonea su metro sesenta, como si encima estuviese buena, hasta su mesa. Ni me mira, ni dice una palabra. Se sienta y se pone a trabajar
Diooooooooooooooos, Qué gran inquisidor perdió la Iglesia por unos pocos siglos.....
¡¡¡ Abordaje !!!
Los silbidos de las cuerdas volando y los garfios chocando y trabándose con la madera estaban siendo sustituidos por gritos de angustia, de un lado, y de rabia y victoria, por el otro, al inicar el abordaje.
Bien entrada la tarde, desde el Lobo Solitario habían visto las blancas telas de un velero, concretamente un bergantín. Así, cortando el viento de través, apenas entró la madrugada siguiente se habían situado a bien poca distancia, lo que les sirvió para advertir que el bergantín, del Norte, disparaba un par de cañonazos que por fortuna no dieron en blanco.
Prestos nuestros artilleros con la munición adecuada, tras ofrecer la cubierta de babor, momento en el cual recibimos otra andanada, comenzó el bombardeo de la cubierta enemiga.
Mientras nosotros utilizábamos artillería con metralla, ideal para barrer la cubierta de hombres y abordar sin resistencia, el barco enemigo cañoneaba sin piedad nuestro flanco, tratando de destruir la arboladura e, imagino, huir sin peligro de que les persiguiésemos.
Por lo visto les salió mal la jugada, y aquí estamos ahora, con los garfios de abordaje bien enganchados en cubierta, hachas y picas bien afiladas y prestas a degollar sin piedad, los nuestros pasando entre gritos, fuego y sangre a través de los marineros enemigos y yo con serios defectos en el casco que me han tenido que reparar de forma urgente para poder seguir navegando, a falta de reparación con más medios....
Takker tuvo un enfrentamiento cruel con un oficial del navío contrario. Aunque tras acorrarlarlo contra el palo de mesana, pudo, con un par de fintas y estocadas que su contrincante recibió, reducir al oponente y ponerlo a sus merced. Takker, sabedor de que la lid había sido justa y caballerosa, ofreció al otro la posibilidad de irse, saltando por la borda, lo cual hizo antes de prometer que se encontrarían de nuevo.
El resto de los compañeros, tripulación, pasajeros.... estaba cada uno luchando a brazo partido con un rival, aunque, rendido el capitán del bergantín, la lucha acabó pronto y sin excesivo derramamiento de sangre. El justo para poder robarle sus pertenencias, terminar de estropear el barco para que no pudieran perseguirnos ni cañonearnos y salir por velas.
Metáforas:
* El combate de Takker es uno real entre una chavala y yo.... sucumbió contra la columna de un Pub este finde.
*Los daños en el casco del Lobo Solitario son los que detecto en mi blog, que a ver si me hacen caso y los soluciono para que se pueda "navegar" bien.
* La tripulación y pasajeros son mis amigos, y estuvieron combatiendo contra las amigas de mi rival... hasta que pasó lo que pasó y se apartaron unos de otros
* Los cañonazos son reales.....de gin-tonic,whisky,ron, tequila.... la línea de flotación salió muy perjudicada
* Por supuesto, no robamos ni estropeamos nada...
Bien entrada la tarde, desde el Lobo Solitario habían visto las blancas telas de un velero, concretamente un bergantín. Así, cortando el viento de través, apenas entró la madrugada siguiente se habían situado a bien poca distancia, lo que les sirvió para advertir que el bergantín, del Norte, disparaba un par de cañonazos que por fortuna no dieron en blanco.
Prestos nuestros artilleros con la munición adecuada, tras ofrecer la cubierta de babor, momento en el cual recibimos otra andanada, comenzó el bombardeo de la cubierta enemiga.
Mientras nosotros utilizábamos artillería con metralla, ideal para barrer la cubierta de hombres y abordar sin resistencia, el barco enemigo cañoneaba sin piedad nuestro flanco, tratando de destruir la arboladura e, imagino, huir sin peligro de que les persiguiésemos.
Por lo visto les salió mal la jugada, y aquí estamos ahora, con los garfios de abordaje bien enganchados en cubierta, hachas y picas bien afiladas y prestas a degollar sin piedad, los nuestros pasando entre gritos, fuego y sangre a través de los marineros enemigos y yo con serios defectos en el casco que me han tenido que reparar de forma urgente para poder seguir navegando, a falta de reparación con más medios....Takker tuvo un enfrentamiento cruel con un oficial del navío contrario. Aunque tras acorrarlarlo contra el palo de mesana, pudo, con un par de fintas y estocadas que su contrincante recibió, reducir al oponente y ponerlo a sus merced. Takker, sabedor de que la lid había sido justa y caballerosa, ofreció al otro la posibilidad de irse, saltando por la borda, lo cual hizo antes de prometer que se encontrarían de nuevo.
El resto de los compañeros, tripulación, pasajeros.... estaba cada uno luchando a brazo partido con un rival, aunque, rendido el capitán del bergantín, la lucha acabó pronto y sin excesivo derramamiento de sangre. El justo para poder robarle sus pertenencias, terminar de estropear el barco para que no pudieran perseguirnos ni cañonearnos y salir por velas.
Metáforas:
* El combate de Takker es uno real entre una chavala y yo.... sucumbió contra la columna de un Pub este finde.
*Los daños en el casco del Lobo Solitario son los que detecto en mi blog, que a ver si me hacen caso y los soluciono para que se pueda "navegar" bien.
* La tripulación y pasajeros son mis amigos, y estuvieron combatiendo contra las amigas de mi rival... hasta que pasó lo que pasó y se apartaron unos de otros
* Los cañonazos son reales.....de gin-tonic,whisky,ron, tequila.... la línea de flotación salió muy perjudicada
* Por supuesto, no robamos ni estropeamos nada...
Posteando, que es Gerundio
Hoy es el típico día en el que me gustaría tener un barco de verdad, y no una reproducción del Galeón "San Felipe". Largaría todo el trapo, levaría anclas y mandaría todo y a todos a tomar por culo, alejándome de cualquier costa, sotaventeando en mar abierto....
Las Carreras del Grumetillo
Acodado en proa, mirando en línea recta a con el bauprés, el Capitán miraba hacia la mancha roja que formaba la línea del horizonte. Fumaba, como casi siempre que se le veía. Un pitillo tras otro caían por la borda mientras el Grumetillo, (al que le habían apodado Colibrí, por que estaba aleteando por todo el barco, desde proa a popa, desde la última bodega hasta el más alto mastelero) se acercaba

-¿Es eso el amanecer en el horizonte? -preguntó curioso
-¿No recuerdas lo que te he enseñado hasta ahora?-El Capitán, que de normal no era dicharachero, no hablaba; gruñia - mira lax estrellas... calcula el tiempo y comprueba la última anotación de la posición- Su interlocutor hizo rápidamente unos cálculos mentales y, asintiendo, volvió a la carga -si aún faltan 2 horas para el amanecer... ¿Qué es eso? Está muy cerca de la bahía donde íbamos a fondear...
Está en la bahía. Fuego. Y antes de que me preguntes, no están iluminando la ciudad por ninguna fiesta ni por nuestra llegada. Es un incendio. Llevo 4 días viendo ese resplandor. Es Grande -El Capitán se dio la vuelta, con la rabia llenándole los ojos y toda la cara. Se encaró con el pobre grumetillo que, asustado, empezó a recular, tropezando en su camino con maromas y utensilios de carpintería.
