El último Viaje del Lobo Solitario
Las olas lamían la playa con el goce y sensualidad de milenios de práctica, puliendo guijarros y modelando a su antojo arena, conchas y algún que otro desperdicio humano. Una tabla flotaba al vaivén de la resaca, dejando un rastro en la, por lo demás, inmaculada orilla.
Pero Billy Boy no tenía ojos para la singular belleza de un madero yendo y viniendo al vaiven. Al ajetreo. Al mareo, al compás de un mar caprichoso como el corazón humano.
Los restos se amontonaban por doquier. Allí, unos barriles. Aquí, unos restos de velas. Más allá, un palo, posiblemente el de mesana, completamente desarbolado de masteleros. Cuerdas, cuadernos, mapas mojados, papeles húmedos. Jirones de ropa y algunos efectos personales, presumiblemente de aquellos que, sin vida, yacían en la playa donde habían sido arrojados.
Billy Boy recorrió asombrado y asustado el litoral, en el límite del cual se hallaban los restos esqueléticos de un gran barco. En su recorrido, tuvo que sortear el cuerpo menudo de un chiquillo de su misma edad más o menos, que, inexplicablemente, permanecía con los ojos muy abiertos por la sorpresa y una sonrisa en la cara, como si estuviera descubriendo un nuevo y maravilloso mundo. Compasivamente, Billy Boy le cerró los ojos y lo dejó descansar para siempre.
Encima de la tapa de un baúl volvió a encontrarse con un cuerpo que le llamó la atención. Era una mujer de porte distinguido, que sujetaba, como queriendo rescatar, a un varón de aspecto bucólico. Billy Boy imaginó (ensoñó de nuevo) la historia: Un naufragio, un herido. Una mujer que estaba junto a él, cuidándolo, hasta que llegó el fin para ambos. No tenian aspecto de tripulantes, más bien de pasajeros, pero se los notaba valientes, decididos. Les entrelazó las manos para que fueran juntos a ese último viaje y depositó una rosa que siempre llevaba al mar en esas manos unidas.
Encontró varias monedas en los bolsillos de las múltiples chaquetas de un hombre con cadenas. El desdichado se había ahogado por codicioso. Tal vez se hubiera salvado él, parecía fuerte y duro. Tal vez, pero su codicia se lo llevó junto a la dama de blanco. No obstante, sintió lástima y no se llevó todas sus monedas. Al fin y al cabo, el precio que deberia pagar a Caronte sería mayor que el del resto de los compañeros de naufragio. Le puso una de sus propias monedas en cada uno de los ojos cerrados.
Cuando llegó al inmenso esqueleto de madera, tenía los ojos en lágrimas. Tantos sueños, tantas pesadillas, tantas esperanzas, arrasadas por el mar en una noche de sombras. Pensó qué funesto destino había provocado eso cuando vio, el en castillo de proa y junto al timón, a los dos últimos personajes que habían muerto, luchando contra los elementos, a su estilo. El más jóven tenía una botella de vino en la mano; manos que, a su vez, estaban amarradas al timón. Murió cumpliendo con su deber, con su obligación, con lo que creía correcto.
El más viejo tenía un rictus de paz en el rostro. Este descansa en paz, se dijo Billy Boy, tiene a todos sus fantasmas conjurados y, llegado el momento, como deseamos todos, se ha podido ver en el espejo de su alma y ha sido juzgado Apto consigo mismo. Murió con las botas puestas, en su puesto, dejando paso a una nueva vida, para los que quedasen, abrazado a ese baúl hermético que, quién sabe lo que tendrá.
Billy Boy cortó las ataduras de Takker y llevó la botella a los labios del finado, seguro que allí donde se encontrase ahora agradecería un nuevo trago y, al fin y al cabo, como aprendiz de tabernero, su trabajo, como el de Jesús Hijo, era dar de comer al hambriendo y de beber al sediento.
Al tratar de separar los brazos del Viejo Capitán del baúl se encontró con que estos cayeron sueltos hacia los lados. -"Qué lástima" -pensó- "este hombre ha luchado hasta el último aliento por proteger sus tesoros, y ahora que lo ha conseguido, parece que me los ofreceriera para su salvaguardia y difusión".
Con esfuerzo, Billy Boy arrastró el Baúl de Recuerdos Agridulces hacia su carreta y, tras un último vistazo al fin que se había encontrado, cogió también unos tablones en los que se podía leer el nombre de un barco sin mascarón de proa identificativo. El Lobo Solitario "si" -murmuró- "Podré colgar este letrero en otro sitio si, como sospecho, con lo que hay en este baúl se pueden contar unas bonitas Historias de Taberna"
Pero Billy Boy no tenía ojos para la singular belleza de un madero yendo y viniendo al vaiven. Al ajetreo. Al mareo, al compás de un mar caprichoso como el corazón humano.
