Las Carreras del Grumetillo
Acodado en proa, mirando en línea recta a con el bauprés, el Capitán miraba hacia la mancha roja que formaba la línea del horizonte. Fumaba, como casi siempre que se le veía. Un pitillo tras otro caían por la borda mientras el Grumetillo, (al que le habían apodado Colibrí, por que estaba aleteando por todo el barco, desde proa a popa, desde la última bodega hasta el más alto mastelero) se acercaba

-¿Es eso el amanecer en el horizonte? -preguntó curioso
-¿No recuerdas lo que te he enseñado hasta ahora?-El Capitán, que de normal no era dicharachero, no hablaba; gruñia - mira lax estrellas... calcula el tiempo y comprueba la última anotación de la posición- Su interlocutor hizo rápidamente unos cálculos mentales y, asintiendo, volvió a la carga -si aún faltan 2 horas para el amanecer... ¿Qué es eso? Está muy cerca de la bahía donde íbamos a fondear...
Está en la bahía. Fuego. Y antes de que me preguntes, no están iluminando la ciudad por ninguna fiesta ni por nuestra llegada. Es un incendio. Llevo 4 días viendo ese resplandor. Es Grande -El Capitán se dio la vuelta, con la rabia llenándole los ojos y toda la cara. Se encaró con el pobre grumetillo que, asustado, empezó a recular, tropezando en su camino con maromas y utensilios de carpintería.
-¡¡Vosotros seguid provocando fuegos, estúpidos!!! -gritaba con el puño cerrado en alto, completamente enajenado- ¡¡o sin pararlos!! ¿para qué queréis tanto mar si no os interesa utilizarlo contra ese mal?¿Qué tipo de intereses o riñas hacen que se deje el su extinción de unos a otros? ¡¡¡Malditos seais!!! ¡Malditos los que provocáis esto y los que no parais, no castigais, y los que incitais, y todos nosotros porque a pesar nuestro, no somos capaces de hacer nada!!! Malditos todos!!! En ese momento el Colibrí volvió a revolotear, en esta ocasión hacia estribor, donde, en el espacio ocupado desde el trinquete al mayor, estaban pasajeros y tripulación observando el triste espectáculo. Se encaramó como pudo hasta el primer mastelero del palo mayor para tener, a su vez, una mejor vista, hasta que una voz del timonel blasfemando lo hizo bajar, picado por la curiosidad, a reunirse con él.
-Largo, enano.
-Vaya carácter que tenemos todos hoy aquí.... Para una vez que el Capitán acierta con el rumbo... deberíamos estar de fiesta.
-El Capitán perdió el Norte hace mucho, mucho tiempo. Y te he dicho que largo, piojo.
-¡Oye!, no hace falta que te pongas así... Es cierto que no podrás bajar a tierra y disfrutar de vino y mujeres, pero también es cierto que eso será bueno para tí y tu salud.
-De mi salud, ya me encargo yo, ¿entiendes mono apestoso?. Yo hago mi trabajo, cumplo con él. Y no tengo que dar más explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. Si mi capitán y mis oficiales no me controlan, no me preguntan, no me miman, no me riñen; si sólo me piden resultados (pon rumbo a esta posición, pon rumbo a esta otra), resultados les ofrezco. El cómo no importa, y si les interesa que se preocupen por mí en lugar de por sus ombligos.
-Pero...
-¡¡¡He dicho que Largo!!! ¡Déjame en paz o te saco los ojos y te corto la lengua, a ver si saciamos de una vez esa curiosidad!

Y el Grumetillo, que todo lo que tenía de curioso lo tenía de prudente, haciendo caso a lo que le habían dicho, y no sin enfadarse por cierto, se acercó hacia la pasajera 54, que miraba embobada las gamarras que, según se habían ido acercando, iban o venían. Ella era muy dulce, cierto, aunque a veces un tanto frívola. En esa ocasión, tenía los ojos humedecidos por las lágrimas, por lo que fue preguntada si era el fuego cercano, ahora que la embarcación, impulsada por la marea, se aproximaba más y más a la bahía, la causa de tal aflicción.
-No cariño, no es eso. Acaba de pasar una hermosísima fragata. impresionante, su diseño, sus colores, sus formas, la elegancia de sus curvas... ha pasado tan cerca que temí que intentaran abordarnos, a pesar de llevar izado pabellón oficial y protección real. Pero no había nadie en cubierta. Ni siquiera se veía movimiento... Ha pasado por nuestro lado sin mirarnos, sin dirigirnos una palabra, camino de su camino.... anda, déjame sola un rato. Creo que es lo mejor que puedo y quiero hacer ahora.

