El Triunfo de Guillermo
- ¿Me compras un cupón para hoy?
- No, gracias
-¿Y para mañana?
- No, Guillermo, muchas gracias
- Anda, pues ya que te sabes mi nombre, cómprame un cupón para hoy
- No Gracias, Guillermo, ya tengo
- Uis, pues comprame para mañana, o para el Domingo
- No
- Pues cómprame toda la tira
- ¡¡Que no, pesado!! ¡¡Òstias, déjamen en paz!! ¡¡ Vete a dar el tostón a otro sitio, joder!!
Es delgado y cabezón. Tiene unas gafas desmesuradamente grandes y un cierto retraso que le hace vender cupones de discapacitados. Va siempre desaliñado, aunque limpio. En invierno se pone un pasamontañas rojo en el que sólo se le ven los ojos y es realmente un plasta, aunque no sea consciente de ello. Es Guillermo, otro especímen de la inmensa fauna que recorre dia a dia el bar.
Conversaciones como la que he reproducido las escucho cada día dos o tres veces. Si no fuera tan pesado, o no tuviera tanta urgencia por ganarse el pan, seguramente Guillermo vendería mucho más, pero el pobre bastante tiene con andar y no caerse, no tiene gracia ninguna, y como vendedor, muy poco arte.
Una vez que pilló a Don Antonio de muy mala leche, éste estuvo 10 minutos gritándole, para finalizar diciéndole que se quedase con su cara y que huyese en cuanto lo viera. Guillermo, no sé si por miedo o por pundonor (que lo tiene y mucho, si no, que se lo pregunten a aquél que se metió con su ídolo -Julio Iglesias- que casi se lleva dos tortones en un arranque de furia que jamás ninguno de los que allí estaban hubiera imaginado), ha seguido prudentemente su consejo.
Ayer, Guillermo triunfó. Había una mesa de 9 personas para cenar. Estos vienen todos los fines de semana y, simplemente, por su actitud los odio. Además, se quedan después del cierre, cuando estamos todos cansados, armando alboroto, emborrachándose sin complejos y no dejándonos ni limpiar ni trabajar. A las tres de la mañana, con todo el fin de semana yendo de cabeza, exhaustos, como comprenderéis, no es fácil soportar (y lo intento, creedlo), a los "4 gilipooooooooooooooooollas de turno" que hacen que no puedas cerrar tranquilamente e irte a reposar, y a los que les tienes que reir las gracias porque (palabra del jefe, palabra del señor) "son clientes y, además, son de los que se dejan los cuartos".
No sé si fue casualidad, porque no creo en ellas, o causalidad, o que bajó Dios y le tocó, por fin, con un dedito de esos que usa a veces para alegrase el día a costa de los demás, el caso es que Guillermo apareció en el momento justo, y los vio y fue "lijao" hacia ellos en el momento en que no estaban ni lo suficientemente borrachos como para mandarlo a hacer puñetas con cajas destempladas ni tan poco como para ignorarlo.
Colocó allí mismo un cupón a cada uno, e incluso la Piru (dicen que es porque le gustan las piruletas, yo digo que es porque es una bruja piruja), le compró 3. A renglón seguido fue a otra mesa, envalentonado, en la que no colocó ni uno, pero se portaron amablemente con él. No se desanimó, y en la siguiente mesa, Esther, la hija de Isidro el joyero (descansa en paz, socio, te debo un post), le invitó a una fanta naranja.
Ávido, Guillermo se echó el trago al cuello sin respirar. Ni el vaso cogió. Y juraría (no sé si fue sueño, alegría o sorpresa por mi parte) que incluso lamió el borde un poco. Seguro que hacía meses que no bebía algo que no tuviera sabor a agua de grifo.
