Historia de una Mascletá por Fascículos: Epílogo
El resto, como podéis imaginar, es la historia de siempre. En cuanto acabó la refriega la gente se puso a buscar a los suyos, y los que quedaban en pie, una vez repelido el enemigo, se iban a los bares y tabernas, y desaparecían como de naufragio, comentando lo bien que había estado. Y nadie se paraba a pensar en lo realmente bonito que había sido, salvo un pequeño grumete conocido por mí, que estaba junto a la valla parado, sin pensar en nada en absoluto, boquiabierto por lo que acababa de presenciar. Y yo, triste por el espectáculo de la gente, que desaparecía sin más por calles y callejones, como si estar allí fuera un trámite y tuvieran citas más importantes a las que acudir, no quise quitarle esa venda de ilusión, de momento maravilloso que se atesora para siempre, y sonreí. Pardiez que si sonreí, al tiempo que "la gorda" se ponía enfrente de mí y me atosigaba con la cháchara interminable que tenía, dejándome de espaldas a donde se había producido el espectáculo. Hasta que noté un tirón en la manga del jubón y mi pupilo me preguntó si era verdad que era también mi rey. Y yo le dije que sí y me dí cuenta de que le estaba dando la espalda. Y maldita sea que aparté a "la gorda" y me puse frente al rey, unido por la distancia, y le dediqué un saludo marcial, militar, al tiempo que veíamos a pirotécnico bajar su caja y salir de ella. A tiempo de que fueramos corriendo a saludarle y ovacionarle por el magnífico trabajo realizado.
Esa noche la pasamos en la ciudad, sólos. Celebrando lo que quiera que se hubiera de celebrar. Con el recuerdo de la emoción de la visita de sus majestades y su cercanía a nosotros. Y nos fuimos a la parte de abajo del río, donde daban tres conciertos unos músicos que el Capitán había visto hacía mucho, muchísimo tiempo.
Pero esto es otra historia que le corresponde contar a él. Es su historia. Es su momento.
Esa noche la pasamos en la ciudad, sólos. Celebrando lo que quiera que se hubiera de celebrar. Con el recuerdo de la emoción de la visita de sus majestades y su cercanía a nosotros. Y nos fuimos a la parte de abajo del río, donde daban tres conciertos unos músicos que el Capitán había visto hacía mucho, muchísimo tiempo.
Pero esto es otra historia que le corresponde contar a él. Es su historia. Es su momento.
Comentario:
que la cuente! que la cuenteeeeeeeee!!
pd: MUAKS
pd: MUAKS