Los restos se amontonaban por doquier. Allí, unos barriles. Aquí, unos restos de velas. Más allá, un palo, posiblemente el de mesana, completamente desarbolado de masteleros. Cuerdas, cuadernos, mapas mojados, papeles húmedos. Jirones de ropa y algunos efectos personales, presumiblemente de aquellos que, sin vida, yacían en la playa donde habían sido arrojados.
Billy Boy recorrió asombrado y asustado el litoral, en el límite del cual se hallaban los restos esqueléticos de un gran barco. En su recorrido, tuvo que sortear el cuerpo menudo de un chiquillo de su misma edad más o menos, que, inexplicablemente, permanecía con los ojos muy abiertos por la sorpresa y una sonrisa en la cara, como si estuviera descubriendo un nuevo y maravilloso mundo. Compasivamente, Billy Boy le cerró los ojos y lo dejó descansar para siempre.
Encima de la tapa de un baúl volvió a encontrarse con un cuerpo que le llamó la atención. Era una mujer de porte distinguido, que sujetaba, como queriendo rescatar, a un varón de aspecto bucólico. Billy Boy imaginó (ensoñó de nuevo) la historia: Un naufragio, un herido. Una mujer que estaba junto a él, cuidándolo, hasta que llegó el fin para ambos. No tenian aspecto de tripulantes, más bien de pasajeros, pero se los notaba valientes, decididos. Les entrelazó las manos para que fueran juntos a ese último viaje y depositó una rosa que siempre llevaba al mar en esas manos unidas.
Encontró varias monedas en los bolsillos de las múltiples chaquetas de un hombre con cadenas. El desdichado se había ahogado por codicioso. Tal vez se hubiera salvado él, parecía fuerte y duro. Tal vez, pero su codicia se lo llevó junto a la dama de blanco. No obstante, sintió lástima y no se llevó todas sus monedas. Al fin y al cabo, el precio que deberia pagar a Caronte sería mayor que el del resto de los compañeros de naufragio. Le puso una de sus propias monedas en cada uno de los ojos cerrados.
Cuando llegó al inmenso esqueleto de madera, tenía los ojos en lágrimas. Tantos sueños, tantas pesadillas, tantas esperanzas, arrasadas por el mar en una noche de sombras. Pensó qué funesto destino había provocado eso cuando vio, el en castillo de proa y junto al timón, a los dos últimos personajes que habían muerto, luchando contra los elementos, a su estilo. El más jóven tenía una botella de vino en la mano; manos que, a su vez, estaban amarradas al timón. Murió cumpliendo con su deber, con su obligación, con lo que creía correcto.
El más viejo tenía un rictus de paz en el rostro. Este descansa en paz, se dijo Billy Boy, tiene a todos sus fantasmas conjurados y, llegado el momento, como deseamos todos, se ha podido ver en el espejo de su alma y ha sido juzgado Apto consigo mismo. Murió con las botas puestas, en su puesto, dejando paso a una nueva vida, para los que quedasen, abrazado a ese baúl hermético que, quién sabe lo que tendrá.
Billy Boy cortó las ataduras de Takker y llevó la botella a los labios del finado, seguro que allí donde se encontrase ahora agradecería un nuevo trago y, al fin y al cabo, como aprendiz de tabernero, su trabajo, como el de Jesús Hijo, era dar de comer al hambriendo y de beber al sediento.
Al tratar de separar los brazos del Viejo Capitán del baúl se encontró con que estos cayeron sueltos hacia los lados. -"Qué lástima" -pensó- "este hombre ha luchado hasta el último aliento por proteger sus tesoros, y ahora que lo ha conseguido, parece que me los ofreceriera para su salvaguardia y difusión".
Con esfuerzo, Billy Boy arrastró el Baúl de Recuerdos Agridulces hacia su carreta y, tras un último vistazo al fin que se había encontrado, cogió también unos tablones en los que se podía leer el nombre de un barco sin mascarón de proa identificativo. El Lobo Solitario "si" -murmuró- "Podré colgar este letrero en otro sitio si, como sospecho, con lo que hay en este baúl se pueden contar unas bonitas Historias de Taberna"
El Triunfo de Guillermo
- ¿Me compras un cupón para hoy?
- No, gracias
-¿Y para mañana?
- No, Guillermo, muchas gracias
- Anda, pues ya que te sabes mi nombre, cómprame un cupón para hoy
- No Gracias, Guillermo, ya tengo
- Uis, pues comprame para mañana, o para el Domingo
- No
- Pues cómprame toda la tira
- ¡¡Que no, pesado!! ¡¡Òstias, déjamen en paz!! ¡¡ Vete a dar el tostón a otro sitio, joder!!