-¡¡Vosotros seguid provocando fuegos, estúpidos!!! -gritaba con el puño cerrado en alto, completamente enajenado- ¡¡o sin pararlos!! ¿para qué queréis tanto mar si no os interesa utilizarlo contra ese mal?¿Qué tipo de intereses o riñas hacen que se deje el su extinción de unos a otros? ¡¡¡Malditos seais!!! ¡Malditos los que provocáis esto y los que no parais, no castigais, y los que incitais, y todos nosotros porque a pesar nuestro, no somos capaces de hacer nada!!! Malditos todos!!! En ese momento el Colibrí volvió a revolotear, en esta ocasión hacia estribor, donde, en el espacio ocupado desde el trinquete al mayor, estaban pasajeros y tripulación observando el triste espectáculo. Se encaramó como pudo hasta el primer mastelero del palo mayor para tener, a su vez, una mejor vista, hasta que una voz del timonel blasfemando lo hizo bajar, picado por la curiosidad, a reunirse con él.
-Largo, enano.
-Vaya carácter que tenemos todos hoy aquí.... Para una vez que el Capitán acierta con el rumbo... deberíamos estar de fiesta.
-El Capitán perdió el Norte hace mucho, mucho tiempo. Y te he dicho que largo, piojo.
-¡Oye!, no hace falta que te pongas así... Es cierto que no podrás bajar a tierra y disfrutar de vino y mujeres, pero también es cierto que eso será bueno para tí y tu salud.
-De mi salud, ya me encargo yo, ¿entiendes mono apestoso?. Yo hago mi trabajo, cumplo con él. Y no tengo que dar más explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. Si mi capitán y mis oficiales no me controlan, no me preguntan, no me miman, no me riñen; si sólo me piden resultados (pon rumbo a esta posición, pon rumbo a esta otra), resultados les ofrezco. El cómo no importa, y si les interesa que se preocupen por mí en lugar de por sus ombligos.
-Pero...
-¡¡¡He dicho que Largo!!! ¡Déjame en paz o te saco los ojos y te corto la lengua, a ver si saciamos de una vez esa curiosidad!

Y el Grumetillo, que todo lo que tenía de curioso lo tenía de prudente, haciendo caso a lo que le habían dicho, y no sin enfadarse por cierto, se acercó hacia la pasajera 54, que miraba embobada las gamarras que, según se habían ido acercando, iban o venían. Ella era muy dulce, cierto, aunque a veces un tanto frívola. En esa ocasión, tenía los ojos humedecidos por las lágrimas, por lo que fue preguntada si era el fuego cercano, ahora que la embarcación, impulsada por la marea, se aproximaba más y más a la bahía, la causa de tal aflicción.
-No cariño, no es eso. Acaba de pasar una hermosísima fragata. impresionante, su diseño, sus colores, sus formas, la elegancia de sus curvas... ha pasado tan cerca que temí que intentaran abordarnos, a pesar de llevar izado pabellón oficial y protección real. Pero no había nadie en cubierta. Ni siquiera se veía movimiento... Ha pasado por nuestro lado sin mirarnos, sin dirigirnos una palabra, camino de su camino.... anda, déjame sola un rato. Creo que es lo mejor que puedo y quiero hacer ahora.

-¿Es eso el amanecer en el horizonte? -preguntó curioso
-¿No recuerdas lo que te he enseñado hasta ahora?-El Capitán, que de normal no era dicharachero, no hablaba; gruñia - mira lax estrellas... calcula el tiempo y comprueba la última anotación de la posición- Su interlocutor hizo rápidamente unos cálculos mentales y, asintiendo, volvió a la carga -si aún faltan 2 horas para el amanecer... ¿Qué es eso? Está muy cerca de la bahía donde íbamos a fondear...
Está en la bahía. Fuego. Y antes de que me preguntes, no están iluminando la ciudad por ninguna fiesta ni por nuestra llegada. Es un incendio. Llevo 4 días viendo ese resplandor. Es Grande -El Capitán se dio la vuelta, con la rabia llenándole los ojos y toda la cara. Se encaró con el pobre grumetillo que, asustado, empezó a recular, tropezando en su camino con maromas y utensilios de carpintería.-¡¡Vosotros seguid provocando fuegos, estúpidos!!! -gritaba con el puño cerrado en alto, completamente enajenado- ¡¡o sin pararlos!! ¿para qué queréis tanto mar si no os interesa utilizarlo contra ese mal?¿Qué tipo de intereses o riñas hacen que se deje el su extinción de unos a otros? ¡¡¡Malditos seais!!! ¡Malditos los que provocáis esto y los que no parais, no castigais, y los que incitais, y todos nosotros porque a pesar nuestro, no somos capaces de hacer nada!!! Malditos todos!!! En ese momento el Colibrí volvió a revolotear, en esta ocasión hacia estribor, donde, en el espacio ocupado desde el trinquete al mayor, estaban pasajeros y tripulación observando el triste espectáculo. Se encaramó como pudo hasta el primer mastelero del palo mayor para tener, a su vez, una mejor vista, hasta que una voz del timonel blasfemando lo hizo bajar, picado por la curiosidad, a reunirse con él.
-Largo, enano.
-Vaya carácter que tenemos todos hoy aquí.... Para una vez que el Capitán acierta con el rumbo... deberíamos estar de fiesta.
-El Capitán perdió el Norte hace mucho, mucho tiempo. Y te he dicho que largo, piojo.
-¡Oye!, no hace falta que te pongas así... Es cierto que no podrás bajar a tierra y disfrutar de vino y mujeres, pero también es cierto que eso será bueno para tí y tu salud.
-De mi salud, ya me encargo yo, ¿entiendes mono apestoso?. Yo hago mi trabajo, cumplo con él. Y no tengo que dar más explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. Si mi capitán y mis oficiales no me controlan, no me preguntan, no me miman, no me riñen; si sólo me piden resultados (pon rumbo a esta posición, pon rumbo a esta otra), resultados les ofrezco. El cómo no importa, y si les interesa que se preocupen por mí en lugar de por sus ombligos.
-Pero...
-¡¡¡He dicho que Largo!!! ¡Déjame en paz o te saco los ojos y te corto la lengua, a ver si saciamos de una vez esa curiosidad!

Y el Grumetillo, que todo lo que tenía de curioso lo tenía de prudente, haciendo caso a lo que le habían dicho, y no sin enfadarse por cierto, se acercó hacia la pasajera 54, que miraba embobada las gamarras que, según se habían ido acercando, iban o venían. Ella era muy dulce, cierto, aunque a veces un tanto frívola. En esa ocasión, tenía los ojos humedecidos por las lágrimas, por lo que fue preguntada si era el fuego cercano, ahora que la embarcación, impulsada por la marea, se aproximaba más y más a la bahía, la causa de tal aflicción.
-No cariño, no es eso. Acaba de pasar una hermosísima fragata. impresionante, su diseño, sus colores, sus formas, la elegancia de sus curvas... ha pasado tan cerca que temí que intentaran abordarnos, a pesar de llevar izado pabellón oficial y protección real. Pero no había nadie en cubierta. Ni siquiera se veía movimiento... Ha pasado por nuestro lado sin mirarnos, sin dirigirnos una palabra, camino de su camino.... anda, déjame sola un rato. Creo que es lo mejor que puedo y quiero hacer ahora.
El Cementerio de los Barcos sin Nombre

Algún día alguien más listo, más inteligente y más capaz que yo escribirá sobre esto, con este título, y con mis mismas palabras.... Es posible incluso que yo esté escribiendo lo mismo que él... tengo muchos problemas con la dicotomía tiempo-espacio.
Así pues, pido a este señor humildemente que no me demande por plagiar sus frases, que yo no tengo dinero y él tiene hasta un asiento con una letra dorada en la RALE.
Hoy por fin hemos avistado el cementerio de los barcos sin nombre. Tras una larga travesía de más de dos semanas desde nuestra última escala, casi faltos de agua y comida, nuestro pequeño grumetillo, llevado por cualquiera sabe que impulsos, se ha subido a lo alto del árbol mayor y ha gritado tierra.
