logotipo

img_google
Navegando en el Lobo Solitario
Un Barco y el mar. Aventuras vividas a través de los ojos de 6 personajes....¿ficticios?
Acerca de
¿Es posible ver la vida a través de los ojos de otras personas?
¿y si estas personas no son reales?
En el galeón " El Lobo Solitario", encontrarás a nuestros seisprotagonistas , que son una parte de cada uno de nosotros. Representan una faceta de mi personalidad, y ellos son los que cuentan las cosas de mi vida que yo no me atrevo....
Sindicación
 
El Baúl de los Recuerdos Agridulces
Sigiloso, andaba por el barco descalzo. No quería hacer ruido. No quería que lo pillaran. Sabía que lo que iba a hacer no estaba bien. Que rozaba el delito y, sobre todo, destruía la confianza depositada en él.

Pasó junto a un farol y su cara se iluminó brevemente en el débil círculo de luz. Ojos muy abiertos, rasgos infantiles todavía sin curtir por el sol y el mar. Una sombra pequeña, infantil, se recostó contra una barcaza de salvamento. Todo estaba silencioso.

Bajo por las escalerillas de la escotilla de proa. Avanzó por un pasillo lóbrego y oscuro y, silencioso como lo que era, un ladrón de recuerdos, abrió una puerta y entró en una amplia habitación.

Destacaban un par de árboles artificiales contra el austero mobiliario . Y una jarapa blanca en la que reposaba un solitario cojín circular con motivos árabes, (regalo de otro tiempo, de otra época, de otras personas, pensó), sobre el cual se sentó y, con la llave prestada, abrió el baúl que tenía frente a sí. El baúl de los recuerdos agridulces.



La tapa chirrió con un siniestro crujido, rompiendo el silencio de la noche por un instante. Y los primeros tesoros recogidos del mar aparecieron ante los ojos de un atónito grumetillo.

Unas botas gastadas y agujereadas supervivientes a dos años y muchas aventuras resposaban junto con unas zapatillas compradas la primavera del año anterior en la Perla del Mediterráneo, cuando estuvo desterrado de su patria y su familia y sus amigos. Los dos pares de calzado esperaban, seguramente, un entierro digno, nada de tirarlos a un cubo como si nada. O tal vez esperaban que su todavía dueño hiciese algo por ellos, darles un fin, devolverles el favor que habían prestado durante ese tiempo y permitirles ser útiles, regaladas a cualquier asociacion caritativa, para que las pudieran disfrutar los más necesitados, sin importar su edad, condición, clase social o sexo.

Un cuaderno con tapas de pizarra negra que tenían unos grabados en bajorrelieve, una cabeza de dragón y motivos tribales. Pasajes, billetes, tickets, pegatinas, trozos de viajes y de recuerdos. Unas barritas de incienso que, en una ocasión, en una buhardilla, casi produjeron la asfixia a un jóven que se quedó dormido despreocupadamente, sin saber que iba a ser grumete, oficial y Capitán con el paso de los años. Un inventario, en papel amarillento por la caída de un líquido de limpieza.

Una entrada de un concierto. En ella se detallaban los grupos que actuarían y las fechas del mismo, en la orilla del río donde de vez en cuando, fondeado el barco, Botaban las barcas para aprovisionarse y despejarse. El sitio era justo junto a las torres que custodiaban la ciudad.

Con mayor curiosidad aún, cogió dicha entrada para ver más de cerca los nombres de los grupos, cuando oyó los pasos en el pasillo, la llave en la cerradura del camarote y el ruido de la puerta al abrirse... El Lobo regresaba a su cueva......
 
Un poco de luz y de color
Paseaban como solían hacerlo. Sin ninguna intención, sin ningún destino cierto, sin ningún rumbo que tomar en sus vidas. Y entonces, vive Dios, sucedió. Él la besó a ella. O ella lo besó a él. O fueron los dos los que se besaron sin previo aviso, o de forma premeditada. O no fue ninguno y fue la risa y el buen humor de algún dios cósmico que decidió que sería un buen chiste para contar a sus colegas dioses en la próxima Bacanal.

Pero maldito sea si le importaba por qué fue. El caso es que sucedió. Y fue bonito. Y ella besaba realmente muy bien. De forma tierna y prolongada. Y le gustó aquel beso. Y la media docena que siguieron, de todas formas y colores. Y los abrazos y caricias. Y pensó que esa noche era un poco menos oscura, y que lo mismo estaba amaneciendo, pero maldito si le importaba. Maldito si pensaba siquiera en el día siguiente, si la volvería a ver. Si ella querría o no volverlo a ver, si estaría a la altura de sus espectativas. Si ambos lo estarían o era todo una condenada broma macabra orquestada por un dios siniestro aburrido que arreaba con las zarpas del destino en esa noche y en ese instante. Maldito todo aquello que no fuera ese momento, esa luz y color que retiró, siquiera por breves horas, toda la oscuridad y todos los fantasmas y todos los muñecos parlantes reales o imaginarios.

Pensaria. Claro está que pensaría. Y pensaría en cosas buenas y en cosas menos buenas, en positivo y en negativo. En dudas y en certezas, en lo que había visto y lo que había oído antes, durante y después. Pero ese no era el momento, maldición. No mientras saboreaba, encajado en el asiento del metro, los restos de unos besos que, por unos momentos, habían sido suyos y sólo suyos, porque ella era la tormenta, el ciclón, la espiral que simboliza el arte, el ciclo o la rueda que termina y empieza los ciclos. Y él... bueno, él era él y no quería, no podía, no se atrevía a romper con vanas palabras los trazos del cuadro que estaba pintando a golpe de labios.

Era su momento, para bien o para mal, y ya nadie, nunca, podría quitárselo. Ya nadie le robaría el sabor de los besos como no podrían escatimar, a ninguno de los dos el sabor de los besos que antes habían dado a otras personas, y el recuerdo de esas personas.

Pasara lo que pasase de ahí en adelante, sería algo nuevo, algo bueno, algo raro, pero sería suyo, algo atesorado en el baúl de los recuerdos agridulces, ese que nos obsequia con lo que vivimos en un determinado momento de nuestras vidas, abriéndose con el paso del tiempo, con una palabra, con un comentario.

Con un beso.
 
Historia de una Mascletá por Fascículos: Epílogo
El resto, como podéis imaginar, es la historia de siempre. En cuanto acabó la refriega la gente se puso a buscar a los suyos, y los que quedaban en pie, una vez repelido el enemigo, se iban a los bares y tabernas, y desaparecían como de naufragio, comentando lo bien que había estado. Y nadie se paraba a pensar en lo realmente bonito que había sido, salvo un pequeño grumete conocido por mí, que estaba junto a la valla parado, sin pensar en nada en absoluto, boquiabierto por lo que acababa de presenciar. Y yo, triste por el espectáculo de la gente, que desaparecía sin más por calles y callejones, como si estar allí fuera un trámite y tuvieran citas más importantes a las que acudir, no quise quitarle esa venda de ilusión, de momento maravilloso que se atesora para siempre, y sonreí. Pardiez que si sonreí, al tiempo que "la gorda" se ponía enfrente de mí y me atosigaba con la cháchara interminable que tenía, dejándome de espaldas a donde se había producido el espectáculo. Hasta que noté un tirón en la manga del jubón y mi pupilo me preguntó si era verdad que era también mi rey. Y yo le dije que sí y me dí cuenta de que le estaba dando la espalda. Y maldita sea que aparté a "la gorda" y me puse frente al rey, unido por la distancia, y le dediqué un saludo marcial, militar, al tiempo que veíamos a pirotécnico bajar su caja y salir de ella. A tiempo de que fueramos corriendo a saludarle y ovacionarle por el magnífico trabajo realizado.