Es delgado y cabezón. Tiene unas gafas desmesuradamente grandes y un cierto retraso que le hace vender cupones de discapacitados. Va siempre desaliñado, aunque limpio. En invierno se pone un pasamontañas rojo en el que sólo se le ven los ojos y es realmente un plasta, aunque no sea consciente de ello. Es Guillermo, otro especímen de la inmensa fauna que recorre dia a dia el bar.
Conversaciones como la que he reproducido las escucho cada día dos o tres veces. Si no fuera tan pesado, o no tuviera tanta urgencia por ganarse el pan, seguramente Guillermo vendería mucho más, pero el pobre bastante tiene con andar y no caerse, no tiene gracia ninguna, y como vendedor, muy poco arte.
Una vez que pilló a Don Antonio de muy mala leche, éste estuvo 10 minutos gritándole, para finalizar diciéndole que se quedase con su cara y que huyese en cuanto lo viera. Guillermo, no sé si por miedo o por pundonor (que lo tiene y mucho, si no, que se lo pregunten a aquél que se metió con su ídolo -Julio Iglesias- que casi se lleva dos tortones en un arranque de furia que jamás ninguno de los que allí estaban hubiera imaginado), ha seguido prudentemente su consejo.
Ayer, Guillermo triunfó. Había una mesa de 9 personas para cenar. Estos vienen todos los fines de semana y, simplemente, por su actitud los odio. Además, se quedan después del cierre, cuando estamos todos cansados, armando alboroto, emborrachándose sin complejos y no dejándonos ni limpiar ni trabajar. A las tres de la mañana, con todo el fin de semana yendo de cabeza, exhaustos, como comprenderéis, no es fácil soportar (y lo intento, creedlo), a los "4 gilipooooooooooooooooollas de turno" que hacen que no puedas cerrar tranquilamente e irte a reposar, y a los que les tienes que reir las gracias porque (palabra del jefe, palabra del señor) "son clientes y, además, son de los que se dejan los cuartos".
No sé si fue casualidad, porque no creo en ellas, o causalidad, o que bajó Dios y le tocó, por fin, con un dedito de esos que usa a veces para alegrase el día a costa de los demás, el caso es que Guillermo apareció en el momento justo, y los vio y fue "lijao" hacia ellos en el momento en que no estaban ni lo suficientemente borrachos como para mandarlo a hacer puñetas con cajas destempladas ni tan poco como para ignorarlo.
Colocó allí mismo un cupón a cada uno, e incluso la Piru (dicen que es porque le gustan las piruletas, yo digo que es porque es una bruja piruja), le compró 3. A renglón seguido fue a otra mesa, envalentonado, en la que no colocó ni uno, pero se portaron amablemente con él. No se desanimó, y en la siguiente mesa, Esther, la hija de Isidro el joyero (descansa en paz, socio, te debo un post), le invitó a una fanta naranja.
Ávido, Guillermo se echó el trago al cuello sin respirar. Ni el vaso cogió. Y juraría (no sé si fue sueño, alegría o sorpresa por mi parte) que incluso lamió el borde un poco. Seguro que hacía meses que no bebía algo que no tuviera sabor a agua de grifo.
Cuando le dije que si le había agradecido a Esther que le hubiera invitado, me sorprendió nuevamente "No, pero ahora me acerco, le doy las gracias, y de paso le vendo alguno"
"Óle, Guillermín, con dos cojones" -pensé- "Táte. Ahora atento, que lo bordas, socio, y luego te ries tú de los demás como ellos se han reido de tí durante estos meses que te he conocido. Y aprovecha, que ya vendrán las vacas flacas, y tendrás que acudir a tu pastor, como el otro día, cuando os ví en la calle, con el megáfono en mano y repartiendo panfletos cristianos, o tendrás que esperar al invierno, cuando vayas con tu gorro rojo, y la de la tienda de al lado se ria tantísimo que luego te compre una tira completa, por vergüenza, o los demás por vergüeza ajena, que pa eso, los españoles somos así, toreros, y cuando viene el toro y embiste hay que dar capotazos, pero cuando viene la vaquilla entramos a matar. Así que ahora, Guillermín, cómetelos a todos, que vas a poder tomarte hasta un café con hielo"
Y allí fue, el colega, con su paso desgarbado, y estuvo un rato, echándole morro al asunto, ahora sí, con todo el arte del mundo. Y no pude ver ni oir lo que decía, porque la Piru (...ja, es que es una Piruja) y su cuadrilla de energúmenos empezó a vocear "cooooooooooooopas, cooooooooooooopas" como si no tuvieran ya dos rondas en el cuerpo (lo que soplaron, los joios)
Pero bueno, supongo que todo fue bien... vi a Guillermo irse todo feliz mientras yo, todo triste, recogía la terraza.