Era tierra, efectivamente, una isla rodeada por un mar sin nombre, que no aparecía, tal y como pronosticábamos, en nuestras cartas ni en nuestras rutas. Takker ha hecho el firme propósito de reflejar su posición exacta y cómo llegar allí, pero al bordear la costa, un panorama desolador le ha disuadido de ello. "es mejor que quien llegue aquí lo haga por casualidad, no buscando esta destrucción, este morir despacio, este desprecio a la vida..."
Fondeamos el barco, y con las chalupas nos acercamos, los pasajeros 54 y 122, takker, el grumetillo y yo, en calidad de Capitán de Navío, a echar un vistazo a la isla, donde comprobamos que había alimentos comestibles (frutas, alguna seta, conejos y aves), y agua fresca y potable, con el fin de reaprovisionar el barco.
Después, acompañados de más tripulantes, exploramos los restos de los barcos que allí yacían, destripados, podridos, abandonados a su suerte, como las vidas que encerraron sus paredes, atrapados en un asilo de mar, esperando a que llegara su final y desaparecieran sin nadie a su lado que les diera un último abrazo....
El Lobo Solitario (II)
Extraña búsqueda la tuya Capitán, todo el día rodeado de tus mapas, de tus cartas planas y esféricas, confiando en aparecer en el sitio justo y en el momento adecuado para devolver a la vida todas las bofetadas que dices que te han dado… Suerte, Capitán.
También tenemos a un Galeote. Nadie sabe su nombre, de hecho no tendría nada que lo diferenciase de otros galeotes, de no ser por su excesivo egoísmo, su afán de tomar de la vida lo que quiera, y no lo que pueda o lo que ésta le ofrezca, su continuo miedo al tiempo perdido que ya no recuperará y que dejará para siempre un “podría haber hecho esto…”. El Galeote, yo se lo he oído contar a su compañero de banco entre crujidos de látigos y redoble de tambores, cumple una pena que lo libró de la prisión para enviarlo a una prisión mayor. Su crimen no ha transcendido, pero debió ser bastante grave.
El resto de la tripulación, decenas de personas, son como tú, amigo lector. Gente que va y que viene y que tiene su vida y sus preocupaciones, y que intenta ser feliz a toda costa… gente normal y corriente que hasta la fecha, no me han aportado nada nuevo.
Luego está el pasaje. Cabe destacar al pasajero 122 (psj122), un joven bohemio que disfruta con la compañía de los demás; sincero, atrevido y noble que no dudaría en coger una espada y defender un principio por encima de todo. Un joven cuyo máximo afán es entender el comportamiento de la gente y las cosas, los famosos por qués que a todos nos torturan, que gusta de leer y no quiere (de hecho, llega a despreciar,
a los falsos, los hipócritas y los cínicos, a los que castiga con su indiferencia más atroz y sus comentarios más mordaces.)
Por último, nuestra enigmática pasajera 54 (psj54), sólo se sabe de ella que pertenece a la nobleza, y que como muchos aristócratas, actúa por capricho o por instinto. A veces hace daño a los demás, por acción y u por omisión. A veces causa la dicha en su entorno… Nunca se sabe por dónde va a actuar. Y su belleza y su gracia y su arte le ayudan a conseguir una acción u otra.
Bien, amable lector. Si has llegado hasta aquí comprenderás lo anteriormente publicado. Si eres nuevo, espero que más tarde o más temprano comprendas comprendas esto:
Soy El Lobo Solitario. Y aquí empieza mi Viaje.
Nota del autor: Estos libros han sido encontrados dentro de un viejo arcón carcomido por el tiempo y la humedad "hasta que aquel que de cinco haga uno lo encuentre, y pueda hacerlos públicos junto con sus pensamientos y sentimientos..."
estos pensamientos y sentimientos vendrán recogidos bajo el título "Posteando, que es Gerundio"
También tenemos a un Galeote. Nadie sabe su nombre, de hecho no tendría nada que lo diferenciase de otros galeotes, de no ser por su excesivo egoísmo, su afán de tomar de la vida lo que quiera, y no lo que pueda o lo que ésta le ofrezca, su continuo miedo al tiempo perdido que ya no recuperará y que dejará para siempre un “podría haber hecho esto…”. El Galeote, yo se lo he oído contar a su compañero de banco entre crujidos de látigos y redoble de tambores, cumple una pena que lo libró de la prisión para enviarlo a una prisión mayor. Su crimen no ha transcendido, pero debió ser bastante grave.El resto de la tripulación, decenas de personas, son como tú, amigo lector. Gente que va y que viene y que tiene su vida y sus preocupaciones, y que intenta ser feliz a toda costa… gente normal y corriente que hasta la fecha, no me han aportado nada nuevo.
Luego está el pasaje. Cabe destacar al pasajero 122 (psj122), un joven bohemio que disfruta con la compañía de los demás; sincero, atrevido y noble que no dudaría en coger una espada y defender un principio por encima de todo. Un joven cuyo máximo afán es entender el comportamiento de la gente y las cosas, los famosos por qués que a todos nos torturan, que gusta de leer y no quiere (de hecho, llega a despreciar,
a los falsos, los hipócritas y los cínicos, a los que castiga con su indiferencia más atroz y sus comentarios más mordaces.)Por último, nuestra enigmática pasajera 54 (psj54), sólo se sabe de ella que pertenece a la nobleza, y que como muchos aristócratas, actúa por capricho o por instinto. A veces hace daño a los demás, por acción y u por omisión. A veces causa la dicha en su entorno… Nunca se sabe por dónde va a actuar. Y su belleza y su gracia y su arte le ayudan a conseguir una acción u otra.
Bien, amable lector. Si has llegado hasta aquí comprenderás lo anteriormente publicado. Si eres nuevo, espero que más tarde o más temprano comprendas comprendas esto:
Soy El Lobo Solitario. Y aquí empieza mi Viaje.
Nota del autor: Estos libros han sido encontrados dentro de un viejo arcón carcomido por el tiempo y la humedad "hasta que aquel que de cinco haga uno lo encuentre, y pueda hacerlos públicos junto con sus pensamientos y sentimientos..."
estos pensamientos y sentimientos vendrán recogidos bajo el título "Posteando, que es Gerundio"
El Lobo Solitario (I)
Buenos días a todos…..
Creo que, ya conocidos los personajes que conforman esta historia, es hora de que me presente yo.
En realidad, soy una parte de ellos, o ellos son una parte de mí, o un todo que es más que la suma individual de las partes. No sé muy bien cómo explicarlo, pero sí sé que, entre suspiros de vela y crujidos de cuaderna, entre paseos en la bitácora y los camarotes, entre quejidos en las bodegas de carga, o reniegos en los bancos de remos, cada uno de ellos, desde el capitán hasta el grumetillo, han dejado un poco de sí mismos en mí de la misma forma que yo he dejado un poco de mí en cada uno de ellos.
Por si todavía no lo han adivinado, yo soy El Lobo Solitario, el barco, el galeón, el producto del esfuerzo de una mente un tanto desquiciada traducido a tablas, cáñamo y tela que navega por las procelosas aguas de su propia vida.Debería contar mi historia, dado que cada uno de nosotros, seamos reales o imaginarios, tenemos una. Una historia breve o larga, emotiva o superficial, baldía o instructiva…. En mi caso la historia es simple. El Capitán, un "joven" de casi 50 años que ha visto mucho mundo, cansado ya de sus largos viajes, decidió que podría surcar los mares por los cuales había navegado en su juventud: Los mares de su vida y sus recuerdos.
Así pues, acudió a un experto y desconocido armador, al que antes habían acudido muchos otros, recomendado por una chica que conoció en el Golfo de Cádiz. Este armador, cuyo físico siempre ha sido un misterio para mí y de nombre sugerente, yacom, se encargó de mi diseño, procurando seguir los dictados del susodicho capitán. Y así nací yo…. .
Una vez confirmado mi nombre, recogió entre los recuerdos, las experiencias y la vida que le había y le estaba tocando vivir, una tripulación sabia, ducha en las labores de la mar, e independiente.