Esa noche la pasamos en la ciudad, sólos. Celebrando lo que quiera que se hubiera de celebrar. Con el recuerdo de la emoción de la visita de sus majestades y su cercanía a nosotros. Y nos fuimos a la parte de abajo del río, donde daban tres conciertos unos músicos que el Capitán había visto hacía mucho, muchísimo tiempo.

Pero esto es otra historia que le corresponde contar a él. Es su historia. Es su momento.
 
Historia de una Mascletá por Fascículos: Conclusión
La batalla arreciaba, los cañonazos eran todavía más fuertes y contínuos, reproducían una música letal y mortífera, daban ganas hasta de bailar, con ritmos conocidos. "La gorda" aplaudía y gritaba. Yo no oía más que el rumor de la gente, los petardazos y, cosa curiosa y del todo anormal, el rumor de la fuente, la maldita fuente que seguía soltando agua, ajena a todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor, y a la gente y a las vidas y los corazones que palpitaban.

Por mi parte, no dejaba de mirar al Rey. A mi rey. Tiempo ha que había leido en un libro la frase "Tu rey es tu rey" y, pardiez, yo estaba orgulloso del rey que me había tocado en suerte, y esperaba que, con un gesto o una palabra, mandara a las huestes a la lucha, no de forma ordenada y disciplinada, como iban ahora, sino a la carga y con órdenes de no dejar cuello infiel pegado a cabeza hereje, sino a pica española o, caso de no llevar picas (como era el caso de los valientes infantes, que iban armados con espada y rodela), desparramando sangre y vida por el suelo.

MIraba a mi rey, como digo. A nuestro rey. Cuando se me llenaron los ojos de lágrimas y de orgullo. Ahí estaba, con el pueblo, en el día de fiesta, como uno más. Recibiendo honores, sí, pero compartiéndolos con todos nosotros sin orgullo ni prepotencia, cuando Pirotécnico lanzó una salva ensordecedora que tiñó el cielo de diferentes colores y se inició la verdadera carga.

Nosotros nos unimos a la refriega. Y llegaron los malos, aunque maldita la guerra en la que no seamos todos malos. Y llegaron los buenos, aunque bendita la guerra en la que alguno sea bueno y no mate, ni corte, ni cercene, ni ampute vidas ni miembros ni talle de raíz esperanzas, familias, romances, negocios, amistades o cualquiera de las cosas que hacen que la vida y las personas merezcan un poco más la pena.

Y con ello se inició terrible refriega en la cual todo era ruido, y el suelo temblaba, y el cielo temblaba, y yo temblaba, y todo temblaba a nuestro alrededor y dentro y fuera de nosotros, y se llenaba de humo y de gritos que no oía, aunque sabía que gritábamos porque a mi alrededor no había más que gente gritando, por sus gestos, sus expresiones, su boca y sus ojos. Y "la gorda" tenía la vena del cuello hinchada, y yo supe que estaba voceando cuando comprendí que yo mismo estaba voceando y no oía mis propios gritos, ni sentía las palmas de los aplausos que estaba dando y que no oía. Y el rey estaba voceando. Y 50.000 personas estaban voceando, pero no se oía, porque lo único que se oía eran los cañonazos de la victoria.

 
Historia de una Mascletá por Fascículos: Acción
Allí estaba yo, espectante, rodeado de un público espectante, cuando se escuchó la segunda detonación. El público miró hacia la fuente, otra vez, al igual que yo, y al cielo que había detrás, y a la blanca nube de humo que se había formado.

Y entonces, así, tal y como estábamos, mirando hacia nuestra derecha, se oyó un clamor procedente de debajo del balcón y allí que encaminé mi mirada. Las palabras volaron raudas a mi memoria y no tuve menos que aplaudir y gritar yo también, como los cientos de miles de personas que allí habían.

"Tu rey es tu rey"


Las palabras, leídas en un libro del pasajero bohemio, y repetidas por el capitán, hicieron efecto, y me cuadré ante la presencia, ahora visible, de sus majestades, la voz del pueblo, como le gustaba decir al Capitán, y el corazón, después de ese infausto 23-F.

Los ví, me erguí, y he de reconocer que, otra vez, se me saltaron las lágrimas. "Tu rey es tu rey" y la gente, los que lo habían vilpendiado, los que lo habían descalificado, los que opinaban que su figura sobraba, gritaban, y chillaban, y aplaudían como aquellos que lo adoraban, aquellos que lo respetaban, y aquellos que lo reverenciaban; como el que más, partícipes sin saberlo de ese sentimiento. De la locura y la histeria colectva, de pertenecer a algo, aunque ese algo fuese un estamento, un colectivo en suma, que hacía más importante el conjunto que la suma de las partes individuales.



Y aquí finaliza la historia del grumetilo, porque luego vino la pólvora, y el humo, y los tambores, y los cañonazos. Y la emoción y la incertidumbre y las filas de soldados encaminándose al baluarte al ritmo de la marcha militar. Y no se acuerda de nada más, porque todo fue tan maravilloso que se le ha quedado retratado en la memoria con flases y grabados y recuerdos y las malditas sensaciones que ya nunca jamás le abandonarían.


Nos encaminamos hacia el fuerte, como decía, con paso presto, cuando sonó el segundo cañonazo. Sabíamos que la batalla era inminente, pero también sabíamos que sus majestades estarían allí, y que por ellos sería está una grande, gloriosa e impresionante salva de cañonazos, metralla, disparos y todo tipo de artículos pirotécnicos.
Cuando escuchamos la ovación, comprendimos que sus Altezas estaban en el balcón, saludando a su pueblo y formando parte de él con los botes que les pidieron que realizaran.

Justo tres minutos después, ya estábamos en la zona de acción. Y, tras el grito de guerra de la generala de las tropas, ("Senyor Pirotènic, ¡¡¡Pot començà la mascletà!!!") dirigida la mirada hacia sus majestades, empezó la fiesta. A los primeros y breves cañonazos le siguió una salva irregular. Eran los valientes del fuerte que saludaban así, con recuerdos del mismísimo diablo, a los herejes que osaban perturbar la paz de ese día. Los de la ciudad se dieron cuenta, evidentemente, de que algo ocurría. Y los soldados, en perfecta formación, dieron la vuelta, animados por el Rey, y todas las rodelas, los yelmos, las grebas y los petos relucieron al sol, mientras iniciaban su marcha hacia el fuerte, deseando probar con su vida o las de aquellos que pretendían arrebatársela, su lealtad, su coraje, y su entrenamiento.

Mientras tanto, en la ciudad, un único artifiero, de los que no arrugan el ceño por grande que fuera el desafío, se elevó lentamente en una cabina cubierta con mallas para protegerse de los eventuales balazos y la metralla que iba a llover de un momento a otro como si fuera granizo.

El pueblo, incrédulo, miraba al artificiero, griego, de nombre pirotécnico, bueno como la madre que lo parió, leal, responsable, que con semblante serio subía en su cabina consciente de las miradas de los Reyes, del pueblo y de la chusma soldadesca hereje y española, que entre nosotros también se encontraba. Como "la gorda" que no cesaba de gritar e increpar, creyendo que él solo, con eso, siquiera fuera a resolver el curso de los acontecimientos....
 
Historia de una Mascletá por fascículos : Marcha
Sonó un cañonazo, digo, pero la marcha militar continuaba y los allí presentes se volvieron para disfrutar, al ritmo de la música, de las corazas y los yelmos, de las grebas y las rodelas, del brillo de las lanzas y las armas, de los vistosos colores de los diferentes cuerpos de soldadesca y oficialidad. Mas nosotros ya no disfrutábamos. El cañonazo había sido un aviso. En breve, habría más.

