El Lobo Solitario (I)
Buenos días a todos…..
Creo que, ya conocidos los personajes que conforman esta historia, es hora de que me presente yo.
En realidad, soy una parte de ellos, o ellos son una parte de mí, o un todo que es más que la suma individual de las partes. No sé muy bien cómo explicarlo, pero sí sé que, entre suspiros de vela y crujidos de cuaderna, entre paseos en la bitácora y los camarotes, entre quejidos en las bodegas de carga, o reniegos en los bancos de remos, cada uno de ellos, desde el capitán hasta el grumetillo, han dejado un poco de sí mismos en mí de la misma forma que yo he dejado un poco de mí en cada uno de ellos.
Por si todavía no lo han adivinado, yo soy El Lobo Solitario, el barco, el galeón, el producto del esfuerzo de una mente un tanto desquiciada traducido a tablas, cáñamo y tela que navega por las procelosas aguas de su propia vida.Debería contar mi historia, dado que cada uno de nosotros, seamos reales o imaginarios, tenemos una. Una historia breve o larga, emotiva o superficial, baldía o instructiva…. En mi caso la historia es simple. El Capitán, un "joven" de casi 50 años que ha visto mucho mundo, cansado ya de sus largos viajes, decidió que podría surcar los mares por los cuales había navegado en su juventud: Los mares de su vida y sus recuerdos.
Así pues, acudió a un experto y desconocido armador, al que antes habían acudido muchos otros, recomendado por una chica que conoció en el Golfo de Cádiz. Este armador, cuyo físico siempre ha sido un misterio para mí y de nombre sugerente, yacom, se encargó de mi diseño, procurando seguir los dictados del susodicho capitán. Y así nací yo…. .
Una vez confirmado mi nombre, recogió entre los recuerdos, las experiencias y la vida que le había y le estaba tocando vivir, una tripulación sabia, ducha en las labores de la mar, e independiente.
Mi capitán iba en busca de tesoros, aunque se encontró algún que otro naufragio y alguna guerra.
De la tripulación, cabe destacar, por las impresiones que el amable lector habrá recogido, la actitud de Takker el Timonel, grandioso juerguista que se rige por un principio cumplidor de su deber, que siempre ha estado achacado por una enfermedad, un resfriado, un dolor de espalda o una resaca; la energía del Grumetillo, un chico muy joven, aunque de edad indeterminada, cuya curiosidad y ganas de aprender superan todo lo visto, incluso los límites del cansancio y la enemistad; y por supuesto, el propio Capitán, un hombre taciturno, solitario y silencioso, que sabe lo que tiene que hacer, que sabe lo que le exigen que haga, y lo hace, aunque piense que no merece la pena, dado que está un poco decepcionado con la gente y los sitios que ha encontrado. De el Capitán siempre he destacado una frase que me gustó, y que nunca dijo sino a su espejo,
un día que miraba a un extraño desconocido cuyas arrugas no coincidían con la cara que él esperaba encontrar….
“He pasado mucho tiempo buscando la belleza espiritual, y otros tesoros…. ¿tú que buscas que tienes ese aspecto tan pétreo, esa rabia contenida, esa ilusión casi perdida?”.
"(Continuará.....)"
Creo que, ya conocidos los personajes que conforman esta historia, es hora de que me presente yo.
En realidad, soy una parte de ellos, o ellos son una parte de mí, o un todo que es más que la suma individual de las partes. No sé muy bien cómo explicarlo, pero sí sé que, entre suspiros de vela y crujidos de cuaderna, entre paseos en la bitácora y los camarotes, entre quejidos en las bodegas de carga, o reniegos en los bancos de remos, cada uno de ellos, desde el capitán hasta el grumetillo, han dejado un poco de sí mismos en mí de la misma forma que yo he dejado un poco de mí en cada uno de ellos.
Por si todavía no lo han adivinado, yo soy El Lobo Solitario, el barco, el galeón, el producto del esfuerzo de una mente un tanto desquiciada traducido a tablas, cáñamo y tela que navega por las procelosas aguas de su propia vida.Debería contar mi historia, dado que cada uno de nosotros, seamos reales o imaginarios, tenemos una. Una historia breve o larga, emotiva o superficial, baldía o instructiva…. En mi caso la historia es simple. El Capitán, un "joven" de casi 50 años que ha visto mucho mundo, cansado ya de sus largos viajes, decidió que podría surcar los mares por los cuales había navegado en su juventud: Los mares de su vida y sus recuerdos.Así pues, acudió a un experto y desconocido armador, al que antes habían acudido muchos otros, recomendado por una chica que conoció en el Golfo de Cádiz. Este armador, cuyo físico siempre ha sido un misterio para mí y de nombre sugerente, yacom, se encargó de mi diseño, procurando seguir los dictados del susodicho capitán. Y así nací yo…. .
Una vez confirmado mi nombre, recogió entre los recuerdos, las experiencias y la vida que le había y le estaba tocando vivir, una tripulación sabia, ducha en las labores de la mar, e independiente.
Mi capitán iba en busca de tesoros, aunque se encontró algún que otro naufragio y alguna guerra.
De la tripulación, cabe destacar, por las impresiones que el amable lector habrá recogido, la actitud de Takker el Timonel, grandioso juerguista que se rige por un principio cumplidor de su deber, que siempre ha estado achacado por una enfermedad, un resfriado, un dolor de espalda o una resaca; la energía del Grumetillo, un chico muy joven, aunque de edad indeterminada, cuya curiosidad y ganas de aprender superan todo lo visto, incluso los límites del cansancio y la enemistad; y por supuesto, el propio Capitán, un hombre taciturno, solitario y silencioso, que sabe lo que tiene que hacer, que sabe lo que le exigen que haga, y lo hace, aunque piense que no merece la pena, dado que está un poco decepcionado con la gente y los sitios que ha encontrado. De el Capitán siempre he destacado una frase que me gustó, y que nunca dijo sino a su espejo,
un día que miraba a un extraño desconocido cuyas arrugas no coincidían con la cara que él esperaba encontrar…. “He pasado mucho tiempo buscando la belleza espiritual, y otros tesoros…. ¿tú que buscas que tienes ese aspecto tan pétreo, esa rabia contenida, esa ilusión casi perdida?”.