Mi capitán iba en busca de tesoros, aunque se encontró algún que otro naufragio y alguna guerra.
De la tripulación, cabe destacar, por las impresiones que el amable lector habrá recogido, la actitud de Takker el Timonel, grandioso juerguista que se rige por un principio cumplidor de su deber, que siempre ha estado achacado por una enfermedad, un resfriado, un dolor de espalda o una resaca; la energía del Grumetillo, un chico muy joven, aunque de edad indeterminada, cuya curiosidad y ganas de aprender superan todo lo visto, incluso los límites del cansancio y la enemistad; y por supuesto, el propio Capitán, un hombre taciturno, solitario y silencioso, que sabe lo que tiene que hacer, que sabe lo que le exigen que haga, y lo hace, aunque piense que no merece la pena, dado que está un poco decepcionado con la gente y los sitios que ha encontrado. De el Capitán siempre he destacado una frase que me gustó, y que nunca dijo sino a su espejo,
un día que miraba a un extraño desconocido cuyas arrugas no coincidían con la cara que él esperaba encontrar….
“He pasado mucho tiempo buscando la belleza espiritual, y otros tesoros…. ¿tú que buscas que tienes ese aspecto tan pétreo, esa rabia contenida, esa ilusión casi perdida?”.
"(Continuará.....)"
Creo que, ya conocidos los personajes que conforman esta historia, es hora de que me presente yo.
En realidad, soy una parte de ellos, o ellos son una parte de mí, o un todo que es más que la suma individual de las partes. No sé muy bien cómo explicarlo, pero sí sé que, entre suspiros de vela y crujidos de cuaderna, entre paseos en la bitácora y los camarotes, entre quejidos en las bodegas de carga, o reniegos en los bancos de remos, cada uno de ellos, desde el capitán hasta el grumetillo, han dejado un poco de sí mismos en mí de la misma forma que yo he dejado un poco de mí en cada uno de ellos.
Por si todavía no lo han adivinado, yo soy El Lobo Solitario, el barco, el galeón, el producto del esfuerzo de una mente un tanto desquiciada traducido a tablas, cáñamo y tela que navega por las procelosas aguas de su propia vida.Debería contar mi historia, dado que cada uno de nosotros, seamos reales o imaginarios, tenemos una. Una historia breve o larga, emotiva o superficial, baldía o instructiva…. En mi caso la historia es simple. El Capitán, un "joven" de casi 50 años que ha visto mucho mundo, cansado ya de sus largos viajes, decidió que podría surcar los mares por los cuales había navegado en su juventud: Los mares de su vida y sus recuerdos.Así pues, acudió a un experto y desconocido armador, al que antes habían acudido muchos otros, recomendado por una chica que conoció en el Golfo de Cádiz. Este armador, cuyo físico siempre ha sido un misterio para mí y de nombre sugerente, yacom, se encargó de mi diseño, procurando seguir los dictados del susodicho capitán. Y así nací yo…. .
Una vez confirmado mi nombre, recogió entre los recuerdos, las experiencias y la vida que le había y le estaba tocando vivir, una tripulación sabia, ducha en las labores de la mar, e independiente.
Mi capitán iba en busca de tesoros, aunque se encontró algún que otro naufragio y alguna guerra.
De la tripulación, cabe destacar, por las impresiones que el amable lector habrá recogido, la actitud de Takker el Timonel, grandioso juerguista que se rige por un principio cumplidor de su deber, que siempre ha estado achacado por una enfermedad, un resfriado, un dolor de espalda o una resaca; la energía del Grumetillo, un chico muy joven, aunque de edad indeterminada, cuya curiosidad y ganas de aprender superan todo lo visto, incluso los límites del cansancio y la enemistad; y por supuesto, el propio Capitán, un hombre taciturno, solitario y silencioso, que sabe lo que tiene que hacer, que sabe lo que le exigen que haga, y lo hace, aunque piense que no merece la pena, dado que está un poco decepcionado con la gente y los sitios que ha encontrado. De el Capitán siempre he destacado una frase que me gustó, y que nunca dijo sino a su espejo,
un día que miraba a un extraño desconocido cuyas arrugas no coincidían con la cara que él esperaba encontrar…. “He pasado mucho tiempo buscando la belleza espiritual, y otros tesoros…. ¿tú que buscas que tienes ese aspecto tan pétreo, esa rabia contenida, esa ilusión casi perdida?”.
Tribulaciones de la pasajera 54, el pasajero 122 y un galeote
Pasajero 122:
¡¡¡Por fín me lee alguien!!! han recomendado mis artículos.... estupendo, debo darle las gracias a esa chica por la publicidad e invitar a todos a que acudan a su habitación. Tengo incluso un enlace para ir directamente.
Galeote: Muchas mujeres en el barco.... me gusta, podré solazarme con cualquiera de ellas o con todas, sin importarme a quién hago daño. Al fin y al cabo, es lo único que me interesa.
Pasajera54: No sé que hago aquí... Conocí al capitán hace tiempo, cuando su cuaderno de bitácora... Sólo espero divertirme.
Pasajero 122: Esa chica es preciosa, me gusta. Voy a hablar con ella.
Psj54: Hummm, ese chico me está mirando... parece franco y gente de bien
Psj 122: Hola... Espero no ser demasiado directo ni demasiado indiscreto, tenía curiosidad por conocerte y charlar contigo.
Psj54: Para nada, encantada. Siempre aprecio una buena compañía y a la gente que va sin malas intenciones.
Galeote: Diablos, que mujer tan atractiva y que mequetrefe que está hablando con ella... Estando en mi rato libre, no se me puede escapar
Psj54: Caramba... Atractivo y musculoso el Galeote.... mala gente, puesto que está condenado a galeras, pero tiene un toque de morbo...
psj122: REALMENTE me gusta esta mujer... tal vez pueda conseguir una cita.
Psj54: Me siento muy cómoda y confiada con la conversación de este pasajero. Me hace sentir como que no tengo nada que ocultar. Me gusta, sí.
Galeote: No sé cómo una belleza como tú está hablando con este tiñalpa cuando podrías estar haciendo cosas más interesantes con un hombre de verdad.
psj54: ¡¡¡Será rufián!!! maleducado, creído, estúpido... y está para comerselo.
Galeote: Bueno, tú decides, pero pareces una mujer muy estúpida, y como tal no te vendrás conmigo...
psj122: El bravucón este... interrumpe mi conversación, desprecia completamente a esta bella mujer y encima pretende llevarsela al catre.... menos mal que ella, con lo que hemos hablado, me ha inspirado confianza, creo que le habré gustado, o así me lo ha indicado ella, estaba consiguiendo ligármela, pero esta molesta interrupción me ha descolocado.
Galeote: Mira, tengo prisa, si no vienes tú, será otra. He pasado demasiado tiempo entre rejas y amarrado al banco de remo como para que ahora me hagas tú perder más
psj54: hummmmm... (al psj122) Mira, eres estupendo, y muy bueno, eres precioso y me has gustado mucho.... pero eres demasiado buena persona. Ha sido un placer. (Al galeote que se había dado la vuelta y se alejaba sin mas) espérame, no te vayas sin mi...
psj122: Supongo que tú eres demasiado estúpida para mí... escoges lo malo en lugar de lo bueno, un rufián que te desprecia y que si no es contigo, se acostará con otra.... no me mereces la pena.
psj54: Pues vete haciendo a la idea porque todas somos así. Tienes que ser más malo, más siniestro. Si eres bueno y gentil, no harás nada con ninguna, eso sí, para lo que necesites, aquí tienes una amiga.