Rápidamente, botamos las chalupas al agua y, henchidos por una urgencia y desesperación por conocer los detalles, nos abrimos paso por el agua hasta el embarcadero, donde dejamos a unos cuantos marinos amarrando los botes y de guardia, por si teníamos que volver al galeón con las balas zumbando detrás de las orejas.

Nos costó Dios y ayuda llegar hasta la valla. La gente se arremolinaba, cantaba, bebía y fumaba ajenos a lo que iba a pasar de verdad. Así pues, a codazos, empujones, empellones, pisotones y malas maneras "la gorda" y de forma educada yo, solicitando permiso, dando las gracias y pidiendo disculpas, no sin recibir alguna que otra mirada de odio por parte del populacho, nos acercamos lo máximo posible para tratar de estar preparados para la acción.

Nuevamente, el Capitán nos dividió, dejando al grumete y a otros marinos no expertos en lucha junto al pueblo y a nosotros en marcha recta hacia el polvorín, hacia la lucha, la sangre, el polvo y el olor a muerte y desesperación....
 
Historia de una mascletá por fascículos : Introducción
Era de día. La multitud se agolpaba en torno a una valla que, previsoramente, habían colocado para evitar incidentes y accidentes. Yo no sabía que muy pronto estaría detrás, esperando algo sin saber muy bien qué sería. Sólo sabía que sus majestades vendrían, saludarían al pueblo y se irían con su cohorte de cortesanos a recibir adulaciones y beneplácitos de tanto baboso chupatintas que quiere ofrecer una imagen que no es real.

Así pues, inquieto y ansioso, con un compañero de guardia, al que llamaban "la gorda", mirábamos desde nuestra posición, fondeados cerca del embarcadero, hacia la ciudad y los festejos que allí se preparaban......

"La gorda" hablaba y hablaba conmigo, sin percatarse de que, aunque el destino nos hubiera juntado allí, no era su presencia lo que necesitaba. No la suya. Así pues, con un ajam y un ujum respondíale yo cada comentario, seco, directo, veloz como un puñetazo en el ojo.

Cuando sonó el primer cañonazo, la gente se alteró y volvió la vista al frente, a la zona donde una fuente desparramaba y esparcía agua y, a través de la cual, se divisaba un acuartelamiento que, día y noche, vigilaba el mar para prevenir, evitar y proteger de posibles ataques piratas y berberiscos.
 
Descanso Eterno
Nuestro pasajero 122 hacía mucho, mucho tiempo que dormía, pero no descansaba, que comía, pero no se alimentaba, que fumaba, pero no le llenaba. Por ello se alimentaba casi exclusivamente de café y 3 paquetes diarios de tabaco, amén de bocadillos o algún que otro plato caliente cuando las obligaciones en las que se había metido le dejaban tiempo para ello y siempre y cuando no lo torturasen los fantasmas que lo acosaban desde hacía un mes.

Las preguntas que lo torturaban, día y noche eran, básicamente, las mismas que a cualquier otro ser humano en cualquier estado anímico alterado. Por qué nadie le hacía maldito el caso a lo que decía. Por qué su socio pasaba de su opinión. Por qué la pasajera 54 se empeñaba en hacerle creer que estaba confundido, cuando todo lo que le había contado era la pura verdad o, cuanto menos, la verdad que él conocía. Por qué su amigo de la juventud no le escuchaba cuando decía que tenía mucho trabajo y muchas cosas que hacer y se empeñaba en decir que iba a visitarlo a él cuando en realidad, lo que quería era quedarse en su camarote sin pagar ni una triste moneda. Por qué cuando se enredaba en una explicación, el resto de la tripulación lo interrumpía con risas y no le dejaban siquiera expresarse. Por qué, en definitiva, tenía la sensación de que el mundo se estaba aliando en su contra, y no se sentía partícipe de nada, sino excluido de todo.

Así pues, cuando le propusieron trabajar, y duro, con jornadas de hasta 15 horas, no se lo pensó dos veces y, a pesar de que deseaba mucho salir con sus amigos, con su familia, y a navegar por tugurios y restaurantes con la Corsaria, aceptó un trabajo con la idea de disponer de algún tiempo libre para ellos, y ni un sólo minuto para sí mismo, puesto que quería fatigarse lo máximo posible y, de poder ser, llegar tan rendido a su camastro que sólo se tumbase y durmiera, aunque fuera sin sueños.

18/03/2006
 
Posteando, que es Gerundio
Aprovechando que hoy ha sido un día maravilloso, y que me he dado cuenta de lo bien que me ha venido trabajar y machacarme y cansarme en fallas, y lo que he corrido por el local, y la inciativa que he demostrado frente a los del banco (ya tengo la casa nueva, ¡¡¡bieeeeeeeeeeeeeeeen!!!!) y que he subido escalones de dos en dos y de tres en tres y de un sólo salto, pletórico de energía, y de que, por fin, las cosas (todas) parecen salirme todo lo bien que deseaba, y que me siento feliz, aprovechando todo esto, digo, voy a ir colocando unos posts que tenía en el borrador sobre impresiones que he recogido en estas fiestas, lo poco (y lo mucho) que he disfrutado de las mismas.

La primera de las frases que se me vino a la cabeza, en la mascletá, fue "¡¡ójala tuviera un grabador de pensamientos!!" Me había fumado un porro, y estaba muy, pero que muy creativo. Tanto, que me daba hasta miedo. Lástima que, de tantos pensamientos, haya podido recoger unos pocos en mis pocos ratos libres y los he estado recopilando, ampliando y corrigiendo estos días. Lástima de grabador de pensamientos que no tengo, porque me hubiera dado para un libro. Uno de verdad. Uno que me hubiera gustado escribir, a mí y para mí. Porque este sitio, este barco, es lo que se me pasa por la cabeza, y como tal lo escribo, no con ánimo de criticar o elogiar a nadie, ni para dar mensajes o recibirlos, aunque agradezco los que me mandais. Es simplemente la recopilación de sentimientos y pensamientos que tengo y, de la misma forma que no espero que nadie comente lo que se me pasa por la cabeza, no espero (aunque, repito, agradezco) que nadie comente lo que pongo por aquí.

Así pues, colgaré en días sucesivos esto que tengo en el borrador, así, en plan fascículos, como Sherezade en sus mil y una noches. No para mantener la intriga, ni para que me elogien. Sino para mantener el recuerdo lo máximo posible de lo que, para mí, han sido unos días poco menos que gloriosos.

Habemus blog
 
Al Final..............
.......... Pasó.

Estas cosas pasan
 
Más dura será la caida
Durante los periodos de fiesta en la ciudad, la tripulación del Lobo Solitario tuvo que trabajar para que el público en general pudiera disfrutar de unos días de asueto.

Así pues, durante 4 días fueron exprimidos al máximo, dando cada uno lo mejor de sí mismo y buscando los huecos de descanso para atender a las visitas de amigos y familiares que vinieron.

Todos pensaban que, con el fin de las fiestas, todo volvería a la normalidad.....


Estoy trabajando en un bar durante estas fallas. Me gusta mucho la idea, porque casi no tengo tiempo para pensar.....
 