Iba tarareando a Julito Iglesias.
- No, gracias
-¿Y para mañana?
- No, Guillermo, muchas gracias
- Anda, pues ya que te sabes mi nombre, cómprame un cupón para hoy
- No Gracias, Guillermo, ya tengo
- Uis, pues comprame para mañana, o para el Domingo
- No
- Pues cómprame toda la tira
- ¡¡Que no, pesado!! ¡¡Òstias, déjamen en paz!! ¡¡ Vete a dar el tostón a otro sitio, joder!!
Es delgado y cabezón. Tiene unas gafas desmesuradamente grandes y un cierto retraso que le hace vender cupones de discapacitados. Va siempre desaliñado, aunque limpio. En invierno se pone un pasamontañas rojo en el que sólo se le ven los ojos y es realmente un plasta, aunque no sea consciente de ello. Es Guillermo, otro especímen de la inmensa fauna que recorre dia a dia el bar.
Conversaciones como la que he reproducido las escucho cada día dos o tres veces. Si no fuera tan pesado, o no tuviera tanta urgencia por ganarse el pan, seguramente Guillermo vendería mucho más, pero el pobre bastante tiene con andar y no caerse, no tiene gracia ninguna, y como vendedor, muy poco arte.
Una vez que pilló a Don Antonio de muy mala leche, éste estuvo 10 minutos gritándole, para finalizar diciéndole que se quedase con su cara y que huyese en cuanto lo viera. Guillermo, no sé si por miedo o por pundonor (que lo tiene y mucho, si no, que se lo pregunten a aquél que se metió con su ídolo -Julio Iglesias- que casi se lleva dos tortones en un arranque de furia que jamás ninguno de los que allí estaban hubiera imaginado), ha seguido prudentemente su consejo.
Ayer, Guillermo triunfó. Había una mesa de 9 personas para cenar. Estos vienen todos los fines de semana y, simplemente, por su actitud los odio. Además, se quedan después del cierre, cuando estamos todos cansados, armando alboroto, emborrachándose sin complejos y no dejándonos ni limpiar ni trabajar. A las tres de la mañana, con todo el fin de semana yendo de cabeza, exhaustos, como comprenderéis, no es fácil soportar (y lo intento, creedlo), a los "4 gilipooooooooooooooooollas de turno" que hacen que no puedas cerrar tranquilamente e irte a reposar, y a los que les tienes que reir las gracias porque (palabra del jefe, palabra del señor) "son clientes y, además, son de los que se dejan los cuartos".
No sé si fue casualidad, porque no creo en ellas, o causalidad, o que bajó Dios y le tocó, por fin, con un dedito de esos que usa a veces para alegrase el día a costa de los demás, el caso es que Guillermo apareció en el momento justo, y los vio y fue "lijao" hacia ellos en el momento en que no estaban ni lo suficientemente borrachos como para mandarlo a hacer puñetas con cajas destempladas ni tan poco como para ignorarlo.
Colocó allí mismo un cupón a cada uno, e incluso la Piru (dicen que es porque le gustan las piruletas, yo digo que es porque es una bruja piruja), le compró 3. A renglón seguido fue a otra mesa, envalentonado, en la que no colocó ni uno, pero se portaron amablemente con él. No se desanimó, y en la siguiente mesa, Esther, la hija de Isidro el joyero (descansa en paz, socio, te debo un post), le invitó a una fanta naranja.
Ávido, Guillermo se echó el trago al cuello sin respirar. Ni el vaso cogió. Y juraría (no sé si fue sueño, alegría o sorpresa por mi parte) que incluso lamió el borde un poco. Seguro que hacía meses que no bebía algo que no tuviera sabor a agua de grifo.
Cuando le dije que si le había agradecido a Esther que le hubiera invitado, me sorprendió nuevamente "No, pero ahora me acerco, le doy las gracias, y de paso le vendo alguno"
"Óle, Guillermín, con dos cojones" -pensé- "Táte. Ahora atento, que lo bordas, socio, y luego te ries tú de los demás como ellos se han reido de tí durante estos meses que te he conocido. Y aprovecha, que ya vendrán las vacas flacas, y tendrás que acudir a tu pastor, como el otro día, cuando os ví en la calle, con el megáfono en mano y repartiendo panfletos cristianos, o tendrás que esperar al invierno, cuando vayas con tu gorro rojo, y la de la tienda de al lado se ria tantísimo que luego te compre una tira completa, por vergüenza, o los demás por vergüeza ajena, que pa eso, los españoles somos así, toreros, y cuando viene el toro y embiste hay que dar capotazos, pero cuando viene la vaquilla entramos a matar. Así que ahora, Guillermín, cómetelos a todos, que vas a poder tomarte hasta un café con hielo"
Y allí fue, el colega, con su paso desgarbado, y estuvo un rato, echándole morro al asunto, ahora sí, con todo el arte del mundo. Y no pude ver ni oir lo que decía, porque la Piru (...ja, es que es una Piruja) y su cuadrilla de energúmenos empezó a vocear "cooooooooooooopas, cooooooooooooopas" como si no tuvieran ya dos rondas en el cuerpo (lo que soplaron, los joios)
Pero bueno, supongo que todo fue bien... vi a Guillermo irse todo feliz mientras yo, todo triste, recogía la terraza.