Nota del autor: Esto pasa realmente. De hecho me ha pasado. Una mujer, teniendo donde elegir, y conociendo y reconociendo donde está la luz y la oscuridad, eligió esta última, dando además el consejo de que había que ser malo, mentiroso y egoísta si se quería triunfar en este vida, y más concretamente, si se quería ligar a una chica. A todas las que pensáis igual, y además, me decís que no cambie, gracias por hacer entender que debo engañaros para conquistaros. Seguiré vuestro consejo
¡¡¡Por fín me lee alguien!!! han recomendado mis artículos.... estupendo, debo darle las gracias a esa chica por la publicidad e invitar a todos a que acudan a su habitación. Tengo incluso un enlace para ir directamente.
Galeote: Muchas mujeres en el barco.... me gusta, podré solazarme con cualquiera de ellas o con todas, sin importarme a quién hago daño. Al fin y al cabo, es lo único que me interesa.
Pasajera54: No sé que hago aquí... Conocí al capitán hace tiempo, cuando su cuaderno de bitácora... Sólo espero divertirme.
Pasajero 122: Esa chica es preciosa, me gusta. Voy a hablar con ella.
Psj54: Hummm, ese chico me está mirando... parece franco y gente de bien
Psj 122: Hola... Espero no ser demasiado directo ni demasiado indiscreto, tenía curiosidad por conocerte y charlar contigo.
Psj54: Para nada, encantada. Siempre aprecio una buena compañía y a la gente que va sin malas intenciones.
Galeote: Diablos, que mujer tan atractiva y que mequetrefe que está hablando con ella... Estando en mi rato libre, no se me puede escapar
Psj54: Caramba... Atractivo y musculoso el Galeote.... mala gente, puesto que está condenado a galeras, pero tiene un toque de morbo...
psj122: REALMENTE me gusta esta mujer... tal vez pueda conseguir una cita.
Psj54: Me siento muy cómoda y confiada con la conversación de este pasajero. Me hace sentir como que no tengo nada que ocultar. Me gusta, sí.
Galeote: No sé cómo una belleza como tú está hablando con este tiñalpa cuando podrías estar haciendo cosas más interesantes con un hombre de verdad.
psj54: ¡¡¡Será rufián!!! maleducado, creído, estúpido... y está para comerselo.
Galeote: Bueno, tú decides, pero pareces una mujer muy estúpida, y como tal no te vendrás conmigo...
psj122: El bravucón este... interrumpe mi conversación, desprecia completamente a esta bella mujer y encima pretende llevarsela al catre.... menos mal que ella, con lo que hemos hablado, me ha inspirado confianza, creo que le habré gustado, o así me lo ha indicado ella, estaba consiguiendo ligármela, pero esta molesta interrupción me ha descolocado.
Galeote: Mira, tengo prisa, si no vienes tú, será otra. He pasado demasiado tiempo entre rejas y amarrado al banco de remo como para que ahora me hagas tú perder más
psj54: hummmmm... (al psj122) Mira, eres estupendo, y muy bueno, eres precioso y me has gustado mucho.... pero eres demasiado buena persona. Ha sido un placer. (Al galeote que se había dado la vuelta y se alejaba sin mas) espérame, no te vayas sin mi...
psj122: Supongo que tú eres demasiado estúpida para mí... escoges lo malo en lugar de lo bueno, un rufián que te desprecia y que si no es contigo, se acostará con otra.... no me mereces la pena.
psj54: Pues vete haciendo a la idea porque todas somos así. Tienes que ser más malo, más siniestro. Si eres bueno y gentil, no harás nada con ninguna, eso sí, para lo que necesites, aquí tienes una amiga.
Nota del autor: Esto pasa realmente. De hecho me ha pasado. Una mujer, teniendo donde elegir, y conociendo y reconociendo donde está la luz y la oscuridad, eligió esta última, dando además el consejo de que había que ser malo, mentiroso y egoísta si se quería triunfar en este vida, y más concretamente, si se quería ligar a una chica. A todas las que pensáis igual, y además, me decís que no cambie, gracias por hacer entender que debo engañaros para conquistaros. Seguiré vuestro consejo
Declaraciones En tierra firme
Recabado por el virrey sobre ciertos incidentes y agresiones ocurridos en Party City Center de Santander
El Lobo Solitario atracó en el muelle a eso de las 15.45 hora local. Yo estaba entre la multitud, con un compadre, esperando a mi amigo, tripulante de la embarcación. El resto de las miles de personas que allí se arremolinaban estaba por equívoco, con la errónea creencia de que el galeón transportaba oro y riquezas procedentes del remoto continente para comerciar con esta fértil tierra del Nuevo Mundo llamada Santander .
Tras realizar las pertinentes tareas de desembarco y aprovisionamiento de agua y víveres, que a la tripulación en la que estaba nuestro amigo el timonel (llamémosle Takker) le ocuparon el resto de la tarde, nos fuimos a tomar algo, a la plaza céntrica de la ciudad, donde el bullicio era constante y todo se intercambiaba, se compraba, y/o se vendía, desde el cáñamo para hacer maromas y la tela para remendar velas hasta comida, bebida y compañía, tanto masculina como femenina.
Como quiera que desde otros barcos y otros tiempos no nos veíamos los tres, dejamos el tema de las mujeres (el remedio contra la soledad de la mar) para más adelante y procedimos, lenta y concienzudamente, a emborracharnos con botella tras botella de vino y ron.
Nos portamos más o menos bien. Cantamos, reimos, bailamos y cortejamos a toda moza que por delante se puso. En alguna ocasión incluso tocamos la carne blanca y rolliza de forma no consentida, pero tampoco negada, de las taberneras. Así, envueltos en la bruma etilíca de los recuerdos y las historias, nos fuimos a acostar a una posada, no excesivamente limpia; ni barata, por cierto, llamada del Oleaje.
Takker partía temprano al día siguiente, más o menos una hora después de introducirse en un catre lleno de chinches, y hube de ser yo quien lo despertase, puesto que se durmió, y llegaba tarde. Me sorprendió el hecho de que cuando le toqué suavemente en el pie indicándole la hora, se levantó completamente despejado, y sin decir palabra, se visitó rápidamente y se marchó. "la vida de campaña´", pensé con algo de nostalgia por lo que mi compadre y yo habíamos dejado atrás.
No sé si los azares y caprichos de un mar u otro nos permitirán juntarnos nuevamente, pero me sorprendió, cosa que comenté con mi compadre, la preparación y los duros y contínuos sinsabores a los que está expuesto un barco armado en corso. No nos costó nada imaginar que, hacía apenas dos semanas, cuando otro barco trató de hundirlos a cañonazos, alguien había levantado de la misma forma a nuestro amigo y éste había reaccionado igual, vistiéndose y cogiendo sus armas, presto a vender caro su pellejo y su barco sin una palabra o reproche inútil que restara fuerzas y concentración al objetivo que se había marcado...sobrevivir y cumplir con su obligación
En cuanto a la multitudinaria pelea por la que su Excelencia ha requerido nuestra presencia.... [...]
El Lobo Solitario atracó en el muelle a eso de las 15.45 hora local. Yo estaba entre la multitud, con un compadre, esperando a mi amigo, tripulante de la embarcación. El resto de las miles de personas que allí se arremolinaban estaba por equívoco, con la errónea creencia de que el galeón transportaba oro y riquezas procedentes del remoto continente para comerciar con esta fértil tierra del Nuevo Mundo llamada Santander .
Tras realizar las pertinentes tareas de desembarco y aprovisionamiento de agua y víveres, que a la tripulación en la que estaba nuestro amigo el timonel (llamémosle Takker) le ocuparon el resto de la tarde, nos fuimos a tomar algo, a la plaza céntrica de la ciudad, donde el bullicio era constante y todo se intercambiaba, se compraba, y/o se vendía, desde el cáñamo para hacer maromas y la tela para remendar velas hasta comida, bebida y compañía, tanto masculina como femenina.
Como quiera que desde otros barcos y otros tiempos no nos veíamos los tres, dejamos el tema de las mujeres (el remedio contra la soledad de la mar) para más adelante y procedimos, lenta y concienzudamente, a emborracharnos con botella tras botella de vino y ron.