Inventario

Fechado el 8 de Marzo de 2003 y recuperado tiempo después del Baúl de Tesoros Agridulces


A fecha de hoy, y tras exahustiva revisión, tengo en mi poder:

Mis corbatas, que me dan una imagen seria; camisas p'al trabajo y tres trajes. Un par de zapatos; reloj: en el móvil: bolígrafos, papeles escritos y papeles aún por escribir; un montón de apodos: Demonio, bicho, bela, buñuelos, papipú, cuñao, bisbal, Velarde, Ve (con B o con V, es indiferente)...; un montón de viajes a cuestas que conllevan un montón de experiencia y un montón de problemas; mujeres habidas y por haber; follones, jaleos y alborotos; una juventud rebelde y una madurez resignada; cantidad de alegrias y muchas tristezas; cariño dado y recibido. Una mano con cinco dedos muy hábiles y la otra con forma de espátula; tres preservativos en el bolsillo de mi cazadora; unos hoyuelitos que me hacen parecer muy mono; muchas cervezas entre pecho y espalda; la fidelización de la marca "Malboro" y, más concretamente, en la variedad "Medium"; con ello, un potencial cáncer de pulmón; 5 años cotizados a la Seguridad Social que han parecido más; muchos recuerdos y experiencias; una compañera de piso y de trabajo estupenda, graciosa y alegre; una pulsera que no me pongo porque se me cae; la dueña del piso, que es una persona maravillosa. Un montón de proyectos iniciados y no terminados; una colección de brujitas y magos obtenidos de los diferentes viajes que he hecho. Pocos amigos de verdad, pero buenos, y muchos conocidos no tan buenos. Un boli que me regalaron y que no he usado; ganas de volver a ver a ciertas personas; ganas de no volver a ver a otras nunca más; un teléfono móvil con la carcasa de dibujitos de electricidad que va muy bien; la posiblidad de viajar a León, Gijón, Palma, Valencia y Amsterdam y tener allí casa; un hueco donde antes tenía el corazón; cansancio de un buen fin de semana; amigas con derecho a roce, amigas sin ese derecho y amigas que dejaron de serlo; un futuro incierto y tal vez preocupante; alguna que otra deuda (aún); la facultad y facilidad de hacer reir a la gente; la comprensión de unos, la incomprensión de otros; motivos que me hacen seguir luchando; una pachorra espesa; ninguna prisa porque no voy a ninguna parte; un piso que en realidad es del banco hasta el 2030; la certeza de la muerte y el miedo a cómo será ésta; ironía, sátira y desengaño de noche y retórica, filosofía y optimismo de día; una playa donde pasé buenos momentos y otros no tan buenos; una familia a la que quiero y apenas veo; la suerte de los soñadores, que tiene doble cara; dos carnets de identidad, uno caducado y el otro actual; un pasado, presente y futuro que, en ocasiones, me acosa y derriba; un amor casi enfermizo al campo, a la brisa que agita mi melena, a la hierba con el rocío de la mañana y al canto de los pájaros cuando el sol está saludando a ese campo; ganas de fumar; una tos precisamente por eso; un escalofrío que me recorre la espalda de vez en cuando; un caramelo de anís en la mesa de mi escritorio; un amigo y rival que hoy me tiene miedo, celos o envidida, y al que esta tarde o mañana se los tendré yo; tres rincones secretos donde escaparse del mundo y de las preocupaciones en Valencia y dos en Sevilla; unas fotos comprometidas en poder de otros (aunque graciosas y sin mala leche); tres cartas recibidas; dos christmats de esos (o como se escriba); inquietud por mis amigos; por mis enemigos, desprecio; por los que me ignoran enfado; ciertas actidudes mías que no entiendo y ciertas actitudes de otros que no comparto; la suerte de estar hoy feliz y la esperanza de serlo mañana y todos los mañanas; ropa pendiente de lavar y otra pendiente de arreglar; ambición, poca, pero ilusión, mucha; falta de ideas y a veces (no es el caso) de creatividad; motivos para querer a ciertas persofnas y razones para odiar a esas mismas personas; y carácter raro; facturas pendientes de revisióin y archivo; locura de la buena; pasión por la mahou bien fresquita; una jarapa muy chula que sirve para el campo y para la ciudad; una tienda de campaña que he utilizado sólo una vez; la seguridad de que este verano no iremos a Oropesa del Mar; un cansancio mental que me dura bastante y que pesa como una losa; ganas de un café sólo y cargado; un nacimiento en Madrid, apadrinamiento en Cuenca y adopcion en Valencia; dos dados de esos de jugar al rol; clase, estilo y elegancia para vestir en el trabajo y ordinariez y desfachatez para vestir fuera del mismo; un CD con canciones de Joaquín Sabina que me mola mucho y que me anima cuando estoy jodido; una guitarra, un teclado y una armónica que no sé tocar; el casco de una botella de Four Roses que me abrió muchas puertas cuando llegué a Valencia; dos asuntos pendientes de arreglar rque no voy a arreglar hasta que se ponga la cosa muy chunga; libros. Muchos libros leídos y otros pendientes; y otros que he de comprar; útiles de aseo; la colonia patxuli.........

Y más de cien palabras, más de cien motivos más.

Cuaderno de Bitácora
Sevilla, 8 de Marzo de 2003


Han pasado tres años y un poco más. Los días de diferencia fueron esos que sentía la imperiosa necesidad de publicar esto. No sé por qué, pero desde hace 3 ó 4 días, mi subconsciente me lleva dando la lata con que me entretuviese buscando este inventario.... me he quedado pálido cuando he visto la fecha (no la recordaba), y ya sé lo que me quería decir mi yo interno.

Tampoco han cambiado tanto las cosas desde aquel día.
 
El artículo que nunca quise escribir
Siendo por lo normal bondadoso, generoso, conciliador y bueno, (cosa que han alabado unos y reprochado otros), no me gusta escribir sobre otros. Sobre terceros que no tienen oportunidad de réplica, es decir. Cotillear. En suma.

Mas como ésta es mi página, y escribo lo que me da la gana y cuándo y cómo me da la gana, amén de que ayer no la dejé hablar conmigo "porque no me apetece". Me veo obligado a, una vez más, sacar la mierdecilla que llevo dentro de la cabeza y poner a parir a la innombrable.

Es cierto que se van a enfadar conmigo. Lo sé. También es cierto que, en virtud de la ley del karma y del recibir lo que das, van a poner a parir a la gente que aprecio. Yo no busco eso, me gustaría que todo lo que diga me lo echen en cara a mí, y no a aquellos que, pese a todo y pese a todos, están conmigo. Pero hoy me he levantado con un extraño picor en los dedos, sobre todo cuando ha habido cierto cruce de frases que no me ha gustado ni un pelo. Y tengo ganas de liarla un poco, además de que, sinceramente, me da igual casi todo.

Aquella que tiene nombre, pero no se ha de pronunciar so pena de que aparezca haciéndote la puñeta (ya ha ocurrido antes y volverá a ocurrir), tiene un concepto muy raro de la amistad. Bueno, no es tan raro, al fin y al cabo es muy similar al resto de la gente normal. Simplemente que no comulga con mi filosofía y mis principios. Ella (ello) es amiga tuya siempre y cuando estés de su parte y le digas cosas bonitas. Cuando cambian las tornas, parece que es un "o estás conmigo o estás contra mí". Y ninguno tenemos la razón siempre, por más que nos creamos que somos flipantes que te cagas, pilarín, mira como sé de todo y soy el mejor y tú te callas porque no tienes ni idea.

La innombrable alguna vez se llamó amiga mía. Hasta que fíjate tú, la contradije y expuse mis ideas en libertad, contrariándola. Me acusaron de ser y hacer de todo. Pero no a mí directamente, sino a una chica a la que aprecio de veras, cosa que, lógicamente, me contó. Y aguanté. Dijo cosas de mí en lugares donde no estaba yo. Y aguanté.Puso frases en el msn referidas a mí, cuando alardeaba de decir las cosas a la cara. Y seguí aguantando. Y cuando intentó hablar conmigo, en dos ocasiones, sus formas fueron dignas de la mejor verdulera de MercaValencia. Y ya no aguanté más. Cabreadísimo, le dije lo que pensaba de ella, y ella (ello) me reitró la palabra. Mas no así al resto, a la gente. Un problema nuestro convertido en un debate televisivo tipo Gran Hermano.