Iba tarareando a Julito Iglesias.
El Hombre del Gas
- Pero... ¡¡¡no me digas que está ahí el hombre del gas!!!(*) ¡¡Le voy a dar una hostia que lo voy a Aviar!! -Takker comenzó a avanzar hacia el hombre que, vestido completamente de naranja, pelirrojo y pecoso, tenía el carruaje aparcado enfrente de la taberna a la cual se dirigía a charlar con los compañeros de barra.
- Calma, calma... envaina la daga, loco, que no es cuestión me montar una escabechina en plena calle y a la luz del día - El Capitán, más sereno, aunque cabreado, tenía un tono de "no me hagas mucho caso" en la voz.
- Es que le tengo muchas ganas, Capitán
- Y yo, pero vamos a tratar de solucionarlo por la vía razonable y si no, te ayudo a despellejarlo como el perro que es.
Juntos, se encaminaron al hombre al que ya asediaban varios vecinos para solicitarle nuevas cargas de gas, saludando con sorna uno y con retintín el otro
- "Buenas, socio"
El Tanner, como le apodaban, levantó la cabeza y la sonrisa se le borró del rostro. La última vez que pasó con su velero por el lobo solitario, fueron dos veces a solicitarle carga, bajando al pequeño balandro, y pagándolo por adelantado, y el muy cerdo se fue sin darles su gas. Quedando muy mosqueados. Tanner sabía que lo había hecho mal, y lo veía en los rostros de aquellos que le saludaban conteniéndose.
Takker se contuvo, "déjame hablar a mí", fueron las palabras del capitán. Y miró, hosco, como éste hablaba.
- Si te cogemos el carro, una botella llena y nos lo llevamos al barco, y te traemos de vuelta la vacía, ¿cómo lo ves?.
- Uis, de maravilla, claro está... serán 12 monedas de plata y 35 de cobre.
- Y la mano de obra gratis, ¿no?, claro, que viendo lo que pasó la última vez, casi mejor que no te diga nada, porque todavía estamos esperando la botella, que se la robamos a tu cuñada, y de eso hace un mes, desgraciado. El joven Timonel no pudo contenerse y le soltó, si no un guantazo físico, uno verbal, con parte de su rabia dentro
Tanner miró al Capitán, con una mezcla de cabreo, otra de resignación y una más de petición de ayuda en los ojos. Desgraciadamente, la mirada de este era firme y clara, así que optó por poner la botella en el carro, recoger el dinero y atender a otro cliente antes de meterse en el bar y tomarse, como siempre, unas cuantas jarras de vino. Total, el trabajo venía a él.. para qué esforzarse.
El del butano me tiene frito... yo no sé por qué cambiaron al otro, pero joer, como reza el dicho "Otros vendrán que bueno me harán"
- Calma, calma... envaina la daga, loco, que no es cuestión me montar una escabechina en plena calle y a la luz del día - El Capitán, más sereno, aunque cabreado, tenía un tono de "no me hagas mucho caso" en la voz.
- Es que le tengo muchas ganas, Capitán
- Y yo, pero vamos a tratar de solucionarlo por la vía razonable y si no, te ayudo a despellejarlo como el perro que es.
Juntos, se encaminaron al hombre al que ya asediaban varios vecinos para solicitarle nuevas cargas de gas, saludando con sorna uno y con retintín el otro
- "Buenas, socio"
El Tanner, como le apodaban, levantó la cabeza y la sonrisa se le borró del rostro. La última vez que pasó con su velero por el lobo solitario, fueron dos veces a solicitarle carga, bajando al pequeño balandro, y pagándolo por adelantado, y el muy cerdo se fue sin darles su gas. Quedando muy mosqueados. Tanner sabía que lo había hecho mal, y lo veía en los rostros de aquellos que le saludaban conteniéndose.
Takker se contuvo, "déjame hablar a mí", fueron las palabras del capitán. Y miró, hosco, como éste hablaba.
- Si te cogemos el carro, una botella llena y nos lo llevamos al barco, y te traemos de vuelta la vacía, ¿cómo lo ves?.
- Uis, de maravilla, claro está... serán 12 monedas de plata y 35 de cobre.
