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Navegando en el Lobo Solitario
Un Barco y el mar. Aventuras vividas a través de los ojos de 6 personajes....¿ficticios?
Acerca de
¿Es posible ver la vida a través de los ojos de otras personas?
¿y si estas personas no son reales?
En el galeón " El Lobo Solitario", encontrarás a nuestros seisprotagonistas , que son una parte de cada uno de nosotros. Representan una faceta de mi personalidad, y ellos son los que cuentan las cosas de mi vida que yo no me atrevo....
Sindicación
 
El Viaje del Pasajero 122
Cuando embarqué en el Lobo Solitario, tenía ya varias millas de mar a mis espaldas. Unos viajes por placer y otros por motivos de trabajo me habían (creía), curtido en las lides marineras. Pensaba que este viaje traería emoción e incertidumbre, amén de que me permitiría escribir algo mejor de lo que hasta entonces había hecho.

En el momento de subir, sabía que quería estar sólo, disfrutar con el momento en que se largan amarras y el barco parte, lento al principio, raudo después, a hacia un mar abierto en el que, a pesar de tu destreza, de tu pericia y de tu agilidad, puede irse a pique por un capricho de las olas.

La mar estaba alborotada, revuelta, el resto de pasajeros y se habían instalado abajo, cerca de la bodega, en un habitáculo expresamente .
creado para ellos en el que se servían, por un módico precio, vino y algunas viandas. Miraban a través de las escotillas, hacia el puerto, hacia el mar... bien seguros en sus bancos.
La intención del Capitán, cuando hizo esta vuelta de reconocimiento, era probar a la tripulación y a los pasajeros, para ver a quién admitía y a quién no. Este Capitán es un hombre un tanto extraño, ya hablaré más detenidamente de él

Me acomodé en popa, por la amura de estribor, lejos de un Timonel con pinta de estar borracho, mirando hacia el puerto, tal vez esperando ver una mano amiga que me despidiese, aunque sabía que allí no habría mano amiga posible. Allí vi como el barco se despegaba lentamente del muelle, hasta que llegó una pareja, con un bebé en brazos de ella, y ocupó una posición que me impedía toda visión de lo que yo quería y que, además, rompía con la soletad que pretendía tener.

Así pues, tras preguntar a un marinero de origen Bávaro llamado Martín si podía ir, me acodé en proa, donde el mar revuelto hacía que nadie, salvo los tripulantes, estuviese allí.

Lo que pasó después puedo describirlo medianamente con palabras. El Galeón cabeceaba, luchando contra unas olas que a mí me parecieron gigantes, saltando sobre ellas y cayendo de proa al mar, mandando rociones de espuma sobre todo lo que allí se encontraba, incluido yo. Hubo un momento en que se inclinó hacia el lado de estribor (el lado donde me encontraba, bien alejado de la costa) de forma peligrosa mientras viraba, lo cual me mandó sentado hacia unas cajas que a tal efecto allí había. El viento alborotaba mis cabellos y sólo se escuchaba el sonido de las olas, las gaviotas buscando alimento y, más lejano, el crujido de las velas. De vez en cuando, cuando una ola rompía contra proa, se escuchaba un fragor, un susurro que decía "te observo.... ten cuidado... vigila tus pasos"

Cuando apareció el grumete, se echó a reir a carcajadas. El muy pillo me había estado viendo todo el rato, y acudió, curioso, a preguntar sobre mí.

-Buenos días- educado sí que es- ¿se encuentra usted bien?
-Si, gracias.
-¿Qué hace usted aquí, a la interperie, sufriendo los rigores de estas olas, cuando todo el mundo está a cubierto?
-Me gusta esta sensación.... subir a un barco sin pretender mojarte es como andar sin pretender pisar el suelo... puede ocurrir, pero es dificil, y más con este oleaje.
-Mar adentro será peor.... me gusta su forma de hablar ¿usted a que se dedica?
-Por favor, trátame de tú.... soy escritor, me dedico a escribir vivencias, a disfrutar de la vida, a valorar esos pequeños detalles, como el vuelo de un pájaro, una puesta de sol o el crecimiento de unas plantas
-Desde luego.... si es que hay gente para todo (1). ¿Y qué escribe?
-Artículos
-¡¡Andá!! esa es una palabrota que dice mucho el capitán, y Takker, el timonel, cuando se enfadan conmigo ¿se ha enfadado conmigo? ¿es porque le trato de usted?¿no he dicho nada que le moleste, verdad?¿o acaso....

En ese momento, un vozarrón resonó por toda la cubierta.... "¡¡¡GRUMETE!!!, ¡SUBE AQUÍ A RECIBIR LAS ÓRDENES O TE PATEO EL CULO!"

-¿ve lo que le digo....? ya se han enfadado. Enseguida vuelvo.

Riendo "artículo....., Dios, qué niño ese", me dí cuenta de una cosa. Al tiempo que el barco se mecía a estribor o a babor, mis piernas se recogían, ora una, ora la otra, para compesar el balanceo. Ensimismado con la conversación, no me di cuenta. Me gustó la sensación. No me estaba mareando y parecía que no había transcurrido tanto tiempo desde la última vez que pisé la cubierta de un barco. Parecía hecho para la mar.

Así, contento, feliz, sólos la mar por proa, que de vez en cuando me decía que estaba allí en forma de rociones de espuma, y yo, fuimos recorriendo la costa, desde la que se veía la residencia de verano de la familia real, las caballerizas y el embarcadero; el cabo menor, el cabo mayor, varias islas, como la de mouro con su faro.... hasta que viramos. El Capitán ya había visto lo que quería ver sobre nosotros y ya de paso, había recaudado un dinero.

En estas apareció de nuevo el pícaro y curioso grumetillo, que me señaló hacia la tablazón del suelo: "mire... caracoles". Siguiendo su mirada, ví que efectivamente, y no sabía cómo, a medida que nos acercábamos al puerto habían aparecido caracoles por todos los lados. Teníamos que movernos con cuidado, para no pisarlos, y no estábamos atentos a nada más hasta que el grumetillo, llevado por un exceso de ímpetu, casi se arroja por la borda.
-¡¡¡Oro!!! ¡¡Veo ORO!! soy rico, muy rico.... ¡Suélteme, Pardiez! -Lo había agarrado por el pescuezo, de forma instintiva -¡que me suelte digo!.

Con los ojos como platos, miraba al mar, en el que efectivamente, se veía entre los rizos de las olas un reflejo dorado, que seguía una línea perfectamente definida, como un tiro de cañón.

De pronto, noté calor en la frente, levanté la vista y allí estaba la razón. El sol se estaba ocultando. Había dudado si salir o no durante todo el viaje pero, valiente, asomó entre las nubes que lo cercaban y los edificios que un minuto después lo iban a ocultar, un tímido rayo hacia el mar, en la derrota exacta en que estábamos nosotros.

El grumete y yo nos miramos, reconociéndonos para posteriores travesías. Habíamos sido elegidos. Seguro.

 
Comentario:
(1) Siglos más tarde, esta frase le fue robada al grumetillo, que, a su modo, también es un gran pensador
No