Yo me enteré de lo que decían por la, cada vez menor, confianza depositada en mí. Aguanté. Tuve que pedir disculpas, no por el contenido de mis palabras, sino por el tono de las mismas. No me lo agradecieron. Es más, sirvió para que aquella que no se puede nombrar se recrudeciera en su hostil actitud.

La tercera, (ayer), volvió a intentarlo. Tarde, me entró suavecito, con cautela, y yo, que estaba sumamente cabreado, por las otras ocasiones, tardé exactamente una frase (de siete palabras) en mandarla a freir espárragos.

El tiempo, y la distancia, si quiere, demostrará la falsedad, la pura fachada y el miedo de esa persona, que hace lo que sea para mantener a la (creo, puedo equivocarme) única persona que de verdad la aprecia. Esa persona que me pondrá de vuelta y media, y rebatirá mis argumentos. Que devolverá golpe por golpe y palabra por palabra lo que pienso, caso de que hablemos algún día del tema. O el tiempo, que es mu sabio, pero no muy sutil, demostrará que yo estoy equivocado y que todo lo que me dijeron es verdad. Y yo soy el tonto de la historia, el engañado.

Y como no quiero dedicarle ni una coma más de lo estrictamente necesario a la innombrable, y ya es la hora de comer y a playa queda cerquita y hace un día de puta madre como para que vaya comiéndome el tarro con ella, finalizaré la exposición con unas palabras que no son mías, sino de un tipo que considero más inteligente, culto y capaz de lo que yo soy ahora mismo (saludos, Don Arturo). Esto va por todos mis lectores, y me lo llevo aplicando algún tiempo. Es hora de compartirlo.

Se puede ser malo por maldad o por ignorancia. Por maldad todavía tiene un argumento, puesto que todos nos guiamos por unos principios, más o menos correctos, en los que puedes estar o no de acuerdo.. Pero por ignorancia, ser malo es lo peor, porque significa que no tienes nada dentro que merezca la pena, que no tienes algo por lo que luchar, por lo que sufrir.

Lo que no se puede llegar a ser es un innombrado, joder.
 
Posteando, que es Gerundio
He llegado tarde y me he levantado temprano. Otra de mis facetas.... el cambiar constantemente de horarios de sueño y de comidas. A veces lo hago a propósito, por variar la rutina, y otras no. Pero bueno, es así. No tenía ahora intención de publicar nada, pero gracias a Alhandra y a sus nicks, he visto algo que ha hecho que me sosiegue el ánimo.

Con permiso de ella, y de alhandra, os invito a ver lo que pasa por la cabeza de Anawin
 
Segunda Epifanía
Mientras el olor a pólvora me cosquilleba la nariz y el humo me hacía lagrimear los ojos, tuve la segunda visión en pocos días. El negocio iba a ir bien. Muy bien.

La cantidad de pasos y viajes me habían hecho ir al centro de Valencia. A la mascletá, me dije, ya que estoy por aquí, cansado, exhausto, agotado. Lo había planeado antes, pero creí que no me iba a dar tiempo. Me pedí una cerveza, encendí un cigarro y saltó el primer petardo.

Normalmente, cuando suena la mascletá me evado, pienso en otras gentes y otras batallas. Unos barcos a cañonazos. Un dos de Mayo revolucionario. Un Waterloo trágico. Un Flandes triunfal y mortífero. Pienso que estoy en otro sitio, que el sonido, el olor, la ansiedad de la gente, que me recorre como si fueran descargas eléctricas las manos, el pecho, y la frente, son producto de una lucha a vida o muerte. Y me imagino los cientos de miles de personas que escucharon, aterrorizadas, esos mismos sonidos tan similares a los cañonazos; que sintieron, como yo durante la parte más intensa del espectáculo, temblar el suelo como si una terrible carga de caballería dirigida por el mismísimo Murat fuera a acabar con todos nosotros allí mismo. Que notaron la pólvora secar sus gargantas. Que vieron caer del cielo trozos de otras personas como caían ayer trozos de carcasas. Que gritaron, y silbaron, y aplaudieron como tantos otros gritarían, silbarían y aplaudirían tras ganar una batalla.

Ayer estaba dispuesto a realizar ese interesantisimo ejercicio cuando fui consciente de lo que he dicho. El negocio iba a ir bien. Muy bien. No ví a ningún capitán, ni grumete, ni pasajeros, ni maldito otro muñeco de guiñol que me ha estado atormentando durante estas dos últimas semanas. Sólo me vi a mi mismo. Feliz, con un objetivo logrado. Y sólo pude musitar un "gracias por la revelación".

Cuando terminó, y volví a mis interminables quehaceres, mi socio me esperaba con buenas noticias. Sí. Ya estaba empezando a girar la rueda. Ya empezaba a obtener resultados. El del banco me esperaba con más buenas noticias. La hermana del quiosquero me trajo el presupuesto que me hacía tantísima falta. Un pavo me regaló una camiseta.

Pero el mejor regalo me lo dí a mí mismo. Volvía a tener confianza
 
Epifanía
Takker estaba en cama, aquejado de una grandísima resaca, producto de fumar sustancias tóxicas durante todo el día anterior y de beber. Completamente extasiado, sorprendido por el sueño que había tenido, así como por la brusquedad con que había sido sorprendido del miso, remoloneaba en su catre, dormido y resacoso.

El Capitán se hallaba en su camarote, leyendo y fumando. Tenía unas inmensas ojeras de no dormir bien, y estaba débil, producto de no comer como era debido. Las preocupaciones, y sortear aquellos escollos que no estaban marcados en carta náutica alguna, le habían hecho perder el apetito, amén del sueño, pensando sólo en la integridad de su barco, en las vidas de su tripulación y en su cordura.

Por su parte, el Grumete estaba, con la ayuda de la Pasajera 54, examinándo unos planos, las paredes de la bodega de carga y sus reformas, y las fórmulas en que podría quedar todo más bonito y más espacioso, sin gastar ni un real más de los que no tenían.

El galeote pensaba en mujeres, y en cómo seducirlas, poseerlas y olvidarlas, amén de en cómo obtener más dinero, utilizando, si fuera preciso, métodos ilegales o inmorales; mientras, el Pasajero 122 trataba, en vano esfuerzo, de arreglar ciertos defectos que se habían detectado en la bomba de calor de la cocina, tratando por todos los medios de hablar con personal especializado en mecánica, achicando el agua que se perdía e, incluso, abriendo él la máquina para ver dónde podría estar el defecto.

La comprensión los golpeó a los seis con la fuerza de un puñetazo bien dirigido. El Timonel se incorporó bruscamente de su catre, jadeante, El Capitan gruñó por lo bajo mientras la ceniza de su eterno cigarro caía, como a cámara lenta, hacia su camisa. El Grumete olfateó el aire, cargado del tenso aroma de ozono, espectante, el Galeote levantó la cabeza con una mirada de triunfo y los pasajeros la mirada, en la cual había un brillo especial, distinto, mágico.

Todos tuvieron la certeza de que navegar en el Lobo Solitario, la vida, era un cúmulo de experiencias, sensaciones, aventuras, cosas por descubrir. Y por eso y en función de eso actuaban, reían, gritaban, lloraban, callaban y hacían las cosas. Porque la vida es un reto, y hay que asumirlo como tal, con las cosas buenas y las cosas malas. Y lo mismo cae tormenta que luce el sol, y de todo se aprende, para bien o para mal, y mientras se esté retado, se pueda ir hacia adelante, y se esté a gusto con uno mismo, se podrá superar. Y si no se supera será cuestión de afrontar otros retos, otros objetivos, otros logros, pero no hundirse en la miseria y caminar por la cuerda floja. Porque como dijo alguien, en una canción, se envejece muy pronto, y hay tanto bello por ver... y tan acre es el recuerdo de lo que no llegaste a hacer....
 