- Y la mano de obra gratis, ¿no?, claro, que viendo lo que pasó la última vez, casi mejor que no te diga nada, porque todavía estamos esperando la botella, que se la robamos a tu cuñada, y de eso hace un mes, desgraciado. El joven Timonel no pudo contenerse y le soltó, si no un guantazo físico, uno verbal, con parte de su rabia dentro
Tanner miró al Capitán, con una mezcla de cabreo, otra de resignación y una más de petición de ayuda en los ojos. Desgraciadamente, la mirada de este era firme y clara, así que optó por poner la botella en el carro, recoger el dinero y atender a otro cliente antes de meterse en el bar y tomarse, como siempre, unas cuantas jarras de vino. Total, el trabajo venía a él.. para qué esforzarse.
El del butano me tiene frito... yo no sé por qué cambiaron al otro, pero joer, como reza el dicho "Otros vendrán que bueno me harán"
Rabioso
Llevo dos días encorajinao y rabioso. No pretendo ser falso. El único culpable soy yo. La causa: El Hermanísimo.
Me ha fastidiado (sin él saberlo, pobre), la planificación del Lunes para la limpieza del hogar. Además, me ha quitado (no le exigí que se fuera) el ordenador dicho Lunes y ayer por la noche, con lo cual, no he podido estar en contacto con nadie cuando yo quería. Ayer me fui cabreado a dormir alrededor de la media noche. No iba a estar mucho más, pero me apetecía charlar con alguien en concreto y, aparte de eso, felicitar un cumpleaños, cosa que no pude hacer en todo el día.
Por lo demás, heme aquí, inquieto a las 5 de la mañana porque he de hacer unas cosas importantes para la casa que me van a ocupar todo el día que él, sabio y pragmático, no se ha molestado en decir :"si quieres, de esto y de esto me ocupo yo".
Insisto, el único culpable de todo esto soy yo, por no poner los pies en el suelo y decir "basta" (con mi socio me pasa lo mismo, ayer me llevé otro medio disgusto, pero bueno, ya me estoy acostumbrando a que no me hagan caso y, aunque lucho con los elementos, a veces cuesta hacerse, por lo menos oir). Sólo sé que hoy tengo un cabreo de narices, y que donde antes tenía una uña en el dedo corazón de la mano derecha, ahora tengo poco menos que un muñón, de lo roida que la he dejado.
En fin, a ver como paso el día. Buenos días a todos.
P.D. : BSO de hoy: "Que yo no lo sabía" Los Elefantes
Me ha fastidiado (sin él saberlo, pobre), la planificación del Lunes para la limpieza del hogar. Además, me ha quitado (no le exigí que se fuera) el ordenador dicho Lunes y ayer por la noche, con lo cual, no he podido estar en contacto con nadie cuando yo quería. Ayer me fui cabreado a dormir alrededor de la media noche. No iba a estar mucho más, pero me apetecía charlar con alguien en concreto y, aparte de eso, felicitar un cumpleaños, cosa que no pude hacer en todo el día.
Por lo demás, heme aquí, inquieto a las 5 de la mañana porque he de hacer unas cosas importantes para la casa que me van a ocupar todo el día que él, sabio y pragmático, no se ha molestado en decir :"si quieres, de esto y de esto me ocupo yo".
Insisto, el único culpable de todo esto soy yo, por no poner los pies en el suelo y decir "basta" (con mi socio me pasa lo mismo, ayer me llevé otro medio disgusto, pero bueno, ya me estoy acostumbrando a que no me hagan caso y, aunque lucho con los elementos, a veces cuesta hacerse, por lo menos oir). Sólo sé que hoy tengo un cabreo de narices, y que donde antes tenía una uña en el dedo corazón de la mano derecha, ahora tengo poco menos que un muñón, de lo roida que la he dejado.
En fin, a ver como paso el día. Buenos días a todos.
P.D. : BSO de hoy: "Que yo no lo sabía" Los Elefantes
Posteando, que es gerundio
Quedandome sin espacio en el blog!!!!
Debe ser por las fotos, que son mu grandes....
Pensando en reducirlas
Pensando en quitarlas
Pensando en volver a colgarlas en el álbum de fotos de ya.com
Quedandome "atrapado...." Hoy me he levantado con el pie izquierdo.
Pensando en volver a dormirme
Demasiados Pensamientos.
Amargándome yo sólo. Puf!!! La empatía me ha llegado con dos días de retraso. Debe ser por la distancia.
Un poco de bajoncillo.... creo que dormiré
Debe ser por las fotos, que son mu grandes....
Pensando en reducirlas
Pensando en quitarlas
Pensando en volver a colgarlas en el álbum de fotos de ya.com
Quedandome "atrapado...." Hoy me he levantado con el pie izquierdo.