Cuando le dije que si le había agradecido a Esther que le hubiera invitado, me sorprendió nuevamente "No, pero ahora me acerco, le doy las gracias, y de paso le vendo alguno"
"Óle, Guillermín, con dos cojones" -pensé- "Táte. Ahora atento, que lo bordas, socio, y luego te ries tú de los demás como ellos se han reido de tí durante estos meses que te he conocido. Y aprovecha, que ya vendrán las vacas flacas, y tendrás que acudir a tu pastor, como el otro día, cuando os ví en la calle, con el megáfono en mano y repartiendo panfletos cristianos, o tendrás que esperar al invierno, cuando vayas con tu gorro rojo, y la de la tienda de al lado se ria tantísimo que luego te compre una tira completa, por vergüenza, o los demás por vergüeza ajena, que pa eso, los españoles somos así, toreros, y cuando viene el toro y embiste hay que dar capotazos, pero cuando viene la vaquilla entramos a matar. Así que ahora, Guillermín, cómetelos a todos, que vas a poder tomarte hasta un café con hielo"
Y allí fue, el colega, con su paso desgarbado, y estuvo un rato, echándole morro al asunto, ahora sí, con todo el arte del mundo. Y no pude ver ni oir lo que decía, porque la Piru (...ja, es que es una Piruja) y su cuadrilla de energúmenos empezó a vocear "cooooooooooooopas, cooooooooooooopas" como si no tuvieran ya dos rondas en el cuerpo (lo que soplaron, los joios)
Pero bueno, supongo que todo fue bien... vi a Guillermo irse todo feliz mientras yo, todo triste, recogía la terraza.
Iba tarareando a Julito Iglesias.
- No, gracias
-¿Y para mañana?
- No, Guillermo, muchas gracias
- Anda, pues ya que te sabes mi nombre, cómprame un cupón para hoy
- No Gracias, Guillermo, ya tengo
- Uis, pues comprame para mañana, o para el Domingo
- No
- Pues cómprame toda la tira
- ¡¡Que no, pesado!! ¡¡Òstias, déjamen en paz!! ¡¡ Vete a dar el tostón a otro sitio, joder!!
Es delgado y cabezón. Tiene unas gafas desmesuradamente grandes y un cierto retraso que le hace vender cupones de discapacitados. Va siempre desaliñado, aunque limpio. En invierno se pone un pasamontañas rojo en el que sólo se le ven los ojos y es realmente un plasta, aunque no sea consciente de ello. Es Guillermo, otro especímen de la inmensa fauna que recorre dia a dia el bar.
Conversaciones como la que he reproducido las escucho cada día dos o tres veces. Si no fuera tan pesado, o no tuviera tanta urgencia por ganarse el pan, seguramente Guillermo vendería mucho más, pero el pobre bastante tiene con andar y no caerse, no tiene gracia ninguna, y como vendedor, muy poco arte.
Una vez que pilló a Don Antonio de muy mala leche, éste estuvo 10 minutos gritándole, para finalizar diciéndole que se quedase con su cara y que huyese en cuanto lo viera. Guillermo, no sé si por miedo o por pundonor (que lo tiene y mucho, si no, que se lo pregunten a aquél que se metió con su ídolo -Julio Iglesias- que casi se lleva dos tortones en un arranque de furia que jamás ninguno de los que allí estaban hubiera imaginado), ha seguido prudentemente su consejo.
Ayer, Guillermo triunfó. Había una mesa de 9 personas para cenar. Estos vienen todos los fines de semana y, simplemente, por su actitud los odio. Además, se quedan después del cierre, cuando estamos todos cansados, armando alboroto, emborrachándose sin complejos y no dejándonos ni limpiar ni trabajar. A las tres de la mañana, con todo el fin de semana yendo de cabeza, exhaustos, como comprenderéis, no es fácil soportar (y lo intento, creedlo), a los "4 gilipooooooooooooooooollas de turno" que hacen que no puedas cerrar tranquilamente e irte a reposar, y a los que les tienes que reir las gracias porque (palabra del jefe, palabra del señor) "son clientes y, además, son de los que se dejan los cuartos".
No sé si fue casualidad, porque no creo en ellas, o causalidad, o que bajó Dios y le tocó, por fin, con un dedito de esos que usa a veces para alegrase el día a costa de los demás, el caso es que Guillermo apareció en el momento justo, y los vio y fue "lijao" hacia ellos en el momento en que no estaban ni lo suficientemente borrachos como para mandarlo a hacer puñetas con cajas destempladas ni tan poco como para ignorarlo.