Recuerdos del pasajero 122
Ella era pequeñita, rubia, de ojos verdes. No estaba delgada, ni podía decirse que gorda. No tenía un cuerpazo, senos pequeñitos y caderas, tal vez, algo anchas para los baremos de tanto pillo, tanto golfo y tanto buscavidas y buscaAmores. Pero era un encanto. Una dulce niña, a pesar de los 29 de entonces que nunca me reconoció (se quitaba los años de cuatro en cuatro, la pérfida).

La conocí cuando fuí a ver a un amigo mío a Zaragoza. Ella era su novia por aquel entonces. No sé si lo seguirán siendo. pardiez. He perdido el contacto con ella y con él sólo hablo en ocasiones, cuando necesita o quiere algo. Hoy me llamó, ufano, cuando supo de mis nuevos negocios, de mi nueva casa, para intentar pasar una temporada aquí, que son las fiestas patronales. Menudo morro que gasta el tío. Aprovechó la oportunidad de la noticia para acoplarse sin soltar un real. Como siempre.

Perdí el contacto con ellos, como digo, por circunstancias. Por voluntad plena y consciente mía y por su actitud, sumamente egoista siempre, que yo perdoné en mil ocasiones hasta que dije basta. Tenía que vivir mi vida. De él, si llega el caso, hablaré en posterior ocasión. Ella viene a colación porque ahora, también por circunstancias, me han asaltado los recuerdos de cosas que me dijo cuando todavía nos unía una gran amistad y ella era mi princesita y yo su galán acompañante. El pardillo, aquel que la entretenía hasta que llegaba mi amigo su novio y que luego era abandonado por los dos a su suerte. Siempre les deseé dicha y felicidad, los respeté, defendí y encubrí en ocasiones, los apoyé en su complicada relación (estuvieron un año como amantes, engañando a los respectivos alegremente, hasta que decidieron cortar con los mismos y empezar de cero), los escuché cuando necesitaban desahogarse, y me hablaron cuando les pareció bien.

En una de estas ocasiones, ella, la novia, me dijo que ójala me hubiera conocido a mí antes, porque se hubiera enamorado de mí, de cómo soy, y sin duda habría cambiado todo. Empezaban los problemas entre ambos, cuando se exigían y pedian mutuamente compromisos y responsabilidades que antes, de amantes, no podían pedirse.

En otra ocasión, en una larga carta en la que me analizó, (es la única persofna a la que le he dejado hacerlo de forma consciente y a la que he escuchado las conclusiones), me dijo que yo nunca sería feliz si no tenía alguien a quién proteger, alguien con quien la aventura no fuera compartir, sino descubrir. Guardo esa larguísima epístola en algún lugar, en algún baúl de recuerdos y cosas que me dejaron un sabor agridulce. Y no puedo dar cumplido detalle de los mismos. salvo de lo que me impactó y de las frases que ahora tengo que tragarme dolorosamente.

Esta mañana, insisto, por circunstancias, he recordado esa frase, amén de otras que me dijo, y que le dije, entre las cuales estaba la teoría de que en este perro mundo, todo se paga antes, durante o después, que nada queda sin compensar. Y haciendo balance, tengo muchas deudas que pagar, y también muchas que cobrar. No soy inmune al destino ni a las cosas, como me creía, pero debo hacer frente a mis deudas.

Con la cabeza bien alta, con el ceño fruncido, tal vez, pero me haré cargo de mis actos y de mis responsabilidades, y de las cosas que he hecho y que he dicho, y de las que no he hecho o no he dicho, puesto que también influyen en la vida de los demás, por mucho que cueste comprenderlo.Y como decíamos en la tierra de esta chiquita, (siempre acudíamos a verla, nunca vino ella a nosotros, una de las cosas por las que dejé esa amistad por considerarla convenida) entre risas y tostadas de la zona, cuando estábamos allí, "Y luego, si quiere, que salga el sol por Antequera"
 
Los pies fríos y la cabeza caliente, como siempre
Mierda de Banco.
Mierda de Local
Mierda de todo.
Tal vez debí seguir con la cabeza dentro del agujero. Y no saber nada de nadie. Tal vez no debí implicarme nunca en nada ni con nadie. Y hubiéramos salido todos mejor parados. Pero lo hice. Tal vez me equivoqué


Mi hermano, mis "amigos" del bar, los conocidos de diversos sitios y lugares, mi socio y su familia, mi propia familia, yo mismo... todos me dicen que lo veo todo muy negativo, que saldremos adelante. Que todo pasa. Y es cierto. Todo pasa. Todo tiene solución. Pero yo estoy en el fondo del pozo. Como el dioni, lo veo todo negro.

Nunca me he sentido tan sólo. Y todo por tratar de vivir mi vida, mis sueños, mis ilusiones, por confiar en mí y en los demás, y fallar en esas confianzas. Tanto a los demás como a mí mismo. Por cometer mis propios errores y tomar mis propias decisiones, por hacer caso a mis sentimientos, a mis principios.... por iluso, por pensar que todo sería más fácil.

Hoy he tenido un arranque, por fin me han dejado sólo, mientras venía en el autobús del banco. Voy a salir de esta por testiculina intensa. A aquel que, (tal vez y sólo tal vez) no confía en mí le demostraré, caso de que se confirme mi teoría, que está equivocado. Y me lo demostraré a mí mismo, al que en realidad, soy el único al que debo rendir cuentas.

A aquella a la que fallé le seguiré pidiendo disculpas siempre, (por cierto, bienvenida a bordo, compañera, el grumete estará encantado de enseñarte las dependencias, y los camarotes, y todo lo que necesites conocer), y comprensión porque, en el fondo, creo que he actuado de forma justa y correcta. Tarde, tal vez, pero a tiempo, vive dios, por otro lado.

Y a aquellos que estais aquí, que me aguantáis cosas buenas y malas, os pido cariño y ánimos, no consejos ni sermones.

Y a mí mismo me pido fé, esperanza y caridad.

Sé que todo eso lo tengo ahora mismo... Sólo tengo que volver a descubrirlo.
 
Posteando, que es Gerundio - Recordatorio Y agradecimientos
Joer, por circunstancias, he releido todo el blog... y me he sorprendido a mí mismo.

Tantos tesoros y tantos naufragios, desde agosto del año pasado, quedan resumidos (malamente resumidos, voto a tal) en unas cuantas palabras y unas pocas fotos.

Me siento a gusto con esto, (por lo menos de momento) pero, ¡¡rediós!! que las sensaciones, los buenos momentos y las amarguras están dentro de mí y ni, por asomo, se reflejan en su totalidad en cada uno de los post publicados. Y a mi entender, hay alguno realmente bueno, (bueno, vale, uno o dos, a lo sumo).

Me queda el consuelo de revivirlos cada vez que releo algo. Mi historia. Mis historias, con todos sus personajes, sus situaciones, sus momentos y sus matices, no han muerto. Tal vez alguno de mis (escasos, pero fieles) lectores no entienda nada en ocasiones. Tal vez entienda la mitad en otras, tal vez lo entienda todo. Pero como he dicho en mil sitios, yo escribo para mí. No para los demás. Para poder recordar, con nostalgia a veces y con alegría en otras, esas historias, esos personajes y esos momentos.