Pensando en volver a dormirme
Demasiados Pensamientos.
Amargándome yo sólo. Puf!!! La empatía me ha llegado con dos días de retraso. Debe ser por la distancia.
Un poco de bajoncillo.... creo que dormiré
Disputa
El Galeote y el pasajero 122 charlaban amigablemente, en el sollado. era infrecuente verlos así, dos caracteres tan dispares, intercambiando palabras. Más bien procuraban evitarse el uno al otro, puesto que respetaban, temían, admiraban y repudiaban a un tiempo los valores y la forma de vida del otro.
Aún así, de vez en cuando, los quehaceres, o los duendecillos que habitaban entre cuerdas y poleas, que también gustan de hacer ciertas bromas, les juntaban y hacían que intercambiasen algún saludo cortés o, como en este caso, unas palabras.
El motivo de esta conversación había sido el Capitán, que había mandado al segundo a revisar unos mapas, sin saber que el primero se encontraba allí pues, sabio y astuto como era, sabía de la hostilidad manifiesta del uno contra el otro.
- Este Capitán que nos ha tocado es un tipo raro, ¿verdad?
- ¿Cómo dices?
- No, que mira que raro que és, ahí mirando como el pastor exhorta a la tripulación, megáfono en mano, para que se unan a la verdadera religión, sin hacer nada, sin meterse, sin llamar la atención. No sé que tipo de decisión es esa, pero yo ya le habria gritado a ese hombre que se dejara de vainas y que dejara vivir su vida a los demás(*)
-Efectivamente, no sabes que tipo de decisión es esa. Y no sabes nada. Nada sobre las decisiones que ese hombre ha tenido que tomar, sobre lo que le han costado, lo que ha dejado atrás, lo que ha perdido y ganado. Su balance de las cosas... no sabes nada.
- Y estoy seguro de que querrás ilustrarme... jajajajaja decisiones, dices. La única buena decisión es la que te da el dinero, y la que obtienes con la fuerza bruta de tus puños, de tu trabajo. No lo que hace el bufón ese del altavoz.
- Lo que hace ese "bufón" no lo hace por él, sino por lo demás, para que no se enzarcen en peleas, discusiones, juegos y demás. Y lo que hace el Capitán, so mendrugo, aunque no lo sepas, es la mayoría de las veces por el bien de los demás
-¿Ah si? Ya. Y yo que me lo creo. Y por cierto, no me insultes, que tengo la fuerza de un héroe, como podrás comprobar de seguir por ese camino.
En este punto, el pasajero 122 tornóse hacia el Capitán con la mirada y la voz perdida -El verdadero héroe no es el que tiene superpoderes. No es el más fuerte, ni el más rápido, ni el que puede volar o disparar fuego por los ojos.
"El verdaero héroe se mide por la capaidad de sacrificio hacia los demás. Vive, y muere, por tratar de conseguir un mundo mejor. Y aunque a veces sabe que le va la piel en ello, lucha por los suyos antes que por sí mismo. Y aunque a veces su beneficio va en la misma dirección que el común, otras no. Y tiene que elegir. Ese capitán que ves ahí, ese hombre viejo que mira sin mirar al pastor, tomó 3 decisiones importantes en su vida. Tres. nada más. El resto se las impuso el destino, Dios, o quien quiera que fuese. De esas tres, dos le dolieron profundamente, y la otra era necesaria. Y el resto, pensó más en otras personas que, con el tiempo le dejaron atrás que en sí mismo. Si..... el tiempo cubre de misticismo las historias, y nos pensamos que ser un héroe es lo mejor. Pero no. Ser un héroe es muy complicado, y nunca sabes que lo eres, porque te cantan las loas después de haber dejado de respirar. Si ser héroe fuera fácil. Todos lo seríamos. Pero ni tú, ni yo, ni ese Capitán de ahí lo somos. Por más que piense que a veces él se ha comportado como tal.
- Y eso?
- Siempre se hizo responsable de esas decisiones, y aún le duelen. Y mucho. Y no rehuyó sus actos, ni los aciertos, que los tuvo, ni los errores, que también fueron muchos. Tampoco los cuenta, ya te digo yo. Es hermético en ciertos aspectos.
- Lo que es, es tonto y..... -no pudo continuar, porque tenía una mano como una tenaza en el cuello y un puñal, sacado de no se sabía dónde, bajo la barbilla, que el otro le había levantado.
- ¿Si? ¿Tonto? Eso me lo ha dicho mucha gente antes, ¿Sabes? tanto a mí como hablando de él... Si, de lo bueno que es, es tonto. Pero mira, defiende sus ideas, y sus principios, y es consecuente con sus pensamientos, sus palabras, y sus actos, E interrelaciona los unos con los otros. Es honesto, ¿abes? No como tú, cerdo. Y ha sacrificado su cordura por su libertad, por su forma de ver las cosas. ¿Tú lo hubieras hecho? nooooooooooooooo, por eso a tí te cargaron de cadenas y a él, en una ocasión, le enviaron mil besos.