Nos portamos más o menos bien. Cantamos, reimos, bailamos y cortejamos a toda moza que por delante se puso. En alguna ocasión incluso tocamos la carne blanca y rolliza de forma no consentida, pero tampoco negada, de las taberneras. Así, envueltos en la bruma etilíca de los recuerdos y las historias, nos fuimos a acostar a una posada, no excesivamente limpia; ni barata, por cierto, llamada del Oleaje.
Takker partía temprano al día siguiente, más o menos una hora después de introducirse en un catre lleno de chinches, y hube de ser yo quien lo despertase, puesto que se durmió, y llegaba tarde. Me sorprendió el hecho de que cuando le toqué suavemente en el pie indicándole la hora, se levantó completamente despejado, y sin decir palabra, se visitó rápidamente y se marchó. "la vida de campaña´", pensé con algo de nostalgia por lo que mi compadre y yo habíamos dejado atrás.
No sé si los azares y caprichos de un mar u otro nos permitirán juntarnos nuevamente, pero me sorprendió, cosa que comenté con mi compadre, la preparación y los duros y contínuos sinsabores a los que está expuesto un barco armado en corso. No nos costó nada imaginar que, hacía apenas dos semanas, cuando otro barco trató de hundirlos a cañonazos, alguien había levantado de la misma forma a nuestro amigo y éste había reaccionado igual, vistiéndose y cogiendo sus armas, presto a vender caro su pellejo y su barco sin una palabra o reproche inútil que restara fuerzas y concentración al objetivo que se había marcado...sobrevivir y cumplir con su obligación
En cuanto a la multitudinaria pelea por la que su Excelencia ha requerido nuestra presencia.... [...]
Apuntes de un Grumetillo
Ah el mar!
Cada mañana me despierto antes de que salga el sol, para tomar demoras con los primeros rayos de éste, supervisado por el oficial de guardia que esté en ese turno, y así, establecer la derrota y ver si vamos o no por el buen camino, aunque cualquiera sabe cual es este.... salvo el Capitán.
Valiente Capitán. No es mal hombre, no, pero no se relaciona en absoluto con la tripulación. Sale de vez en cuando a dar instrucciones a la tropa, (más que instrucciones son gritos), otea el horizonte con su catalejo, se fuma un cigarro en el alcázar y recaba información.
Normalmente hace tres paseos desde su camarote hasta cubierta, aunque a veces se queda todo el día encerrado en el mismo, leyendo sus dichosos libros, consultando sus secretísimos mapas y escribiendo, esos días sólo sale una vez, por la noche, a fumar compartiendo secretos con las estrellas...
Una vez me lo encontré al romper el alba, cuando iba a tomar la posición con mi sextante. Me miró fijamente, con unos ojos cansados y al tiempo muy activos. Su actitud era la del hombre del mar que está preparado siempre para lo peor, pero no quiere transmitirlo a su gente. Me miró, digo, sin decir esta boca es mía, mientras tomaba la posición. Tras comunicarselo me hizo la indicación para que le pasara la misma al contramaestre y que este lo anotase en el cuaderno de bitácora. Se lió un cigarrillo y encendió otro para mí, y fumamos en silencio, a barlovento, viendo como los rayos de sol inundaban con su magia el crespo mar.
" Pronto, zagal... "
- ¿qué?
" Muy pronto tendremos la acción que todos esperamos" - dijo muy serio cuando acabó su pitillo y lo tiró por la borda.
Y se fue sin despedirse
Cada mañana me despierto antes de que salga el sol, para tomar demoras con los primeros rayos de éste, supervisado por el oficial de guardia que esté en ese turno, y así, establecer la derrota y ver si vamos o no por el buen camino, aunque cualquiera sabe cual es este.... salvo el Capitán.
Valiente Capitán. No es mal hombre, no, pero no se relaciona en absoluto con la tripulación. Sale de vez en cuando a dar instrucciones a la tropa, (más que instrucciones son gritos), otea el horizonte con su catalejo, se fuma un cigarro en el alcázar y recaba información.
Normalmente hace tres paseos desde su camarote hasta cubierta, aunque a veces se queda todo el día encerrado en el mismo, leyendo sus dichosos libros, consultando sus secretísimos mapas y escribiendo, esos días sólo sale una vez, por la noche, a fumar compartiendo secretos con las estrellas...
Una vez me lo encontré al romper el alba, cuando iba a tomar la posición con mi sextante. Me miró fijamente, con unos ojos cansados y al tiempo muy activos. Su actitud era la del hombre del mar que está preparado siempre para lo peor, pero no quiere transmitirlo a su gente. Me miró, digo, sin decir esta boca es mía, mientras tomaba la posición. Tras comunicarselo me hizo la indicación para que le pasara la misma al contramaestre y que este lo anotase en el cuaderno de bitácora. Se lió un cigarrillo y encendió otro para mí, y fumamos en silencio, a barlovento, viendo como los rayos de sol inundaban con su magia el crespo mar.
" Pronto, zagal... "
- ¿qué?
" Muy pronto tendremos la acción que todos esperamos" - dijo muy serio cuando acabó su pitillo y lo tiró por la borda.
Y se fue sin despedirse
Diario del Timonel de El Lobo Solitario
Me encuentro mal, muy mal. Aparte de un cansancio producto de la desidia y la falta de acción, tengo un mal físico que me está consumiendo. Se rumorea entre la tripulación que es a causa del agua, que tiene algún tipo de virus, pero yo no estoy seguro, puesto que todos bebemos del mismo barril...
El caso es que me encuentro terriblemente cansado, aunque ese es el único síntoma que padezco. No es como en Tierra, que han enfermado miles de personas por consumir en alimentos en mal estado....
La monotonía del viaje se está haciendo patente, y ya casi llevamos un mes del mismo. Lo cierto es que todavía no hemos encontrado barcos que abordar, pueblos que saquear o mujeres que comprar. Necesito un cambio de aires, algo que haga saltar la chispa de la rutina. El capitán se tira todo el día en su camarote, revisando planos y cartas náuticas, mirando al cielo con su sextante, y diciendo no sé que de la arboladura del barco, que quiere hacer unas mejoras....
Cómo será de tedioso mi trabajo, que lo más sorprendente que me ha pasado, después de trabar el timòn para ir a comer con el resto de la tripulación y los pasajeros, ha sido el tropezarme con un perro en cubierta.
La verdad es que le he dado un buen golpe, pero él ni se ha inmutado, aunque mi rodilla izquierda todavía está palpitando.
Esto es una consecuencia a medias de no ver bien y de lo despistado que estoy, ¡¡¡¡tropezarme con un perro!!! ¡Por el Loro del Capitán Flint! ¿quién se ha tropezado con un perro en su vida?. y ya puestos ¿Qué asquerosa rata de cloaca hace andar un perro por la cubierta del barco, sin amarrar, sin taparle el hocico? ¡voto a todos los fantasmas de los hermanos de la costa que si encuentro a semejante bicho con un poco más de ánimo lo pateo hasta reventarle las tripas! Me refiero al dueño, claro, no al pobre animal, que al fin y al cabo pasaba por allí como cada uno pasa por la vida, sin prisa pero sin pausa...Supongo que me habré cruzado en su camino y él en el mío por alguna razón...
Por lo demás, no cesan las historias de fantásticas mujeres que habitan en la isla a la que nos dirijimos.... En ella están mi hermano y dos amigos de la infancia que han optado por caminos más procelosos que yo; supongo que mañana, que es cuando arribamos, podremos pegarnos una gran fiesta, con muchas botellas de ron y muchas risas.
Bueno, se acabó el tiempo de comer y de sestear, debo volver a mis tareas, mantener el barco a barlovento, vigilar la caña del timón.... lo mismo de siempre, a ver si viene alguien que me de conversación...
.