Por ellos, y por mí, quiero recordaros a todos lo importante que es vuestra presencia, aunque sea esporádica; aunque a veces no me entere de que estais (sin comments, y con ese contador chungo que tengo no puedo estar seguro). Y quiero agradecéroslo uno a uno.

Tashintashan: Mi Sacerdotisa del Sur, la precursora del blog. Espero que estés mejor del mal que te afecta. Gracias por darme el empujón definitivo para que fletase este barco y por esos momentos inolvidables y esas charlas en tu tierra.

Elena: Niña, no sé por qué,.pero has calado hondo entre la tripulación. Gracias por esos momentos de ánimo, por hacerme reir por tus historias graciosas y medio llorar cuando hablas de tu hermano Julito. Y tampoco sé por qué debo agradecerte esto, pero gracias por soñar conmigo el otro día, y sí que es curioso, si, lo que te pasó.

Alhandra: Mi primera fan. Gracias por estar ahí y por volver cuando creía que no estabas, por tu tesón con tu blog que se estropea y arreglas, y por ese primer y maravilloso artículo que hizo que te "conociera", y que jamás podré olvidar.

Marco: Gracias por hacerme reir con las historias de tu madre. Lo siento, pero son graciosas. Gracias por hacerme reflexionar con tus vivencias, y por hacerme sentir cómplice cuando estás enfadado con el mundo y yo también.

Corsaria: Te he dejado la última no por nada en especial, sino por que fuiste la última en aparecer por cubierta. Como ya te dije, gracias por ser como eres. Tailoviu un egg.


Agradecimiento especial a una persona que todavía no estoy preparado para admitir a bordo
A Vane, por haberte aguantado tanto, por tu paciencia conmigo, por no enfadarte pese a lo que te he dicho, y el sufrimiento que, aunque no lo digas, seguro llevarás por dentro. Por tu comprensión. Y por todo lo demás. Más adelante, cuando pises por fin el Lobo Solitario (quiero que lo hagas, pero ahora no), entenderás muchas cosas. Y sabrás que es cierto todo lo que te he dicho.

Buenooooooooooooooo pa mi que me he puesto un pelín melancólico. Esto suena a despedida, y no lo es. Pero prefiero no dejar pasar la oportunidad de expresar lo que siento.

Hay gente que me dice que no debo agradecer todo. Y tienen razón, joder. Pero soy así. Para lo bueno y para lo malo. Sé que todos me diréis que no debo agradeceros nada, que es un placer, pero... bueno, yo os digo que sí que debo agradeceros eso. Si no por vosotros, al menos por mí.

P.D.: Joooooooooeeeeeeeeeeeer, como estoy, jajajaja acabo de releer todo esto.... ¡¡ni que me hubieran dado a mi un Óscar!!
 
El Dibujo
- Capitán, señor: tengo hecho un boceto que creo que le gustará.

- ¿¿Disculpe?? Usted es el pasajero......

- 122

- ¡¡Ah, si!! El raro... ¿y cuándo le he encargado yo ninguna pintura?

- Nunca, señor. Fue aquella señortia, la pasajera, a la cual tenemos tanto cariño. Me contó la historia del perro.

- Si, bueno.. la gente habla. Y mucho. ¿Y bien? ese dibujo....

- Aquí está señor. Me ha costado tiempo descargar la imagen de este dispositivo que tengo por cabeza. Pero aquí lo tiene



- ¡¡Anda!! mi abuelo adptivo y mi maestro juntos... ¿que se traen entre manos vuestras mercedes? ¡¡¡Uy!!! El perrito. Que gracioso... y con lo que hemos tenido que soportar, nadie se ha preocupado del pobre. ¿Qué tal le irá en su nuevo hogar? ¿Nos echará de menos? ¿Tendrá nuevos amigos?
 
Llamadme Xeron
 
Don Antonio
Don Antonio es un señor. Todo un Señor con D. mayúscula, de los de antes, bajito, duro, rocoso, al que la vida le trató medianamente bien hasta que la muerte se llevó a su esposa y tuvo que tragarse sus huevos y sacar adelante una familia cuando no sabía cómo. Eran otros tiempos, y me imagino que la señora (a la que nunca llegué a conocer) cuidaba y educaba a sus hijos y la casa, y me imagino también que él no sabía, en su momento, hacer nada de eso.

Padre de uno de los taberneros. Don Antonio tiene muchas arrugas, unos ojos verdes francos y limpios y mirada penetrante que incita al respeto, incluso a cierta clase de admiración. Le falta el dedo meñique de una mano, y no sé por qué es, pero tampoco me importa. Hay gente a la que le falta dinero, amor, salud, amigos... y tampoco voy preguntando.

Antonio rie a carcajadas cuando algo le hace gracia, gruñe cuando está descontento, y bebe cerveza en silencio, sin hablarse con nadie, cuando está realmente preocupado o enfadado.

Aparte de todo eso, Antonio tiene una mala ostia del copón. Le he visto gritar y geticular, manotear, y casi casi, una vez, palparle la cara a uno que llegó tocando las narices cuando él ya las tenía tocadas.

Esta mañana, ojeroso, sin dormir, acudí puntual a mi cita del café y los buenos días. A las nueve en punto. Antonio llegó unos dos minutos después y, tras saludar a todos los parroquianos que allí había, alguien le preguntó que si había madrugado, a lo que respondió que ya llevaba mucho tiempo despierto.

"Uiiiiiiiiiiiiiiiiiiis" -me dije cuando pidió un doble de cerveza- "Este está cabreado".

- ¡¡¡¡ Buenos días, Don Antonio !!!! - Siempre le llamo Don Antonio, aunque tenemos mucha confianza, es un poco de cachondeo y un poco de respeto. Ese hombre se merece el Don más que muchos que se lo hacen llamar y son verdaderos hijos de la gran puta.

- Buenos dias.... por decir algo.

- Hombre... -insistí yo- siempre que hay un día siguiente es bueno.. lo malo es cuando no hay un día siguiente, ¿no?

- Pues No. - Seco. Rotundo. Duro como él y como la tierra que lo parió hace tantos años.

Y me miró, fíjamente, sin pestañear, sin esperar respuesta, deseando que comprendiera sin tener que explicarme las cosas. Y me imaginé a su hijo, Que lo lleva por la calle de la amargura, que es un cabrón como muchos cabrones de su edad, golfo, egoista, mentiroso, vividor a costa de los demás y de su ego. Y me acordé de su yerno, que se ha peleado alguna vez con palabras y alguna otra con ostias con el hijo de Antonio. Y me imaginé a su hija, que vuelve a estar embarazada, y que a lo mejor había problemas, dado que es un embarazo complicado. Y me imaginé a su nieto, que ahora mismo, es la única alegría que tiene Don Antonio, aparte de esos chistes, esas bromas, y esos momentos de camaradería que surgen en la barra de un bar. Todo eso me lo imaginé en los pocos segundos que me miró.

Le dí dos palmaditas en el hombro, no muy seguro de lo que tenía que decir. Así pues, no dije nada, y los dos agachamos la cabeza hacia nuestras bebidas, cerveza y café, pensando en la mierda que arrastramos sin saberlo, pegada a la suela del zapato, y cuyo olor de vez en cuando nos llega a las narices para recordarnos que sigue allí.
 
Posteando, que es Gerundio
Bueno, acabo de hacerlo. Bienvenida, Corsaria, a mi blog.La única a quien tenía que contárselo, pero no podía contárselo. Aquella que, ahora si, recibirá esas palabras que le dediqué, junto a otra, hace poco.

He dado, no sé ni como, un paso, de contarle muuuuuchas cosas, y no siento ni culpabilidad ni remordimientos, ni alegría ni tristeza, sólo la satisfacción del deber cumplido. A pesar de todo, a pesar de todos.