Aún así, de vez en cuando, los quehaceres, o los duendecillos que habitaban entre cuerdas y poleas, que también gustan de hacer ciertas bromas, les juntaban y hacían que intercambiasen algún saludo cortés o, como en este caso, unas palabras.
El motivo de esta conversación había sido el Capitán, que había mandado al segundo a revisar unos mapas, sin saber que el primero se encontraba allí pues, sabio y astuto como era, sabía de la hostilidad manifiesta del uno contra el otro.
- Este Capitán que nos ha tocado es un tipo raro, ¿verdad?
- ¿Cómo dices?
- No, que mira que raro que és, ahí mirando como el pastor exhorta a la tripulación, megáfono en mano, para que se unan a la verdadera religión, sin hacer nada, sin meterse, sin llamar la atención. No sé que tipo de decisión es esa, pero yo ya le habria gritado a ese hombre que se dejara de vainas y que dejara vivir su vida a los demás(*)
-Efectivamente, no sabes que tipo de decisión es esa. Y no sabes nada. Nada sobre las decisiones que ese hombre ha tenido que tomar, sobre lo que le han costado, lo que ha dejado atrás, lo que ha perdido y ganado. Su balance de las cosas... no sabes nada.
- Y estoy seguro de que querrás ilustrarme... jajajajaja decisiones, dices. La única buena decisión es la que te da el dinero, y la que obtienes con la fuerza bruta de tus puños, de tu trabajo. No lo que hace el bufón ese del altavoz.
- Lo que hace ese "bufón" no lo hace por él, sino por lo demás, para que no se enzarcen en peleas, discusiones, juegos y demás. Y lo que hace el Capitán, so mendrugo, aunque no lo sepas, es la mayoría de las veces por el bien de los demás
-¿Ah si? Ya. Y yo que me lo creo. Y por cierto, no me insultes, que tengo la fuerza de un héroe, como podrás comprobar de seguir por ese camino.
En este punto, el pasajero 122 tornóse hacia el Capitán con la mirada y la voz perdida -El verdadero héroe no es el que tiene superpoderes. No es el más fuerte, ni el más rápido, ni el que puede volar o disparar fuego por los ojos.
"El verdaero héroe se mide por la capaidad de sacrificio hacia los demás. Vive, y muere, por tratar de conseguir un mundo mejor. Y aunque a veces sabe que le va la piel en ello, lucha por los suyos antes que por sí mismo. Y aunque a veces su beneficio va en la misma dirección que el común, otras no. Y tiene que elegir. Ese capitán que ves ahí, ese hombre viejo que mira sin mirar al pastor, tomó 3 decisiones importantes en su vida. Tres. nada más. El resto se las impuso el destino, Dios, o quien quiera que fuese. De esas tres, dos le dolieron profundamente, y la otra era necesaria. Y el resto, pensó más en otras personas que, con el tiempo le dejaron atrás que en sí mismo. Si..... el tiempo cubre de misticismo las historias, y nos pensamos que ser un héroe es lo mejor. Pero no. Ser un héroe es muy complicado, y nunca sabes que lo eres, porque te cantan las loas después de haber dejado de respirar. Si ser héroe fuera fácil. Todos lo seríamos. Pero ni tú, ni yo, ni ese Capitán de ahí lo somos. Por más que piense que a veces él se ha comportado como tal.
- Y eso?
- Siempre se hizo responsable de esas decisiones, y aún le duelen. Y mucho. Y no rehuyó sus actos, ni los aciertos, que los tuvo, ni los errores, que también fueron muchos. Tampoco los cuenta, ya te digo yo. Es hermético en ciertos aspectos.
- Lo que es, es tonto y..... -no pudo continuar, porque tenía una mano como una tenaza en el cuello y un puñal, sacado de no se sabía dónde, bajo la barbilla, que el otro le había levantado.
- ¿Si? ¿Tonto? Eso me lo ha dicho mucha gente antes, ¿Sabes? tanto a mí como hablando de él... Si, de lo bueno que es, es tonto. Pero mira, defiende sus ideas, y sus principios, y es consecuente con sus pensamientos, sus palabras, y sus actos, E interrelaciona los unos con los otros. Es honesto, ¿abes? No como tú, cerdo. Y ha sacrificado su cordura por su libertad, por su forma de ver las cosas. ¿Tú lo hubieras hecho? nooooooooooooooo, por eso a tí te cargaron de cadenas y a él, en una ocasión, le enviaron mil besos.





