En Tierra firme...
Decididos a no navegar hasta que no se solucionasen los problemas del barco, hicimos de las nuestras en tierra.
Cada uno de nosotros, en función de sus deseos y necesidades, fue yendo y viniendo de los lugares comunes (taberna, biliboteca, parque, embarcadero y -¿adivinais quien? de un lado para otro), viviendo sus propias aventuras.
Pasemos a conocer, de forma sucinta, qué le ocurrió a cada cual
Capitán: Amarrado como su barco, se pasaba los días y noches pensando en cómo podría salir de este nuevo atolladero. Esperando noticias de los mejores carpinteros de los cuales conocimiento tenía y del armador. Rumiaba su nuevo fracaso, y pensaba nostálgico en los días en los que, con unos simples maderos blancos y pintura, se había hecho a la mar en solitario. Mantenía contactos periódicos con la chica que conoció. Mas estos no llegaban a satisfacer del todo sus espectativas, dado que cada uno veían la vida de una forma diferente y, al fin y al cabo "tanta charla no lleva a ningún lado"
Pasajero 122: Alternaba los días en la biblioteca y las noches en el parque, charlando con la pasajera 54 en aquéllas y enseñando al grumetillo los secretos de los libros en éstos. Gracias a él, nuestro pequeño amigo tuvo conocimientos de los saberes y conocimientos antiguos y más modernos.
Pasajera 54: Si bien pasaba casi todo el día en el parque, algunas noches se acercaba con Takker a la taberna, donde el comportamiento de éste, además de sublime, le sirvió para conocer mejor los porqués de la actitud que demostraba dentro y fuera del barco, las dos caras de su trabajo y fuera de él, prefieriendo, sin duda, la segunda, donde el timonel se quitaba las máscaras y resultaba un compañero gracioso, amable y tolerante.
Takker: En su elemento era el mejor. Ni que decir tiene que la taberna era el lugar donde comía, dormía, bebía y en definitiva vivía. Recibiendo las visitas de sus compañeros de lo que para él era una afortunada situación, se mostraba relajado y feliz, descubriendose a sí mismo que lo que le gustaba, "¡Vive Dios!" era ese tipo de vida, aunque cansara en exceso su cuerpo y mente.
Grumetillo: Mandado por todos a hacer recados de aquí para allá, estuvo en la Fiesta de Takker, en la cual, instigados por su curiosidad sin limites, se descubrieron los secretos amorosos del Capitán, el Pasajero 122, la Pasajera 54 y el mismo Takker; en la despedida de Martín el Bavaro; en la Disputa de los Hermanos Grumón; en las Ferias del Libro y Artesanal...
De todos estos acontecimientos daremos cumplida cuenta, en su momento, pues es hora de cerrar los ojos y soñar.....
Joder: Lo que me faltaba.... ahora posteo en folletín novelesco.
Cada uno de nosotros, en función de sus deseos y necesidades, fue yendo y viniendo de los lugares comunes (taberna, biliboteca, parque, embarcadero y -¿adivinais quien? de un lado para otro), viviendo sus propias aventuras.
Pasemos a conocer, de forma sucinta, qué le ocurrió a cada cual
Capitán: Amarrado como su barco, se pasaba los días y noches pensando en cómo podría salir de este nuevo atolladero. Esperando noticias de los mejores carpinteros de los cuales conocimiento tenía y del armador. Rumiaba su nuevo fracaso, y pensaba nostálgico en los días en los que, con unos simples maderos blancos y pintura, se había hecho a la mar en solitario. Mantenía contactos periódicos con la chica que conoció. Mas estos no llegaban a satisfacer del todo sus espectativas, dado que cada uno veían la vida de una forma diferente y, al fin y al cabo "tanta charla no lleva a ningún lado"
Pasajero 122: Alternaba los días en la biblioteca y las noches en el parque, charlando con la pasajera 54 en aquéllas y enseñando al grumetillo los secretos de los libros en éstos. Gracias a él, nuestro pequeño amigo tuvo conocimientos de los saberes y conocimientos antiguos y más modernos.
Pasajera 54: Si bien pasaba casi todo el día en el parque, algunas noches se acercaba con Takker a la taberna, donde el comportamiento de éste, además de sublime, le sirvió para conocer mejor los porqués de la actitud que demostraba dentro y fuera del barco, las dos caras de su trabajo y fuera de él, prefieriendo, sin duda, la segunda, donde el timonel se quitaba las máscaras y resultaba un compañero gracioso, amable y tolerante.
Takker: En su elemento era el mejor. Ni que decir tiene que la taberna era el lugar donde comía, dormía, bebía y en definitiva vivía. Recibiendo las visitas de sus compañeros de lo que para él era una afortunada situación, se mostraba relajado y feliz, descubriendose a sí mismo que lo que le gustaba, "¡Vive Dios!" era ese tipo de vida, aunque cansara en exceso su cuerpo y mente.
Grumetillo: Mandado por todos a hacer recados de aquí para allá, estuvo en la Fiesta de Takker, en la cual, instigados por su curiosidad sin limites, se descubrieron los secretos amorosos del Capitán, el Pasajero 122, la Pasajera 54 y el mismo Takker; en la despedida de Martín el Bavaro; en la Disputa de los Hermanos Grumón; en las Ferias del Libro y Artesanal...
De todos estos acontecimientos daremos cumplida cuenta, en su momento, pues es hora de cerrar los ojos y soñar.....