No sé qué pasará a partir de ahora, y en verdad, me es en cierto modo indiferente, aunque me preocupa perder a aquellos que son tan importantes para mí. Y no sólo hablo de tí, mi querida alumna más privilegiada, hablo de todos, porque cuando ganas algo, siempre pierdes algo, o tú o quien te rodea, porque la libertad que tengo procede de mi locura, de mi anormalidad, porque no quiero hacer daño y lo hago, hablando o callándome, y es así, es inevitable, como la tormenta cuando el cielo se tiñe de rojo al amanecer y lo ves, acodado en el castillo de proa, con una mezcla de admiración y miedo.

Sólo quiero ser yo mismo, y eso a veces cuesta. Puede costar la libertad, la cordura, los amigos, los amantes, los amados. Puede costar muchas cosas, puedes perder muchos tesoros en el mar, pero por eso Navego en el Lobo Solitario, por eso rio, y lloro, y sufro, y me alegro, porque cometo mis errores, y porque tengo mis aciertos, pero son los mios, y no los de nadie más. Y hago lo que creo que es correcto, y a veces, pese a quién pese, y otras no, pero lo hago.

Porque prefiero que me sonría la mirada curiosa de un grumetillo antes que la mirada triste y cansada del capitán detrás de un espejo, por más que la añore a veces. Porque me encanta que esa mirada de pasajera 54 me llegue al alma, porque me encanta desatar al pasajero 122 y que escriba, y grite, y corra, y deje que el viento azote sus cabellos, y se vaya al campo, o al mar, o a cualquier sitio que quiera irse. Porque es mi vida, y tengo que vivirla a mi estilo. Aunque a veces duela.
 
El Molino del Sol

Preparativos
Siete de la mañana. Por tercer día consecutivo suena el despertador del móvil. Lo apago y, nuevamente, gruño. Pero esta vez he de despertarme, he de cumplir una promesa. Me levanto. Tengo frio, pues duermo en calzoncillos siempre. Buscando un pantalón acorde a mis propósitos, mi mirada se detiene en esa maleta que no llegué a deshacer de Cartagena, como si pudiera volver a repetirse el viaje, una segunda oportunidad de hacerlo todo de nuevo, bien o mal, pero distinto, por favor, de lo que fue.

Encuentro mi pantalón y, tras ponérmelo junto con una camiseta algo sucia y un sueter aún más sucio, me enciendo un cigarro. Con la tos parece que se me va a escapar el ánima antes de poder decir siquiera Jesús.

Mochila. Incluyo en ella el engrasante y un líquido especial por si pincho, poder volver en la bici. Cuatro pisos (sin ascensor) con la bici a cuestas me hacen pensar que ya no soy tan joven, ni tan fuerte, ni tan dispuesto de cuerpo como de espíritu.


viaje
Una vez abajo, engrasé bien la cadena, comprobé que tenía todo en mi bolsa y partí en busca del sol.
Destino: Playa. Objetivo: Amanecer


Diome cumplida razón de mi despropósito, y de las consideraciones de mi vejez y juventud, con las primeras pedaladas, un frío en los dedos que me los dejó entumecidos. Los guantes se quedaron arriba. Llegué al viejo cauce del río sin mayor novedad, y una vez en él, respiré por fin la libertad, la soledad, los cantos de los pájaros, el frío que no me pasaba por la garganta gracias a la bufanda que, eso sí, tuve la precaución de coger. Se me salió la cadena a las primeras de cambio, y con los dedos prácticamente inutilizados, tuve que volver a ponerla.Tengo que hablar con el mecánico que me la arregló. Me aseguró que iba de maravilla. Y la rueda trasera roza.

Bueno, antes de llegar a mi objetivo, mucho antes, comprendí que no iba a lograrlo. Llevo unos días exhausto, cansado, deprimido y rendido, sin fuerzas para tirar hacia adelante. Lo intento, os juro que traté de pedalear más rápido que mis preocupaciones, pero éstas no necesitan descanso, y yo sí.

Así pues, y dado que, aún habiendo madrugado, ya era de día, y que cuando llegase a la playa no iba a lograr mi objetivo. Me dediqué a dar vueltas por el parque esperando encontrar un sitio en el que reposar mi cansada alma y reflexionar, si pudiere, en algún sitio en el que los tímidos rayos de sol me calentaran los huesos.

Tenía que hacerme una foto. Lo había prometido. Tenía que hacerme una foto con el sol naciente de fondo. Esa era mi obsesión, mi lucha del día, el pequeño reto que podía hacer que triunfase en una de las cosas que me había propuesto. Así pues, me acerqué hasta un edificio viejo, semiderruido, bastante cubierto de maleza por la parte de abajo y su camino, y con las ventanas tapiadas y las paredes y el techo sucio por el medio, y el tejado desdentado por la parte superior.

El barro me hizo desistir de mi propósito, y los camiones con materiales de una obra cercana, y la gente que me miraba como si fuera un delincuente. Y el sol que, pese a salir, no despuntaba por el alero del viejo molino. Y mi cansancio. Y mi vejez, que no ancianidad, porque me sentía viejo por detro, a medida que todo lo vivido, lo sufrido, lo perdido, se me acumulaba en la mochila, junto con los útiles de reparación de la bici. Previsor, si, pero fracasado en ese momento en todos mis objetivos.

Me senté en un escalón, el primero, que precedía a otros tantos, que acababan en el borde de un lago artificial. Y allí, fumando, con los hombros hundidos y, como dice Sabina, con la frente marchita, dejé que el frío me calara los huesos antes de coger nuevamente la bici y arrastrarme pedaleando hacia casa, a la cual llegué pese a la insistencia de un autobús y un coche (conducidos por verdaderos hijos de la gran puta que aprovechaban mis gestos indicando hacia donde iba a girar para adelantarme por el otro lado, rozando casi el manillar de mi bici, móvil pegado a la oreja incluído el conductor del coche, en plena curva y a toda hostia, cuando menos equilibrio tenía dado que con el brazo indicaba el giro) en dejarme pintado en bajorrelieve en el asfalto.


Epílogo
Todavía me huelen las manos a goma de bicicleta, a sudor y a grasa. Lástima de ducha que me tengo que dar.
 
Aquellas palabras que nunca llegó a recibir D.
Y que ójala.... ójala vaya todo bien y puedas quitarte fantasmas y miedos, y rencores y mierda de encima. Y sonrías nuevamente. Y enamores. Y seas correspondida; por mí o por cualquier otro, pero que no te tengas que arrepentir de tus actos, de tus acciones, de tus omisiones, de haberme conocido, de la amistad que nos une, a los tres, a la C. a tí y a mi, y de lo que no nos une a los tres, que me duele más de lo que puedes siquiera imaginar. Y que sueñes, tranquilamente, pues no hay peor almohada que una conciencia intranquila ni peor mirada que la de desprecio, y no nos la merecemos ninguno, por más que esta vida nos esté alejando los unos de los otros y haciéndonos desconfiar, y haciendónos mentir no entre nosotros, sino cada uno a sí mismo. Y que el daño que puedas afligir sea compensado con el cariño que das y todo el que todavía te queda por dar, que es mucho. Y que el daño que estás recibiendo y que recibirás pueda paliarse con un beso largo y tierno, que nos haga olvidar aquello que por desgracia hemos pasado. Y que ójala estas palabras lleguen algún día a ti, y a C. y que las comprendamos y entendamos todos. Y que es triste e injusto, pero nos tenemos los unos a los otros y no nos podemos fallar, aunque eso sea lo que hagamos contínuamente, sólo por no fallarnos. Y que tantas cosas te diría, si pudieras recibir esto, pero sobre todo, que te quiero.