-¿Es eso el amanecer en el horizonte? -preguntó curioso
-¿No recuerdas lo que te he enseñado hasta ahora?-El Capitán, que de normal no era dicharachero, no hablaba; gruñia - mira lax estrellas... calcula el tiempo y comprueba la última anotación de la posición- Su interlocutor hizo rápidamente unos cálculos mentales y, asintiendo, volvió a la carga -si aún faltan 2 horas para el amanecer... ¿Qué es eso? Está muy cerca de la bahía donde íbamos a fondear...
Está en la bahía. Fuego. Y antes de que me preguntes, no están iluminando la ciudad por ninguna fiesta ni por nuestra llegada. Es un incendio. Llevo 4 días viendo ese resplandor. Es Grande -El Capitán se dio la vuelta, con la rabia llenándole los ojos y toda la cara. Se encaró con el pobre grumetillo que, asustado, empezó a recular, tropezando en su camino con maromas y utensilios de carpintería.-¡¡Vosotros seguid provocando fuegos, estúpidos!!! -gritaba con el puño cerrado en alto, completamente enajenado- ¡¡o sin pararlos!! ¿para qué queréis tanto mar si no os interesa utilizarlo contra ese mal?¿Qué tipo de intereses o riñas hacen que se deje el su extinción de unos a otros? ¡¡¡Malditos seais!!! ¡Malditos los que provocáis esto y los que no parais, no castigais, y los que incitais, y todos nosotros porque a pesar nuestro, no somos capaces de hacer nada!!! Malditos todos!!! En ese momento el Colibrí volvió a revolotear, en esta ocasión hacia estribor, donde, en el espacio ocupado desde el trinquete al mayor, estaban pasajeros y tripulación observando el triste espectáculo. Se encaramó como pudo hasta el primer mastelero del palo mayor para tener, a su vez, una mejor vista, hasta que una voz del timonel blasfemando lo hizo bajar, picado por la curiosidad, a reunirse con él.
-Largo, enano.
-Vaya carácter que tenemos todos hoy aquí.... Para una vez que el Capitán acierta con el rumbo... deberíamos estar de fiesta.
-El Capitán perdió el Norte hace mucho, mucho tiempo. Y te he dicho que largo, piojo.
-¡Oye!, no hace falta que te pongas así... Es cierto que no podrás bajar a tierra y disfrutar de vino y mujeres, pero también es cierto que eso será bueno para tí y tu salud.
-De mi salud, ya me encargo yo, ¿entiendes mono apestoso?. Yo hago mi trabajo, cumplo con él. Y no tengo que dar más explicaciones de lo que hago o dejo de hacer. Si mi capitán y mis oficiales no me controlan, no me preguntan, no me miman, no me riñen; si sólo me piden resultados (pon rumbo a esta posición, pon rumbo a esta otra), resultados les ofrezco. El cómo no importa, y si les interesa que se preocupen por mí en lugar de por sus ombligos.
-Pero...
-¡¡¡He dicho que Largo!!! ¡Déjame en paz o te saco los ojos y te corto la lengua, a ver si saciamos de una vez esa curiosidad!

Y el Grumetillo, que todo lo que tenía de curioso lo tenía de prudente, haciendo caso a lo que le habían dicho, y no sin enfadarse por cierto, se acercó hacia la pasajera 54, que miraba embobada las gamarras que, según se habían ido acercando, iban o venían. Ella era muy dulce, cierto, aunque a veces un tanto frívola. En esa ocasión, tenía los ojos humedecidos por las lágrimas, por lo que fue preguntada si era el fuego cercano, ahora que la embarcación, impulsada por la marea, se aproximaba más y más a la bahía, la causa de tal aflicción.
-No cariño, no es eso. Acaba de pasar una hermosísima fragata. impresionante, su diseño, sus colores, sus formas, la elegancia de sus curvas... ha pasado tan cerca que temí que intentaran abordarnos, a pesar de llevar izado pabellón oficial y protección real. Pero no había nadie en cubierta. Ni siquiera se veía movimiento... Ha pasado por nuestro lado sin mirarnos, sin dirigirnos una palabra, camino de su camino.... anda, déjame sola un rato. Creo que es lo mejor que puedo y quiero hacer ahora.





