Posteando, que es Gerundio
Hoy me he escapado un poco antes del trabajo y, camino a casa, había un espectáculo patrocinado por el ayuntamiento en una de las calles más populares, peatonal y llena de tiendas, no muy distinta, por cierto, de cualquier calle céntrica de cualquier ciudad.
Sobre un estrado, dos chicas hacían volteretas y ejercicios de equilibro, y animado por su escasa indumentaria, me he acercado a ver el show.
Por suerte para mí (y ahora entenderéis el porqué), han terminado justo cuando encontraba un sitio en el cual no molestase la visión de los caracoles. A las mozas les han seguido dos mozos, también haciendo ejercicios de equilibrismo y fuerza, y a los mozos un payaso de los de peluca y mofletes coloraos haciendo jugar y disfrutar al público con la imaginación. Una moto imaginaria, una cuerda imaginaria sobre la que saltaba un montón de gente.... esas cosas.
Pero lo mejor, para mí, estaba por llegar. El presentador subió para anunciar el final del espectáculo y, cumpliendo con su oficio, presentar a los artistas, hecho lo cual ha sonado una canción que me ha vuelto a hacer asomar lágrimas a los ojos (van dos veces en muy poco tiempo, debo revisar mis autodefensas y rebajar mi nivel de autocompasión)
Antes de que sonara la canción, el viejo quejicoso que hay en mí pensaba: "más de lo mismo, socio, chicas semidesnudas haciendo piruetas, un mago, malabares con el torso al descubierto, y un payaso..." En cuanto ha sonado la canción, el niño que todavía queda en mí, como digo, casi se poner a llorar a moco tendido y ha hecho acallar la gruñona voz de su abuelo.
La canción era "Había una vez", de los payasos de la tele.
Dedicado a los niños de entre cuasitreinta y treintaytantos, que volverían a vivir su vida sin dudarlo..
A esos padres que nos dieron una educación (hace tiempo que lo entendí, pero nunca lo agradecí lo suficiente, Gracias Papá, Gracias Mamá), más que digna y respetuosa para con el prójimo.
A aquellos personajes que salían en la tele y que nos hicieron tener unos ídolos a los que aún hoy en día da gusto imitar.



Dedicado especialmente a tí, Miliki, porque eres el último que me queda, y tiene que ser duro sobrevivir tanto tiempo y ver cómo los niños que tanto querías son ahora unos salvajes apuñaladores, maleducados, irresponsables e irrespetuosos. Siempre he dicho, y lo
sigo diciendo, que cuando subas al vagón para no volver (que te tocará, compañero, al igual que a mí y a todos los que leen esto, sólo deseo que tu tren salga con retraso, y que no sufras, y que te demos una despedida como te mereces), el niño que todavía hay en mí también morirá, y me convertiré en adulto y seré gilipollas porque no habrá otro como tú y tu grupo que me haga reir y me enseñe que, con mi bocata de nocilla, "había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de ilusión, de magia y de color, lleno de alegría y de ilusión",
Sobre un estrado, dos chicas hacían volteretas y ejercicios de equilibro, y animado por su escasa indumentaria, me he acercado a ver el show.
Por suerte para mí (y ahora entenderéis el porqué), han terminado justo cuando encontraba un sitio en el cual no molestase la visión de los caracoles. A las mozas les han seguido dos mozos, también haciendo ejercicios de equilibrismo y fuerza, y a los mozos un payaso de los de peluca y mofletes coloraos haciendo jugar y disfrutar al público con la imaginación. Una moto imaginaria, una cuerda imaginaria sobre la que saltaba un montón de gente.... esas cosas.Pero lo mejor, para mí, estaba por llegar. El presentador subió para anunciar el final del espectáculo y, cumpliendo con su oficio, presentar a los artistas, hecho lo cual ha sonado una canción que me ha vuelto a hacer asomar lágrimas a los ojos (van dos veces en muy poco tiempo, debo revisar mis autodefensas y rebajar mi nivel de autocompasión)
Antes de que sonara la canción, el viejo quejicoso que hay en mí pensaba: "más de lo mismo, socio, chicas semidesnudas haciendo piruetas, un mago, malabares con el torso al descubierto, y un payaso..." En cuanto ha sonado la canción, el niño que todavía queda en mí, como digo, casi se poner a llorar a moco tendido y ha hecho acallar la gruñona voz de su abuelo.
Dedicado a los niños de entre cuasitreinta y treintaytantos, que volverían a vivir su vida sin dudarlo..
A esos padres que nos dieron una educación (hace tiempo que lo entendí, pero nunca lo agradecí lo suficiente, Gracias Papá, Gracias Mamá), más que digna y respetuosa para con el prójimo.
A aquellos personajes que salían en la tele y que nos hicieron tener unos ídolos a los que aún hoy en día da gusto imitar.



Dedicado especialmente a tí, Miliki, porque eres el último que me queda, y tiene que ser duro sobrevivir tanto tiempo y ver cómo los niños que tanto querías son ahora unos salvajes apuñaladores, maleducados, irresponsables e irrespetuosos. Siempre he dicho, y lo
sigo diciendo, que cuando subas al vagón para no volver (que te tocará, compañero, al igual que a mí y a todos los que leen esto, sólo deseo que tu tren salga con retraso, y que no sufras, y que te demos una despedida como te mereces), el niño que todavía hay en mí también morirá, y me convertiré en adulto y seré gilipollas porque no habrá otro como tú y tu grupo que me haga reir y me enseñe que, con mi bocata de nocilla, "había una vez, un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de ilusión, de magia y de color, lleno de alegría y de ilusión",