El caso es que me encuentro terriblemente cansado, aunque ese es el único síntoma que padezco. No es como en Tierra, que han enfermado miles de personas por consumir en alimentos en mal estado....
La monotonía del viaje se está haciendo patente, y ya casi llevamos un mes del mismo. Lo cierto es que todavía no hemos encontrado barcos que abordar, pueblos que saquear o mujeres que comprar. Necesito un cambio de aires, algo que haga saltar la chispa de la rutina. El capitán se tira todo el día en su camarote, revisando planos y cartas náuticas, mirando al cielo con su sextante, y diciendo no sé que de la arboladura del barco, que quiere hacer unas mejoras....
Cómo será de tedioso mi trabajo, que lo más sorprendente que me ha pasado, después de trabar el timòn para ir a comer con el resto de la tripulación y los pasajeros, ha sido el tropezarme con un perro en cubierta.
La verdad es que le he dado un buen golpe, pero él ni se ha inmutado, aunque mi rodilla izquierda todavía está palpitando.
Esto es una consecuencia a medias de no ver bien y de lo despistado que estoy, ¡¡¡¡tropezarme con un perro!!! ¡Por el Loro del Capitán Flint! ¿quién se ha tropezado con un perro en su vida?. y ya puestos ¿Qué asquerosa rata de cloaca hace andar un perro por la cubierta del barco, sin amarrar, sin taparle el hocico? ¡voto a todos los fantasmas de los hermanos de la costa que si encuentro a semejante bicho con un poco más de ánimo lo pateo hasta reventarle las tripas! Me refiero al dueño, claro, no al pobre animal, que al fin y al cabo pasaba por allí como cada uno pasa por la vida, sin prisa pero sin pausa...Supongo que me habré cruzado en su camino y él en el mío por alguna razón...
Por lo demás, no cesan las historias de fantásticas mujeres que habitan en la isla a la que nos dirijimos.... En ella están mi hermano y dos amigos de la infancia que han optado por caminos más procelosos que yo; supongo que mañana, que es cuando arribamos, podremos pegarnos una gran fiesta, con muchas botellas de ron y muchas risas.
Bueno, se acabó el tiempo de comer y de sestear, debo volver a mis tareas, mantener el barco a barlovento, vigilar la caña del timón.... lo mismo de siempre, a ver si viene alguien que me de conversación...
.
Ceremonia de Apertura y Bautizo
Apoyado en la borda, mirando hacia el mar, el capitán del navío pensaba en el viaje pronto a realizarse, en todos los amigos y enemigos dejados en esa tierra hostil, en ese puerto como otros puertos cualquiera, en la firmeza de ese mundo que no comprendía.....
Lentamente, bajó por una pasarela hasta el muelle, miró con satisfacción las letras que, a semejanza de fuego y sangre, bautizaban el navío. Reposaba ahora pero pronto llevaría todo el velamen desplegado por ese mar que era su vida, encontrando tesoros y recogiendo los restos de los naufragios que las otras vidas y los otros barcos le pusieran en su derrota.
Ensimismado, levantó la cabeza hacia la Luna, y le dio suavemente las gracias, casi como regalándole un pensamiento, puesto que era ella, a través de una Sacerdotisa del Sur, entre copas y risas, la que le convenció de llegar hasta allí, hasta ese barco recién fletado, listo para zarpar, en el cual iba a navegar rumbo a los siete, a los doce. a los mil mares que los vientos y la caza le depararan.
Recordó las amargas horas de trabajo empleado en la construcción del barco, la discusión con los armadores, el diseño que no querían o no podían ponerle, la satisfacción de a última hora poder contar con aquella máquina para navegar....
Y cuando sopló la primera brisa del Alba, perdido en sus pensamientos, recogió lo que había guardado de otros viajes, su Cuaderno de Bitácora, del 2004; su Trinchera de Guerra, de los primeros meses de 2005; su Destierro, de los 3 meses precedentes, y su En el Rancho, que era lo que estaba viviendo ahora. El viejo capitán de navío pensó que mientras durase la travesía, podría compartir los recuerdos de los viajes con todos los navegantes, así que los llevaría a su camarote.
En el Muelle, la multitud esperaba, un discurso, unas palabras, unos gritos de ánimo. En lugar de eso, el capitán miró uno a uno a su tripulación, amigos, compañeros, conocidos; y a los pasajeros, hombres y mujeres ávidos de aventuras como él, y en un tono profundo, respetuoso, con los ojos brillantes y la emoción rebosándole por cada poro de la piel, recitó la vieja canción del pirata, la cual fueron coreando los miembros de la tripulación mientras subían a El Lobo Solitario y ocupaban cada uno su puesto:
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Lentamente, bajó por una pasarela hasta el muelle, miró con satisfacción las letras que, a semejanza de fuego y sangre, bautizaban el navío. Reposaba ahora pero pronto llevaría todo el velamen desplegado por ese mar que era su vida, encontrando tesoros y recogiendo los restos de los naufragios que las otras vidas y los otros barcos le pusieran en su derrota.
Ensimismado, levantó la cabeza hacia la Luna, y le dio suavemente las gracias, casi como regalándole un pensamiento, puesto que era ella, a través de una Sacerdotisa del Sur, entre copas y risas, la que le convenció de llegar hasta allí, hasta ese barco recién fletado, listo para zarpar, en el cual iba a navegar rumbo a los siete, a los doce. a los mil mares que los vientos y la caza le depararan.
Recordó las amargas horas de trabajo empleado en la construcción del barco, la discusión con los armadores, el diseño que no querían o no podían ponerle, la satisfacción de a última hora poder contar con aquella máquina para navegar....
Y cuando sopló la primera brisa del Alba, perdido en sus pensamientos, recogió lo que había guardado de otros viajes, su Cuaderno de Bitácora, del 2004; su Trinchera de Guerra, de los primeros meses de 2005; su Destierro, de los 3 meses precedentes, y su En el Rancho, que era lo que estaba viviendo ahora. El viejo capitán de navío pensó que mientras durase la travesía, podría compartir los recuerdos de los viajes con todos los navegantes, así que los llevaría a su camarote.
En el Muelle, la multitud esperaba, un discurso, unas palabras, unos gritos de ánimo. En lugar de eso, el capitán miró uno a uno a su tripulación, amigos, compañeros, conocidos; y a los pasajeros, hombres y mujeres ávidos de aventuras como él, y en un tono profundo, respetuoso, con los ojos brillantes y la emoción rebosándole por cada poro de la piel, recitó la vieja canción del pirata, la cual fueron coreando los miembros de la tripulación mientras subían a El Lobo Solitario y ocupaban cada uno su puesto:
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Por fin estoy en la onda....
Bien, conseguí publicar mi primer artículo.... justo cuando me tengo que ir del trabajo, que es donde tengo la tarifa plana y puedo escribir o colgar cosillas....
En fin, gracias al maravilloso sistema de creación de blogs, que yo no entiendo, he estado toda la tarde.
Güeno, objetivo cumplido, quería empezar el primero de Agosto y aquí estoy.
Mañana empieza la ceremonia de apertura y el bautizo de mi barco....
Saludos a todos, lectores,
En fin, gracias al maravilloso sistema de creación de blogs, que yo no entiendo, he estado toda la tarde.
Güeno, objetivo cumplido, quería empezar el primero de Agosto y aquí estoy.
Mañana empieza la ceremonia de apertura y el bautizo de mi barco....
Saludos a todos, lectores,
Personajes Principales
El Capitán representa la melancolía y el fracaso. Siempre buscando un momento de éxito que le dé la razón a su esperanza....
El Grumetillo la curiosidad y las ganas de aprender de todo y de todos, por encima de cansancio y enemistades.
El Timonel las ganas de fiesta contínua, la alegría camuflada tras una copa de vino o una botella de ron
El pasajero 122, la tranquilidad, el sosiego y la vida espiritual; el aprendizaje, plasmado a través de escritos y libros.
