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Navegando en el Lobo Solitario
Un Barco y el mar. Aventuras vividas a través de los ojos de 6 personajes....¿ficticios?
Acerca de
¿Es posible ver la vida a través de los ojos de otras personas?
¿y si estas personas no son reales?
En el galeón " El Lobo Solitario", encontrarás a nuestros seisprotagonistas , que son una parte de cada uno de nosotros. Representan una faceta de mi personalidad, y ellos son los que cuentan las cosas de mi vida que yo no me atrevo....
Sindicación
 
Historia de una Mascletá por Fascículos: Acción
Allí estaba yo, espectante, rodeado de un público espectante, cuando se escuchó la segunda detonación. El público miró hacia la fuente, otra vez, al igual que yo, y al cielo que había detrás, y a la blanca nube de humo que se había formado.

Y entonces, así, tal y como estábamos, mirando hacia nuestra derecha, se oyó un clamor procedente de debajo del balcón y allí que encaminé mi mirada. Las palabras volaron raudas a mi memoria y no tuve menos que aplaudir y gritar yo también, como los cientos de miles de personas que allí habían.

"Tu rey es tu rey"


Las palabras, leídas en un libro del pasajero bohemio, y repetidas por el capitán, hicieron efecto, y me cuadré ante la presencia, ahora visible, de sus majestades, la voz del pueblo, como le gustaba decir al Capitán, y el corazón, después de ese infausto 23-F.

Los ví, me erguí, y he de reconocer que, otra vez, se me saltaron las lágrimas. "Tu rey es tu rey" y la gente, los que lo habían vilpendiado, los que lo habían descalificado, los que opinaban que su figura sobraba, gritaban, y chillaban, y aplaudían como aquellos que lo adoraban, aquellos que lo respetaban, y aquellos que lo reverenciaban; como el que más, partícipes sin saberlo de ese sentimiento. De la locura y la histeria colectva, de pertenecer a algo, aunque ese algo fuese un estamento, un colectivo en suma, que hacía más importante el conjunto que la suma de las partes individuales.



Y aquí finaliza la historia del grumetilo, porque luego vino la pólvora, y el humo, y los tambores, y los cañonazos. Y la emoción y la incertidumbre y las filas de soldados encaminándose al baluarte al ritmo de la marcha militar. Y no se acuerda de nada más, porque todo fue tan maravilloso que se le ha quedado retratado en la memoria con flases y grabados y recuerdos y las malditas sensaciones que ya nunca jamás le abandonarían.


Nos encaminamos hacia el fuerte, como decía, con paso presto, cuando sonó el segundo cañonazo. Sabíamos que la batalla era inminente, pero también sabíamos que sus majestades estarían allí, y que por ellos sería está una grande, gloriosa e impresionante salva de cañonazos, metralla, disparos y todo tipo de artículos pirotécnicos.
Cuando escuchamos la ovación, comprendimos que sus Altezas estaban en el balcón, saludando a su pueblo y formando parte de él con los botes que les pidieron que realizaran.

Justo tres minutos después, ya estábamos en la zona de acción. Y, tras el grito de guerra de la generala de las tropas, ("Senyor Pirotènic, ¡¡¡Pot començà la mascletà!!!") dirigida la mirada hacia sus majestades, empezó la fiesta. A los primeros y breves cañonazos le siguió una salva irregular. Eran los valientes del fuerte que saludaban así, con recuerdos del mismísimo diablo, a los herejes que osaban perturbar la paz de ese día. Los de la ciudad se dieron cuenta, evidentemente, de que algo ocurría. Y los soldados, en perfecta formación, dieron la vuelta, animados por el Rey, y todas las rodelas, los yelmos, las grebas y los petos relucieron al sol, mientras iniciaban su marcha hacia el fuerte, deseando probar con su vida o las de aquellos que pretendían arrebatársela, su lealtad, su coraje, y su entrenamiento.

Mientras tanto, en la ciudad, un único artifiero, de los que no arrugan el ceño por grande que fuera el desafío, se elevó lentamente en una cabina cubierta con mallas para protegerse de los eventuales balazos y la metralla que iba a llover de un momento a otro como si fuera granizo.

El pueblo, incrédulo, miraba al artificiero, griego, de nombre pirotécnico, bueno como la madre que lo parió, leal, responsable, que con semblante serio subía en su cabina consciente de las miradas de los Reyes, del pueblo y de la chusma soldadesca hereje y española, que entre nosotros también se encontraba. Como "la gorda" que no cesaba de gritar e increpar, creyendo que él solo, con eso, siquiera fuera a resolver el curso de los acontecimientos....
No