Colocó allí mismo un cupón a cada uno, e incluso la Piru (dicen que es porque le gustan las piruletas, yo digo que es porque es una bruja piruja), le compró 3. A renglón seguido fue a otra mesa, envalentonado, en la que no colocó ni uno, pero se portaron amablemente con él. No se desanimó, y en la siguiente mesa, Esther, la hija de Isidro el joyero (descansa en paz, socio, te debo un post), le invitó a una fanta naranja.
Ávido, Guillermo se echó el trago al cuello sin respirar. Ni el vaso cogió. Y juraría (no sé si fue sueño, alegría o sorpresa por mi parte) que incluso lamió el borde un poco. Seguro que hacía meses que no bebía algo que no tuviera sabor a agua de grifo.
Cuando le dije que si le había agradecido a Esther que le hubiera invitado, me sorprendió nuevamente "No, pero ahora me acerco, le doy las gracias, y de paso le vendo alguno"
"Óle, Guillermín, con dos cojones" -pensé- "Táte. Ahora atento, que lo bordas, socio, y luego te ries tú de los demás como ellos se han reido de tí durante estos meses que te he conocido. Y aprovecha, que ya vendrán las vacas flacas, y tendrás que acudir a tu pastor, como el otro día, cuando os ví en la calle, con el megáfono en mano y repartiendo panfletos cristianos, o tendrás que esperar al invierno, cuando vayas con tu gorro rojo, y la de la tienda de al lado se ria tantísimo que luego te compre una tira completa, por vergüenza, o los demás por vergüeza ajena, que pa eso, los españoles somos así, toreros, y cuando viene el toro y embiste hay que dar capotazos, pero cuando viene la vaquilla entramos a matar. Así que ahora, Guillermín, cómetelos a todos, que vas a poder tomarte hasta un café con hielo"
Y allí fue, el colega, con su paso desgarbado, y estuvo un rato, echándole morro al asunto, ahora sí, con todo el arte del mundo. Y no pude ver ni oir lo que decía, porque la Piru (...ja, es que es una Piruja) y su cuadrilla de energúmenos empezó a vocear "cooooooooooooopas, cooooooooooooopas" como si no tuvieran ya dos rondas en el cuerpo (lo que soplaron, los joios)
Pero bueno, supongo que todo fue bien... vi a Guillermo irse todo feliz mientras yo, todo triste, recogía la terraza.
Iba tarareando a Julito Iglesias.
Comentario:
Oye, pues igual le tienes que comprar un cuponcito, no? que en una de estas te toca y a vivir como un rey (pero sin sus compromisos sociales, que tienen que ser un poco molestos, jeje).
Así que "otros vendrán que bueno me harán"... pues la verdad es que tienes razón. Ahora el otro "hombre del gas" estará en otros lugares, y vas tú y le echas de menos porque el que te viene ahora es todavía peor. Si es que somos demasiado exigentes :P
Oye, no me ha quedado claro, entonces tú tienes un compañero de piso? lo digo por aquello que has contado del ordenador y todo eso.
Por cierto, si te quedas sin espacio en el blog, abre otro en otra dirección y pones aquí el enlace. Eso tendremos que hacer todos antes o después, algún día se nos acabará el espacio, y nos tendremos que "mudar". Quién sabe, puede que sea incluso para bien :D
Un besín!
Así que "otros vendrán que bueno me harán"... pues la verdad es que tienes razón. Ahora el otro "hombre del gas" estará en otros lugares, y vas tú y le echas de menos porque el que te viene ahora es todavía peor. Si es que somos demasiado exigentes :P
Oye, no me ha quedado claro, entonces tú tienes un compañero de piso? lo digo por aquello que has contado del ordenador y todo eso.
Por cierto, si te quedas sin espacio en el blog, abre otro en otra dirección y pones aquí el enlace. Eso tendremos que hacer todos antes o después, algún día se nos acabará el espacio, y nos tendremos que "mudar". Quién sabe, puede que sea incluso para bien :D
Un besín!