El Galeote la fuerza bruta, el egoísmo, el rincón de oscuridad que todos tenemos en nuestra alma
La Pasajera 54 el libre albedrío, la improvisación, la aventura y atrevimiento más allá del bien o del mal.
Todos ellos tienen una razón de ser, todos forman parte de mí como yo formo parte de ellos...
Este blog es un barco, es el Lobo Solitario, y aquí comienza mi viaje.
Nota: La fecha y hora están "trucadas" para que aparezca en el lugar adecuado..... cosas de los enlaces
El Grumetillo la curiosidad y las ganas de aprender de todo y de todos, por encima de cansancio y enemistades.
El Timonel las ganas de fiesta contínua, la alegría camuflada tras una copa de vino o una botella de ron
El pasajero 122, la tranquilidad, el sosiego y la vida espiritual; el aprendizaje, plasmado a través de escritos y libros.
El Galeote la fuerza bruta, el egoísmo, el rincón de oscuridad que todos tenemos en nuestra alma
La Pasajera 54 el libre albedrío, la improvisación, la aventura y atrevimiento más allá del bien o del mal.
Todos ellos tienen una razón de ser, todos forman parte de mí como yo formo parte de ellos...
Este blog es un barco, es el Lobo Solitario, y aquí comienza mi viaje.
Nota: La fecha y hora están "trucadas" para que aparezca en el lugar adecuado..... cosas de los enlaces
A mis lectores...
A mis dos lectoras más asiduas (casi diría que únicas), tashintashan y nausicaa, y mi lectora esporádica Elena.
Y a los lectores (no sé si habrá más) que han pasado o pasan por aquí sin dejar comentarios.
Como tengo problemas en el blog, esta semana no estoy publicando nada. Eso no quiere decir que no esté escribiendo. De hecho los artículos en borrador son un puñao...
Para la semana que viene, si el gran manuti o el invisible masterespacio no me solucionan los problemas, acudiré al plan B. En cualquier caso, publicaré lo que tengo con las fechas que me ha guardado dicho borrador.
Tengo grandes cosas que contar.... espero que tengais un poco de paciencia y yo suerte y podáis disfrutarlas.
Besos
Edición 29/09/2005 9:23 am: Está bieeeeeeeeeen, por suscripción popular incluyo como lectora asidua a MenteExtraviada y asimilo a dicha categoría a Elena (pero no te has ganado otro link, ¿eh? )
Y a los lectores (no sé si habrá más) que han pasado o pasan por aquí sin dejar comentarios.
Como tengo problemas en el blog, esta semana no estoy publicando nada. Eso no quiere decir que no esté escribiendo. De hecho los artículos en borrador son un puñao...
Para la semana que viene, si el gran manuti o el invisible masterespacio no me solucionan los problemas, acudiré al plan B. En cualquier caso, publicaré lo que tengo con las fechas que me ha guardado dicho borrador.
Tengo grandes cosas que contar.... espero que tengais un poco de paciencia y yo suerte y podáis disfrutarlas.
Besos
Edición 29/09/2005 9:23 am: Está bieeeeeeeeeen, por suscripción popular incluyo como lectora asidua a MenteExtraviada y asimilo a dicha categoría a Elena (pero no te has ganado otro link, ¿eh? )
Vuelve a soplar el viento....
Bien, como no ha funcionado el plan A, (todavía estoy en ello), acudo al B, que es no justificar nada hasta que no pueda (¡¡¡maldición, rayos, truenos y centellas!!!), editar de forma correcta mi hoja de estilos, que no es chula no, tiene estilo.
En fin. El Capitán ha decidido tomar las riendas del asunto, ha hablado con un carpintero, el Gran Manuti, que le ha echado un cable (de momento insuficiente debido a la poca habilidad que dicho capitán tiene con el martillo y el serrucho), y ahí está, codo con codo trabajando el uno junto al otro.
No obstante, en el amarradero sopla un suave céfiro, ideal para largar cabos, levar anclas, desplegar la lona hasta el tercero, el segundo, el primer mastelero: foques, juanete, sobrejuanete, sobremayor, mayor, mesana, la gran cagreja, y ¿por qué no? largamos génova también; y así, a todo trapo, salir suavemente y que el viento y las olas lleven el Lobo Solitario hasta su incierto destino....
Debería borrar el post anterior y este, pero dada la cantidad de comentarios que he recibido (9 uuuuuuuuuuhhhhhh, que subidón, como se nota que soy humilde), no me veo capaz. Lo que haré será, en un par de días o tres, editar las fechas y ponerlo al principio del todo, relegándolo a un olvido relativo.
Lo dicho, gente. El Lobo Solitario vuelve a navegar. Rescatemos a Takker de la taberna, al pasajero 122 de la biblioteca, a la pasajera 54 del parque, al galeote de sus cadenas y al grumetillo de las tiendas de las diferentes ferias de la ciudad. Llevémoslos junto con el capitán, que espera ansioso junto a su barco, y naveguemos todos juntos.
Yo también os he echado de menos.....
Edición 31/08/2005 17:15:
¡¡¡¡¡YUUUUUUUUUUUUUUUUUJUUUUUUUUU!!!! ¡¡Lo he conseguido!! Bueno.... ¡¡Lo hemos conseguido!! ¡¡Dabuti Manuti!!
Ya está todo justificado y requetejustificado. Ahora "solo" me queda pegarme con la estrechez de mis márgenes...
Nueva Edición, 06/09/2005 a las 22.24
Por fín!! En esta ocasión, gracias a Azulica, he conseguido reparar lo de los márgenes.... Que huevos tiene que ahora se haya perdido el dibujito que hay en la cabecera y que me gusta tanto... pero seguiré luchando.
En fin. El Capitán ha decidido tomar las riendas del asunto, ha hablado con un carpintero, el Gran Manuti, que le ha echado un cable (de momento insuficiente debido a la poca habilidad que dicho capitán tiene con el martillo y el serrucho), y ahí está, codo con codo trabajando el uno junto al otro.
No obstante, en el amarradero sopla un suave céfiro, ideal para largar cabos, levar anclas, desplegar la lona hasta el tercero, el segundo, el primer mastelero: foques, juanete, sobrejuanete, sobremayor, mayor, mesana, la gran cagreja, y ¿por qué no? largamos génova también; y así, a todo trapo, salir suavemente y que el viento y las olas lleven el Lobo Solitario hasta su incierto destino....
Debería borrar el post anterior y este, pero dada la cantidad de comentarios que he recibido (9 uuuuuuuuuuhhhhhh, que subidón, como se nota que soy humilde), no me veo capaz. Lo que haré será, en un par de días o tres, editar las fechas y ponerlo al principio del todo, relegándolo a un olvido relativo.
Lo dicho, gente. El Lobo Solitario vuelve a navegar. Rescatemos a Takker de la taberna, al pasajero 122 de la biblioteca, a la pasajera 54 del parque, al galeote de sus cadenas y al grumetillo de las tiendas de las diferentes ferias de la ciudad. Llevémoslos junto con el capitán, que espera ansioso junto a su barco, y naveguemos todos juntos.
Yo también os he echado de menos.....
Edición 31/08/2005 17:15:
¡¡¡¡¡YUUUUUUUUUUUUUUUUUJUUUUUUUUU!!!! ¡¡Lo he conseguido!! Bueno.... ¡¡Lo hemos conseguido!! ¡¡Dabuti Manuti!!
Ya está todo justificado y requetejustificado. Ahora "solo" me queda pegarme con la estrechez de mis márgenes...
Nueva Edición, 06/09/2005 a las 22.24
Por fín!! En esta ocasión, gracias a Azulica, he conseguido reparar lo de los márgenes.... Que huevos tiene que ahora se haya perdido el dibujito que hay en la cabecera y que me gusta tanto... pero seguiré luchando.





